La conquista normanda de Sicilia fue una larga serie de campañas mediante las cuales los normandos, ya comprometidos en la conquista normanda del sur de Italia, lograron imponerse en todo el emirato musulmán de Sicilia. A pesar de estar marcada por diversas rebeliones internas, la isla cayó únicamente tras una prolongada serie de batallas libradas entre 1061 y 1090, año en que tuvo lugar la toma de Noto, último bastión sarraceno. Los enfrentamientos afectaron prácticamente a todos los rincones de Sicilia, aunque raramente implicaron un gran número de hombres en las operaciones.

Con el establecimiento del Condado de Sicilia, la isla vivió al término de los combates una gran etapa de renacimiento, beneficiándose de las políticas de tolerancia adoptadas por Rogelio I y luego por su hijo Rogelio II. Bajo este último, tuvo lugar la reunificación de todos los territorios que su padre y sus tíos habían conquistado en la parte meridional de la península.

Contexto histórico

Los Normandos habían llegado a comienzos del al sur de Italia como mercenarios y, a partir de aproximadamente 1020, comenzaron gradualmente a adquirir cada vez más peso en la península.. Fue a finales del verano de 1038 cuando 300 soldados normandos se dirigieron por primera vez a Sicilia, atraídos por la promesa de ricos botines. Tras la conquista islámica de Sicilia, la isla había pasado a manos musulmanas, si bien conservando un amplio margen de autonomía respecto a la Ifriqiya, donde se encontraba el corazón de la dinastía kalbí.. Sin embargo, persistían divisiones entre los distintos poderes islámicos.. A las órdenes del general Jorge Maniaces, los bizantinos y los mercenarios extranjeros a su servicio habían intentado atacar Sicilia, aunque fracasaron en su propósito de invadirla...

miniatura|upright=1.3|El sur de Italia entre 1039 y 1047

Aprovechando las crisis que afligían al Imperio bizantino en Apulia y en el Ducado de Calabria, así como la fragilidad de los principados lombardos en Campania, los normandos rechazaron la autoridad de cualquier señor y comenzaron a expandirse autónomamente a gran velocidad, derrotando incluso en la batalla de Civitate de 1053 a una vasta coalición anti-normanda formada por el papa León IX.. Desde entonces, nadie osó ya cuestionar la autoridad de los normandos, encabezados por la familia de los Hauteville y, en particular, por Roberto Guiscardo..

Revolucionando la política del Estado Pontificio hasta ese momento, en agosto de 1059, tras establecer contactos con Roberto, el papa Nicolás II se dirigió personalmente al sur para presidir un concilio en Melfi convocado por él mismo.. Tras jurarle fidelidad, el normando fue investido «por gracia de Dios y de san Pedro, duque de Apulia y de Calabria y, con la ayuda de ambos, futuro duque de Sicilia».. El título ducal que le fue otorgado lo colocaba por encima de los condes normandos, pero esta designación fue mal recibida por la nobleza bajo su mando, que en varias ocasiones se rebeló socavando su autoridad. Además, la fórmula utilizada no se limitaba a sancionar lo ya conquistado, pues dejaba entrever el consentimiento de Nicolás II a futuras conquistas. La mención a Sicilia, donde por otra parte Roberto nunca había estado, confirma según los historiadores lo antes señalado: la esperanza del papa de que la isla volviera a abrazar el cristianismo. Cabe añadir que, en esa fase histórica, Roberto ni siquiera había tomado toda Calabria, pues Regio y Squillace caerían en 1060. En realidad, tampoco podía extender toda su autoridad sobre Apulia, ya que algunas ciudades escapaban a su control y aún eran fieles a Bizancio. Lo cierto es que el concilio dejó satisfechas a todas las partes y que el Tratado de Melfi sancionó inequívocamente, una vez más, que los normandos habían llegado al sur de Italia para quedarse..

La conquista El desembarco en Sicilia

En ese contexto, al sur de Italia llegó Rogelio, hermano menor de Roberto, quien deseaba labrarse un espacio propio en el Mezzogiorno. A pesar de algunas disputas, al final los dos se concentraron en la conquista de la Calabria bizantina y lograron someterla; al término de estas operaciones, Rogelio se estableció en Mileto, elevándola a su capital, donde se adaptó gradualmente a la cultura local. El único centro aún en manos griegas era la gran Bari, pero Roberto y Rogelio estaban demasiado ansiosos por emprender la empresa siciliana para darse cuenta de ello.

