Rafael Balanzá y Navarro (Valencia, 19 de enero de 1880 - Lugo, 29 de septiembre de 1960) fue un canonista y obispo católico español. Ocupó los cargos de obispo auxiliar de Toledo (1923-1928) y obispo de Lugo (1928-1960). Además, entre 1931 y 1935 fue administrador apostólico de la diócesis de Mondoñedo. Biografía

Nacimiento y familia Nació en Valencia en 1880, siendo el menor de seis hermanos. Su hermano Vicente (1874-1931), también sacerdote, fue doctor en Sagrada Teología y ocupó, sucesivamente, los cargos de profesor de Lengua hebrea y de Oratoria Sagrada en la Universidad Pontificia de Valencia; secretario de cámara de Rigoberto Doménech Valls, entonces obispo de Mallorca; y, finalmente, canónigo de la Catedral de Zaragoza.

Estudios y formación Rafael Balanzá y Navarro cursó sus estudios eclesiásticos de latín, humanidades, filosofía, teología y derecho canónico en la Universidad Pontificia de Valencia, donde obtuvo el doctorado en Sagrada Teología en 1904 y el doctorado en Derecho canónico en 1911. Había sido ordenado sacerdote el 27 de febrero de 1904.

Sacerdocio y docencia Fue ordenado sacerdote el 27 de febrero de 1904 por Francisco García López, obispo titular de Loryma y obispo auxiliar de Valencia. En 1910 fue nombrado capellán de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y de la Comunidad de Damas Catequistas de Valencia.

Fue profesor de derecho canónico en la Universidad Pontificia de Valencia durante trece años, desde 1911 hasta 1924. En esta etapa docente le tocó vivir el paso del Corpus Iuris Canonici al Codex Iuris Canonici, lo que motivó la publicación de su escrito Libros parroquiales, formularios de partidas e instrucciones según el Código. También publicó otros escritos sobre temas canónicos y pastorales, destacando sus notables estudios sobre la Bula de Cruzada y los jubileos romanos.

Fue designado examinador prosinodal (1917) y viceprovisor (1918) por el arzobispo José María Salvador y Barrera. El 25 de junio de 1921 fue nombrado canónigo de la Catedral de Valencia por el arzobispo Enrique Reig Casanova, quien dos días más tarde le nombró también provisor, pro-vicario general y juez metropolitano.

Episcopado

Obispo auxiliar de Toledo Cuando el arzobispo Reig Casanova fue creado cardenal y nombrado arzobispo primado de Toledo (1922) hizo todo lo posible para llevárselo consigo. Balanzá fue preconizado obispo auxiliar de Toledo el 13 de agosto de 1923 por el papa Pío XI. Fue consagrado obispo en la catedral valenciana el 20 de enero de 1924. Inmediatamente fue nombrado vicario general, provisor y juez metropolitano de la archidiócesis primada.

Cuando falleció el cardenal Reig (1927) fue elegido vicario capitular. Cuando el cardenal Pedro Segura tomó posesión de la sede toledana confirmó a Balanzá en todos sus cargos.

Obispo de Lugo El 2 de marzo de 1928, unos meses después de la renuncia del obispo Plácido Ángel Rey de Lemos, el papa Pío XI le nombró obispo de Lugo, cargo que ejerció hasta su muerte en 1960. Tomó posesión de la sede el 24 de junio de 1928. Ese mismo año nombró vicario general de la diócesis a Ramón Sindín Barreiro (doctor en Sagrada Teología por la Universidad Pontificia de Santiago de Compostela, profesor de Teología moral en el Seminario Conciliar de Lugo y canónigo —por oposición— de la Catedral de Lugo), que ocupó el cargo durante diecisiete años (1928-1945), hasta su muerte en 1945; confirmó como provisor del obispado lucense a Ángel Garrote Martín (doctor en Filosofía, doctor en Sagrada Teología y doctor en Derecho canónico por la Universidad Pontificia de Comillas, profesor de Derecho canónico en el Seminario Conciliar de Lugo y canónigo doctoral —por oposición— de la Catedral de Lugo) —al que también nombró teniente-vicario general—, que ocupó el cargo durante todo su pontificado; y nombró canciller-secretario de cámara del obispado a Francisco Vázquez Saco (doctor en Filosofía, doctor en Sagrada Teología y licenciado en Derecho canónico por la Universidad Pontificia de Comillas, profesor de Literatura en el Seminario Conciliar de Lugo y juez prosinodal en el tribunal eclesiástico diocesano), que ocupó el cargo durante nueve años (1928-1937), hasta que fue nombrado rector del seminario diocesano.

