Helena Urán Bidegain (Lovaina, 1975) es una investigadora y politóloga colombo-uruguaya, directora de la Fundación Carlos H. Uran-Memoria para la Democracia.
Activismo
Urán Bidegain trabaja por esclarecer la verdad sobre lo sucedido en el Palacio de Justicia de Colombia en 1985, debido a que su padre, el magistrado Carlos Horacio Urán Rojas, salió vivo del Palacio pero fue torturado y ejecutado por agentes del Estado de Colombia. Se ha dedicado a revisar archivos, contrastar versiones y a reclamar justicia ante la impunidad y el fallo de la justicia al no indagar sobre los responsables de desapariciones, torturas y ejecuciones extrajudiciales, además del papel de la guerrilla en los hechos del Palacio en 1985. Concluye que existe un pacto de silencio que se impuso a la ciudadanía colombiana para que no se sepa realmente lo que ocurrió en estas acciones violentas.
Trabajó en el Parlamento Alemán como asesora de un diputado en política exterior sobre Latinoamérica, lo que le permitió conocer otros casos de violencia política como el ataque al Parlamento en Alemania durante 1933 o el ataque a la Casa de la Moneda en Chile; lo que ejemplifica ataques a las ramas del poder legislativo en Alemania, al poder ejecutivo en Chile y al judicial en Colombia.
Helena Urán afirmó que en otras partes del mundo los criminales de guerra no portan sus condecoraciones ni se ufanan de ellas cuando se sientan en el banquillo de los acusados, en referencia al general Arias Cabrales, quien perdió sus condecoraciones obtenidas por los hechos del Palacio de Justicia, debido a la sangrienta retoma de 1985. La Retoma duró 28 horas y dejó un saldo de 101 muertos.
Ha solicitado la desclasificación de archivos del Archivo de Seguridad Nacional en Estados Unidos para conocer los documentos que hacen referencia a la masacre del Palacio. En su libro "Mi vida y el Palacio: 6 y 7 de noviembre de 1985" documenta la participación del gobierno estadounidense en la retoma del Palacio de Justicia, quienes enviaron un avión C-130 a Bogotá, para que llegara en la noche del 6 de noviembre de 1985.
El libro Mi vida y el Palacio presenta vivencias, como pesadillas, su vida en el exilio -en Venezuela, Uruguay, Estados Unidos y España- y las dificultades de acceder a la verdad sobre la tortura y muerte de su padre. Manifestó sentir engaño, burla y desamparo al ver el video de la salida de su padre del Palacio con vida, más de 20 años después, que contradice la historia que hasta entonces se había mantenido: que a su padre lo mataron en el interior del Palacio de Justicia en un cruce de balas. Por otra parte, la labor de la exfiscal Ángela Buitrago, quien retoma el caso de Carlos Urán, encuentra la billetera del magistrado en el Batallón de Inteligencia, lo que ratifica la tortura y el crimen de Estado.
En la conmemoración de los 36 años de la toma y retoma del Palacio de Justicia recordó que el ejército era plenamente consciente de las acciones que realizaría el grupo guerrillero:
Un mes antes de los hechos, el ministro de Defensa, Miguel Vega Uribe, había referido la información sobre un plan del M-19 para tomarse el Palacio de Justicia. En total, fueron 256 reportes realizados desde 20 dependencias de la Fuerza Pública, entre ellas el COICI, la Brigada XIII, la Policía Nacional y el Departamento Administrativo de Seguridad DAS. Hoy es irrefutable que las Fuerzas Armadas estaban preparadas para el ataque de la guerrilla del M-19 al Palacio de Justicia.
Encontró que el Ministerio de Comunicaciones de la época, a Cargo de Noemí Sanín, promovió la censura y silencio de los medios de comunicación. Por otra parte, el entonces ministro de gobierno, Jaime Castro Castro, propuso en un consejo de ministros que se evitaran los entierros con manifestación.
Hechos como que el arma que asesinó al magistrado Urán haya sido del Ejército o la ocultación de su billetera por más de 20 años llevan a la conclusión de que las Fuerzas Armadas eran plenamente conscientes de las opiniones del magistrado y sus escritos sobre el tema, motivo por el cual fue torturado y asesinado.
Por la búsqueda de la verdad comenta que ha recibido ataques en redes sociales, acusándola de padecer el síndrome de Estocolmo y la han señalado de traidora. Por esta razón, concluye que existe una democracia débil en Colombia.
Participó en la Comisión de la Verdad, donde redactó un artículo sobre la verdad y la impunidad, publicado el 29 de septiembre de 2020.
Pensamiento
Plantea que en Colombia se vive en un estado completo de inmadurez emocional y democrática, al no ser capaces de dialogar sobre el significado del genocidio del Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985. Entre las acciones que ha realizado para la preservación de la memoria se encuentra la petición al gobierno de Estados Unidos para desclasificar los archivos secretos concerniented al Palacio de Justicia, la solicitud de resignificación de espacios de horror y el uso de placas o espacios de reflexión para confrontarnos con el pasado. Considera que en Colombia faltan mecanismos para que se garantice la no repetición.
