La Ermita de San Caralampio, también conocida como Capilla de las Conchas, es un templo católico construido en 1909 por Daniel Vázquez-Gulías. Está ubicada en la isla de La Toja, en El Grove, Pontevedra (Galicia, España).

Historia San Caralampio Hagiografía San Caralampio, nacido en el año 89, fue obispo de Magnesia, en la diócesis de Mar Zaia. Gran difusor del Evangelio en dicha región durante décadas, fue arrestado por orden del procónsul Luciano y sometido a tortura por el comandante Lucio pese a su avanzada edad; su cuerpo fue lacerado con garfios de hierro que le desgarraron la piel, pese a lo cual el mártir siguió siendo fiel a su fe, lo que llevó a dos soldados, Porfirio y Baptus, a manifestar su creencia en el cristianismo, siendo en consecuencia decapitados con una espada, mismo destino que sufrieron tres mujeres que, ante el padecimiento del santo, empezaron a glorificar a Cristo. De acuerdo con la tradición, el propio Lucio, lleno de ira, tomó los instrumentos de tortura y comenzó a martirizar al santo, ante lo cual sus antebrazos fueron cercenados con una espada; en consecuencia, Luciano escupió al rostro del mártir, girando la cabeza del procónsul acto seguido 180 grados. Tanto Luciano como Lucio rezaron pidiendo misericordia y fueron sanados al momento, convirtiéndose al cristianismo. Sin embargo, el santo fue conducido hasta Septimio Severo, quien prosiguió con las torturas para finalmente condenar al mártir a morir decapitado, siendo, de acuerdo con la leyenda, enterrado por la hija de Severo, quien se habría sentido profundamente conmovida.

Culto En cuanto a la veneración a San Caralampio, su cráneo se custodia en el Monasterio de San Esteban de Meteora (Grecia), hallándose el resto de sus reliquias repartidas por numerosos lugares tanto dentro del país como en el extranjero. Respecto a la llegada de su devoción a Occidente, se cree que su culto pudo difundirse gracias a los navegantes que viajaron por Génova, Cartagena y Galicia, en este último territorio a través de Santiago de Compostela, desde donde se extendería a otras áreas, como La Toja y Mellid. Posteriormente la figura del santo pasaría a ser venerada en América, donde alcanzaría gran fama mediante la difusión de su culto en México, sobre todo en Comitán y Veracruz, alcanzando también otros países como Costa Rica y Colombia.

La Toja thumb|La isla de la Toja a principios del siglo . El origen de la ermita se halla ligado al pasado de la isla, íntimamente vinculada a su vez a las supuestas propiedades curativas de las aguas que la rodean, popularizadas en una leyenda según la cual en el siglo un matrimonio oriundo de El Grove (según otras fuentes un capellán), dueño de un burro ya anciano y plagado de heridas infectadas producto del trabajo, consideró darle una muerte digna, para lo cual lo llevaron a la isla de La Toja, donde lo dejaron abandonado con el fin de que muriese en paz. Tras un tiempo el matrimonio regresó a la isla y descubrió con absoluta perplejidad que el animal no solo no había muerto sino que sus heridas habían desaparecido. Este milagroso acontecimiento se fue extendiendo con suma rapidez por todo el territorio gallego, haciéndose eco de la noticia diversos periódicos así como algunos escritores, entre ellos Emilia Pardo Bazán, quien en septiembre de 1899 publicó en la revista La Ilustración Artística un cuento bajo el título Salud en el fango-La Toja:

Antonio Casares Rodríguez, famoso investigador además de catedrático en química, filósofo y farmacéutico, realizó un análisis de las aguas de la isla, la cual describió como dos islas «entre la península del Grove y la embocadura del rìo Umia», llamadas «Toja pequeña y Toja grande», misma descripción ofrecida por el profesor, médico y periodista Ramón Otero Acuña:

thumb|El Balneario de La Toja hacia 1915. Casares Rodríguez declaró que la isla «está cubierta por una capa de tierra de un pie a dos de grueso en la que solo se ven vegetar algunos brezos, helechos, zarzas y juncos. La pequeñez de estas plantas, su color oscuro, la falta absoluta de matas dan a la isla un aspecto sumamente triste y árido, que contrasta con la hermosa perspectiva de las próximas tierras de Cambados. Dicen que antiguamente había en la isla un pinar, y no dudo, que con pocos esfuerzos podrían conseguirse allí la mayor parte de las plantas y un cultivo bastante esmerado». Pese a este aspecto en principio desolador, la popularidad de sus aguas y su barro supuestamente curativos fue en aumento, sobre todo gracias al científico Roque Carús Falcón, quien no obstante hizo una contundente crítica del estado de las instalaciones en su viaje a la isla en 1881 al comentar que «los balnearios de la Toja no ocuparán, sin duda, el lugar preferente que de hecho les corresponde entre los de su clase, interín no se perfeccionen las vías de comunicación… y sobre todo mientras su instalación balneo-terápica no salga del estado primitivo y lamentable en que se encuentra, que no corresponde, ni con mucho, a las exigencias actuales de una medicación hidro-termal. Es de esperar, por lo tanto, que los propietarios de aquellos baños, comprendiendo mejor sus intereses, emprendan en breve las reformas aconsejadas por la ciencia». Aunque ya los indígenas prerromanos tenían conocimiento de los beneficios del lodo de la isla, la cual denominaron con una variante de un pseudónimo preindoeuropeo que conduciría a su actual nombre (La Toja significa «lugar fangoso»), fue la difusión del relato de la curación del burro la que trajo consigo una popularidad traducida en la llegada de visitantes para finales del siglo , atraídos por la idea de curar sus enfermedades con las aguas de la zona, lo que a su vez propiciaría la apertura en 1907 del que generalmente se considera el primer balneario de la isla, si bien es el tercero ya que el primero abrió sus puertas en 1842 y el segundo en 1880; del tercer balneario empezó a circular el rumor de que sus aguas, ricas en sodio, calcio y magnesio, tenían carácter medicinal, circunstancia que acrecentaría su fama hasta posicionarlo al mismo nivel que muchos balnearios europeos de gran prestigio, como el de Vichy, siendo actualmente uno de los más famosos de España y el único de Galicia en contar con cinco estrellas.