Poco después, en 1929, fundó el Seminario Menor diocesano, adquiriendo para ese fin un edificio que tenían los maristas, en cuyo solar hizo levantar años más tarde nuevas edificaciones. También remodeló el edificio del Seminario Mayor para dar cabida a un número creciente de seminaristas.

En marzo de 1930 publicó una carta pastoral en la que comentaba la encíclica Divini illius Magistri de Pío XI, sobre la educación cristiana de la juventud. En febrero de 1931 publicó otra carta pastoral comentando la encíclica Casti connubii, también del papa Pío XI, sobre el matrimonio. Poco después publicó una circular en el Boletín Oficial del obispado en la que recordaba las disposiciones canónicas sobre las obligaciones de los clérigos con cura de almas (deberes de los párrocos, gracias y privilegios, delegación de facultades, custodia de la Eucaristía, preces o prácticas piadosas mandadas y colectas), incluyendo instrucciones sobre cómo debían proceder en sus relaciones con las oficias eclesiásticas; culminó dicha circular con la siguiente recomendación: "Leyendo con cuidado el Código de Derecho Canónico, el Derecho concordado español, las Sinodales del Obispado y el Boletín Oficial del mismo, se ahorrarán los Rvdos. sacerdotes muchas preguntas, gestiones y molestias inútiles".

En abril de 1931, con ocasión de la proclamación de la Segunda República española, publicó una circular en la que aseguró que la Providencia divina no permitía nada que no fuese para bien de los hombres, e invitaba a sus fieles a rezar sin interrupción. Ordenaba a sus súbditos guardar "los debidos respetos a las Autoridades seculares" y colaborar con ellas "por los medios que les son propios, para la consecución de sus nobles fines de orden, paz y prosperidad de la Patria". Y a sus sacerdotes les ordenó cumplir celosamente "las obligaciones de su cargo", absteniéndose "en absoluto de mezclarse en las luchas políticas, a tenor de lo que prescriben los sagrados Cánones". Entre 1931 y 1935, tras la muerte de Juan José Solís y Fernández, obispo de Mondoñedo, desempeñó el cargo de administrador apostólico de la diócesis de Mondoñedo, hasta que fue designado obispo de esa sede (1935) el lucense Benjamín de Arriba y Castro.

Con el inicio de la Guerra civil española se adhirió inmediatamente al bando sublevado, firmando en 1937 la Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra en España, que había sido redactada por Isidro Gomá, arzobispo de Toledo, con la colaboración de Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá, y de Enrique Pla y Deniel, entonces obispo de Salamanca. Un año después ordenó que el Boletín Oficial del obispado lucense publicase en su número del 16 de abril de 1938 la encíclica Mit brennender Sorge del Papa Pío XI, en la que el Pontífice condenaba el nazismo. Terminada la guerra civil, dispuso que no se diesen certificaciones de buena conducta religiosa a los que habían pertenecido a sociedades marxistas u otras organizaciones anticristianas.

