miniatura|José Joaquín de Olmedo y Juan Montalvo, escritores destacados en la primera y segunda mitad del , respectivamente. De manera similar, Carrera Andrade y Rumazo González sobresalieron en la primera y segunda mitad del La Historia de la literatura de Ecuador abarca más de cuatro siglos y varios géneros literarios. De ellos, el que más se ha cultivado es la poesía, con una larga tradición que inicia en el y tiene como exponentes a Aguirre, Berroeta, Olmedo, Llona, Julio Zaldumbide, Carrera Andrade, Escudero, Gangotena, Espinosa Pólit, Corylé, Dávila Andrade, Carrión, Adoum y Rumazo González. La novela y el cuento empezarían en el y vivirían su auge en el . Entre los novelistas destacan Mera, Montalvo, Zaldumbide, Icaza, Donoso Pareja, Yánez Cossío, Lupe Rumazo y Cárdenas. En el cuento son importantes de la Cuadra, Palacio, Dávila Andrade, Pérez Torres y Dávila Vásquez. En el teatro, con una historia más corta, Aguilera Malta y Francisco Tobar.
La mitología de Ecuador ha influenciado de manera profunda la literatura dando origen a obras enmarcadas en el animismo (Carrera Andrade), realismo mágico (Aguilera Malta, de la Cuadra, Yánez Cossío), negritud (Ortiz, Estupiñán Bass) y la literatura fantástica (Dávila Andrade). Asimismo, la religión católica ha sido el punto de partida de poesía religiosa (Crespo Toral), poesía mística (Espinosa Pólit) y épica (Berroeta, Rumazo González). La psicología ha inspirado el mundo interior de la literatura en el modernismo (Zaldumbide), vanguardismo (Palacio) y la nueva narrativa (Donoso, Carrión, Rumazo). La política impulsó literatura comprometida en el culteranismo (Orozco), neoclasicismo (Olmedo, Llona), romanticismo (Montalvo), realismo (Icaza, Gallegos Lara, Adoum).
Desde finales del hasta el presente se ha desarrollado la literatura infantil (Iturralde, Heredia), la ciencia ficción (Ubidia), y el horror (Ojeda, Ampuero). En la actualidad además destacan Valencia, Corral, Vela, Carrión, Vallejo, Rodinás, Alemán, Macías, Páez, Behr, Puma, Vásconez, Pazos Barrera, Jaramillo, Granda, Nieto, Manzano y Luna
Historia y principales corrientes
Mitología y literatura
La mitología de Ecuador ha influenciado su literatura de manera importante. Carrera Andrade quien describía a su obra como «animista», consideraba necesario dar a conocer la mitología de su país para facilitar el entendimiento de su literatura, para lo que publicaría su estudio titulado El camino del sol. José de la Cuadra resaltaría la importancia de los mitos antiguos del litoral en la cosmovisión de los montuvios, parte esencial de su obra. Demetrio Aguilera Malta haría uso de la mitología de la Cultura Milagro Quevedo y los ritos de las «cocinas de brujos», la serpiente mitológica conocida como «Pini» y su relación con el río Guayas dentro de sus libros marcados por el realismo mágico como Siete Lunas y Siete Serpientes. En los señoríos étnicos, destacan mitos como el de Jatiquillá, un rito de iniciación conectado a los ancestros (matutatas) y que sería referenciado por César Dávila Andrade en su cuento Cabeza de Gallo. La mitología afroecuatoriana aporta seres como la Tunda y el Bambero, nacidos del sincretismo de creencias africanas e indígenas. Con relación a esto, Adalberto Ortiz escribiría un libro titulado La entundada. La mitología shuar influenciaría a los tzántzicos que tomarían el nombre del ritual de guerra para su grupo literario.
