La Zornitsa (Зорница, en búlgaro original) fue un icónico modelo de guitarra acústica con cuerdas metálicas fabricada por la compañía búlgara Kremona (Кремона) entre las décadas de 1950 y 1980. Llama la atención su diseño inusual, con un cuerpo voluminoso de líneas alabeadas y la presencia de dos bocas de resonancia.
Su apariencia excéntrica, que la alinea con otras piezas fabricadas en países bajo influencia soviética, unida a un sonido singular y potente, hacen de ella un instrumento apreciado por algunos coleccionistas y músicos, si bien lo limitado de su producción, así como el carácter eminentemente nacional de ésta, la convierten en una gran desconocida para el público general, muy lejos del culto que han llegado a alcanzar otras guitarras del otro lado del Telón de Acero.
Historia, nombre y diseño Las guitarras modelo Zornitsa comenzaron a producirse hacia la segunda mitad de los años 50 o, quizá, principios de los 60,La horquilla temporal para estas guitarras se extrae desde los testimonios de diferentes usuarios y vendedores, así como de la información facilitada por la propia compañía, igualmente imprecisa. En cualquier caso, estas guitarras no parecen haber existido con anterioridad a 1950 y desaparecen en los años 90.Kremona (@kremona_guitarsusa), 18/08/2023. Our most famous model during the Cold War era is called “Zornitsa”. Zornitsa guitars were produced from the 50's to the end of the 80s... URL: https://www.instagram.com/p/CwFjpmaIGfO/?igsh=cWRtZnNlb3Jwb3Y3 en el taller que Kremona tenía (y continúa teniendo) en la ciudad búlgara de Kazanlak, lugar de origen del fundador de la compañía en 1924, el luthier autodidacta, y ex-armero del ejército, Dimitar Georgiev.
Para entonces, aquello se trataría de una factoría esencialmente artesanal con una tienda destinada a la venta directa de sus instrumentos, los cuales incluían violines (muy apreciados, pues Georgiev llegó a replicar con habilidad la construcción de los Stradivarius), mandolinas, guitarras, etc., pasando a incorporar más adelante en su catálogo pianos, ukeleles o guitarras eléctricas y acústicas con cuerdas de metal, al estilo de las norteamericanas. Es en esta última categoría donde debemos situar a las llamadas Zornitsa, literalmente, en búlgaro, Estrella de la mañana.De ahí, quizá, el patrón decorativo que presenta en sus rosetas, consistente en una banda amarilla sobre la que se disponen, en negro, unas filigranas en forma de pequeñas flores o soles dibujados a partir de una clave de sol. miniaturadeimagen|240x240px|Detalle de los agujeros de resonancia.
Una guitarra entre dos mundos miniaturadeimagen|237x237px|Logo antiguo de Kremona, visible todavía en la etiqueta interna de algunas guitarras originales. Pese a la creciente influencia occidental, a menudo resultaba imposible para las empresas que operaban en países comunistas —como era el caso de la entonces República Popular de Bulgaria— acceder a las patentes originales de marcas americanas como Gibson, Epiphone o Martin, de ahí que se adoptaran soluciones propias, en ocasiones de lo más bizarras. Así, la Zornitsa parece ser una interpretación genuina de las guitarras sajonas con varios elementos distintivos. Destacan su cuerpo sinuoso, tipo archtop (que podría remitir a modelos gypsy jazz como la Selmer Maccaferri), o, probablemente lo más llamativo, la inclusión junto a la boca central de la tapa armónica de un segundo agujero de resonancia auxiliar, más pequeño, situado en el saliente superior con objeto de equilibrar el sonido. Esta doble abertura, a la manera de dos pequeñas ventanas, le valió el entrañable sobrenombre de casita comunal para pájaros.En alusión a la pareja de aves entrelazadas que aparecen en el logo de Kremona y a las viviendas colectivas tan habituales en el paisaje urbano de las repúblicas socialistas.
Otro rasgo formal muy característico, para terminar de darle ese sabor suyo a objeto retrofuturista, es el uso de un cordal metálico en su base complementado por un puente móvil de madera que distribuya las vibraciones hacia la tapa armónica, una solución técnica más propia de las mandolinas o de las primeras guitarras para blues y jazz de los años 30 que pudieron inspirar este modelo.No olvidemos que Kremona trabajaba inicialmente con instrumentos de tradición popular, como las mandolinas, que pudieron dejar cierta impronta a la hora de abordar el desafío de diseñar la Zornitsa.
Si nos centramos ahora en cómo suena esta marcianada, encontramos que su amplia caja hueca, y una longitud de escala más larga de lo habitual (en torno a los 670mm), con mayor tensión en las cuerdas, le confieren gran potencia. Su timbre es cálido, inusualmente dulce, con marcada presencia de tonos medios, resonancia de armónicos y mucha proyección, tal como ocurre con las Dreadnought desarrolladas por Martin a principios del — A título de curiosidad, Dimitar Georgiev, antes de fundar Kremona, vivió una etapa de formación como lutier en la ciudad alemana de Markneukirchen, la misma precisamente en que nació e inició su actividad constructiva C.F. Martin, creador de las guitarras Martin—.
Desaparición del modelo y fin de una era Si bien la marca Kremona continúa existiendo en la actualidad y produce, ya a escala internacional, una amplia gama de guitarras bajo los estándares modernos, el modelo Zornitsa quedó relegado después de los años 80 en favor de otras soluciones más efectivas y consolidadas en el mercado, viviendo su último apogeo en los hogares búlgaros y del viejo Bloque Este durante las décadas de 1970 y 80, justo antes de la caída definitiva del Telón y del consiguiente advenimiento de un mercado global en el que las viejas fórmulas de producción erráticas y semi-artesanales tenían pocas esperanzas de competir.
