thumb|Mussolini durante el 30 de octubre de 1922, después de la marcha sobre Roma, fue recibido en Roma por el rey Víctor Manuel III para encomendarle en la tarea de formar un nuevo gobierno; detrás de él se encuentra Italo Balbo uno de los jerarcas de las Camisas Negras

El término de revolución fascista, es utilizado por los intelectuales y exponentes políticos del fascismo en Italia para definir tanto la toma del poder como el período del Ventennio (1922-1943), así como los cambios progresivos de un régimen liberal a uno totalitario. Después en la década de los años 1970, la historiografía italiana adopta el término, pero no con un fin propagandístico del régimen, sino como una definición de las características que irrumpieron del fascismo en la sociedad italiana.Por ejempio con el debate provocado por la publicidad de Entrevista sobre el fascismo de Renzo De Felice

Orígenes Sansepulcrismo

Ya en diciembre de 1914, con la fundación en Milán del movimiento Fasci d'Azione Rivoluzionaria patrocinado por Benito Mussolini (el mes anterior ya fundador de Il Popolo d'Italia) y Alceste de Ambris, vinculado al mundo del intervencionismo, del sindicalismo revolucionario y quién sería posteriormente el autor de la Carta de Carnaro (que inspiraría a la fascista Carta del Lavoro) durante la empresa de Fiume con Gabriele D'Annunzio (1919-1920), se sentaron las bases de un movimiento revolucionario intervencionista al que se unieron personalidades como Filippo Corridoni un nacionalsindicalista y revolucionario.

Después de la Primera Guerra Mundial, el proceso se reanudó activamente y, en el terreno intervencionista, un nuevo movimiento se coaguló alrededor de la figura de Mussolini, fundado en Milán el 23 de marzo de 1919 durante el mitin en la Plaza de San Sepulcro por la confluencia de sindicalistas nacionales, futuristas que se proclamaban revolucionarios como Marinetti, veteranos de la guerra como los arditi y los nacionalistas conformaron los Fasces Italianos de Combate.

miniatura|izquierda|El Manifiesto publicado en "Il Popolo d'Italia"

El manifiesto de los Fasces Italianos de Combate se publicó oficialmente en Il Popolo d'Italia el 6 de junio de 1919.

Definido como «revolucionario», el íncipit dice: «Aquí está el programa nacional de un movimiento italiano sano. Revolucionario, por ser antidogmático y antidemagógico; fuertemente innovador por ser antiprejuiciado. Ponemos la valorización de la guerra revolucionaria por encima de todo y de todos».Manifesto dei Fasci italiani di combattimento, pubblicato su "Il Popolo d'Italia" del 6 giugno 1919 - Wikisource Proponía una «revolución nacional» que llevaría al gobierno de la nación una nueva clase dirigente formada principalmente por los «combatientes» de la Gran Guerra, decepcionados por la «victoria mutilada», presentes de manera transversal en todos los partidos.Emilio Gentile, Fascismo: storia e interpretazione, Editori Laterza, 2007, p. 9.

Los destinatarios del mensaje fascista se buscaban principalmente entre la izquierda maximalista, que, lejos de intentar subvertir el Estado, promovía sus propias reivindicaciones y lo «socializaba» desde dentro. Los Fasces Italianos de Combate servirían para unir a algunos de estos mundos dispares, como los intervencionistas de izquierda, los futuristas, los antiguos arditi, los republicanos y los sindicalistas revolucionarios.

La Marcha sobre Roma

miniatura|Los camisas negras desfilando a las afueras del Quirinal, que en ese entonces era una residencia para la realeza del país, 31 de octubre de 1922.