Épica, culteranismo y el ensayo miniatura|Antonio de Bastidas y Gaspar de Villarroel iniciadores de la poesía y la prosa respectivamente El primer poema escrito en lo que ahora se conoce como Ecuador fue Los actos y hazañas valerosas del capitán Diego Hernández de Serpa, por Pedro de la Cadena. Es considerado como el primer poema sobre Venezuela por su temática, ya que relata la conquista y colonización de la Isla de Cubagua por Hernández de Serpa. Pedro de la Cadena escribiría el poema entre los años de 1563 y 1564, justo al mismo tiempo que se fundaba la Real Audiencia de Quito y asumía como su primer presidente Hernando de Santillán. La vida de Pedro de la Cadena estuvo vinculada a la Audiencia de Quito y en el año de 1583 fue nombrado Capitán general de la recién fundada ciudad de Loja.
En torno al , apareció una de las pioneras de la lírica en versos escritos en español, se trata de un poema religioso, redescubierto y difundido por el padre Aurelio Espinosa Pólit en 1959, pero que se trata de una obra de la hermana Teresa de Cepeda y Fuentes (1566-1610), sobrina de Santa Teresa de Ávila. Sus Coplas a lo divino, escritas alrededor de 1600 serían los primeros poemas escrito por alguien que nació en lo que ahora es territorio ecuatoriano.
Durante la Real Audiencia de Quito, a partir de la segunda mitad del , empiezan a surgir expresiones literarias. Los personajes más importantes de esta época fueron Gaspar de Villarroel, Antonio de Bastidas, Jacinto de Evia y Jacinto Collahuazo. El primero, Villarroel destacó por su obra ensayística especialmente su libro Gobierno Eclesiástico Pacífico, que innauguró la prosa en Ecuador. Por su parte Bastidas es considerado como el primer poeta del Ecuador, por Espinosa Pólit. Él, junto a su discípulo Evia, escribieron gran parte de los poemas que se encuentran en el Ramillete de varias flores poéticas, publicado en España durante esa época. Su estilo corresponde al culteranismo, puesto que la influencia de Góngora en la poesía de esa época fue importante. Por otro lado, se debe mencionar el poema Elegía a la muerte de Atahualpa, atribuida a Jacinto Collahuazo, un cacique nacido en las cercanías de la ciudad de Ibarra.
Literatura mística, poesía y extrañamiento
Durante la primera mitad del , Fray José de Villamor Maldonado destacó como escritor en el ámbito de la literatura mística, siendo su obra más significativa El Más Escondido Retiro del Alma, que vio la luz en 1648; paralelamente, la venerable Sor Gertrudis de San Ildefonso escribió salves, letanías y oraciones que forman parte del canon literario colonial. No obstante, la figura que destacó en el siguiente siglo fue Catalina de Jesús Herrera, nacida en Guayaquil en 1717, quien publicó una importante autobiografía titulada Secretos entre el alma y Dios, revelando sus íntimas experiencias espirituales recopiladas en treinta cuadernillos que conformarían una obra completa de seis tomos.
En el siglo dieciocho, la importancia de la poesía ya no se limitaba a motivaciones cronológicas sino a la gran calidad que se empezó a desarrollar, según lo afirma Gonzalo Zaldumbide, quien descubrió el talento del que se convirtió en el máximo representante de la poesía de ese siglo, el padre Juan Bautista Aguirre (1725-1786). El culteranismo en Aguirre sigue teniendo fuerza y es renovado, al igual que su temática que incluyó lo religioso, amoroso, cómico y mitológico. Su poema más conocido es Carta a Lizardo.
Además de Aguirre, de esta época es importante nombrar a los Jesuitas quiteños del extrañamiento, rescatados por Espinosa Pólit. La lista es abundante e incluye nombres como Juan de Velasco, Isidro Losa, Francisco Javier Crespo, Juan de Ullauri, Juan Celedonio de Arteta, Nicolás Crespo, José de Orozco, Ramón Viescas, José Garrido, Sebastián Rendón, Mariano Andrade, Manuel Orozco, Joaquín Ayllon, Ambrosio Larrea, Joaquín Larrea y Pedro Berroeta.
