Nuestra Señora de los Milagros (en gallego: Nosa Señora dos Milagres) es una advocación mariana surgida en Orense en el siglo , aunque sus orígenes se remontan al parecer al siglo , con presencia acreditada bajo otras denominaciones en el siglo , época en que se fecha su imagen, obra de autoría anónima venerada en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros del Monte Medo, en Baños de Molgas, Orense (Galicia, España).
Historia Origen La devoción a la Virgen María en el Monte Medo, donde se conservan restos arqueológicos de un campamento de esclavos levantado por los romanos (la ubicación se identifica con el mitológico Monte Medulio, lugar en que los galaicos ofrecieron resistencia a la invasión romana), data de la época de la primitiva cristianización; en la Edad Media, y sobre todo en los siglos y , esta devoción estaba ampliamente difundida en toda Galicia así como en Asturias, Astorga, Benavente y el norte de Portugal. En el valle donde se encuadra el santuario, dentro de la comarca de la Limia, único lugar al que llegaron las tropas de Décimo Junio Bruto Galaico, discurría a lo largo la III Vía Militar desde Braga hasta Astorga, más conocida como Vía Nova; allí se descubrieron un total de ocho aras romanas, una de ellas situada en el techo de una casa con la inscripción «Dei nomine Analsum» («Honor a Analso en nombre de Dios»), lo que ha llevado a varios investigadores a considerar que la cristianización de este elemento pagano pudo haberse extendido a todo el valle y conducir al levantamiento de un eremitorio que daría origen al culto cristiano en la zona, con varios expertos sosteniendo que los esclavos del campamento muy probablemente trabajaban en las minas a cielo abierto de Conso. De acuerdo con un escrito aparecido supuestamente en el siglo en un libro conservado en una parroquia de Pontevedra, alrededor de las primeras décadas del siglo hubo en la sierra de San Mamede dos señores, el conde de Castro Caldelas y el conde de Pena, que tomaron la decisión de resolver sus diferencias mediante las armas; las tropas al mando del conde de Pena superaban en gran número a las del conde de Castro Caldelas, quien sin embargo logró vencer al ejército de su rival, al que no le quedó más opción que buscar refugio en el Monte Medo, si bien la misma noche de la derrota el conde de Sandianes acudió en auxilio del de Pena, quien estaba reagrupando a sus hombres, para acabar juntos con el conde de Castro Caldelas. Este último, convencido de la justicia de su causa, hizo el siguiente voto solemne: «Señor, Tú conoces la justicia de mi empeño. No defiendo mi persona. Defiendo la ley que debe imperar en estos reinos. Me acojo al amparo de tu Madre, que en la Cruz lloró la injusticia de tu muerte. Si alcanzo nuevamente la victoria, prometo levantar en este monte un templo, para que los siglos posteriores recuerden la defensa milagrosa que vas a hacer de nuestra causa». La batalla final fue especialmente cruenta, pero a la postre el conde de Castro Caldelas lograría vencer a sus rivales, por lo que en consecuencia, cumplió con la promesa realizada y erigió una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora de la Defensa empleando posiblemente los restos de algún castro de culto pagano, si bien con el paso del tiempo dicha construcción terminaría por caer en el olvido hasta quedar completamente abandonada, aunque es probable que su culto fuese revivido durante un breve periodo en el siglo por San Rosendo. El historiador José Hervella Vázquez resume los hechos del siguiente modo:
Cabe destacar lo complejo que resulta apoyar este relato debido a la poca probabilidad de que la ermita tuviese su origen en el cumplimiento de una promesa por parte del conde de Castro Caldelas, aparte de que no se conserva ningún otro documento en el que figure la advocación de Nuestra Señora de la Defensa,La única imagen venerada a día de hoy bajo este título es Nuestra Señora de la Defensa de Tlaxcala (México). por lo que resulta altamente probable que dicho relato fuese deliberadamente inventado con el fin de adaptar la tradición a los hechos para así dotar de un origen a la fundación del santuario, a lo que se suman las dudas existentes acerca de la veracidad de la supuesta batalla entre los condes de Castro Caldelas y Pena, puesta en tela de juicio por los historiadores Francisco Carballo, José María Martínez Pazos y Eligio Rivas Quintas; este último defendió abiertamente la falsedad del relato declarando que el mismo fue fabricado y señalando como origen de esta invención el posible vínculo familiar entre el maestro de obras que a mediados del siglo se hallaba a cargo de las labores de construcción del actual santuario y el cura que en ese entonces ejercía como párroco del cercano municipio de Maceda, pues ambos tenían idéntico apellido y eran oriundos de la parroquia pontevedresa en la que presuntamente se descubrió el texto que dio origen a la leyenda, la cual apareció convenientemente en una época en que el culto en el Monte Medo se hallaba en decadencia. thumb|Cuadro exvoto de Nuestra Señora de los Milagros (anónimo, siglo ). Santuario de Nuestra Señora de los Milagros del Monte Medo.En esta pintura se representa el momento en que la pastora muestra la imagen al sacerdote y demás habitantes de Vide. En primer plano figura la aldeana señalando el lugar del hallazgo al cura y los