Durante el verano de 1921, las perspectivas de Mussolini de una solución negociada al problema del socialismo revolucionario original, chocaron con las opiniones radicales del escuadrismo más ferviente, que en cambio exigió sin rodeos un golpe de Estado. Así, en noviembre de 1921, los Fasci italiani di combattimento se transformaron en el Partido Nacional Fascista (PNF), debatiéndose dentro del partido entre las presiones revolucionarias y las demandas de desarrollo constitucional. Los escuadristas que participaron en la Marcha sobre Roma fueron apodados por la prensa del régimen como los «Camisas Negras de la Revolución», y la marcha fue celebrada en los años siguientes por los órganos del régimen como la culminación de la llamada «revolución fascista».

Mussolini hizo referencias revolucionarias (pero también reaccionarias) en muchos de sus discursos después de 1919:

Debate sobre el término Debate histórico El término de revolución fascista generaba mucha controversia, principalmente por los intelectuales antifascistas que atribuían el fascismo a una naturaleza «reaccionaria y regresiva», el término quedó en desuso tiempo después durante las primeras décadas de la posguerra.Donatello Aramini, George L. Mosse, l'Italia e gli storici, p. 49: « [...] la storiografia italiana, restia come detto alle categorie concettuali elaborate dalle scienze sociali, non poteva accettare per il nazismo e il fascismo la definizione di rivoluzione, concetto che, come affermava lo storico Gastone Manacorda nel criticare alcune delle posizioni defeliciane, aveva acquisito "un significato diciamo pure positivo"». Hasta que después en la década de 1970, el término fue retomado por la historiografía italiana de carácter revisionista, principalmente por intelectuales no fascistas como George Mosse y Renzo de Felice, en el debate sobre la interpretación de los elementos de ruptura institucional y discontinuidad social y cultural causados por los «fascismos» y en la comparación entre fascismo y nacionalsocialismo.Aramini, cit. pp. 56 e ss.

Además de Mosse y De Felice, varios académicos como Zeev Sternhell y Emilio Gentile utilizan esta expresión. En particular, De Felice sostenía que se trataba de una «revolución conservadora»; Gentile, su discípulo, sostiene que el fascismo fue una «revolución antropológica» radical, destinada a formar un nuevo tipo de humanidad, el ideal del hombre nuevo.Emilio Gentile, Il Fascismo in tre capitoli, Laterza, Roma-Bari, 2004

Interpretaciones del término de revolución Los oposiciones del fascismo estigmatizaban de principio a fin las pretensiones de los squadristas para definir su movimiento, y por consiguiente la toma del poder, como una «revolución». En particular, el movimiento antifascista del área socialista definió la victoria del fascismo como una forma de «éxito, aunque temporal, de la reacción económica capitalista sobre el ascenso de las clases populares».Francesco Luigi Ferrari, a cinquant'anni dalla morte a cura di Giorgio Campanini, Roma, 1983

Para Antonio Gramsci, uno de los principales exponentes del comunismo en Italia, hizo una declaración pública en el parlamento italiano sobre el término de «revolución».

Pietro Gobetti expresó una opinión similar, desde un punto de vista liberal:

Sin embargo, en enero de 1936, Palmiro Togliatti, junto a otros 60 militantes del Partido Comunista Italiano, hizo un llamamiento a sus hermanos de camisa negra y se dirigió al «fascismo de la primera hora», en oposición al fascismo reaccionario en el poder.

El debate interno del fascismo

Una parte del fascismo siempre se consideró como un movimiento revolucionario, transgresor y rebelde —emblemático en este sentido es el lema de Gabriele d'Annunzio; «Me ne frego» (No me importa), retomado y utilizado por la propaganda fascista— en radical contraste con el liberalismo de la Italia prefascista.

