La lluvia sobre nieve (en inglés rain-on-snow, a menudo abreviado ROS) es un fenómeno meteorológico e hidrológico en el cual la lluvia líquida cae sobre un manto de nieve preexistente. La precipitación con temperatura relativamente cálida aporta calor al manto nival y acelera su derretimiento, generando una escorrentía adicional de agua que se suma a la de la propia lluvia. Este proceso aumenta rápidamente el volumen de agua que escurre sobre la superficie. Como resultado, los episodios de lluvia sobre nieve suelen asociarse a crecidas repentinas, inundaciones y otros peligros naturales en regiones de clima frío o de montaña. Además, pueden provocar la formación de capas de hielo cuando el agua lluvia se congela posteriormente, con impactos importantes en ecosistemas y actividades humanas de zonas nevadas.
Causas y características La lluvia sobre nieve ocurre típicamente cuando una masa de aire cálido y húmedo ingresa sobre una zona cubierta por nieve, provocando precipitaciones líquidas en lugar de nevadas. Para que se produzca el fenómeno, la temperatura del aire durante la precipitación debe superar el punto de congelación (0 °C) en al menos parte de la vertical atmosférica, de modo que las gotas de lluvia alcancen el suelo sin congelarse. Al impactar sobre la nieve fría, la lluvia transfiere energía calórica que derrite el manto nival desde la superficie. Este derretimiento se ve favorecido si la lluvia es intensa y si la temperatura ambiente se mantiene por encima de 0 °C durante el evento. miniaturadeimagen|Infografía del fenómeno de ROS (en inglés) Frecuentemente, los eventos de lluvia sobre nieve están asociados a tormentas o ríos atmosféricos cálidos. Por ejemplo, en los Andes de Chile central se ha observado que muchas tormentas ROS ocurren durante precipitaciones de gran extensión producidas por ríos atmosféricos, los cuales arrastran una masa de aire anómalamente cálida y húmeda. Estas condiciones elevan transitoriamente la isoterma 0 °C (la altitud a la cual la temperatura es de 0 °C), permitiendo que la lluvia caiga incluso a elevaciones altas donde normalmente nevaría. Un caso extremo se registró en la isla Rey Jorge a inicios de julio de 2023, cuando un río atmosférico inusualmente intenso elevó la temperatura por encima de la congelación en pleno invierno austral y generó lluvia en lugar de nieve durante aproximadamente doce horas. Este evento, nunca antes documentado en esa región en invierno, evidenció cómo la llegada de una masa de aire cálido puede invertir temporalmente las condiciones habituales de nieve, provocando precipitaciones líquidas sobre la superficie nevada incluso en la Antártica.
El impacto del fenómeno depende de factores locales. La cantidad de nieve previa y su estado (temperatura de la nieve, grado de compactación, contenido de agua líquida) influyen en cuánto derretimiento ocurrirá por efecto de la lluvia. Si el manto nival está frío y seco, parte de la lluvia puede congelarse al infiltrarse, formando una costra de hielo interna sin generar tanta escorrentía inmediata; pero si el manto está cercano al punto de fusión o saturado, la lluvia penetra y derrite eficazmente la nieve, liberando gran volumen de agua en poco tiempo. Por ello, la respuesta hidrológica varía según las condiciones: en algunos eventos ROS la contribución del deshielo nival puede ser modesta frente a la propia lluvia, mientras que en otros la combinación de lluvia y nieve fundida exacerba notablemente la crecida. No todos los eventos de lluvia sobre nieve dejan una pérdida visible de la cobertura nival, lo que indica que en muchos episodios la mayor parte de la nieve permanece o la lluvia es insuficiente para fundirla totalmente. Aun así, bajo tormentas intensas es posible llegar a derretir varios centímetros de nieve: en casos analizados de la cuenca del río Maipo, se estimó que una sola tormenta ROS pudo reducir más de un 3% la nieve acumulada en la cuenca, añadiendo un volumen de agua equivalente al 10% de la precipitación líquida caída.
