El cementerio de Buñol es un camposanto ubicado en Buñol, España. Este recinto tiene la característica peculiar de tener una zona de enterramiento civil -en oposición al religioso- muy amplia. En ella se encuentran numerosas muestras de arte funerario de orientación masónica, socialista, anarcosindicalista y de otras ideologías diferentes de las religiosas.

Contexto Teodoro Llorente describe Buñol como un lugar donde abundan «liberales y progresistas», «gente leída y discutidora», y donde «bullen no pocos librepensadores y masones... que arreglan el mundo a su antojo». A esta situación se llega en un proceso de lucha contra el poder señorial que se remonta a 1611, tras la repoblación que siguió a la expulsión de los moriscos en 1609, que había dejado deshabitada la villa. Los repobladores se encontraban sometidos a una fuerte presión tributaria a favor de los señores, la familia Mercader, condes de Buñol. Los tercios, quintos, diezmos y otras tasas afectaban a múltiples productos y actividades: vino, leña, trigo, productos de la huerta, ganado, cal, yeso, la siembra, el corte de pinos y otros.

El enfrentamiento con los señores continuó durante el , culminando en 1797 con el intento de rescate del condado mediante el pago de al conde de Buñol. Este intento resultó ser el inicio de un pleito que no acabaría hasta 1836, cuando el condado de Buñol pasó definitivamente a la corona contra el pago al conde de y ocho maravedíes. Este larga historia de enfrentamiento con el poder dejó huella en el municipio.

Buñol en la década de 1880 era una población con más del 50% de la población dedicada a la industria. Dentro de esta, destacaba la fabricación de papel. La cultura política republicana se había afianzado plenamente. Desde los primeros años de la década de 1860, tras una importante tradición política de liberalismo radical se pasó al republicanismo, que se desarrolló plenamente tras la Revolución de 1868 y durante el Sexenio Democrático, los republicanos consiguieron la alcaldía en 1871. Tras la Restauración, el republicanismo volvió a reorganizarse. El movimiento se consolidó en la década siguiente, al alcanzar los republicanos la mayoría municipal a partir de 1883, con un dominio absoluto del Ayuntamiento tras la implantación del sufragio universal masculino en 1891, que se extendió en los años siguientes también en las elecciones a Cortes y en las de diputados provinciales, donde los candidatos republicanos siempre fueron los más votados.

Dentro de la corriente republicana de Buñol apareció de un importante grupo librepensador, denominado El Regenerador, que promovió la laicización de la sociedad y postulados anticlericales. Así se difundieron actos como las inscripciones civiles de niños o uniones matrimoniales civiles, al tiempo que se impulsó el establecimiento de una escuela laica. Y también los entierros laicos.

Una circunstancia que contribuyó a la construcción del cementerio de Buñol, como la de muchos otros contemporáneos suyos, fueron las epidemias de cólera, en este caso concreto la de 1885. El traslado de los cementerios fuera de las poblaciones estaba previsto por la legislación desde fines del , pero no se llevó a cabo hasta mucho más tarde, cuando el temor al cólera morbo se apoderó de la población española en 1833. Incluso en esas circunstancias hicieron falta varias normativas legales, como las Reales Órdenes de 1849 y 1865, para que el proceso sacar los cementerios de los núcleos de población se ejecutara.

Historia La Real Orden de 2 de abril de 1883 sobre la construcción de cementerios civiles desarrollaba a una anterior de 28 de febrero de 1872, cuya finalidad era que se pudiera sepultar con decoro a quienes murieran fuera del seno de la religión católica. Obligaba a los ayuntamientos de más de seiscientos vecinos y a los que fueran capitales de partido judicial a ampliar los cementerios existentes, creando una parte civil cerrada y dotada de un acceso independiente.

Pese a lo previsto en la legislación, en la práctica los camposantos siguieron estando controlados por la Iglesia. La mayor parte de los cementerios civiles, a los que el pueblo llano llamaba corralillos, eran lugares mal cuidados y semiabandonados, donde solo se enterraba a excomulgados, apóstatas, herejes -en esta categoría se encuadraba también a masones, librepensadores, deístas o espiritistas-,suicidas o niños sin bautizar, a los que tradicionalmente se les negaba la sepultura eclesiástica. Era un lugar para enterramientos marginales, pero en el caso de Buñol no era así, pues las personas allí enterradas eran las que lo pedían expresamente, pues por sus creencias e ideología no comulgaban con la iglesia católica, y por tanto no deseaban ser enterrado en lugares llamados sagrados.

La iniciativa de construir el nuevo cementerio partió del alcalde Joaquín Ballester Vellés, republicano posibilista, una vez superada la terrible epidemia de cólera que había asolado a España el año anterior y que tuvo una gran incidencia en Buñol. El Ayuntamiento, ante este exceso de mortandad, decidió cerrar el antiguo camposanto y la construcción de uno nuevo alejado del casco urbano, trasladándose parte de las tumbas del clausurado.

