La inundación del Jalón del 8 de septiembre de 1902 fue un desastre natural ocurrido en Aragón tras una tormenta torrencial.
Descripción Tras empezar el 8 de septiembre lluvias en la cuenca alta del río Jalón, que se prolongaron durante 32 horas, se inundó una extensa zona entre Cetina y Plasencia de Jalón, además de remansar afluentes que desembocaban en la zona como el Piedra, el Manubles, el Nágima, el Deza, el Jiloca, el Grío y el Perejiles. Dado el mal estado de la cubierta forestal en la zona a principios del , estos episodios de lluvia suponían rápidos y torrenciales incrementos en el caudal de los ríos. Así, aunque algunos propietarios de fincas ribereñas habían establecido defensas fluviales en algunos puntos, se produjo una avenida en el tramo medio del Jalón. Ateca, donde desembocan el Manubles, el Piedra y el barranco de Las Torcas, era la localidad más expuesta.
Desde las localidades aguas arriba se dio aviso mediante telegramas e incluso con un disparo, antes de que la avenida llegara a los pueblos del Jalón medio. Según estimaciones de técnicos que visitaron la zona, el agua llegó a subir 3,3 metros y alcanzar velocidades de en Ateca. En Alhama, aguas arriba de Ateca, se registraron dos metros de subida del nivel de las aguas.
Gracias a estos avisos la mayoría de la población pudo ponerse a resguardo si bien en Ateca, quince personas se vieron atrapadas en una posada al no poder evacuar a tiempo. Lo mismo pasó en el balneario de Alhama, con los huéspedes del establecimiento refugiándose en los pisos altos hasta que bajó el nivel del agua. En ambos casos las personas cobijadas sobrevivieron hasta que bajó el nivel de las aguas.
Los telegramas desde las localidades afectadas del 11 de septiembre indicaban que el agua empezaba a receder, esperándose hacer los trabajos de desenfangado a continuación.
Consecuencias Daños directos Se registraron edificios afectados en Ateca, Alhama de Aragón, Calatayud, Saviñán y Cetina.La Época, 10 de septiembre En la localidad más afectada, Ateca, se vieron desalojadas las calles Libertad y Areal Bajo junto a sus bocacalles, que sumaban aproximadamente 300 vecinos, además de destruirse un azud e inundarse múltiples instalaciones industriales como la fábrica de Chocolates Hueso.
En Alhama se vio inundada la parte baja de la localidad, en el entorno de la calle Mathieu, además de sufrir daños el balneario y la iglesia de la localidad. Saviñán hubo de ser evacuado igualmente con la mayoría de casas amenazando ruina.La Correspondencia de España del 11 de septiembre de 1902, recogido en Bubierca 1902: también tuvo su miga de Rodolfo Lacal Cetina fue también inundada. Otros autores recogen igualmente daños en Torrijo y en las recientemente castigadas riberas del Jiloca.
Los daños directos fueron agravados por la falta de suministro eléctrico al perderse la generación en Calatayud y por los problemas de abastecimiento de pan, al no funcionar el horno de Alhama. Además el transporte en la zona quedó dificultado por la anegación de la carretera en el entorno de Calatayud y por el corte del ferrocarril Madrid-Zaragoza entre Ricla y Morata de Jalón. Aguas arriba del tramo cortado, el puente que comunicaba la localidad con su estación quedó dañado, dejando Saviñán incomunicado por vía férrea. Aguas abajo, la carretera que unía Calatorao con su estación quedó igualmente cortada. Hubo además otro corte en la línea Valladolid-Ariza por una inundación paralela en otra cuenca debida al mismo frente meteorológico.
Impacto económico A medio plazo, las inundaciones supusieron la pérdida de más de de cultivos en la comarcas de Calatayud y Valdejalón, valorados en más de dos millones de pesetas, y que suponían hasta dos tercios de la cosecha en algunos municipios como Ateca. La región vinícola bilbilitana perdió la práctica totalidad de la cosecha en localidades como Villalengua, Aniñón y Torralba de Ribota.El Pais del 11 de septiembre de 1902, recogido en Bubierca 1902: también tuvo su miga de Rodolfo Lacal El producto almacenado de la cosecha precedente se perdió igualmente. Los efectos en la actividad agrícola se notaron tan al norte como Ricla y Calatorao.
