El movimiento anti-violación es un movimiento sociopolítico que forma parte del movimiento que busca combatir la violencia y el abuso contra las mujeres.
El movimiento busca cambiar las actitudes de la comunidad frente a la violencia contra las mujeres, como la idea de que los hombres tienen derecho al sexo, la culpabilización de las víctimas y la autoinculpación de las mujeres frente a la violencia. También promueve reformas a las leyes sobre violación o a las normas probatorias que permiten que los agresores evadan sanciones, ya sea porque las víctimas se ven desalentadas a denunciar, porque el agresor goza de inmunidad, o porque la ley permite que el acusado desacredite a la víctima.
El movimiento ha logrado avances en diversas jurisdicciones, aunque muchas de estas actitudes persisten. A pesar de los cambios legislativos y del aumento significativo en las denuncias de agresiones, la violencia contra las mujeres continúa en niveles elevados.
El movimiento surgió a finales de la década de 1960 y a principios de los 1970, cuando nuevos conceptos sobre la violación emergieron a partir de la segunda ola del feminismo y de la revaluación de la vida cotidiana de las mujeres, tanto en lo social como en su relación con las instituciones sociales. Antes de esta revisión, la violación se consideraba un "delito sexual cometido por hombres patológicos", incapaces de controlar sus deseos sexuales.Donat, P.L.N., y D'Emilio, J. (1998). Una redefinición feminista de la violación y la agresión sexual: Fundamentos históricos y cambio. En M.E. Odem y J. Clay-Warner (Eds.), Confronting Rape and Sexual Assault (págs. 35-49). Lanham, MD: Rowman y Littlefield.
Las feministas comenzaron a destacar el papel de las dinámicas de poder, en particular en relación con la violación entendida como un delito cometido principalmente por hombres contra mujeres. Esta nueva definición de violación se replanteó desde la perspectiva de la víctima. Se afirmó que la violación era una forma hacer cumplir los roles sociales de género, —es decir, la manera en que una persona expresa su masculinidad o feminidad— y de mantener la jerarquía de poder que coloca a los hombres por encima de las mujeres. Así, la violación fue definida como una forma de violencia utilizada para asegurar el poder masculino, un mecanismo de control social sobre mujeres y niños.Matthews, N.A. (1994). Enfrentando la violación: El movimiento feminista antiviolación y el Estado. Londres: Routledge.
Conocido como el movimiento "anti-violación" o "prevención de la violación", se fundó sobre la idea de que la violencia sexual —y la violencia contra las mujeres en general— es una herramienta de control social utilizada para mantener a las mujeres en una posición subordinada frente a los hombres, y que las mujeres deben tomar acciones que ayuden a las víctimas de violencia sexual a convertirse en “sobrevivientes” en lugar de permanecer como víctimas. El movimiento anti-violación continúa vigente, acompañado de una creciente conciencia pública en los Estados Unidos sobre el concepto de cultura de la violación, coincidiendo con la creciente popularidad del feminismo.
Historia
Orígenes A finales de la década de 1960, la violencia contra las mujeres se convirtió en un tema central dentro del movimiento feminista de la segunda ola. A través del movimiento anti-violación, una rama del movimiento de mujeres, se logró visibilizar la violencia sexual como un problema social importante que merecía atención. La violencia sexual se refiere tanto a la violación como a la agresión sexual.