Debido a esa misma producción irregular, y al tiempo transcurrido hoy desde su desaparición —incluido el cambio drástico que supuso el derrumbe del gobierno socialista en el país, en 1989—, no ha llegado hasta nosotros un registro documental fiable ni exacto acerca del cese definitivo de estas guitarras,En conversación particular con un responsable del equipo de Kremona, utilizando las vías de comunicación facilitadas por la propia compañía, se me informó de que no disponen de data precisa sobre este modelo tan extraño. que en ningún caso sobrevivieron comercialmente a los turbulentos años 90. Han quedado, eso sí, como un interesante y bellísimo testimonio de su época, de aquellas insólitas expresiones del ingenio industrial que caracterizaron numerosas manufacturas de las antiguas repúblicas socialistas.
Desde Rusia con amor: las últimas reminiscencias Pese al rápido descarte de su fabricación por parte de Kremona, empresa que tuvo que cesar su actividad para refundarse más tarde con capital privado, la huella estética dejada por las Zornitsa hizo que, todavía en la década de 1990, siguieran apareciendo algunas imitaciones de ellas en Rusia, país que había sido, como parte de la extinta Unión Soviética, el principal destinatario para su exportación. Eso sí, más que de una pervivencia fiel del modelo búlgaro, con todas sus particularidades, cabría mejor hablar de guitarras elaboradas con su misma apariencia, respetando incluso la doble abertura de resonancia, pero con numerosas variantes e inconsistencias con respecto a la referencia original. Esto nos indica no obstante que, al menos en el plano visual, estas guitarras sí llegaron a conquistar a un cierto público y, con ello, un lugar para la nostalgia. Aún hoy, tanto originales como copias pueden hallarse en webs de coleccionismo y compraventa, haciendo valer así otra de las típicas afirmaciones sobre los artefactos heredados de aquel periodo: la de ser indestructibles.
Tovarisch Zornitsa: una guitarra proletaria miniaturadeimagen|Guitarra Zornitsa junto a una escultura de Vladimir Lenin en los jardines del Museo del Arte Socialista/ en Sofía (Bulgaria). Pese a ser contemporánea y, en cierto modo, la alternativa autóctona para cualquier joven que quisiera hacerse con una guitarra de cuerdas metálicas a imitación de las que se tocaban al otro lado del telón, lo cierto es que las prestaciones y el carácter —también el encanto— de la Zornitsa transcurren lejos de los cánones establecidos por sus homólogas capitalistas.
Al contrario que las marcas occidentales, que buscaban persuadir al usuario y competir con las firmas rivales a través de la innovación constante y de la idea de exclusividad, Kremona producía guitarras sin una competencia real y dirigidas al conjunto de la gente.La otra gran ''firma'' de guitarras en la Bulgaria comunista, Orpheus, se producía en una fábrica de muebles en Plovdiv. Orpheus se repartía con Kremona los objetivos de producción, actuando casi en calidad de filial de ésta y compartiendo en el proceso piezas y materiales. El objetivo no era vender las ventajas y mejoras de tal o cual modelo, sino una premisa mucho más simple, fruto de la economía planificada: ‘‘Debemos cumplir con la cuota de producción establecida”.
Independientemente del mimo o del buen hacer que pudiera poner un luthier concreto, lo cierto es que la única cosa que verdaderamente se le exigía a una guitarra Zornitsa (o a cualquier otra) es que sonase, y que no fuese ni excesivamente cara de comprar para el pueblo búlgaro ni, sobre todo, de producir para el Estado socialista que debía asumir su fabricación, destinando a ella una porción muy ajustada de recursos, calculada de antemano. Esto explica la poca consideración por cuestiones que sí encontraríamos en guitarras americanas contemporáneas como la contínua exploración estética o por tratar de potenciar determinados aspectos técnicos; la Zornitsa no busca excelencia ni popularidad, sino solvencia y practicidad.
Grande, resistente, con un mástil que parece un cañón y unas cuerdas tensas como la mismísima Guerra Fría, la Kremona Zornitsa está más cerca de ser un Kalashnikov que de lo que hoy entendemos por un instrumento de alta gama, y, no obstante, sin ser una guitarra buena ni tampoco mala, tiene a su favor la iconicidad, y un sonido con personalidad propia.
Guitarristas destacados Carencias técnicas aparte, aunque la popularidad de este modelo está, como comentábamos, muy condicionada por lo reducido de su producción y lo acotado de su distribución geográfica, sí ha habido guitarristas de primer nivel entre sus representantes. Destacan especialmente dos nombres del mundo del blues. Por un lado, el maliense Ali Farka Touré, apodado como El Rey del Blues del Desierto, quien se hizo con una Zornitsa durante una visita a Sofía en 1968; ésta se convirtió inmediatamente en su guitarra predilecta, grabando varios álbumes con ella. También el reconocido artista neoyorquino Eric Bibb se ha dejado ver en varias ocasiones con una de estas guitarras, la cual ha elogiado públicamente y esgrime hoy con varias modificaciones personalizadas.
Merece la pena mencionar además a una figura prácticamenta inédita para el público occidental, pero reconocida en la Unión Soviética, como fue la de Aleksandr Bashlachov. Si bien Bashlachov no fue usuario habitual del modelo, sí existe un curioso documento audiovisual donde aparece tocando precisamente una Zornitsa, sentado en un sofá junto a nada menos que el legendario Víktor Tsoi y otros integrantes del underground rockero del Leningrado de los 80s.
Referencias
Categoría:Guitarras