En música clásica, la composición colaborativa se refiere a una composición musical concebida por dos o más personas donde las responsabilidades creativas son compartidas más que divididas entre las partes. Dependiendo del grado de involucramiento y partiendo desde la creación individual hasta la colaborativa, el resultado puede ser clasificado dentro de alguna de estas categorías:
Directiva Presencia de una partitura tradicional donde los intérpretes siguen las instrucciones dispuestas por el compositor y donde los roles jerárquicos no se modifican. Aquí la obra no tiene ningún tipo de participación externa y la autoría le pertenece a una sola persona. La responsabilidad en el proceso creativo también depende únicamente del compositor y la única aportación creativa de los ejecutantes es sobre cuestiones de interpretación. Este modelo fue el único utilizado durante el desarrollo de la música académica anterior al y aún hoy en día sigue siendo el más predominante. Ejemplo de esto sería la música de Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven o Ígor Stravinski por citar algunos.
Interactiva Existe una interacción y un diálogo entre el compositor y los intérpretes, además de la presencia de una mayor integración de estos últimos en el resultado final. Esta categoría podría comprender desde una situación de negociación hasta una de mayor participación creativa. Un ejemplo sería la relación creativa y la interacción de propuestas entre el compositor de la obra y el director, solista o intérprete de la misma, que pueden ir desde una contribución superficial hasta una aportación significativa para el desarrollo de la misma. Aún con todo, el compositor sigue teniendo la última palabra en cuanto a decisiones artísticas se refiere, por lo que las jerarquías habituales se mantienen. La gran influencia de Peter Pears en el desarrollo de la ópera Peter Grimes (1945) de Benjamin Britten es un caso notable de una estrecha colaboración intérprete-compositor. Así como Mantra (1970) de Karlheinz Stockhausen escrita para dos pianos y electrónica sería un ejemplo de un modelo de interacción en tiempo real entre intérpretes y tecnología, además de entre notación musical y manipulación sonora. La música aleatoria de Witold Lutosławski también podría circunscribirse en esta categoría.
Colaborativa Aquí el producto final es el resultado de una serie de decisiones creativas tomadas colectivamente, donde existe un marco previo (partituras) o no, y la responsabilidad en la construcción de la pieza recae en todas las personas involucradas. La presencia de notación musical no es indispensable y tampoco define el desarrollo de la forma musical. The Great Learning (1968–71) de Cornelius Cardew y Exercises (1973- ) de Christian Wolff son ejemplos de música concebida para dotar de libertad creativa al intérprete pero siguen adscritas a la idea preconcebida de una sola persona.
En música académica, la colaboración ha sido explorada principalmente en un nivel interpretativo y no composicional, siempre delegando la participación creativa al momento de la ejecución, por lo que es muy raro encontrar obras con una adjudicación autoral de dos o más personas y si existen, se tratan en su mayoría de comisiones grupales donde cada compositor compone un acto o un movimiento pero sin llegar a participar de manera real en el proceso creativo del otro. Véase música clásica escrita en colaboración. Otros motivos, como la premura de los tiempos de entrega o la misma muerte, obligaron a compositores como Wolfgang Amadeus Mozart a delegar la escritura de los recitativos de La clemencia de Tito a su pupilo Franz Xaver Süssmayr así como la finalización del Réquiem. Sin embargo, estrictamente no podríamos clasificar a las relaciones de este tipo como colaborativas, ya que como menciona Taylor (2016), el término colaboración "debería estar confinando únicamente a aquellos casos donde las tareas imaginativas se comparten más que dividirse entre participantes".
Es por ello que todos estos ejemplos de música colaborativa formarían parte de lo que Fischer et al. (2005) llamaron colaboraciones seriales y paralelas. La serial se realiza de manera individual para que posteriormente otras personas trabajen sobre dicho material, mientras que en la paralela la actividad creativa se realiza en simultáneo entre las partes para después combinarse. El tercer tipo de colaboración creativa, llamada simultánea requiere que todos los participantes creen algo juntos y al mismo tiempo. Es justamente esta relación creativa la que es más difícil encontrar dentro de la música clásica.
La obra Carbon Body Building escrita y acreditada en partes iguales a Michael Gordon, David Lang y Julia Wolfe es una pieza del ensamble Bang on a Can y uno de los pocos ejemplos de composición colaborativa contemporánea. Fue comisionada por el Settembre Musica Festival, promovida por el gobierno de Turin, Italia, y con apoyo del National Endowment for the Arts.
Composición colaborativa en el Jazz Contrario a lo que podría pensarse, el jazz tampoco está distanciado del paradigma del compositor individual, dado que casos de coautoría más allá de las relaciones músico-letrista de los estándares del jazz son raras si no es que inexistentes. Interpolations (2019) de Johannes Luebbers y Paul Williamson para ensamble mixto podría ser uno de los pocos ejemplos de música colaborativa creada de manera simultánea entre dos compositores. La pieza escrita para flauta, oboe, saxofón alto, saxofón tenor, trompeta, corno francés, trombón, piano, contrabajo y batería fue un ejercicio colaborativo producto de una investigación y concebida desde cero y de manera totalmente simultánea.
Referencias
Categoría:Música Categoría:Música clásica