vecinos que acudieron en comitiva al Monte Medo, quienes finalmente se convencen de que la joven decía la verdad, con el sacerdote juntando ambas manos en actitud de reverencia y adoración. Por su parte, en el lado izquierdo se aprecian dos aldeanos que, en avanzadilla, se muestran sorprendidos al ver la imagen de la Virgen en el roble, lo que deja patente el hecho de que en un principio nadie creyó a la pastora, figurando uno en actitud de reverencia y el otro de rodillas, todo ello enmarcado por el paisaje que sirve de escenario a la composición, un amplio robledal con la sierra de San Mamede al fondo. De acuerdo con la tradición, en torno al siglo (siglo según otras fuentes) una pastora de la cercana aldea de Vide, quien se encontraba en las inmediaciones del Monte Medo cuidando de su ganado, halló una diminuta imagen de la Virgen en el hueco de un antiguo roble que inesperadamente fungía como nicho para resguardar la talla. La pastora, feliz por el descubrimiento que acababa de hacer, convocó a otros pastores para que fuesen testigos del acontecimiento, tras lo cual todos ellos corrieron de regreso al pueblo para poner al cura al corriente del hallazgo, quien sin embargo no les creyó. Al día siguiente la pastora regresó al Monte Medo y vio nuevamente la imagen en el tronco del roble; profundamente entristecida por la negativa del cura a creer su relato, comenzó a llorar amargamente, momento en que vio cómo la imagen de la Virgen movía los labios y le transmitía el siguiente mensaje: «Vuelve otra vez al señor cura, porque ahora te va a creer. Le dirás más. Le dirás que tiene que levantarme aquí una capilla». La joven corrió rumbo al pueblo y relató lo acontecido al sacerdote, quien en esta ocasión sí creyó a la muchacha; tras convocar al cura de Lamamá y a varios de los mejores parroquianos de la aldea, partieron todos en comitiva al Monte Medo, donde hallaron la imagen de la Virgen, la cual el cura decidió conducir de inmediato a Vide, para lo que improvisaron una procesión amenizada con cánticos, si bien, en un momento dado y para sorpresa de todos, la talla desapareció. Una vez recuperados de la impresión, volvieron junto al roble y encontraron allí la imagen, lo que fue interpretado por todos como una señal de que la Virgen deseaba ser venerada en el Monte Medo, hecho que hizo recordar a algunos de los feligreses de mayor edad que en su momento sus antepasados veneraron en dicho lugar a la Virgen bajo el nombre de Nuestra Señora de la Defensa. De nuevo Hervella Vázquez sintetiza estos hechos del siguiente modo:
Este relato, de carácter fantástico y encuadrado en el marco de la Revuelta Irmandiña, cuyos devastadores y duraderos efectos en la memoria colectiva pudieron haber dado lugar a la leyenda del conflicto entre los condes de Pena y Castro Caldelas, guarda similitudes con otras leyendas en las cuales una imagen mariana es hallada por gentes del campo, como es el caso de la Virgen del Cristal de Celanova (Orense), encontrada por un pastor en el siglo ; Nuestra Señora de los Ángeles de Sepúlveda (Segovia), descubierta entre unas peñas por un labrador en 1125; la Virgen de Guadalupe de Cáceres (Extremadura), hallada por un vaquero en el siglo ; Nuestra Señora de los Olmos en Maranchón (Guadalajara), encontrada por un ganadero en lo alto de una sabina hacia 1114; Nuestra Señora de Angosto en Burgos (Castilla y León), descubierta por un pastor en 1089 mientras buscaba refugio en una cueva con motivo de la crecida del caudal del río durante una tormenta; Nuestra Señora de Aránzazu en Guipúzcoa (País Vasco), hallada en 1469 en un bosque de espinos por un pastor; Nuestra Señora de la Cueva en Altura (Castellón), encontrada por un pastor entre 1500 y 1508 en una caverna; la Virgen del Puerto en Plasencia (Cáceres), hallada en el siglo por un pastor en un monte; la Virgen del Pueyo en Barbastro (Huesca), descubierta en 1101 por un pastor entre las ramas de un almendro; la Virgen de Lluch en Mallorca (islas Baleares), encontrada por un pastorcillo en torno a 1250; etc. Por otro lado, la desaparición de la imagen durante su traslado y su reaparición en el mismo lugar donde fue descubierta, y el hecho de que esto sea interpretado por los testigos como el deseo de la Virgen de recibir culto en dicho emplazamiento, equipara a Nuestra Señora de los Milagros con otras tallas marianas dotadas de una leyenda similar, como la Virgen de Guadalupe de Úbeda (Jaén), la Virgen del Rocío en Almonte (Huelva), Nuestra Señora de la Salud de Algemesí (Valencia), la Virgen de la Loma en Campillo de Altobuey (Cuenca), la Virgen de los Remedios de Fregenal de la Sierra (Badajoz), la Virgen de Altagracia de Garrovillas de Alconétar (Cáceres), la Virgen de la Fuensanta de Villel (Teruel), la Virgen de Piedraescrita en Campanario (Badajoz), la Virgen de los Ángeles de Getafe (Madrid), la Virgen de las Nieves de Chinchilla de Montearagón (Albacete), la Virgen de Consolación de Valdepeñas (Ciudad Real), la Virgen de Riánsares en Tarancón (Cuenca), la Virgen de Lidón en Castellón de la Plana (Valencia), Nuestra Señora de la Coronada de Villafranca de los Barros (Badajoz), la Virgen de Butarque en Leganés (Madrid), la Virgen de la Antigua en Lequeitio (País Vasco), etc.
Devoción thumb|Restos de la linterna del antiguo templo (anónimo, siglo ). Santuario de Nuestra Señora de los Milagros del Monte Medo.