La viruela en la provincia de Guipúzcoa (País Vasco, España) fue durante el la enfermedad infecciosa que más severamente afectó a la población junto con el sarampión. Se estima que uno de cada siete fallecimientos infantiles en esa época se debió a esta enfermedad. miniaturadeimagen|Edward Jenner Desde mediados del se desarrolló la técnica de variolización, que consistía en inocular deliberadamente material procedente de lesiones de viruela a una persona sana con el objetivo de provocar una forma generalmente más leve de la enfermedad y generar inmunidad. Quienes recibían este procedimiento adquirían inmunidad de por vida aunque el 1% fallecían por la inoculación.

El descubrimiento de la vacuna contra la viruela por Edward Jenner en 1796 representó un avance fundamental en la lucha contra la enfermedad, aunque su erradicación global no se logró hasta 1980. Características de la enfermedad La viruela era una enfermedad grave, altamente contagiosa y propagada por brotes periódicos, con una tasa de letalidad de alrededor del 25% de los afectados, más elevada en lactantes. Estaba causada por el virus variola y se transmitía por contacto directo con personas infectadas o mediante objetos contaminados.

En sus inicios, la variolización y posteriormente la vacunación contaban con fuerte rechazo social.

Antes del desarrollo de la vacunación no existía un tratamiento específico contra la viruela. Las principales medidas preventivas fueron la variolización y, posteriormente, la vacunación. Los supervivientes de la enfermedad podían quedar con cicatrices permanentes en la piel y, en algunos casos, sufrir ceguera.

La geografía de Guipúzcoa, con su costa, puertos comerciales y proximidad a la frontera hispano-francesa, favoreció la propagación de la enfermedad. En el , los intervalos entre epidemias eran de aproximadamente cuatro años, reduciéndose a dos años en el .

La variolización y la Ilustración Durante el , el movimiento de la Ilustración promovió la difusión del conocimiento científico y la razón frente a las ideas tradicionales del Antiguo Régimen. En medicina, surgieron tensiones respecto a la adopción de la variolización. Desde 1760, la inoculación se convirtió en un símbolo de conflicto entre ilustrados y conservadores.

En Guipúzcoa, la élite intelectual fundó en 1763 la Sociedad Bascongada de Amigos del País (R.S.B.A.P.), que desde 1769 recopiló información sobre tratamientos contra la viruela. En 1771, el médico José Santiago Ruiz de Luzuriaga presentó sus experiencias inoculando a nueve niños en Berriatua, lo que impulsó a la R.S.B.A.P. a financiar la inoculación en las tres provincias vascas. Solo en Guipúzcoa se inocularon 1.202 personas en 1772, ampliando la práctica que hasta entonces había sido esporádica y clandestina.

Sirva como ejemplo la localidad de Fuenterrabía: en 1791, el alcalde y diputado general Pedro Antonio de Zuloaga intentó inocular a sus hijos en secreto, junto con el médico Pedro Cantabrana, para evitar la oposición popular.

Sin embargo, la noticia se filtró y el Ayuntamiento suspendió el procedimiento, creando una comisión de médicos, teólogos y abogados que prohibió la inoculación mientras no hubiera epidemia activa.

A comienzos del siglo XIX, la vacunación jenneriana comenzó a difundirse en España. Entre 1800 y 1802 surgieron algunos de los primeros núcleos activos de vacunación en Cataluña, Madrid y el ámbito vasco-navarro, donde médicos y cirujanos promovieron su aplicación y distribución.

Introducción de la vacuna y legislación sanitaria En 1792, la Real Academia Médica Matritense se pronunció favorablemente sobre la inoculación de la viruela.

En 1798, durante el reinado de Carlos IV, se promovió mediante una Real Cédula la práctica de la inoculación de la viruela en hospitales, casas de misericordia y casas de expósitos. Esta medida se refería todavía a la inoculación de viruela y no a la vacuna desarrollada por Edward Jenner, cuyo trabajo había comenzado en 1796 y se publicó en 1798.

En 1815 se reforzaron en España las medidas destinadas a extender la vacunación contra la viruela. Una Real Orden de 14 de agosto de ese año recomendaba que no se permitiera asistir a la escuela a los niños que no acreditasen estar vacunados. La implantación de la vacunación encontró resistencia entre parte de la población durante el siglo XIX y, en algunas localidades, los equipos de vacunación llegaron a requerir la protección de la fuerza pública.

En 1903, todavía se registraban unas 100 muertes anuales por viruela en Guipúzcoa y se ofrecían incentivos económicos para quienes acreditaran la vacunación.

A partir de 1921 fue obligatoria la vacunación de los niños en las escuelas españolas.

Últimos focos y erradicación Entre los brotes documentados del siglo XIX y comienzos del XX en Guipúzcoa figuran Irún (1869-1871) y Lasarte (1918), donde sus enfermos se intentaron trasladar al hospital de Hernani, pero la población local lo impidió.

Según un estudio de Carlos Alustiza, en el País Vasco los últimos casos aislados se registraron durante la inmediata posguerra de la guerra civil española.

En España, la transmisión autóctona de la viruela se consideró eliminada en 1954. No obstante, en 1961 se registró en Madrid un brote originado a partir de un caso importado.

El último caso mundial se detectó en Somalia en 1977, momento a partir del cual la Organización Mundial de la Salud (OMS) certificó la erradicación de la viruela oficialmente en 1980.

Véase también

Difteria en Guipúzcoa Tosferina en Guipúzcoa Tuberculosis en Guipúzcoa Referencias

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