El conjunto fue construido en 1886. Sin embargo, en sus orígenes no se trataba de un único cementerio, sino de dos, uno civil situado a la izquierda y otro religioso a la derecha. Un muro interior separaba ambas, siendo más amplia. la católica. Tenían dos puertas de acceso diferenciadas.

Ambas partes fueron ampliadas en años posteriores.

La Ley de Jefatura del Estado sobre cementerios, fechada en Burgos el 10 de diciembre de 1938 (B.O.E., nº 173 de 20-12-1938), ordenaba en su artículo 6º que:

«En el término de dos meses a contar desde la vigencia de esta Ley, los dueños, administradores o encargados de panteones, sepulturas, nichos o cualesquiera clase de monumentos funerarios están obligados bajo su responsabilidad a hacer desaparecer de los mismos todas las inscripciones y símbolos de sectas masónicas y cualesquiera otras que de cualquier modo sean hostiles u ofensivos a la Religión Católica o a la moral cristiana».

Con la victoria del bando franquista, la norma se aplicó a todo el territorio español, destruyéndose los símbolos masones que se encontraban en las lápidas. Sin embargo Buñol fue una excepción a este proceso. Si bien no fue el único caso -excepciones parecidas se dieron en lugares aislados en Valladolid, Gijón, Badajoz o Alcázar de San Juan, generalmente por desidia o desconocimiento de los censores- en Buñol estos símbolos se conservaron pese al conocimiento de las nuevas autoridades locales del franquismo y seguramente de la Iglesia local. Sin embargo, se volvió a cerrar la parte civil aunque se llegaron a permitir entierros en ella, limitados estrictamente a los más allegados y con presencia de la guardia civil.

Con el advenimiento de la democracia, siendo alcalde de Buñol el comunista Joaquín Masmano, en los años 1979-1980, se derribó el muro que separaba la parte civil y la religiosa, quedando ambas unidas y formando el que recibe el nombre oficial de Cementerio Municipal de Buñol.

Descripción El muro perimetral está realizado en fábrica de mampostería y encalado. En la puerta, de madera recubierta por unas planchas metálicas, figura el año de construcción, 1886. Un símbolo masónico figura en el frontispicio, el triángulo, el cartabón y el compás, representando la luz y la construcción del Universo.

Tras la puerta de acceso se extiende una avenida con tumbas y grandes mausoleos. En uno de ellos destaca la figura clasicista de un ángel con los dedos en los labios, en actitud de pedir silencio.

Destaca en este cementerio la presencia de figuras que no son frecuentes en otros, como la que tiene forma de columna de ladrillo con pequeños óvalos cegados y coronada por una pequeña cúpula. Pero la parte por la que es más conocido este cementerio es la civil. En ella se aprecia el arraigo que tuvieron aquí determinadas ideologías, como el socialismo, el anarcosindicalismo y la masonería.

Junto a los símbolos ideológicos, hay otros que hablan del modo de vida de las personas finadas. En algunos casos tratan de sus gustos o aficiones, como en el caso de los escudos de alguna de las dos bandas de música de Buñol o del Valencia Club de Fútbol. En otros expresan el medio que tuvo la persona de ganarse la vida, como por ejemplo el nicho de una mujer en el que hay grabada una de las primitivas máquinas de coser Singer,https://ceice.gva.es/DGPA/inmuebles/imagenes/46.18.077/18856/foto/4.jpg u otros en los que aparece un hombre junto a un carro o un cazador con sus capturas.

Relación con la masonería Aunque el camposanto tiene 435 tumbas con una simbología particular y compleja que habitualmente se clasifica toda ella como masónica, se trata de elementos comunes también a otras ideologías liberales, progresistas o izquierdistas extendidas por la zona. La mayoría de las personas enterradas en ellas no tienen relación directa con la masonería. Así en muchas de las placas de los nichos se pueden ver grabados algunos de estos símbolos. Junto a tumbas con el compás y el triángulo de los masones, hay otras con el puño y la rosa del PSOE, las siglas CNT en una estrella o la bandera republicana.

El origen de la masonería buñolera se remonta a 1889, cuando algunos republicanos y librepensadores de Buñol, Chiva y Cheste entraron en contacto con la logia valenciana Puritana nº 1. El 25 de marzo de 1891, se estableció una logia en Buñol llamada Los Once Hermanos, ya que contaba once socios. Llegó a contar con 41 miembros en 1893, de los que la mayoría eran de Buñol, pero también había de Chiva, Cheste y otras poblaciones. Así pues, el número de tumbas con símbolos es muy superior al total de masones de Buñol.

Referencias