Urán Bidegain considera que su tragedia no es familiar, sino que le concierne a toda la ciudadanía, al tener un Estado que atenta contra civiles mediante la violencia, es un "asunto político que nos atravesaba a todos como Nación". Además, que las acciones de la Toma y Retoma del Palacio de Justicia implica que la Rama del Poder Judicial en Colombia fue descalificada como poder superior dentro de un Estado de Derecho para convertirla en una rama complaciente con intereses particulares y políticos y cómplice de la impunidad en la que vive el país. Asimismo, considera que los hechos de la Toma y Retoma del Palacio evidencian el grado de desconexión social y parálisis en la que hemos estado sumidos por años como sociedad. Para Urán Bidegain, Colombia es un país condenado a la guerra y a tener fallidos acuerdos de paz, debido a su temor a la verdad.
Plantea que en Colombia hay una política del olvido que impide que se desarrollen discusiones más profundas que la discusión inicial sobre la culpa, lo que evidencia carencias en educación política y que se mantiene en una discusión por el control del relato. De la misma manera, cree que es la sociedad civil quien debe tomar las riendas de la memoria, ya que se está usando únicamente para obtener réditos políticos armados. La memoria debe estar al servicio de la justicia, concluye. Urán Bidegain considera que la memoria sirve para accionarnos políticamente, para no repetir lo que sucedió y transformarnos en mejores seres humanos. Propone lo simbólico como proceso más eficiente para la no repetición que lo jurídico, asimismo, que se involucre a la niñez en los procesos de no repetición. Otras de sus propuestas para mantener la memoria son la creación de archivos en los lugares donde ocurrieron hechos violentos, la preservación narrativas sobre espacios vinculados, como la Casa del florero, y la instalación de placas.
Es crítica frente a las narrativas heroicas, tanto del Ejército como del M-19, sobre la memoria de lo ocurrido en el Palacio, donde cada una de estas partes se presenta como héroes pero no asumen responsabilidades, generando un “abuso de la memoria de los dos actores que empuñaron las armas”. Considera que la responsabilidad es compartida pero con proporciones diferentes, ya que una parte es el Estado colombiano y la otra un grupo subversivo, donde las Fuerzas Armadas se pusieron al mismo nivel de un grupo criminal. Para ella, la sociedad colombiana es altamente militarista y religiosa, percibió la barbarie del 6 y 7 de noviembre como una masacre más y todavía no ha entendido la repercusión de estos hechos en la separación de poderes, que caracterizan a un Estado social de derecho. Afirma que entender el pasado es un pilar para la construcción de la identidad, por lo tanto, no tener claro el pasado impide la construcción de la identidad, haciendo referencia a la falta de claridad sobre lo ocurrido en 1985. Urán Bidegaín no pretende justificar a la guerrilla y acusar únicamente al ejército, pero denuncia la tortura, ejecución y desaparición realizada por las fuerzas militares estatales. Sin embargo, afirma que se necesitan diversas miradas sobre un tema para aprender como sociedad a dirimir los conflictos de una manera pacífica. También, que la sociedad pueda conversar abiertamente sobre lo que le pasó, aunque admite el reto que esto supone por que la gente está sumida en la supervivencia.
Urán Bidegain hace referencia a la pulsión por saber qué ocurrió, una pulsión por la verdad, que sienten las víctimas, como es su caso. Considera que no seguir luchando e intentando conseguir verdad, o resignarse, sería lo peor. Ella espera que a través de su historia, ojalá se genere un poco de empatía y más conexión social.
Su búsqueda de verdad denuncia que a su familia le quitaron el derecho a reclamar. Propone pasar de la mentalidad de la guerra a la de la paz y la democracia.
Durante el gobierno de Gustavo Petro como presidente de Colombia criticó el enarbolamiento de las banderas del M-19, grupo al que perteneció el mandatario y es corresponsable de los hechos del Palacio en 1985. Urán Bidegain criticó también eventos oficiales del Museo Nacional de Colombia donde únicamente se daba voz a exmilitantes del M-19, evitando que también participen otras narrativas.
Afirma que deshumanizar al que ha sido vulnerado sirve para blindar a los que han perpetrado crímenes atroces. También, afirma que las mujeres viven capas adicionales de violencia, como ocurrió con las mujeres víctimas del Palacio de Justicia, quienes además de las torturas posteriores a la retoma del Palacio, las mujeres fueron violadas.
Entiende que la categoría "víctima" es necesaria para acceder a ciertos derechos en Colombia, sin embargo, afirma que esta categoría promueve actitudes paternalistas hacia quien la ostenta, lo que resulta problemático. Menciona que un argumento esgrimido desde el rol de víctima se suele tomar como emocional, desconociendo la capacidad ciudadana o investigativa de las víctimas para reclamar o denunciar.
Trayectoria profesional
Ha trabajado en Estados Unidos y Alemania en instituciones como la Rockefeller Brothers Foundation, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional, en la Agencia Federal para la Educación Política BPB, y en el Parlamento Alemán Bundestag. En Colombia trabajó en la Agencia de Cooperación Alemana GIZ, la Cancillería y en la Fundación Carlos H. Uran-Memoria para la Democracia.
Obras Urán Bidegain ha publicado los libros: Deshacer los nudos (2025). ISBN 978-628-7794-49-8 Escribe este libro luego de la invitación de la escritora Laura Restrepo y la artista Doris Salcedo a que documente su experiencia, junto a las preguntas de su hijo Manuel sobre lo que le pasó a su abuelo. Mi vida y el Palacio: 6 y 7 de noviembre de 1985. ISBN 978-628-7577-06-0
Véase también Carlos Horacio Urán Rojas Toma del Palacio de Justicia Referencias
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