La hermenéutica del Concilio Vaticano II se refiere a las interpretaciones Hermenéuticas del Concilio Vaticano II presentadas por teólogos e historiadores en el período posterior al Concilio.La hermenéutica del Vaticano II: Desde 1985 hasta Benedicto XVI. Gabriel Richi Alberti (2013) Las dos interpretaciones principales son la «hermenéutica de la continuidad» (o «hermenéutica de la reforma») y la «hermenéutica de la ruptura» (o «hermenéutica de la discontinuidad»), aunque algunos proponen una «tercera hermenéutica» en la línea de John W. O'Malley o de Claude Barthe.

Según el doctor en teología de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, Salvador Pié-Ninot (representante de la Escuela de filosofía de Barcelona), se ha producido un «“choque de relatos interpretativos” sobre el Concilio Vaticano II. Bien sea el relato de la “no continuidad” en sentido doble: negativo (lefebrianos) o positivo (cierta forma de entender la “transición”), o ya sea el relato de la “continuidad” o más fuerte o más débil “en el interior de la tradición”».

Oficialmente la Iglesia católica considera como válida únicamente la hermenéutica de la continuidad y los Pontífices que llegaron a participar en la elaboración del Concilio (como Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI) han sostenido que el Concilio no está en oposición alguna con el milenario “depositum fidei” propio de la tradición y doctrina católica, y que el «aggiornamento» no significa ruptura con la tradición, sino que expresa la continua vitalidad; instruyendo a la feligresía de que las enseñanzas del Concilio deben ser leídas a la luz de la Tradición viva y completa, y del Magisterio constante de la Iglesia, vinculado a la integridad ortodoxa de la doctrina.

Interpretando el Concilio A diferencia de otros Concilios ecuménicos, el Vaticano II plantea un problema de interpretación. Esta peculiaridad se remonta a la intención del propio Concilio, que no era definir «tal o cual punto de doctrina y disciplina», sino «restablecer el valor y el esplendor de la sustancia del pensamiento y la vida humana y cristiana».Giovanni XXIII, Allocuzione del 14 de noviembre de 1959, L'Osservatore Romano, 15 de noviembre de 1959, que cita en apoyo: Roberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Turín, 2010, p. 127 Esta intención fue seguida por la falta de definiciones dogmáticas, lo que dio lugar a un debate sobre la naturaleza de los documentos y su aplicación.Roberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Turín2010, pp. 6, 15

Todos los Concilios Ecuménicos han tenido sus historiadores que han contribuido a proporcionar una interpretación objetiva pese a sus puntos de vista,Roberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Turín, 2010, p. 6 sin embargo solo en el Concilio Vaticano II se han enfrentado dos hermenéuticas opuestas y en pugna sobre como interpretarlo.Roberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Turín, 2010, p. 14 Según algunos críticos la presencia de hermenéuticas opuestas puede atribuirse a una ambigüedad o ambivalencia de los documentos conciliares, o también por su tono más optimista y dialogante (aunque manteniendo el rechazo a los errores) en comparación con los documentos pre-conciliares más pesimistas y confrontativos contra la Modernidad. Otros han argumentado en respuesta que la problemática recepción del Vaticano II no es exclusiva de él y refleja una tendencia que se remonta al Concilio de Nicea, o incluso desde el Concilio de Jerusalén ante el escepticismo a las renovaciones y el miedo a que estas contradigan la Tradición apostólica. También se ha propuesto la influencia de la Polarización política presente durante la Guerra Fría y el pánico a una "infiltración marxista/liberal" entre los Padres Conciliares, así como los movimientos de la Contracultura en la década de 1960 (como los Hippies, el Mayo francés, la Revolución cultural en la Unión Soviética, entre otros), que causarían la crisis posconciliar sobre la recepción e interpretación de los documentos, que se agravaría con las secularizaciones en el clero.https://www.fpablovi.org/images/InstitutoSocial/materiales/seminarioDSI/IV_05_sesion_03_mons_montero.pdf

Monseñor Guido Pozzo, filósofo y teólogo, considera que el gran problema de la recepción y comprensión del Concilio es que el clima posconciliar estuvo marcado por una atmósfera de secularismo y de pensamiento antropocéntrico e historicista, lo que provocó que muchos juicios del Concilio en el mundo académico no se fundaran en la intentio docendi del Magisterio conciliar, si no que se sustentaran en posiciones ideológicas de ciertas teologías con prejuicios culturales y filosóficos.Boletín de Doctrina Social de la Iglesia, Enero - Junio de 2013, Año VI, n. 16, 2013 (I) [2012 (II)]

Por su parte, El Papa Benedicto XVI (quien también fue partícipe del desarrollo del Concilio cuando era Cardenal Ratzinger), como testigo de las diversas percepciones sobre la teología posconciliar desde sus orígenes, afirmó que gran parte del problema hermenéutico se ha debido a la intromisión de la prensa difundiendo ante las masas interpretaciones politizadas e ideologizadas de las resoluciones conciliares, lo que polarizo a la feligresía e investigadores del tema, así como dificulto la recepción de la hermenéutica oficial de la Iglesia frente a la de las distorsiones modernistas.

A su vez, Benedicto XVI mencionó que en las facultades de teología de diversas universidades de Alemania y Europa Central surgirían movimientos heterodoxos que dificultaron la implantación de las reformas conciliares, dado que pretendían sincronizarlas con un supuesto «espíritu conciliar», muchas veces desviándose o contradiciendo a las resoluciones de los documentos resultantes del Vaticano II, practicando un Libre examen herético donde introducían Ideologías políticas (como el Liberalismo o el Marxismo) no relacionadas con lo que quiso decir el Vaticano II, y que además dichas prácticas habían sido condenadas previamente por la Iglesia como la herejía del Modernismo teológico.

