La isquemia aguda de las extremidades se produce cuando hay una supresión repentina del flujo sanguíneo a una extremidad. Los síntomas clásicos incluyen una extremidad pálida, dolorosa, entumecida, inmóvil, sin pulso y fría. Aunque puede afectar a cualquier extremidad, lo más frecuente es que afecte a las piernas. Entre las complicaciones posibles está el síndrome compartimental.

La causa más común es una trombosis, a menudo en el contexto de una enfermedad arterial periférica (EAP). Otras causas pueden ser una embolia, disección arterial o traumatismo. Entre los factores de riesgo figuran el tabaquismo, la diabetes, la obesidad, el estilo de vida sedentario, antecedentes familiares, el nivel de colesterol alto y la hipertensión arterial. El diagnóstico puede sospecharse a partir de los síntomas y se confirma mediante angiografía por TC. La isquemia crónica que afecta las extremidades, por el contrario, se desarrolla más gradualmente y, aunque puede no haber pulso, los síntomas están presentes durante más de dos semanas.

El tratamiento generalmente consiste en una cirugía inmediata, que puede incluir baipás vascular, endarterectomía o trombectomía. La trombólisis dirigida por catéter puede ser otra opción. Mientras se espera la cirugía, con frecuencia se administra heparina no fraccionada y tratamiento contra el dolor. Si el tratamiento se retrasa, puede ser necesaria la amputación. Aproximadamente el 15% de las personas mueren en el plazo de un año, a menudo debido a problemas de salud asociados.

La isquemia aguda de las extremidades se presenta en aproximadamente 15 a 22 casos por cada 100.000 personas al año. Los hombres y las mujeres se ven afectados con la misma frecuencia. La edad típica de aparición es de 75 años. La primera cirugía exitosa para tratar la isquemia aguda de las extremidades se realizó en 1911. La palabra isquemia proviene del griego ischein, que significa "retener", y haima, que significa "sangre".

Referencias

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