Allí, el emirato de los kalbitas, fundado en la isla más de un siglo antes, atravesaba una fase de declive gradual agravado por disputas de poder entre tres emires (qāʾid) independientes. El primero era un tal Ibn al-Thumna, que dominaba la región suroriental y contaba con poderosas guarniciones en Catania, Noto y Siracusa. Luego estaba Abdullah Ibn Hawqal, señor del noroeste y en particular de Trapani y Mazara del Vallo. Finalmente, entre ambos se encontraba el emir Ibn al-Ḥawwās, cuñado de al-Thumna y cuya residencia estaba en Enna (entonces conocida como Castrogiovanni). Los tres se habían rebelado contra la autoridad del califa zirí de Qayrawan, quien había sido expulsado de su capital uno o dos años antes y ahora se hallaba ocupado, en el norte de África, en una cruenta lucha entre las distintas facciones de las tribus. Se podía pensar que una tierra tan fragmentada sería presa fácil, considerando que los normandos habían sometido un territorio mucho más amplio en tiempos relativamente breves. Al contrario de lo esperado, la conquista de Sicilia resultó ser la más larga de todas y requirió nada menos que treinta y un años. Pronto los normandos tuvieron que reconocer la imposibilidad de maniobrar tropas y asignar recursos tanto al frente apulio como al siciliano. Las frecuentes revueltas en Apulia obligaban a menudo a Roberto a viajar hacia el norte, mientras que su hermano debía gestionar las tropas apostadas en la parte más meridional de la península. El ejército en Sicilia quedaba bajo la gestión de Rogelio, que ya prestaba escasa atención a los acontecimientos en otros lugares. No debe olvidarse un dato fundamental: a fines de 1058, los dos hermanos, pese a sus disputas, ya se habían puesto de acuerdo en la repartición de tierras, previendo que a Rogelio le correspondería la mitad de Calabria (parte de la cual aún estaba en manos de Bizancio) y la totalidad de Sicilia. miniatura|upright=1.3|Capo Peloro, donde los normandos derrotaron a una flota sarracena antes de alcanzar y asegurarse Mesina.

Rogelio había realizado una infructuosa incursión contra Mesina, pero al menos había podido constatar la fuerza de los sarracenos.Norwich (2021), p.127 En enero de 1061, una insurrección que había alcanzado incluso Melfi, uno de los principales asentamientos normandos, llevó a Roberto a exigir la intervención de su hermano, una petición que parecía postergar indefinidamente las operaciones en Sicilia. Al contrario, ya en febrero el caudillo normando regresó a Calabria, a la espera de conocer los detalles de la abierta lucha entre Ibn al-Thumna e Ibn al-Ḥawwās. Rogelio se hallaba en Mileto cuando, durante ese mismo mes, Ibn al-Thumna acudió en persona a verlo y le pidió apoyo, llegando, según una fuente árabe, a prometer incluso la cesión de toda Sicilia si lograba neutralizar a su odiado enemigo.Norwich (2021), p.128 Rogelio no se detuvo a reflexionar sobre esta invitación, considerándola la ocasión más propicia para desencadenar, en mayo de ese mismo año, una invasión en toda regla. La experiencia previa en Mesina y los consejos del emir árabe convencieron a Rogelio de la necesidad de apoderarse de una cabeza de puente segura y estable, siendo el objetivo elegido Milazzo, que capituló tras breve resistencia. Allí se produjo una afortunada serie de coincidencias. Una flota sarracena zarpó de Mesina para atacar a los enemigos, pero los vientos contrarios le impidieron aprovechar el efecto sorpresa. Esto permitió a los normandos, que habían sido informados de los movimientos hostiles por sus exploradores, no ser tomados desprevenidos en el desembarco musulmán en Capo Peloro, pues un ejército avanzó desde Milazzo y otro cortó la vía de escape hacia Mesina; pocos sarracenos sobrevivieron. Eliminados los obstáculos, al llegar a las puertas de la ciudad los atacantes se sorprendieron de la ordenada y eficaz resistencia de los ciudadanos, tanto hombres como mujeres.Norwich (2021), p.129 Poco después, los invasores emprendieron una retirada desordenada y ni siquiera pudieron zarpar hacia Calabria, pues los fuertes vientos reinantes los obligaron a soportar las represalias sarracenas. Aunque finalmente se dieron las condiciones para navegar hacia Regio, los normandos fueron perseguidos por los musulmanes, que causaron graves daños a muchas naves y el hundimiento de una de ellas, con el resultado de que la misión de Rogelio se reveló como un fracaso. Consciente de las dificultades, Ibn al-Thumna prefirió apartarse y refugiarse en su castillo de Catania.

Dificultades militares y disensiones internas right|thumb|Recreación histórica de una batalla normanda. En la fotografía se observa la disposición tradicional de los infantes y arqueros normandos en el siglo XI. Falaise, Francia. Mesina había mostrado cuán crucial era el arte de la paciencia y cuánto importaba seguir las enseñanzas de los primeros mercenarios normandos, quienes atacaban solo cuando estaban seguros de la victoria. En mayo, Roberto se reunió con Rogelio, tras haber conseguido calmar los ánimos en Apulia recuperando Bríndisi, Oria y, sobre todo, Melfi.Norwich (2021), p.130 Como los bizantinos se habían refugiado en Bari, se preveía disponer de varios meses para reintentar el asalto a Mesina. Esta vez, en lugar de emular la ruta anterior, las tropas desembarcaron en mayo en una costa más lejana, a ocho kilómetros de la ciudad, y luego avanzaron a pie.Norwich (2021), p.131 La estrategia resultó tan eficaz que, a pesar de que las guarniciones habían sido notablemente reforzadas porque Ibn al-Ḥawwās había comprendido las ambiciones normandas sobre Sicilia, algunas secciones de las murallas quedaron insuficientemente vigiladas o incluso totalmente desguarnecidas, sorprendiendo a todos los defensores.Norwich (2021), pp.130-131 Al enterarse del asalto en curso, los soldados apostados fuera de las murallas optaron prudentemente por huir hacia el interior, con el resultado de que Mesina capituló de inmediato.Norwich (2021), p.132 Ibn al-Thumna reapareció repentinamente y se apresuró a rendir homenaje a los vencedores reiterando las promesas hechas en febrero; pero, fueran cuales fueran las opiniones normandas sobre su controvertida figura, el emir podía aportar medios, recursos y guías que no se podían rechazar.Norwich (2021), p.133