thumb|upright=1.2|Yab-Yum de Samantabhadra («Todo-Bondad», el Buda primordial) y su aspecto femenino consorte, Samantabhadrī (siglo XVII). La unión erótica simboliza, respectivamente, la no dualidad de la compasión (o método) y la sabiduría; o también de forma y vacío.

Esoterismo oriental es un término utilizado por diversos académicos para describir un amplio abanico de creencias y prácticas religiosas originarias del mundo oriental, caracterizadas por elementos esotéricos, secretos o ocultos. La clasificación del esoterismo oriental presenta desafíos, pues está condicionada por definiciones geográficas y culturales variables de lo «oriental» y lo «occidental», particularmente en relación con las naciones islámicas. La delimitación del propio esoterismo también varía entre expertos: algunos sostienen que el concepto está enraizado predominantemente en tradiciones occidentales. Esta perspectiva suscita preguntas sobre la aplicabilidad de un marco occidental a prácticas no occidentales, lo que puede conducir a clasificaciones que no reflejen con exactitud la complejidad de dichas tradiciones.Page Jr., Hugh R.; Finley, Stephen C. (2021). «“What Can the Whole World Be Hiding?”: Exploring Africana Esotericisms in the American Soul-Blues Continuum». En: Aspem, Egil; Strube, ed. New Approaches to the Study of Esotericism (en inglés). Col.: Supplements to Method & Theory in the Study of Religion. 17. Leiden; Boston: Brill. Archivado el 18 de agosto de 2022.Granholm, Kennet (13 January 2016). «Contemporary esotericism». En: Woodhead, Linda; Partridge, Christopher; Kawanami, Hiroko, eds. Religions in the Modern World: Traditions and Transformations. «Esotericism and Secrecy». En: Urban, Hugh B.; Johnson, Paul Christopher. The Routledge Handbook of Religion and Secrecy. Routledge. Por el contrario, otros investigadores proponen una mirada más globalizada, sugiriendo que existen sistemas comparables de conocimiento secreto y prácticas místicas en distintas culturas que merecen ser examinados dentro de un marco unificado.

Pese a los debates, el concepto de esoterismo oriental ha sido adoptado por muchos estudiosos como una categoría pertinente para investigar las dimensiones matizadas de la vida espiritual en diversas tradiciones de Oriente. Ello incluye elementos presentes en el hinduismo y el budismo, donde las enseñanzas secretas, los ritos iniciáticos y las experiencias místicas son significativos. Además, el esoterismo oriental abarca diversas religiones étnicas y sistemas sincréticos que integran creencias indígenas con otras influencias espirituales, ampliando así el campo de estudio. En conjunto, el término sirve de base para explorar el paisaje diverso y complejo del pensamiento y la práctica esotérica a lo largo del mundo oriental.

Delimitación del concepto Marco Pasi señala que el concepto occidental de esoterismo no surgió en un contexto académico, sino debido al «religionismo» del , cuando se formuló por primera vez la controvertida distinción entre esoterismo oriental y occidental. Inicialmente, esta dicotomía emergió en la década de 1880: según Julian Strube, los ocultistas franceses aceptaban la autenticidad de lo que llamaban «l'ésotérisme occidental» (esoterismo occidental) mientras rechazaban el «falso esoterismo oriental» de la Sociedad Teosófica. En 1890 también se produjo un conflicto dentro de la Sociedad Teosófica entre William Quan Judge, partidario del ocultismo occidental, y Annie Besant, que abogaba por la variante oriental. Según Pasi: «Es, por tanto, principalmente como reacción a una idea de “esoterismo oriental” que pudo desarrollarse la idea de “esoterismo occidental”». Sin embargo, para Strube esto no basta para definir tales significantes, puesto que se produjo una compleja red de intercambios entre diversas culturas orientales y occidentales, y las fronteras cambiaron histórica, política e ideológicamente. Por ello defiende la conceptualización de un «esoterismo global». Diferentes entendimientos del esoterismo se produjeron globalmente, sobre todo a través de intercambios a lo largo del . Así, los estudiosos de la religión suelen usar el término «esotérico» para categorizar prácticas que reservan «ciertas clases de conocimiento salvífico a una élite seleccionada de discípulos iniciados», según la descripción de Wouter Hanegraaff.

Según las definiciones, buena parte del esoterismo occidental podría considerarse oriental. El esoterismo occidental ha sido profundamente influido por tradiciones no occidentales, y viceversa, especialmente en tiempos contemporáneos. Esta categorización en dos hemisferios tuvo mayor importancia interna en la retórica de los movimientos esotéricos que en el discurso académico.

Por ejemplo, en el Neoplatonismo, y de nuevo desde el Renacimiento, se asoció un exotismo con el origen de las principales enseñanzas, como el origen de la filosofía platónica en el Antiguo Egipto o el del saber antiguo en los «misterios caldeos», donde lo místico y lo oculto representaban la «sabiduría oriental». Así, Jámblico, por ejemplo, se refirió a los Oráculos caldeos como transmisores de «doctrinas asirias antiguas», y Plethón atribuyó su origen a Zoroastro. Tal concepto en la imaginación occidental ha sido denominado «orientalismo platónico» por los académicos.