Ermita Construcción primitiva Hay constancia de la existencia de una ermita en la isla desde al menos el siglo tal y como recogió en 1901 Antonio López Ferreiro:

López Ferreiro hizo público este documento, redactado en latín: thumb|Plano de La Toja (1911), por Daniel Vázquez-Gulías. La cruz marca la ubicación de la ermita.

El hecho de que López Ferreiro se refiriese en pasado a esta ermita al indicar que «hállabase sita» en La Toja, parece indicar que de esta primitiva construcción ya no quedaba ningún resto en pie para comienzos del siglo , aunque sí hay constancia de su existencia y pleno funcionamiento en el siglo tal y como recogió el político Pascual Madoz en un texto en 1847 destinado a desacreditar la historia de la milagrosa curación del burro que tanta fama diera a la isla:

La información aportada por Madoz coincide con el registro constatado en una memoria de 1848, donde figura que la isla contaba con «28 casas o habitaciones de mampostería y teja, 17 barracas de madera y tejado, una pequeña capilla, la casa del bañero y los cuartos en que están las bañaderas, o los baños propiamente dichos. De las 28 casas, solo 23 se destinaban al público, ya que una era reservada para el director y las otras 4 se las reservan para sí los propietarios». Así mismo, se sabe que la ermita aún seguía en pie para 1881 gracias a Carús Falcón, quien dejó testimonio tras su viaje a la isla en agosto de dicho año de que «en el centro de una anchurosa plaza cuadrangular, uno de cuyos lados está formado por la fonda y hospederia antigua, y los otros por la capilla y casas de humilde aspecto, se encierran los principales departamentos de baños».

Construcción actual thumb|La Ermita de San Caralampio en 1909. La ermita actual fue concebida por el arquitecto orensano Daniel Vázquez-Gulías, responsable de importantes construcciones en Cortegada, Terroso, Maside, Verín y Baíste; es probable que se le encomendase la obra del templo debido a que este arquitecto había construido el Balneario de La Toja, inaugurado en 1907 y convertido en uno de los edificios más reconocibles de la isla, de la que Gulías llegó a diseñar un plan urbanístico con el fin de embellecerla. El hecho de que haya constancia de la existencia del templo anterior, que dada la ausencia de un puente solo era accesible por barca (el puente que hoy conecta La Toja con El Grove fue construido entre 1909 y 1910), ha dado lugar a que se afirme erróneamente que la edificación actual no es una construcción iniciada desde cero sino una ampliación acometida en el siglo sobre el templo original del siglo , estructura de la que a día de hoy no queda ningún vestigio. Inaugurada la actual ermita el 28 de junio de 1909, durante casi cuarenta años sufrió las inclemencias del tiempo, sobre todo en su fachada trasera, donde se ubica la capilla mayor, ya que estaba entonces y ahora orientada al sur, zona en la que las lluvias causaban continuos deterioros, provocando humedades y daños en los cimientos. Esta circunstancia motivó a Raimundo Riestra Calderón, II marqués de Riestra, a ponerse en contacto a finales de la década de 1940 con Anselmo Millán, albañil oriundo de El Grove, de quien esperaba obtener una solución al problema (el marqués ostentaba en aquel entonces la gerencia del balneario, financiado por su padre José Riestra López, quien adquirió la isla junto con un socio a comienzos del siglo ). Millán informó al marqués de que tradicionalmente se recurría a la cobertura de las paredes con conchas de vieira debido a que las mismas tenían la facultad de impedir la entrada de agua al resbalar este elemento por ellas antes de poder acceder al interior de la edificación. El marqués mostró su aprobación y autorizó a Millán a reformar el muro sur cubriéndolo con conchas de vieira, siendo su yerno Fidel González, más conocido como Lito, el encargado de esta labor; el resultado conseguido agradó tanto al marqués por su belleza que el noble dispuso que toda la ermita fuese cubierta de la misma manera, un trabajo que se extendió por varios años, hasta aproximadamente 1952, cuando varios albañiles de El Grove, entre ellos uno de nombre Roberto Fuentes, terminaron de cubrir el campanario, si bien el tejado no sería cubierto hasta 2007.Cabe destacar que la zona ubicada frente a la ermita fue antiguamente una salina que a principios del siglo se rellenó para después levantar un jardín.