La mitología malgache (Fomba Gasy, en sentido religioso amplio) hunde sus raíces en la historia oral y se ha transmitido por la narración oral (angano, ‘relato’), por cantos y poesía (hainteny) y por ciclos épicos como el de los Andriambahoaka, en particular el de Ibonia. Una parte de la población de Madagascar se adhiere explícitamente a la religión tradicional (se ha estimado en torno al 6 %) y diversas encuestas sugieren que, al menos, la mitad práctica alguno de sus elementos en paralelo con credos importados. La adhesión a prácticas de Fomba Gasy es elevada entre pueblos como los Sakalava (fuertemente reacios a sustituirlas por religiones de origen extranjero).

Las tradiciones malgaches reconocen un dios creador llamado Zanahary (también Andrianahary o, en las Tierras Altas, Andriamanitra). El motivo cosmogónico más extendido divide el Cielo y la Tierra entre la deidad celeste (Zanahary) y un dios terrestre como Ratovantany, quien modela de barro los cuerpos humanos; Zanahary, por su parte, infunde la vida/alma y la acoge tras la muerte, mientras el cuerpo retorna a la tierra.https://www.scilt.org.uk/portals/24/passeport2/educationscotland/Images/MadagascarCreationMyth_tcm4-730169.pdf En otras variantes, el reparto Cielo/Tierra se plantea entre Zanahary y su hijo Andrianerinerina, héroe rebelde y figura central en genealogías míticas y reales.

La palabra Andriamanitra (‘señor perfumado’, en merina) se usa también para designar a ancestros venerados en lenguaje ritual, lo que ilustra la continuidad entre deidades y veneración de los muertos en la religión malgache. En conjunto, las culturas malgaches han sido descritas como tendencialmente politeístas o como sistemas relacionales donde conviven un dios supremo, potencias menores (espíritus, sampy, ody) y la agencia de los razana (ancestros).Lee Haring (2007). Stars and Keys: Folktales and Creolization in the Indian Ocean. Indiana University Press.Virginia Thompson; Richard Adloff (1965). The Malagasy Republic: Madagascar Today. Stanford University Press.

Cosmovisión y teología Las concepciones religiosas malgaches se articulan en torno a la relación entre el cielo, la tierra y los ancestros, con un esquema de oposiciones y mediaciones que regulan la vida espiritual y social.

Zanahary / Andrianahary / Andriamanitra: deidad celeste y creadora; recibe el alma tras la muerte y garantiza la continuidad del ciclo vital. En distintas tradiciones puede concebirse como masculino, andrógino o sin género definido.Cotterell (1979), pp. 261–262. En las Tierras Altas el nombre más empleado es Andriamanitra, mientras que en otras regiones predominan Zanahary o Andrianahary. Ratovantany / Andriantompo: deidad terrestre vinculada al barro y a la fertilidad agrícola, modela los cuerpos humanos y reclama el cadáver tras la muerte para reintegrarlo al ciclo de la descomposición. Dualidades cosmogónicas: los relatos expresan oposiciones como cielo/tierra, espíritu/materia, altura/profundidad, masculino/femenino. El destino humano sintetiza esta díada: el cuerpo vuelve a la tierra, mientras que el alma asciende al cielo o al sol. Orden moral y justicia: a Zanahary se le atribuye ver lo oculto, sancionar las faltas y recompensar las acciones correctas, estableciendo un principio de moralidad cósmica que regula la vida comunitaria.Razafintsalama, A. (1998). Tari-dalana ho enti-manadihady ny finoana sy ny fomba Malagasy. Antananarivo: Libr. Md. Paoly, pp. 68–75. Mediaciones y culto: la distancia sagrada de la deidad suprema exige mediadores: sacerdotes (mpisorona), adivinos (mpisikidy), espíritus de posesión tromba y, sobre todo, los razana (ancestros), que actúan como intermediarios privilegiados entre los vivos y Zanahary.Decary, Raymond (1951). Mœurs et culture des Malgaches. Paris: Payot, p. 232. Pluralidad teológica: aunque existe la noción de un dios supremo, numerosos autores describen un sistema relacional en el que conviven potencias menores (espíritus, sampy, ody), ancestros y seres mitológicos, lo que ha llevado a debates entre interpretaciones monoteístas y politeístas.Jaovelo-Dzao, Robert (1985). Mythes, rites et transes à Madagascar: angano, joro et tromba Sakalava. Karthala.