La perspectiva también puede variar según la agenda de los ocultistas; un ejemplo son los movimientos esotéricos neopaganos italianos del que, inspirados por la «escuela romana tradicionalista», consideraban el Cristianismo una «degeneración venida de Oriente» que nada tendría en común con la tradición esotérica occidental, a la que entendían como paganismo.Baroni, Francesco (2013). «Occultism and Christianity in twentieth-century Italy: Tommaso Palamidessi's Christian magic». En: Bogdan, Henrik; Djurdjevic, Gordan, eds. Occultism in a Global Perspective. Abingdon; New York: Routledge La «retórica esotérica de una verdad oculta» también se apoyó en lo exótico, conformando en la imaginación un «Oriente místico»; y cuando Egipto dejó de ser atractivo por su exotismo, el polo del «Oriente místico» se desplazó a la India y más allá, como «verdadera morada de la sabiduría antigua».

Académicamente, en algunos estudios recientes del esoterismo —como los de Gordan Djurdjevic y Henrik Bogdan— se ha considerado que existen equivalentes cercanos del esoterismo occidental en culturas asiáticas, sugiriéndose un «esoterismo» indio, chino o del Lejano Oriente en general. Buena parte de los especialistas argumenta que es preferible analizarlo de manera transcultural y globalizada, según cada nacionalidad o región cultural, centrándose en las interacciones del concepto de forma local o cruzada más allá de lo «occidental» y «oriental», o incluso de forma relativa y abierta. Con ello se tienen en cuenta las diferencias de cada sistema, pese a ciertas similitudes en materias de ocultismo y la posibilidad de un sistema de secreto —como el conocimiento reservado, el elitismo, teorías sobre espíritu y materia, un supuesto conocimiento universal y ritos de paso jerárquicos—.

Henrik Bodgan y Gordan Djurdjevic consideran que el «esoterismo oriental» está presente junto a elementos occidentales en el sistema de magia ceremonial de Aleister Crowley, y Djurdjevic reconoce la expansión del estudio del esoterismo oriental como un legado importante de Crowley. Jeffrey J. Kripal utiliza el término «esoterismo asiático» en su estudio del Tantra, y Olga Saraogi aboga por la posibilidad de un análisis «asiacéntrico» del esoterismo. Georgiana Hedesan y Tim Rudbøg consideran que «occidental» y «oriental» pueden usarse como designaciones relativas, pero que resultan limitantes, prefiriéndose localizaciones específicas como europea, india o africana.

Otros, como Helmut Zander, sostienen que el hecho de que exista un concepto técnico bien definido de «esoterismo occidental» no obliga a que deba existir un «esoterismo oriental», «septentrional» o «meridional». Se han propuesto categorías abiertas como «esoterismo global» o «esoterismo abierto», considerando que definiciones rígidas no se aplican a todas las culturas ni en todo tiempo. Así, Zander escribe —siguiendo a Jan Assmann— que forma parte de la historia de la religión occidental desde la Antigüedad una tensión reflejada en las dicotomías público/privado y abierto/secreto; pero propone que definir «secreto» como posibilidad, más que como requisito, podría permitir considerar esoterismos en otras tradiciones no occidentales. Que un sistema se origine en un contexto occidental y sea asimilado por culturas colonizadas no significa que permanezca occidental, según estudiosos como Egil Asprem, Julian Strube, Keith Cantú y Liana Saif, quienes abogan por la agencia local en la creación de innovaciones sobre el material.

Antoine Faivre y Wouter Hanegraaff definieron el esoterismo como un fenómeno específicamente occidental, con intención de superar el paradigma religionista de un «núcleo esotérico» común a todas las religiones o una verdad perenne universal. El término «occidental» sirvió para delimitar el esoterismo no como una esencia transhistórica, sino como un conjunto particular de una corriente histórica. Así, en este sentido, Asprem indica que el término se opone tanto al «esoterismo universal» como a esoterismos localizados geográficamente: «No se opone tanto a “esoterismo oriental” (o “septentrional” o “meridional”) como a esoterismo universal». Hanegraaff escribe que la creación de una categoría de «esoterismo oriental» tendría que ser distinta de la definición inaugural de Faivre: «Se sigue que, si uno concibiera un “esoterismo oriental” (sea cual fuere la definición), necesariamente sería otra cosa». Karl Baier escribe que el estudio comparado de religiones actual cuenta con técnicas más refinadas y no adopta necesariamente una agenda religionista, por lo que no se excluye el uso de la categoría comparada «esoterismo». Según Baier, el paradigma Faivre/Hanegraaff excluye cualquier agencia no europea, como si las culturas no occidentales no pudieran contribuir o desarrollar activamente esoterismo: «Sin embargo, la investigación sobre el yoga moderno y otros campos de interacciones transculturales entre culturas del Cercano y Medio Oriente, Asia meridional y oriental, así como África y corrientes esotéricas europeas o americanas, revelan desarrollos enmarañados globalmente». Julian Strube también considera que el esoterismo se formó de manera globalmente entrelazada y que la perspectiva conceptual actual de Hanegraaff repite el religionismo y excluye contextos no occidentales.

Según Hanegraaff, Carl Jung contribuyó de forma notable a difundir el estudio transcultural del esoterismo con una perspectiva más global, analizando la tradición ocultista occidental y buscando paralelos con sistemas orientales. Percibía dos mentalidades —una más racional y consciente y otra inconsciente— y afirmó que, al estudiar los pensamientos de las culturas occidental y oriental, encontró el mismo substrato compartido del inconsciente colectivo, que podría estudiarse históricamente, pero que, según Hanegraaff, corresponde al reservorio de «conocimiento rechazado».