miniaturadeimagen|Convento de San Ignacio de las madres carmelitas descalzas El convento de San Ignacio Mártir y de la Madre de Dios es un convento de monjas carmelitas descalzas ubicado en la localidad española de Loeches, frente a la plaza Duquesa de Alba. Es conocido también como «el convento chico o pequeño».
Historia Tras ser convertido en Villa en 1555 por el emperador Carlos V de Alemania y I de España y Villa-señorial a finales del por el rey Felipe II, el señorío de Loeches fue comprado por un genovés, Baltasar Cantanno, quien a su vez se lo vendió a Íñigo de Cárdenas y Zapata, alférez mayor de Madrid, consejero de Felipe II y caballero de la Orden de Santiago. Estaba casado con Isabel de Avellaneda y, dependiendo de los textos y la interpretación de los documentos, el matrimonio pudo llegar a tener dieciséis, once o dos hijos. Todo parece indicar que tuvieron, o al menos solo sobrevivieron, dos hijos, ya que son los que se nombran en la documentación relacionada con la fundación de este convento: Íñigo de Cárdenas-Zapata y Avellaneda y Francisca de Cárdenas y Avellaneda. Íñigo tuvo cargos importantes siendo embajador de España en Francia y en Venecia y al ser el hijo varón mayor hereda a la muerte de su padre en 1585 el señorío de Loeches. En cuanto a Francisca, devota cristiana desde muy pequeña, toma el hábito carmelitano al ingresar en el convento de Santa Ana de Madrid, momento en el que empezó a llamarse Francisca de Cristo.
Es en su nueva vida de clausura donde, según la mística, tuvo una visión. Se le apareció San Ignacio de Antioquía en su celda y le pidió que construyera un edificio en su honor a las afueras de Madrid. Según otra documentación, fue la madre quien decidió fundar un monasterio y un palacio en Loeches para que Francisca pudiera profesar su fe y ella habitar en dicho palacio, que daría pared con pared con la iglesia. Es así como Francisca, su madre y su hermano Íñigo comenzaron las obras del convento en Loeches. Fundado en 1596, Francisca de Cristo formará parte de la comunidad que lo habitó, además de ser la primera priora y considerada la fundadora del convento. El hermano, junto con la madre, aporta dinero para la construcción y le consideran el patrón. La madre no llegará a ver terminadas las obras, ni del palacio ni del convento.
A la muerte de su patrón sin descendencia directa, la comunidad asumió su propio patronazgo, siendo independientes de futuros señores. En 1633, el conde-duque de Olivares adquiere en una subasta el señorío de Loeches. Tras la compra, Olivares comienza la fundación del monasterio de la Inmaculada Concepción y la reforma y ampliación del antiguo palacio. A pesar de los rumores de la mala relación entre él y las carmelitas, la realidad es otra, ya que Olivares hizo la primera canalización del agua, regalando varias fuentes a las habitantes del convento de San Ignacio.
En el edificio no profesaron una gran cantidad de monjas, al contrario de su vecino monasterio, el de la Inmaculada Concepción de las madres dominicas recoletas. Tuvo un gran momento de esplendor, especialmente en el . Especial mención merece la temporada en la que la infanta María Teresa, hija del rey Felipe IV e Isabel de Borbón, pasó en este convento siendo educada por las monjas carmelitas. Tenemos conocimiento de esto gracias a una obra publicada en esos años: La labradora de Loeches, de Carlos Patiño.
Durante la guerra de Independencia española a principios del el rey de aquel momento, José I Bonaparte, decretó la reducción del número de monasterios en el país, agrupando diferentes comunidades en un mismo edificio. Así pasó con las carmelitas de Loeches, que fueron desplazadas junto con otras fundaciones a Pastrana, Guadalajara. Al acabar la guerra, volvieron a sus respectivos conventos de origen.
Durante la guerra civil española es cuando más sufrirá el edificio, ya que fue ocupado y usado como cuartel y almacén, expulsando a las monjas. Esto significa el mayo daño que sufre el edificio en su historia debido a un gran incendio que supondrá la pérdida casi total de la documentación de la fundación, además de pérdida de obras de arte y patrimonio. El expolio jugó también un importante papel, aunque hubo un movimiento de obras, algunas entraban y otras salían. Debido a este incendio, el edificio de la iglesia y el conjunto del convento irá sufriendo reformas y restauraciones a lo largo de toda la segunda mitad del .
En la actualidad el edificio sigue habitado y sus inquilinas ofrecen productos artesanos, como mermeladas caseras de diferentes variedades que ellas mismas cultivan, además de diferentes horarios para la oración.
Arquitectura El conjunto se puede dividir en cuatro espacios: iglesia, convento, hospedería y jardines. Todo en su conjunto sufrió intervenciones de reforma en la segunda mitad del , especialmente los interiores, como las celdas, refectorio, locutorio, hospedería y claustro, aunque del claustro se conservan las columnas renacentistas. El interior de la iglesia también fue restaurado, aunque conserva su estructura original de la fundación, destacando especialmente la fachada barroca del . miniaturadeimagen|Fachada de la iglesia de San Ignacio Se trata de una fachada donde destacan pocos elementos debido a la tipología de la arquitectura, un ejemplo de arquitectura teresiana, es decir, un modelo de iglesia que se utilizó durante las fundaciones de Santa Teresa de Jesús, reformadora y creadora de la orden de carmelitas descalzas, tanto en vida como durante los primeros años después de su muerte. Esta tipología tiene unas características que siguen la línea de la reforma de Santa Teresa: sencillez, austeridad, clasicismo, recogimiento y pobreza. Esto se ve reflejado en la fachada compuesta por una portada adintelada, con un frontón curvo y dos bolas herrerianas. Partiendo el frontón curvo se encuentra el escudo de la orden de las carmelitas, un ejemplo de la irrupción del barroco en la arquitectura, rompiendo las líneas y las perspectivas. También destaca la espadaña de ladrillo con tres campanas.
La estructura e interior de la iglesia también siguen las líneas teresianas: una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos, cúpula encamonada y cabecera recta. Esta y otras iglesias teresianas de la época siguen la construcción de la iglesia del convento de San José en Malagón, Ciudad Real, tercera fundación de Santa Teresa en vida y la primera que se construye ex novo, es decir, desde cero. En el interior se encuentra diferentes imágenes religiosas de buena calidad, algunas siendo de la época de la fundación. El retablo, de estructura barroca, se puede dividir en tres partes: en la superior una imagen de la virgen del Carmen con manto, en medio una representación de San Ignacio en su martirio, y en la inferior un relieve en madera que representa una última cena. Entre otras, destacamos dos imágenes: un Cristo de Burgos y una escultura de la virgen del Carmen.
La comunidad protege diferentes objetos de culto, en las que destacan las reliquias de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz. Otros objetos importantes son una mesa que les regala Felipe IV y documentos y cartas autógrafas de Teresa.
Véase también Panteón de la casa de Alba Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora (Loeches)
Referencias
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