Razana (ancestros) y vida ritual miniatura|En la cultura malgache, la ceremo­nia de famadihana (reinhumación) tiene un papel central. Los ancestros (razana) se consideran una fuerza protectora y benéfica que intercede por los vivos, asegurando fertilidad, prosperidad y cohesión social. Su autoridad simbólica se proyecta sobre la vida cotidiana y el orden moral. No obstante, entre algunos grupos se cree que, si son descuidados o maltratados, sus espíritus pueden volverse angatra (fantasmas) y causar enfermedad, desgracia o conflictos comunitarios.

Una figura temida en este marco es el kinoly, ser antropomorfo de ojos rojos y uñas largas que despedaza a los vivos. Su aparición se asocia a transgresiones rituales y a la ruptura del equilibrio entre vivos y muertos. Existen especialistas (mamoha angatra) capaces de dialogar con estos espíritus para apaciguarlos o alejarlos.

Rituales como la famadihana —desenvolver y envolver de nuevo con lamba los restos cada 5–10 años— refuerzan los lazos entre vivos y muertos y, según algunas interpretaciones, previenen la intrusión de kinoly por la asociación del lamba con el hasina (fuerza vital sagrada). Esta ceremonia constituye también una ocasión de reunión familiar y comunal, con banquetes, música y danzas que expresan la continuidad entre generaciones.

El respeto a los ancestros se refleja en la observancia de fady (tabúes) transmitidos por ellos, en la construcción de tumbas monumentales (fasana), en la consagración de piedras conmemorativas (tsangambato) y en la veneración de espacios sagrados (doany). Estas prácticas evidencian el papel central de los razana como mediadores entre los humanos y las deidades, y como fuente primordial de legitimidad social y política.

Fady (tabúes) Muchos fady derivan de declaraciones o acciones atribuidas a los razana (ancestros) y constituyen un marco normativo que estructura la vida social y ritual. Regulan aspectos como los días propicios para trabajar o descansar, las prohibiciones alimentarias, los lugares sagrados, la organización del matrimonio o las prescripciones de conducta en funerales y ceremonias.Arnold van Gennep (1904). Tabou et totémisme à Madagascar. Ernest Leroux. La transgresión de un fady puede ser interpretada como una ofensa a los ancestros, con consecuencias en forma de enfermedad, desgracia o pérdida de legitimidad comunitaria.

Los fady varían según las regiones y linajes, lo que refuerza identidades locales. Algunos ejemplos frecuentes son la prohibición de trabajar en los arrozales en determinados días (como los martes en áreas del lago Alaotra), o la interdicción de consumir ciertos animales o plantas asociados a espíritus tutelares.

En numerosas comunidades, los lémures son considerados sagrados. Destaca el caso del indri (babakoto), protegido por fady que lo vinculan mitológicamente a la humanidad como pariente cercano o antepasado. Matar o dañar un indri se percibe como un acto contra los propios ancestros, lo que ha contribuido a su preservación simbólica y ecológica. Otros fady similares protegen al aye-aye, al camaleón y a diversas especies endémicas de Madagascar, mostrando la interrelación entre cosmología, normas sociales y conservación ambiental.

Vazimba La mitología malgache recuerda a los Vazimba como los habitantes originarios de Madagascar, descritos a menudo como seres de pequeña estatura, de aspecto humanoide y asociados a los ríos, pantanos y bosques más profundos. En la tradición oral son presentados como los primeros pobladores llegados a la isla, anteriores a las migraciones austronesias y bantúes, y se les atribuye el conocimiento inicial del cultivo del arroz, la forja del hierro y la organización comunitaria.François Noiret (1993). Les Vazimba de Madagascar: mythe ou réalité historique?. Cahiers des sciences humaines, 29(3-4), pp. 653-672.

