La conjuntivitis neonatal es la inflamación de la parte externa del ojo durante los primeros 28 días de vida. Los síntomas pueden incluir hinchazón o sensibilidad en el párpado, con enrojecimiento y secreción del ojo. La secreción puede ser acuosa o amarilla. Si no se realiza ningún tratamiento, la enfermedad puede causar complicaciones, como la ceguera.

Puede deberse a una infección, irritación u obstrucción del conducto lagrimal. Las causas de la infección incluyen la gonorrea, la clamidia y el herpes, que generalmente se contraen durante el paso por el canal del parto. Otras infecciones que pueden causar esta enfermedad son el estafilococo áureo, el neumococo y las Pseudomonas. Uno de los irritantes suele ser el nitrato de plata, que se utiliza en las 48 horas previas para prevenir infecciones. El diagnóstico se basa en los síntomas, en la tinción de Gram y en el cultivo bacteriano.

Como tratamiento preventivo, se aplican gotas antibióticas, generalmente con eritromicina o nitrato de plata, en los ojos unas horas después del nacimiento. Esto es un requisito legal en la mayoría de los estados de EE. UU. Cuando hay sospecha de infección, se suele aplicar cloranfenicol en ambos ojos. También se pueden utilizar antibióticos orales, como la eritromicina, o inyectables, como la cefotaxima. La conjuntivitis causada por irritación generalmente desaparece en un lapso de 2 a 4 días.

La conjuntivitis neonatal es bastante frecuente. Sin embargo, las tasas de las enfermedades son distintas en cada país. En Estados Unidos, entre el 1% y el 2% de los recién nacidos sufren esta enfermedad. Si bien solían ser frecuentes, ahora la conjuntivitis causada por infecciones de transmisión sexual no es habitual en los países desarrollados; sin embargo, aún es frecuente en los países de ingresos bajos y medios. A finales del era una de las principales causas de ceguera en Europa.

Referencias

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