Un embarazo de alto riesgo es aquel en el que la gestante o el feto presentan un mayor riesgo de complicaciones. Actualmente no existen directrices definitivas para distinguir entre embarazos de alto y bajo riesgo, pero se ha comprobado que ciertas afecciones aumentan el riesgo de resultados adversos tanto para la gestante como para el feto. Estas afecciones se pueden clasificar en 3 categorías principales:

Problemas de salud de la gestante previos al embarazo Problemas de salud de la gestante durante el embarazo Ciertas afecciones del feto.

Generalmente, existen tratamientos médicos que son capaces de reducir los riesgos de estas afecciones, así como apoyo emocional mediante la intervención de especialistas en la gestión de la ansiedad y en embarazos de alto riesgo.

En 2012, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) estimaron que en ese país se producen aproximadamente 65000 embarazos considerados de alto riesgo cada año. En todo Estados Unidos, entre el 6 y el 8% de las gestantes presentan alguna complicación de alto riesgo durante el embarazo. A escala mundial se dan 20 millones de embarazos de alto riesgo cada año.

Causas

Factores relacionados con la gestante

Los embarazos pueden considerarse de alto riesgo si la gestante presenta ciertas afecciones de salud preexistentes, como edad avanzada, hipertensión arterial, diabetes, cardiopatías y enfermedades autoinmunes.

La edad avanzada (que en los embarazos se sitúa en los 35 años, mucho menos que en otros contextos) se considera un factor de riesgo. Las gestantes primerizas de este grupo de edad pueden tener embarazos normales, pero las investigaciones indican que estas mujeres sufren un mayor riesgo de aborto espontáneo en el primer trimestre, anomalías cromosómicas en el feto y restricción del crecimiento intrauterino. La edad avanzada se asocia con un mayor riesgo de anomalías cromosómicas fetales como el síndrome de Down (trisomía 21) y la trisomía 13. Algunas de estas anomalías cromosómicas también se asocian con un mayor riesgo de aborto espontáneo en el primer trimestre. Aún no se comprende del todo cómo la edad avanzada conlleva un mayor riesgo de restricción del crecimiento del feto, pero algunos estudios sugieren que podría estar relacionado con la disfunción placentaria.

De manera opuesta, la corta edad también puede ser un factor de riesgo en los embarazos. Las adolescentes embarazadas tienen más probabilidades de desarrollar anemia, sufrir partos prematuros y alumbrar bebés con bajo peso al nacer.

La hipertensión arterial puede aumentar el riesgo de embarazos de alto riesgo. Los CDC estiman que la tasa de hipertensión en EE.UU. es de 166,9 por cada 100000 partos hospitalarios. La hipertensión se considera un factor de riesgo para el embarazo, porque aumenta el riesgo de preeclampsia, restricción del crecimiento intrauterino y parto prematuro. Aún no se comprende del todo cómo la hipertensión aumenta el riesgo de estos desenlaces. Sin embargo, se cree que la hipertensión reduce el flujo sanguíneo a la placenta. Esta disminución podría provocar restricción del crecimiento y desencadenar otros cambios que aumentan los riesgos citados.

La diabetes previa al embarazo y no controlada durante él se asocia con un mayor riesgo de aborto espontáneo en las primeras semanas de gestación y de malformaciones congénitas, como cardiopatía congénita y defectos del tubo neural. El mecanismo por el cual la hiperglucemia produce estas malformaciones aún se encuentra en estudio, pero el aumento del estrés oxidativo resultante de la hiperglucemia es un factor que podría contribuir. Debe además tenerse en cuenta que, aunque la mujer, antes del embarazo, no sea diabética, es frecuente que durante la gestación aparezca la diabetes mellitus gestacional. Si se da, se debe controlar e intentar reducir la glucosa en sangre con dieta y ejercicio. Si eso no funciona, con medicación.

La diabetes preexistente también se asocia con un mayor riesgo de macrosomía fetal y parto prematuro. La macrosomía puede suponer un riesgo de lesión del plexo braquial para el feto debido a la distocia de hombros durante el parto vaginal.

Durante el embarazo, aumenta el volumen de sangre circulante. En gestantes con enfermedades cardiovasculares, este aumento del volumen sanguíneo puede empeorarlas.

Las enfermedades autoinmunitarias también pueden causar embarazos de alto riesgo, ya que sus diversos síntomas pueden inducir estrés crónico, fatiga y otras enfermedades.

Factores relacionados con el feto En algunos embarazos, ciertas afecciones que se presentan en el feto o fetos en desarrollo pueden hacer que se clasifique el embarazo como de alto riesgo. En estos casos, se debe prestar especial atención para abordar estos factores mientras el feto aún se encuentra en el útero, con el fin de reducir las probabilidades de morbilidad y mortalidad.

Entre los factores comunes relacionados con el feto que pueden causar un embarazo de alto riesgo se incluyen los defectos congénitos, los embarazos múltiples y la restricción del crecimiento intrauterino.

Problemas de salud de la gestante durante el embarazo Otros motivos por los que un embarazo puede clasificarse como de alto riesgo son los problemas de salud de la gestante desarrollados durante el embarazo o las complicaciones durante el mismo.

Entre las afecciones que pueden desarrollarse durante el embarazo se incluyen la preeclampsia, la eclampsia, el síndrome HELLP, la diabetes gestacional y el hígado graso agudo del embarazo. Otros factores de riesgo son el momento del embarazo, la placenta, las infecciones, el uso de un dispositivo intrauterino (DIU), el síndrome de transfusión fetofetal (en embarazos múltiples), el consumo de sustancias, la negligencia médica, el nivel socioeconómico, la raza y la etnia. Por ejemplo, en un estudio estadounidense de embarazos con diabetes gestacional de 2014 a 2020, las madres negras presentaron riesgos significativamente mayores de preeclampsia, parto prematuro y cesárea.

