Juan Gómez de Navas y Frías (Cebolla, c. 1666-San Francisco de Quito, 21 de agosto de 1729), también referido como Neva o Nava, fue un religioso, sacerdote y prelado eclesiástico católico español que ejerció como 15.° Obispo de Popayán (1714-1725) y posteriormente ocupó la sede episcopal de Quito desde 1725 hasta su muerte.

Biografía

Origen y familia Juan Gómez de Navas y Frías nació alrededor del año de 1666 en la villa de Cebolla, en el antiguo Reino de Toledo. Fue el mayor de entre los cinco hijos fruto del matrimonio hidalgo de Antonio Gómez de Navas y Ana de Frías.

Acerca de sus primeros años no se conservan casi registros, sin embargo se tiene constancia que realizó sus estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, tras graduarse, fue ordenado como sacerdote y sirviendo a la archidiócesis de Toledo se le designó cura párroco de Villaseca de Uceda en Guadalajara y posteriormente de Móstoles en Madrid.

Tiempo después, en 1720 y siendo Juan Gómez obispo de Popayán, fundó junto con su hermana Ana Gómez de Navas y Frías una cátedra de gramática en su villa natal de Cebolla, dotada de 2000 patacones de a ocho reales de plata para el sueldo de los profesores que enseñen a los jóvenes pobres de la localidad.

Episcopado

Diócesis de Popayán El 29 de agosto de 1714 y estando Juan Gómez fungiendo aún como cura de Móstoles, fue presentado como candidato para suceder al obispo Mateo Panduro y Villafañe en la diócesis de Popayán , dado que este fue promovido a la sede de La Paz, en la Real Audiencia de Charcas. Siendo confirmado y preconizado por el papa Clemente XI el 2 de noviembre de aquel mismo año.

Tras desembarcar en Cartagena de Indias, arribó a la ciudad de Popayán el 25 de mayo de 1716, tomando posesión de su cátedra por medio de su procurador, Pedro de Arboleda, quien prestó juramento ante don Baltasar Pérez de Vivero y de la Vega, I marqués de San Miguel de la Vega, quien era el más anciano de los alcaldes ordinarios de Popayán. izquierda|miniaturadeimagen|Retrato del Ilmo. Juan Gómez de Frías, obispo de Popayán y Quito|292x292px Durante su mandato, se dedicó a acudir por medio de visitas pastorales al extenso territorio de su diócesis, muchas de las cuales aún se tiene registro; como la que realizó en noviembre de 1717 a la provincia de Antioquia, donde comprobó la falta de centros de enseñanza para los jóvenes, por lo que se planteó la fundación de un colegio regentado por los jesuitas, así mismo también designó al Dr. Francisco Zapata Gómez de Munera como nuevo cura párroco de Antioquia tras la muerte del padre Nicolás del Pino y Guzmán. A lo largo del año de 1717, monseñor Frías convocó un sínodo para la iglesia payanesa, cuyos estatutos rigieron la diócesis durante mucho tiempo.

Se destaca la orden episcopal del año de 1717, en la que se decretó la entronización de la imagen del Santo Ecce Homo de Popayán (patrono de la ciudad) en el Santuario de Belén, siendo trasladado solemnemente en procesión desde la Catedral hasta su nuevo hogar, el que continua siéndolo desde hace más de 300 años.

Sin embargo, en 1719 el obispo Gómez de Frías apartó a los dominicos del convento de San Sebastián Mártir de sus misiones doctrineras establecidas en Chisquío, el Valle de Epandi y El Tambo con la excusa de que se habrían administrado ''sin presentar el doctrinero al gobernador''.

El 19 de noviembre de 1725 se le ofreció la cátedra de Quito tras el nombramiento del anterior obispo Luis Francisco Romero como Arzobispo de La Plata (Charcas); por lo que emprendió viaje a su nueva sede y en las orillas del río Mayo firmó una nota la cual en despacho fue dirigida al cabildo de Popayán, manifestando haber aceptado la mitra quiteña.

Diócesis de Quito Finalmente tomó posesión de su nueva sede el 8 de agosto de 1726 y fue consagrado como décimo sexto obispo de Quito. Su mandato aunque breve, se destacó por las vicisitudes entre el obispo Gómez de Frías y el presidente de la Real Audiencia, quienes se vieron inmersos en litigios a causa de las ternas para los curatos; escribiendo varias cartas dirigidas al rey Felipe V manifestando el abandono que había de las doctrinas indígenas y los excesos que cometían los frailes y religiosos quiteños, famosos por su vida disipada y libertina.

Hacia el 20 de agosto de 1729 el obispo cayó gravemente enfermo de manera repentina e inexplicable, falleciendo a sus 63 años el día domingo 21 de agosto de 1729. Sus restos reposan en la Catedral Metropolitana de Quito.

Véase también

Arquidiócesis de Popayán Arquidiócesis de Quito Diego Ladrón de Guevara Pedro Díaz de Cienfuegos Luis Lopéz de Solís

Referencias

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