Distribución y frecuencia Los eventos de lluvia sobre nieve ocurren en regiones donde coexisten nevadas estacionales e incursiones de lluvias cálidas. Esto incluye amplias zonas de latitudes medias y altas del hemisferio norte (por ejemplo, montañas del oeste de Norteamérica, Europa Central, Siberia) y del hemisferio sur (Andes, Nueva Zelanda, Patagonia, regiones subantárticas), así como en áreas árticas o subárticas. Son frecuentes al final del invierno y en primavera, cuando el aumento estacional de temperatura hace más probable la lluvia sobre la nieve acumulada del invierno. Sin embargo, también pueden presentarse en pleno invierno durante breves entradas de aire cálido inusuales, e incluso en otoño si ocurren nevadas tempranas seguidas de lluvias cálidas.
En la cordillera de los Andes de Chile central, la climatología de rain-on-snow muestra una gradiente latitudinal: las cuencas más al norte (33°S, sector del río Aconcagua) registran en promedio unos 1,6 días de lluvia sobre nieve al año, mientras que hacia el sur (36-37°S, cuenca del río Ñuble) se alcanzan hasta 19,6 días al año. La mayor parte de estos eventos en los Andes chilenos ocurre en un rango altitudinal intermedio (aproximadamente entre 1500 y 2500 msnm) donde suele existir un manto nival estacional. A altitudes menores rara vez hay nieve que derretir, y a cumbres muy elevadas normalmente la precipitación sigue siendo en forma de nieve incluso durante las tormentas cálidas. Esto sugiere que las zonas de media montaña son las más propensas a experimentar ROS. Por otra parte, en la península ibérica también se han documentado episodios: por ejemplo, en febrero de 2015, tras un mes de intensas nevadas en los Pirineos, la llegada de un frente cálido con lluvias provocó precipitaciones sobre nevado que aceleraron el deshielo y contribuyeron a la crecida extraordinaria del río Ebro, el cual alcanzó caudales de inundación no vistos desde 2003.
Los eventos ROS representan un factor hidrometeorológico importante. En Chile central, se detectó que más de la mitad de las grandes crecidas en ríos de las últimas décadas coincidieron con condiciones de lluvia sobre nieve. En el oeste de Norteamérica y Europa, estos eventos son conocidos por su papel en inundaciones invernales y primaverales. Registros históricos de desastres naturales suelen mencionar inundaciones catastróficas donde confluyeron tres factores: un importante manto de nieve previo, una entrada abrupta de aire cálido con subida de temperaturas, y lluvias intensas sobre la nieve. Cuando los tres coinciden plenamente, las inundaciones resultantes pueden ser especialmente severas. En cambio, si solo alguno de los factores es moderado (por ejemplo, lluvia no muy intensa), la crecida resultante puede quedar en niveles manejables.
Impactos y riesgos asociados El riesgo más inmediato de la lluvia sobre nieve son las inundaciones repentinas (flash floods) y deslizamientos de tierra, aluviones o flujos de detritos, en zonas de ladera. La lluvia intensa combinada con el agua de fusión nival aumenta súbitamente el caudal de ríos y quebradas. Se han documentado casos donde infraestructuras y poblados se ven afectados por crecidas de gran magnitud desencadenadas por ROS. Por ejemplo, entre el 13 y 16 de mayo de 2024, la ciudad chilena de Puerto Williams sufrió de inundaciones luego de lluvias cálidas de 35 mm en 48 horas, con temperaturas anómalas cercanas a 9 °C que derritieron la nieve acumulada de semanas previas. El río Róbalo, que drena la cuenca nevada, se desbordó abruptamente la noche del 14 de mayo causando una inundación súbita que destruyó la captación de agua potable de la ciudad y arrasó árboles y sedimentos río abajo. Aunque no hubo víctimas fatales, los casi 2 mil habitantes quedaron sin suministro de agua por más de una semana hasta que se reparó la infraestructura dañada.
Referencias
Categoría:Lluvia Categoría:Nieve Categoría:Meteorología extrema