La preeclampsia es un síndrome caracterizado por un aumento repentino de la presión arterial en la madre gestante después de la semana 20 de embarazo. Puede afectar los riñones, el hígado y el cerebro. Sin tratamiento, puede ser fatal para la madre o el feto, y provocar problemas de salud a largo plazo. La eclampsia es una forma más grave de preeclampsia, caracterizada por convulsiones y coma en la madre.

El síndrome HELLP (llamado así por las iniciales en inglés de sus síntomas, anemia hemolítica, enzimas hepáticas elevadas y trombocitopenia) es una complicación del embarazo (en algunos casos se produce después del parto) que afecta al hígado y al flujo sanguíneo. Suele asociarse con la preeclampsia, aunque se dan casos sin hipertensión. Para prevenir los efectos del síndrome HELLP, se recomienda la detección (mediante análisis de sangre) y actuación tempranas. Los profesionales médicos también pueden inducir el parto como medida para reducir la mortalidad. Tras el parto, es fundamental monitorizar a la madre gestante para detectar signos de complicaciones derivadas del síndrome HELLP.

La diabetes mellitus gestacional es la que desarrolla durante el embarazo una mujer que previamente no era diabética. Aunque aparezca, si se controla con dieta y un plan de tratamiento médicamente pautado, el embarazo puede ser saludable. Si no se controla, aumenta el riesgo de resultados adversos, como parto prematuro, preeclampsia y otras afecciones relacionadas con la hipertensión arterial durante el embarazo. Además, existen indicios de que la diabetes gestacional se asocia con consecuencias a largo plazo, como el desarrollo de diabetes tipo 2 en la madre y obesidad en el bebé.

El momento anómalo del alumbramiento, tanto el parto prematuro (antes de las 37 semanas de gestación), la rotura prematura de membrana y el embarazo postérmino (parto después de las 42 semanas de gestación), puede conllevar complicaciones.

Por otra parte, si la placenta (una estructura dentro del útero que facilita el intercambio de nutrientes, oxígeno y productos de desecho entre la madre y el feto) se encuentra en una posición anormal, el embarazo se complica y requiere una técnica de parto cuidadosa. Entre los problemas que pueden presentarse se incluyen el desprendimiento prematuro de placenta, la placenta previa y el espectro de la placenta accreta (la placenta se adhiere al miometrio).

Diferentes tipos de infecciones pueden transmitirse de la madre gestante al feto, lo que predispone a resultados adversos del embarazo. Una infección preexistente en la madre gestante puede transmitirse al feto durante el embarazo a través de la placenta. El recién nacido también está expuesto directamente a patógenos durante el parto a través del canal vaginal o después de él a través de la lactancia materna. Igualmente, la gestante puede infectarse durante el embarazo y transmitir el patógeno al feto.

Las infecciones fetales que se desarrollan durante el embarazo pueden provocar un aborto espontáneo o afectar al desarrollo fetal normal. Varias infecciones que se asocian notablemente con el embarazo incluyen el estreptococo del grupo B, la vaginosis bacteriana, las infecciones por hongos y el virus del Zika. Algunas de estas infecciones pueden ser raras, pero se asocian con una morbilidad y mortalidad fetales significativas, particularmente si la infección se propaga por todo el sistema nervioso del feto.

La evidencia preliminar muestra que la infección por COVID-19 en gestantes puede aumentar los resultados adversos, como la preeclampsia. Además, si bien el dispositivo intrauterino (DIU) es un método anticonceptivo altamente eficaz, falla raramente y se produce un embarazo, que resulta de alto riesgo, porque el espacio para el desarrollo del feto está parcialmente ocupado por el dispositivo. Estos embarazos se caracterizan por un mayor riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro, placenta previa, desprendimiento de placenta, corioamnionitis y cesárea. Se ha demostrado que la extracción del DIU en el primer trimestre disminuye las complicaciones del embarazo y reduce el riesgo de parto prematuro y aborto espontáneo.

El consumo y abuso de diferentes sustancias puede llevar a embarazos de alto riesgo. El uso de cigarrillos electrónicos, en particular, se asocia con riesgos durante el embarazo. Estos riesgos incluyen un aumento de la morbilidad y mortalidad fetal y materna, así como bajo peso al nacer y partos prematuros. El consumo de alcohol y marihuana se asocia con riesgos similares. En Estados Unidos se ha registrado un aumento de la prevalencia de consumo de alcohol durante el embarazo durante el período 2011-2024 de 9.1% a 14.5% de los embarazos. Además, la negligencia médica, la irresponsabilidad y la violencia generan más complicaciones y factores de riesgo durante el embarazo. La discriminación de las gestantes, las prácticas médicas indebidas y la restricción de la atención médica a las embarazadas se asocian con embarazos de alto riesgo. Estas acciones propician la mortalidad infantil y el agravamiento de enfermedades preexistentes en las mujeres. Asimismo, la negligencia médica puede provocar que se pasen por alto factores de riesgo en las gestantes, y que embarazos que en realidad son de alto riesgo se traten como de bajo riesgo, con el peligro que supone.

Las gestantes de bajo nivel socioeconómico presentan mayores riesgos de complicaciones como preeclampsia y partos prematuros. Las personas con un nivel socioeconómico más bajo tienden a vivir más lejos de los centros médicos, tienen menor acceso a los servicios de salud, trabajan más horas y tienen un menor nivel educativo.

Gestión La gestión de un embarazo de alto riesgo depende de la etiología y la situación específicas de cada embarazo. Los diferentes riesgos requieren distintos tipos de manejo.