Solo en Ateca los daños directos en el municipio se cuantificaron entre y pesetas, lo que contribuyó a que el municipio solicitara la exención de varios impuestos durante el año siguiente.
A medio y largo plazo Tanto Ateca (que nombró hijo predilecto al gobernador civil Lorenzo Moncada) como Calatayud (que mandó una comisión municipal para hacer cabildeo ante diputados nacionales y provinciales) desplegaron una campaña política tras la inundación. El 15 de septiembre el gobernador civil, el ingeniero jefe del distrito y otras autoridades visitaron la zona afectada y a principios de octubre varios diputados provinciales presentaron una iniciativa para usar el fondo de calamidades en los municipios afectados. Liderados por Sixto Celorrio, dichos diputados lograron que se aprobara una ayuda de 3000 pesetas.
Las inundaciones fueron analizadas en la Revista de Obras Públicas, donde se atribuyó entre otros motivos la gravedad de las mismas a la mala condición forestal de la región. Eso se debe enmarcar en la pésima política forestal que había llevado a la creación del Servicio Hidrológico Forestal un año antes del desastre y que sirvieron de germen de las posteriores confederaciones hidrográficas. Las mismas publicaciones también llamaban la atención a la expansión urbanística de las localidades en medio del auge poblacional español de principios del , que había llevado a muchos pueblos a extenderse por zonas inundables fuera de sus núcleos históricos a mayor altitud, y a la necesidad de ejecutar los embalses planeados en la cuenca.
Los municipios reclamaron la ejecución del plan de canalización del Jalón que ya se había proyectado tras las inundaciones de 1895. En Calatayud, el ayuntamiento presentó a los pocos días como respuesta a las inundaciones el proyecto para expropiar el barranco de la Rúa, que era visto como la mayor amenaza al casco urbano bilbilitano. El teniente de alcalde de Ateca, Filomeno Acero, presentó a la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante en octubre un plan para asegurar el tramo de ribera junto a Ateca.Propuesta presentada por Filomeno Acero para evitar inundaciones del río Jalón. (1902 octubre 1/1902 noviembre 11) La propuesta seguía la opinión local de que el recientemente construido puente del ferrocarril sobre el Jalón desviaba el caudal de las avenidas hacia la población y proponía en respuesta encauzar un tramo del río. El Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1902 (popularmente conocido como plan Gasset) incluyó por primera vez en la planificación la construcción del embalse de La Tranquera para regular las aportaciones de los ríos Piedra, Mesa y Ortiz al Jalón junto a Ateca.
Sin embargo, la ejecución de estos planes se prolongó y se terminó convirtiendo una constante en las reivindicaciones políticas de los municipios de la zona durante los años siguientes. Igualmente la repoblación forestal priorizó la subcuenca del Jiloca durante las primeras actividades en el distrito del Jalón antes de proceder finalmente a la repoblación de las riberas del Manubles en las décadas siguientes. De la misma manera, el proyecto del barranco de la Rúa de Calatayud no fue finalmente ejecutado hasta la década de 1920 mientras que los proyectos para elevar puentes y restaurar forestalmente el barranco de las Torcas de Ateca se extendieron hasta la década de 1940, incluso pese a nuevos episodios torrenciales. Chocolates Hueso, la principal industria de la localidad, trasladó su fábrica desde la parte baja de la ciudad para evitar futuras inundaciones. El embalse de la Tranquera, incluido en varias planificaciones incumplidas por la guerra civil española, no fue ejecutado hasta la década de 1950. Ateca finalmente ejecutaría medidas de defensa fluvial junto a la parte baja del núcleo urbano en 1957.
Referencias
Bibliografía
Categoría:Inundaciones del siglo XX Categoría:Inundaciones en Aragón Categoría:Edad Contemporánea en Aragón Categoría:Río Jalón