El vestido de diamantes de Shirley MacLaine (en inglés: Shirley MacLaine's diamond dress) es un traje que la actriz lució en la película What a Way to Go! (1964).

Historia Contexto El publicista Arthur Jacobs deseaba para comienzos de la década de 1960 introducirse en el mundo de la producción cinematográfica; una de sus clientas más famosas era la actriz Marilyn Monroe, quien declaró que participaría en un filme producido por él siempre y cuando el guion fuese de su agrado. Jacobs había quedado cautivado por un relato de Gwen Davis en el que una mujer llega a contraer matrimonio seis veces, informando Darryl F. Zanuck a Monroe en junio de 1962 de que haría dos películas para 20th Century-Fox, estudio del que estaba tratando de recuperar el control: Something's Got to Give (1962) y What a Way to Go!, entonces bajo el título alternativo I Love Louisa. La actriz iba a recibir un salario de $1 000 000 por ambos filmes, aprobando en julio de 1962 que la labor de dirección corriese a cargo de J. Lee Thompson, cuyo trabajo había visto en Tiger Bay (1959) y Northwest Frontier (1959), además de tener prevista una reunión con Gene Kelly para discutir si el actor sería su compañero de reparto, todo lo cual quedaría truncado con la prematura y repentina muerte de Monroe en agosto de 1962. En septiembre, Jacobs declaró que Thompson, otro de sus clientes, dirigiría la película Kings of the Sun (1963), mientras que en lo concerniente a What a Way to Go!, el productor expresó su deseo de contar como protagonista con una de las tres máximas estrellas de cine a nivel mundial en ese momento y con actores de gran prestigio para los papeles de los esposos, careciendo por otro lado en ese entonces de un distribuidor. Más tarde ese mismo mes, Thompson afirmó que dirigiría What a Way to Go! con Elizabeth Taylor, publicando Los Angeles Times en octubre que Mirisch Company, quien tenía un acuerdo a largo plazo con Thompson, financiaría la película, a lo que se sumó la noticia ese mes de que Betty Comden y Adolph Green habían sido contratados para escribir el guion. En diciembre Thompson dio a conocer el título definitivo del filme a Comden y Green, informándoles de que esperaba que Frank Sinatra y Marcello Mastroianni interpretasen a dos de los maridos, mientras que para enero de 1963, el director aún seguía confiando en la participación de Sinatra junto con Marlon Brando y David Niven, si bien en abril se informó que Steve McQueen sería uno de los esposos. MacLaine no sería contratada hasta julio de 1963, mes en que Jacobs anunció un acuerdo con 20th Century-Fox en virtud del cual los estudios se encargarían tanto de la financiación como de la distribución, quedando las labores de producción encomendadas a las empresas Apjac, propiedad de Jacobs, y Malibu Productions, propiedad de Thompson. A mayores, en julio quedó establecido el reparto definitivo de la película, en la que los papeles de los maridos fueron asignados a Dean Martin, Paul Newman, Robert Mitchum, Dick Van Dyke y Gene Kelly, comenzando la filmación el 8 de agosto.

Creación Edith Head, famosa diseñadora de vestuario, tuvo a su cargo el guardarropa de MacLaine en What a Way to Go!; Head ya había trabajado con la actriz casi diez años atrás en The Trouble with Harry (1955), coincidiendo nuevamente con ella después de que el productor Hal Wallis la contratase. Uno de los mayores retos que Head tuvo que afrontar vistiendo a MacLaine se produjo en Artistas y modelos (1955), filme para el que la diseñadora debió confeccionar un disfraz de murciélago:

thumb|Shirley MacLaine en Artistas y modelos (1955). Head sentía una gran simpatía por MacLaine, quien era una de las actrices con las que más a gusto se sentía trabajando, además de preferir el diseño de vestuario al comercio minorista:

En What a Way to Go!, Head, quien se incorporó al proyecto en calidad de préstamo de la Paramount Pictures por petición expresa de MacLaine, entonces lo bastante influyente como para escoger a miembros del equipo técnico y artístico, tuvo la oportunidad de crear uno de los vestuarios más suntuosos y extravagantes de la historia del cine, en parte gracias al holgado presupuesto asignado para el guardarropa, uno de los más grandes del momento, lo que llevó a Head a rememorar los años 1920, época en que las producciones cinematográficas no tenían límite presupuestario:

Head definió el guardarropa de la película como el «sueño de un diseñador» y resaltó su importancia al declarar que «si ves la película sin sonido, la ropa te contará la historia», aunque recordó la insistencia de Wallis años atrás de reducir la ostentación de sus creaciones para MacLaine, quien describió el filme como una película que trataba «básicamente sobre ropa y hombres»:

En lo concerniente al vestido de diamantes, este fue uno de los atuendos del filme más recordados por Head junto con una capa de color rosa:

Sin embargo, y pese a la felicidad que MacLaine sentía por su lujoso guardarropa, el hecho de tener que adaptarse a un actor distinto con sus respectivas idiosincrasias cada dos semanas para ajustarse al rodaje programado supuso una gran dificultad para la actriz: «Cada actor tenía diferentes formas de trabajar. A Paul Newman le gustaba trabajar como un actor del método. Y en una película como What a Way to Go! era realmente absurdo. Yo estaba teniendo una aventura con Robert Mitchum, así que eso fue fácil». La actriz tuvo que soportar durante todo el rodaje hasta setenta y ocho pruebas de vestuario en la hora del almuerzo: «No tuvieron tiempo de hacer toda esa ropa antes de la fecha de inicio [del rodaje]. Yo tenía un bungaló en el lote de la Fox, y todos los arreglos tuvieron lugar allí. Edith y yo hablábamos de la vida, el amor y la búsqueda de la felicidad y mis viajes. Hice amistad con Candy, la chimpancé. Esto fue en los días en que se fumaba. Y Candy la chimpancé llegaba a mi camerino y fumaba y bebía conmigo». De las continuas pruebas de vestuario habló la propia Head en los medios incluso antes del estreno de la película, mencionando el desagrado que MacLaine había sentido hacia los arreglos en películas anteriores, situación que cambiaría en What a Way to Go!: «Solía odiar las pruebas de vestuario. Siempre estaba un poco desafiante, un poco a la defensiva, y le salía sarpullido. Pero para esta película, se ha mantenido firme ante las difíciles y complejas pruebas de setenta y tres trajes, no solo con cortesía, sino con gran entusiasmo».Pese a que Head hizo mención a setenta y tres trajes, finalmente se elaboraron setenta y dos. La extravagancia del guardarropa, en el que trabajaron treinta costureras a tiempo completo y del que se realizaron costosas e innecesarias pruebas de cámara, pues las mismas fueron dejadas de lado a finales de la década de 1950, acarrearía críticas negativas tal y como recordó Head:

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El filme gozó de una gran publicidad y un espectacular estreno en el que el vestido de diamantes fue empleado como pieza central; al respecto, la propia MacLaine mencionaría lo siguiente décadas después: «Lo que más recuerdo de la première es el vestido de diamantes que llevé, lo difícil que fue ajustármelo y cómo tuve que contener el estómago todo el día». El estreno del filme tuvo lugar el 13 de mayo de 1964 en la Feria Mundial de Nueva York, siendo esta una de las mayores aportaciones de la industria del cine al evento, el cual se llevó a cabo en un terreno de 646 acres; para los desplazamientos, tanto los actores (MacLaine, Cummings, Kelly y Newman) como los demás invitados atravesaron los torniquetes de la estación de metro de Times Square para ser recibidos por una serenata ejecutada por un guitarrista, un bajista y un tamborilero que tocaba un bongó, todo ello al tiempo que abordaban el Flushing Express IRT 7, un tren especialmente decorado con material promocional de la película. En cuanto al estilismo de MacLaine, además del vestido de diamantes (el cual estuvo acompañado por el resto de atuendos del filme, lucidos por modelos a la entrada de la sala de proyección), la actriz lució un peinado similar al de la película aunque menos exagerado, si bien a causa de su gran tamaño rozaba los globos que flotaban en el techo del coche en el que acudió al estreno, pintado de rosa para la ocasión; según la actriz: «Eso era todo mi cabello. Puede que tuviera un pequeño detalle en él, pero tenía un pelo rojo admirable». Pese a la gran pompa del evento, tanto el estreno como la feria terminarían ocasionando pérdidas, pues los 50 millones de asistentes a la atracción de Disney It's a Small World (patrocinada por Pepsi) representaban apenas dos terceras partes de lo que se esperaba, lo que provocó la bancarrota de la compañía al frente de la feria, dirigida por Robert Moses, quien defraudaría a la ciudad al no devolver un préstamo de $24 millones, pagando a otros acreedores apenas unos centavos. Cabe destacar que MacLaine luciría nuevamente el vestido de diamantes, acompañado de un bolso de mano y un abrigo de piel, en la première llevada a cabo el 1 de julio de 1964 en el Carlton Cinema de Londres, ocasión en la que lució accesorios más sencillos que los de la película, valorados en cerca de $65 000. A mayores, la publicidad del vestido no solo se redujo a los estrenos sino que el mismo fue convertido en la parte más destacada de los carteles promocionales tanto a nivel nacional como internacional, en los cuales MacLaine figuraba posando con el atuendo de forma similar a Audrey Hepburn en los carteles de Breakfast at Tiffany's (1961).

En consonancia con el desastre financiero de la feria, y contra todo pronóstico por parte de los estudios, el filme terminaría por ser un estrepitoso fracaso en términos económicos pese a ser la séptima película más taquillera de 1964; en palabras de MacLaine: «¡Todos en la película sentíamos que sería un éxito de taquilla! Desafortunadamente, estábamos equivocados». No obstante, la exagerada y recargada estética del filme encontraría algunos adeptos entre los críticos, como James Powers, quien en un artículo para The Hollywood Reporter en 1964 escribió que el filme era «una maravilla que debería ser una de las atracciones del año más populares», haciendo hincapié en los trajes de MacLaine: «La señora Head ha diseñado un número de asombrosos y suntuosos conjuntos y algunos que están hechos por diversión, yardas de piel, acres de chifón. Pisan esa delicada línea entre burlesque y realidad; las mujeres en la audiencia saben que no son algo que cualquiera pudiera usar, ¡pero oh! ¡Qué bonito si alguien pudiera hacerlo!». El fracaso a nivel financiero fue atribuido en parte a Head y, sobre todo, al vestido de diamantes y demás conjuntos mostrados en la secuencia de la parodia hollywoodiense, pues de acuerdo con Time: «A pesar de todo su talento y ocasional empuje hacia delante, What a Way to Go! nunca llega a ninguna parte. Los motivos por los que esto ocurre están perfectamente resumidos en la fantasía cinematográfica de Shirley con Mitchum, descrita como “una de esas películas de Hollywood sobre el amor y ¿qué se pondrá después?”. Este gag, acreditado como “Una Producción de Exuberante Presupuesto”, ofrece cuatro minutos de opulentos decorados y toda una colección de primavera con los vestidos más inverosímiles de Edith Head. Pero What a Way en sí misma está tan extravagantemente sobregirada que la audiencia tal vez se pregunte dónde termina la parodia y empieza la trama». Pese al fracaso del filme y las críticas negativas a su guardarropa, Head y Mabry obtendrían una nominación al Óscar en la categoría de mejor vestuario en color, premio que recibiría Cecil Beaton por su trabajo en My Fair Lady (1964), habiendo sido Head nominada ese mismo año al Óscar al mejor vestuario en blanco y negro, el cual perdió frente a Dorothy Jeakins por su labor en La noche de la iguana (1964).

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