Neoclasicismo, ilustración e independencia
miniaturadeimagen|José Joaquín de Olmedo poeta neoclásico autor de La victoria de Junín: Canto a Bolívar y Numa Pompilio Llona, heredero de Olmedo autor de Clamores de Occidente, Esta corriente inicia con Eugenio Espejo (1747-1795), quien daría una de las primeras expresiones de crítica literaria en Hispanoamérica, según Menéndez y Pelayo. Su traducción del tratado De lo sublime de Longino, así como la crítica a la retórica de los sermones que se daban en esa época es notable. A esto se suman los escritos de Manuela Espejo, quien firmaría bajo el pseudónimo de «Erophilia» y cuyos ensayos destacan por su pensamiento ilustrado y su defensa de la participación de la mujer en la sociedad.
Por su parte, Rafael García Goyena fue un poeta guayaquileño que vivió en Guatemala. Su obra se caracteriza por una moral pura, consejos saludables, armonía, ligereza, naturalidad, descripciones sencillas y perspicacia para escoger los temas. Sus fábulas, como Los zanates en consejo y Los animales congregados en Cortes, fueron interpretadas en su momento como ingeniosas representaciones de los congresos humanos y las revueltas políticas, respectivamente. La literatura centrada en las fábulas sería continuada por Vicente Solano en el . Sus fábulas, como El Gallo, La Zorra y el Caballo, El Burro Político y Los Animales Parlantes. Además de esto, Solano desarrolló el aforismo y publicó Máximas Sentencias y Pensamientos.
Llegando a la época de la independencia, sale a la luz el guayaquileño José Joaquín de Olmedo (1780-1847), poeta de las gestas libertarias de Ecuador y América. Fue un poeta neoclásico y es autor de obras que han pasado a la posteridad, entre ellas el Canto a Bolívar (que fue alabado enormemente por el propio libertador) y la Canción del 9 de octubre (que fue elegido como el himno de la ciudad de Guayaquil). Su legado fue continuado por Numa Pompilio Llona. Su obra, influenciada por Leopardi y Schopenhauer, marcó la transición del neoclasicismo al romanticismo. Además de su antología más completa, La estela de una vida, publicó Clamores de Occidente (1880-1882), una colección en cuatro tomos que incluye Cien sonetos nuevos, Interrogaciones con destacada poesía filosófica como La odisea del alma. Reconocido internacionalmente por figuras como Victor Hugo y Menéndez y Pelayo, sus poemas más destacados incluyen Odisea del alma y Noche de dolor en las montañas.
Romanticismo, costumbrismo y primeros dramas
miniaturadeimagen|Julio Zaldumbide, Dolores Veintimilla, Juan Montalvo y Juan León Mera, importantes escritores del romanticismo en Ecuador El primer Romanticismo en Ecuador floreció tras la independencia, con autores que, aunque influenciados inicialmente por el Neoclasicismo, se inclinaron por la expresión de sentimientos y la subjetividad. Dentro de la poesía romántica temprana, destacan principalmente tres figuras femeninas y masculinas. Dolores Veintimilla de Galindo trascendió su época con una poesía melancólica y de crítica social, explorando la profundidad de la experiencia femenina. Además, Julio Zaldumbide, cuya poesía evolucionó de la introspección a la naturaleza, es reconocido como el máximo exponente del Romanticismo ecuatoriano, aunque su obra no fue publicada de manera completa en vida hasta posteriormente. En la prosa romántica ecuatoriana, sobresalen dos figuras clave. Juan Montalvo, ferviente defensor del liberalismo ecuatoriano, plasmó sus ideales y su crítica a la tiranía en ensayos y novelas como Siete tratados y Capítulos que se le olvidaron a Cervantes, obras fundamentales del pensamiento liberal latinoamericano. Por otro lado, Juan León Mera fue un intelectual cuyo legado abarca la letra del Himno Nacional de Ecuador y la emblemática novela romántica Cumandá.