Hermenéutica de la continuidad Según la hermenéutica de la continuidad, o de la renovación, el Concilio Vaticano II debe interpretarse a la luz y en continuidad con el magisterio de la Iglesia que lo precedió y lo siguió, es decir, a la luz de la Sagrada Tradición.Según la doctrina católica, Tradición significa la «transmisión viva, realizada por el Espíritu Santo», de la «predicación de los Apóstoles, expresada de modo especial en los libros inspirados»; «la Iglesia, en su doctrina, perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que es, todo lo que cree». Catecismo de la Iglesia Católica, 77-78La Constitución Dei Verbum afirma: «Es evidente, pues, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, por sapientísimo designio de Dios, están tan unidos y unidos que no pueden existir independientemente, y que todos juntos, cada uno a su manera, bajo la acción del único Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas».

Según Benedicto XVI, la hermenéutica de la continuidad surgiría del discurso inaugural del Concilio por Juan XXIII y también del discurso conclusivo del Papa Pablo VI. En el discurso inaugural de Juan XXIII, se deja claro que el Concilio se ha propuesto afirmar, una vez más, la continuidad del Magisterio Eclesiástico.

Además, las actas del Concilio Vaticano II, presentes en la constitución dogmática Lumen gentium, citan la Declaración del 6 de marzo de 1964 (por parte de la Comisión Doctrinal) en la que se establecen las reglas para asentir el Concilio, el cual hace énfasis en que se debe interpretar el Vaticano II solamente según el juicio de la Iglesia.

Ya el Papa Pablo VI en 1966, un año después de la clausura del Concilio, destacó dos tendencias interpretativas consideradas erróneas y herejía:

La hermenéutica de la continuidad inspiró el pontificado del Papa Juan Pablo IIRoberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Turín, 2010, p. 7, que cita en apoyo: Giovanni Miccoli, In difesa della fede. La Chiesa di Giovanni Paolo II e Benedetto XVI, Milán 2007, pp. 18-30 y fue formulada explícitamente por el Papa Benedicto XVI (como única forma ortodoxa de entender el Concilio) el 22 de diciembre de 2005:

miniaturadeimagen|El Papa Benedicto XVI, gran defensor de la "hermenéutica de la continuidad".|235x235px Benedicto XVI volvería a hablar sobre la misma cuestión en otras ocasiones,Un primer rastro de esta línea interpretativa se encuentra en un comentario sobre la actitud del Papa Pablo VI: "disposición a afrontar la novedad, el futuro, pero siempre en unión de continuidad con la historia", contenido en Joseph Ratzinger, Das Konzil auf dem Weg, Colonia 1964, citado por Aidan Nichols, Joseph Ratzinger, Cinisello Balsamo 1996, p. 96.Ya se había expresado sobre el tema en el libro de entrevistas de 1985: Joseph Ratzinger, Informe sobre la fe, p. 33-34: subrayando la importancia de que el Concilio Vaticano II sea acogido a la luz de todo el bagaje doctrinal de la Iglesia.Así, el 16 de marzo de 2009, en su discurso a los participantes en la sesión plenaria de la Congregación para el Clero: «Es importante favorecer en los sacerdotes, especialmente en las generaciones más jóvenes, una correcta recepción de los textos del Concilio Ecuménico Vaticano II, interpretados a la luz de todo el bagaje doctrinal de la Iglesia». En 2005 definió el Concilio como un «proceso de novedad en la continuidad» en el que los principios permanecen inalterados, mientras que las formas concretas dependen de la situación histórica y pueden estar sujetas a cambios.

Entre los principales estudiosos que defienden la hermenéutica de la continuidad se encuentran los cardenales Walter Brandmüller, presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, Avery Robert Dulles y Francis Eugene George, el arzobispo Agostino Marchetto, el obispo dominico Charles Morerod y el filósofo legal Francis Russell Hittinger.Roberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta, Turín, 2010, p. 8 En el mundo hispano ha habido referentes como José Ramón Villar,https://dadun.unav.edu/server/api/core/bitstreams/e98a4e91-d694-4b1a-af66-5e38a1f9a8f8/content José María Iraburu, Estanislao Cantero Lopez, Daniel Tirapu y Dante Urbina; quienes sostienen que sí existe continuidad doctrinal respecto a las materias tocadas por los documentos conciliares y que no existen más que ciertas diferencias nominales en el lenguaje utilizado (debido a un cambio de modelo teológico), mas no de contenido sustancial.

Por su parte, el principal promotor de la hermenéutica de la continuidad, el Cardenal Ratzinger (cuando era prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe), estableció que era herético percibir un “antes” y un “después” del Vaticano II, o una Iglesia pre-conciliar o post-conciliar, y que tal práctica (muy presente en los años posconciliares por intelectuales modernistas) era desfavorable para la Iglesia católica, cuando más bien se debe entender las enseñanzas del Concilio (al igual que ha sido con la recepción de cada concilio ecuménico a lo largo de la historia) como una comprensión cada vez mejor del depósito de la fe. Esto provocó que teólogos como Jacques Maritain, Jean Daniélou, Henri de Lubac, Hans Urs von Balthasar, etc (percibidos como excesivamente renovadores) se terminaran moderando y se distanciaran de las interpretaciones heréticas del Concilio (por parte de los progresistas) que presentaban el concilio erróneamente como una ruptura democrática contra la Iglesia y su eclesiología preconciliar con tintes monárquicos.

Historiografía Con respecto al Concilio Vaticano II ha habido 3 tipos de investigación predominantes: investigaciones históricas, trabajos sistemático-hermenéuticos, y los procesos de recepción en las distintas zonas geográficas. Los 3 se retrotraen mutuamente.