En 1937 nombró rector del Seminario Conciliar de Lugo al Dr. Vázquez Saco (doctor en Filosofía, doctor en Sagrada Teología y licenciado en Derecho canónico por la Universidad Pontificia de Comillas, profesor de Sagrada Escritura en el Seminario Conciliar de Lugo y canónigo lectoral de la Catedral de Lugo), que ocupó el cargo durante todo el pontificado de Balanzá, cesando a su vez como canciller-secretario general del obispado, oficio que pasó a ocupar Miguel Nóvoa Fuente (doctor en Derecho canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y diplomado en Lengua latina por la Schola Litterum de Roma), quien lo ejerció durante doce años (1937-1949). Ese mismo año (1937), concedió una canonjía de gracia en la catedral al sacerdote Alfredo Lorenzo López (licenciado en Derecho y Derecho canónico por la Universidad Central de Madrid, notario mayor del tribunal eclesiástico diocesano y beneficiado-maestro de ceremonias de la Catedral de Lugo), que había sido el fundador del Museo Diocesano de Lugo en 1918.

Durante su largo episcopado sólo realizó una visita ad limina (1932), pues durante el transcurso de la Guerra civil española (1936-1939) y de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) la Santa Sede dispensó a los obispos de realizarla. Y en los años posteriores fueron sus condiciones físicas las que le impidieron realizar el viaje a Roma. Por esa misma incapacidad física no pudo cumplir personalmente la obligación de las visitas pastorales, pero nunca las descuidó o abandonó, sino que se sirvió de terceras personas (José Souto Vizoso y varios obispos de tierras de misión ya jubilados) para efectuarlas.

En 1939 nombró su capellán al sacerdote Arturo Veiga Valiña (doctor en Sagrada Teología por la Universidad Pontificia de Comillas y profesor de filosofía en el Seminario Conciliar de Lugo), que ocupó el cargo hasta la muerte de Balanzá (1939-1960). En 1942, al crear la Comisión Diocesana de Arte Sagrado, nombró su presidente a Antonio García Conde (doctor en Sagrada Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, profesor de Historia eclesiástica en el Seminario Conciliar de Lugo y canónigo prefecto de ceremonias —por oposición— de la Catedral de Lugo).

En 1943, ante la renuncia del beneficiado-maestro de capilla de la Catedral de Lugo, Vicente García Julbe, y con el deseo de potenciar el cultivo de la música sacra en la diócesis lucense, hizo gestiones para atraer a la diócesis al afamado músico y compositor abulense Juan Antonio Moreno Fuentes (doctor en Filosofía y doctor en Sagrada Teología por la Universidad Pontificia de Comillas, y profesor de Latín y de Griego clásico en el Seminario Conciliar de Ávila). Envió a Ávila al canónigo Mariano Martínez Ros (doctor en Sagrada Teología, licenciado en Derecho canónico y canónigo de la Catedral de Lugo) con "nuevas especiales" para el Dr. Moreno Fuentes, que aceptó el ofrecimiento y fue nombrado por Balanzá canónigo prefecto de música sagrada de la Catedral de Lugo en agosto de ese año.

En 1945, tras la muerte del Dr. Sindín, ascendió al Dr. Garrote al cargo de vicario general de la diócesis de Lugo —manteniendo el cargo de provisor, que ejerció durante el resto del pontificado de Balanzá—, oficio que ejerció durante once años (1945-1956). En 1949, ante el traslado del hasta entonces canciller-secretario general del obispado, Dr. Nóvoa Fuente, a la archidiócesis de Santiago de Compostela, Balanzá y Navarro nombró canciller-secretario general del obispado a Manuel Fernández Vázquez (doctor en Sagrada Teología y doctor en Derecho canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y canónigo doctoral —por oposición— de la Catedral de Lugo), que ocupó el cargo durante todo el pontificado de Balanzá y el de su sucesor. En 1952 nombró vicecanciller y vicesecretario del obispado lucense a Amador López Valcárcel (licenciado en Sagrada Teología por la Universidad Pontificia de Comillas), que ocupó dichos cargos durante todo el pontificado de Balanzá y el de su sucesor.