miniaturadeimagen|Dios Curicaveri La mitología purépecha es el conjunto de mitos y leyendas pertenecientes a la cultura purépecha, que tratan de sus dioses y héroes, la naturaleza del mundo, los orígenes y el significado de sus propios cultos y prácticas rituales. Formaban parte de la religión del antiguo imperio purépecha, que tenía como objeto de culto básicamente a los dioses purépechas. Los investigadores modernos recurren a los mitos y los estudian en un intento por arrojar luz sobre las instituciones religiosas y políticas del imperio purepecha y su civilización, así como para entender mejor la naturaleza de la propia creación de los mitos.

Creación de mundo La tierra estaba conformada por una diosa que se encontraba acostada sobre su estómago  con la cabeza en dirección al oeste, los pies señalando el oriente y sus dos brazos apuntados hacia el norte y el sur, respectivamente. Para prevenir su caída, el dios del mar la agarraba por la cabeza y la diosa madre por los pies, mientras que cada brazo era detenido por dos deidades femeninas. Esta imagen es corroborada por algunos datos que proporciona la Relación de las ceremonias y rictos y población y gobernación de los indios de la provincia de Mechuacán, redactada entre 1539 y 1541 por el franciscano Jerónimo de Alcalá. La fuente habla de personas jugando en “las espaldas de la tierra” y menciona también la existencia de los Uirambanecha (“Aquellos queson limpios y planos”) de la Tierra Caliente del sur de Michoacán como los “dioses de la mano izquierda”. La lingüística aporta evidencia adicional de mucha importancia. Dos morfemas de espacio en lengua tarasca están relacionados con puntos cardinales: <mu> con el occidente y <hchu> con el oriente. Mientras que el primero se refiere a una entrada, el segundo remite a la parte inferior de la espalda de un objeto o ser vivo. Conforme a esta visión del mundo, la deidad solar Curicaueri (“el que sale haciendo fuego”) emergía de la espalda baja o el ano (este) y desaparecía en la boca (oeste) de la diosa de la tierra. Durante su trayecto diario, dejaba oro en la superficie terrestre mientras que la diosa lunar Xarátanga (“la que causa placer”) depositaba la plata: “Y viendo aquel oro amarillo y la plata blanca, dijo Hirepan: mirad, hermanos, que esto amarillo debe ser estiércol del sol que echa de sí; y aquel metal blanco estiércol de la luna, que echa de sí”. Cabe agregar que el pensamiento de los nahuas del Centro de México era muy similar: los términos teocuítlatl  y tonatiuh ícuitl, por ejemplo, remiten al excremento que el Sol colocaba en el inframundo durante la noche.

Creación del hombre Un dios principal que habitaba en el cielo y se llamaba Tucupacha –traducido por “Dios”–, o los dioses en general, crearon una primera pareja de hombres a partir de lodo; los mandó a bañar y se deshicieron en el agua. En la versión de Ramírez se dice que, desde esta creación, los humanos fueron hechos de ceniza y sangre divina por Curiti Caheri; pero como carecían de coyunturas y “no se podían sentar ni menear”, fueron destruidos. Se habla de una segunda creación pero no se añade detalle alguno sobre sus productos o de la manera en que acabaron. 3. La deidad produce una nueva humanidad a partir de ceniza y “ciertos metales”, o ceniza y sangre, se van a bañar al río y sobreviven –“de ellos empezó el mundo”. En Ramírez se habla de la intención explícita de los dioses para acabar con todo lo creado a causa de que los hombres no tenían la capacidad de engendrar y que no había caminos para andar. Enseguida se describe un cierto diluvio que acabó con todas las cosas y de un tal Teupixque, “guardián de los dioses”, o Tezpi, que, por mandato de la deidad, se resguardó con su mujer, hijos y animales “en un palo grande, como arca”. 4. Una vez que las lluvias cesaron los sobrevivientes enviaron varias aves a ver si las aguas ya habían bajado, pero todas ellas se entretuvieron comiendo los restos de la destrucción anterior; sólo el colibrí –que aquí sustituye a la paloma del diluvio bíblico– fue capaz de aportar las pruebas de que la tierra estaba lista para poblarse de nuevo. En el texto de Ramírez, Teupixque y su familia cometen el pecado de encender fuego para cocinar los venados muertos que encontraban y, como castigo, son golpeados en la cabeza con una calabaza y trasformados en perros. Se narra, por último, una cuarta creación a la que los dioses echaron la bendición y se comenzaron a multiplicar. Y, para tornar a restaurar las demás cosas, mandaron al dios del infierno que diese orden en eso; y, concibiendo su mujer.

Panteón purépecha

Curicaveri; Dios de fuego (Deidad principal) Cueraváperi; Diosa madre y esposa de Curicaveri Además de portadora de la lluvia. Xarátanga: Diosa del agua y la agricultura Cuangari Verátiro: Dios del lucero hermano de Curicaveri Tata Jurhiata: Dios del sol Nana Cutzi: Diosa de la luna Tirepame Cuarencha: Dios de las estrellas Dios de infierno Diosa de infierno Curita Caheri :El dios mensajero Dioses Angamucurachan: Dioses de los montes Dioses celestes engendradores: Padres de Curicaveri Dioses de la mano derecha: Dioses primogénitos Dioses Viranbanecha: Dioses de la tierra caliente Dioses mayores: Águilas reales Dioses menores (tintiuapeme): Gavilanes halcones y aves de rapiña Dioses comunes: Se le ofrecían tamales y mantillas Jupiencha: Dios del mar Tares Upeme: Dios del alcohl. Dioses Tiripemencha: Hermanos de Curicaveri

Referencias

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