En ciertas comunidades —especialmente en las Tierras Altas— la veneración de ancestros puede extenderse a los Vazimba, considerados como antepasados remotos y dotados de hasina (fuerza sagrada). En el imaginario local, los Vazimba habitan todavía en lugares liminales (manantiales, lagunas, cavernas) y se les erigen altares o doany donde se les ofrece sacrificios de animales y libaciones para obtener protección o fertilidad.Solofo Randrianja & Stephen Ellis (2009). Madagascar: A Short History. University of Chicago Press.

Dinastías como la del Imerina reivindican ascendencia vazimba para legitimar su poder. La reina Rafohy, madre de Andriamanelo —fundador de la dinastía merina—, es recordada como de linaje vazimba, lo que otorga a sus descendientes un vínculo prestigioso con los pobladores primigenios. En el discurso real, esta genealogía confiere autoridad espiritual y continuidad histórica con el poblamiento más antiguo de la isla.Paul Ottino (1983). Ancient Malagasy Dynastic Succession; The Merina Example. History in Africa, 10: 247–292.

En la actualidad, el culto a los Vazimba se mantiene en rituales regionales, donde son invocados como guardianes de los territorios y de las aguas, reforzando su papel como figuras ancestrales liminares entre la humanidad y el mundo sobrenatural.

Deidades y figuras principales La cosmovisión malgache reúne un conjunto de divinidades, héroes civilizadores y espíritus cuya naturaleza oscila entre dioses y ancestros venerados: Zanahary / Andrianahary / Andriamanitra: deidad celeste suprema y creadora. Infunde el aliento vital en los humanos y recibe sus almas tras la muerte. Se le invoca en rituales de fertilidad, justicia y memoria ancestral. Andrianerinerina: hijo de Zanahary, figura heroica y a veces rebelde. Es considerado antepasado mítico de dinastías reales, en particular la merina, y aparece como mediador entre lo divino y lo humano.Ottino (1983). Ratovantany (Andriantompo): deidad de la tierra y contraparte de Zanahary. Modela los cuerpos humanos a partir del barro y reclama los restos mortales, devolviéndolos al ciclo de la descomposición. Andriambahomanana: identificado en algunos relatos como el primer hombre creado, aunque también se le atribuyen rasgos de deidad lunar vinculada a los ciclos agrícolas y al tiempo.Cotterell (1979). Mahaka y Kotofetsy: pareja de deidades embaucadoras o astutas. Representan la picardía y la transgresión de normas, protagonizando relatos donde engañan a otros dioses o humanos para revelar enseñanzas morales.Haring (2007). Rapeto: héroe o dios telúrico al que se atribuye el modelado de montañas, colinas y otros rasgos del relieve malgache. Su figura combina rasgos de titán, demiurgo y ancestro mítico.Zoë Crossland (2014). Ancestral Encounters in Highland Madagascar. Cambridge University Press. Vazimba: considerados los habitantes originarios de Madagascar, a menudo de talla reducida y asociados a ríos y bosques. En algunas tradiciones se divinizan como ancestros primigenios y protectores de territorios.Noiret (1993). Espíritus tromba : entidades espirituales, en muchos casos antiguos reyes o personajes notables, que se manifiestan mediante posesión en rituales públicos. Constituyen una vía de mediación entre los vivos, los ancestros y los dioses.Blanchy & Andriamampianina (2001).

Ritos, objetos sagrados y mediaciones Las prácticas rituales malgaches articulan la relación con los dioses (zanahary) y con los razana (ancestros), combinando invocaciones, objetos consagrados y mediaciones espirituales: Joro: oraciones e invocaciones acompañadas de ofrendas (vino de palma, ron, arroz, animales sacrificados) destinadas a solicitar beneficios (lluvia, cosecha, fertilidad), expiar faltas o agradecer favores recibidos. Se realizan en espacios domésticos, comunitarios o en altares al aire libre.Decary, Raymond (1951). Mœurs et culture des Malgaches. Payot, pp. 225-235.