Por otro lado, el uso del término de «revolución» por parte de los fascistas, no dejó de suscitar perplejidad y preocupación entre el nacionalismo conservador y monárquico, que posteriormente se fusionarían con el propio fascismo. En sus memorias, Raffaele Paolucci recuerda haber conocido a Italo Balbo, líder de los squadristi de Ferrara, durante los disturbios de Módena de 1921, y haber argumentado en esa ocasión contra el uso que Balbo hacía del término «revolución», al que atribuía el significado de desorden y subversión violenta. En los años siguientes, ambos solían recordar su enfrentamiento previo cada vez que se encontraban: Balbo afirmaba haber tenido razón sobre la revolución y, en respuesta, Paolucci negó que la marcha sobre Roma hubiera sido una revolución en el sentido peyorativo que él le había dado a ese término.. Como una reacción a la profesión de «tendencia republicana» de Mussolini, Paolucci fundó Sempre Pronti per la Patria e per il Re (Siempre listos para la Patria y por el Rey), una organización paramilitar nacionalista leal a los Saboya, con el fin de «actuar como contrapeso» al escuadrismo fascista, «cuya tendencia se revelaba cada día más claramente revolucionaria»..

Según Sergio Panunzio, amigo personal de Mussolini que tenía una significativa influencia, el fascismo si propone el intento de modificar a la sociedad italiana creando un «stato-società» (Estado-Sociedad) fundado en base al corporativismo, en una especie de corrección ideológica de la Revolución Francesa sobre el «stato-popolo» (Estado-Pueblo), profundamente distinto también al «stato-classe» (Estado-Clase) llevado a cabo tras la Revolución Rusa.Sergio Panunzio, Il fondamento giuridico del fascismo, Bonacci, Roma, 1987, p. 188.

El ministro Giuseppe Bottai, en la revista Crítica fascista, proclamó en 1926 que el fascismo debía seguir siendo una «revolución permanente».“Critica Fascista”, 1º novembre 1926, pag. 39 Bottai quería construir esa revolución que la marcha sobre Roma, aunque fue «el comienzo de una nueva vida», no se produjo.

En la década delos años 1930, con los jóvenes intelectuales reunidos en la revista Primato, teorizó un fascismo que debía redescubrir la carga revolucionaria de sus orígenes:

miniatura|izquierda|Giuseppe Bottai

Bottai fue uno de los revolucionarios más intransigentes contra la corriente reaccionaria y moderada —frente a Giovanni Gentile, Julius Evola, un contrarrevolucionario y tradicionalista, y a los fascistas clericales—, aunque votó junto con Dino Grandi y Galeazzo Ciano contra Mussolini el 25 de julio de 1943 en la agenda de Grandi durante el Gran Consejo, y sería condenado a muerte en ausencia por la República de Saló en 1944, algo que evitará huyendo de Italia y alistándose en la Legión Extranjera Francesa.

Para él y para otros intentaron equiparar históricamente a los fascistas con los jacobinos de la Revolución Francesa.Giuseppe Bottai, Dalla Rivoluzione francese alla Rivoluzione fascista, Archivio di studi corporativi, Edizioni del Diritto del Lavoro, Roma, 1931, pp. 417-426.

El anhelo del fascismo en dejar su huella en la historia como una revolución igual que las de Francia y Rusia, también se manifestó con la institución de la llamada era fascista, es decir, una numeración particular de años que hacía referencia al día de la Marcha sobre Roma. El primer año de la era fascista (indicado junto a la fecha tradicional como I, E.F.) comenzó, por lo tanto, el 28 de octubre de 1922 y terminó el 27 de octubre de 1923. La referencia directa era al nuevo calendario establecido por los revolucionarios franceses en 1793,Philip V. Cannistraro, "Mussolini's cultural revolution: fascist or nationalist?" in Roger Griffin, Matthew Feldman, eds., Fascism: Fascism and Culture in Fascism: Critical Concept in Political Science 3:194, ISBN 041529018X que indicaba retroactivamente el año I a partir del 22 de septiembre de 1792, el día de la supresión del último vestigio de la monarquía;Emilio Gentile, Il culto del littorio, cit. Según los intelectuales «revolucionarios» del régimen, el movimiento fascista constituía una evolución moderna de la «Gran Revuelta Francesa», citando al propio Mussolini que había definido el fascismo como una especie de populismo que superaría los errores de la democracia liberal:

Influencia del término fuera de Italia