Ya en 1970, las feministas comenzaron a participar en grupos de concientización, en los que compartían públicamente experiencias que implicaban compartir experiencias personales de violencia sexual vividas por mujeres. En 1971, las Feministas Radicales de Nueva York organizaron los primeros eventos centrados específicamente en la violencia sexual como problema social. El primero de estos fue un "speak-out" (espacios de denuncia), un espacio destinado a vincular relatos personales con la causa. El 24 de enero de 1971, este grupo celebró su primer Speak-Out al que asistieron aproximadamente 300 personas en la Iglesia Episcopal de San Clemente en Nueva York; posteriormente, el 12 de abril de 1971, se llevó a cabo una conferencia sobre la violación. Las mujeres asistían a estos encuentros de denuncias con el propósito de compartir sus experiencias ante un público y alzar la voz contra la violencia sexual. Estos eventos contribuyeron significativamente a aumentar la conciencia pública sobre la violencia sexual como un problema que merece atención. alt=text|miniaturadeimagen|Eleanor Smeal, presidenta de la Mayoría Feminista y ex presidenta durante tres mandatos de la Organización Nacional de Mujeres (NOW), sentada en la mesa principal del Club Nacional de Prensa durante un discurso de Kim Gandy, actual presidenta de NOW. Durante los dos años siguientes, la reflexión feminista sobre la violación continuó desarrollándose. En 1975, Susan Brownmiller escribió una de las obras más influyentes sobre la agresión sexual de este período: Against Our Will: Men, Women, and Rape (Contra nuestra voluntad: Hombres, mujeres y la violación). En este libro, Brownmiller estableció una conexión directa entre el miedo de las mujeres y la agresión sexual, describiendo la violencia sexual como una herramienta utilizada por los hombres para intimidar a las mujeres y mantenerlas con miedo. A medida que el movimiento lograba vincular un patrón de violencia con las experiencias personales, comenzaron a surgir lemas como «lo personal es político» y «no hay soluciones individuales». Matthews, N.A. (1994). Enfrentando la violación: El movimiento feminista contra la violación y el Estado. Londres: Routledge. pp. 9.
Hasta las décadas de 1950 y 1960, el trauma psicológico causado por la violación fue generalmente ignorado por los profesionales de la medicina y la psiquiatría. En 1970, Sandra Sutherland y Donald J. Scherl publicaron el primer estudio importante sobre los efectos psicológicos de la violación en sus víctimas, en el American Journal of Orthopsychiatry .
El año 1972 marca un hito importante en el movimiento anti-violación con la creación de dos organizaciones influyentes: Bay Area Women Against Rape (BAWAR) en Berkeley, California, y el Washington DC Rape Crisis Center. BAWAR comenzó elaborando paquetes de información con datos clave sobre seguridad, como recomendaciones para hacer autostop, ejemplos del material impreso que utilizaban (por ejemplo, memorandos dirigidos a hospitales o departamentos de policía solicitando cambios, solicitudes de donaciones), y folletos médicos para sobrevivientes de violación. Este centro también trabajó para obtener financiación municipal que les permitiera establecer una línea de atención 24 horas, pagar a una persona de planta a medio tiempo y cubrir los gastos de oficina, aunque no se sabe con certeza si dicha financiación fue recibida en 1973.
Un caso ejemplar que ilustra cómo surgieron muchos centros de crisis por violación es el del Rape Crisis Center (YWCA) del área metropolitana de Toledo. En 1972, una mujer en Toledo comenzó a ayudar a víctimas de violación a salir de su casa, y las autoridades locales reconocieron la eficacia de su labor, remitiendo a las víctimas a su cuidado. A partir de ese esfuerzo individual y comunitario, surgió el centro YWCA H.O.P.E, un centro de crisis para víctimas de violación que aún funciona activamente.
También en 1972 se creó el Centro de Crisis por Violación de Washington D. C., que puso en funcionamiento la primera línea telefónica de emergencia para víctimas de violencia sexual en los Estados Unidos, sirviendo como modelo para futuros centros de crisis por violación. Este fue el primer centro de este tipo en el país. En ese año, el centro recibía aproximadamente 20 llamadas diarias y, además de la línea de crisis, las mujeres que lo operaban ofrecían una variedad de servicios, entre ellos asesoría legal y médica, apoyo emocional, acompañamiento al hospital o a estaciones de policía, y refugio para quienes llamaban a su oficina.
Para 1973, el centro también había comenzado a distribuir un boletín informativo a nivel nacional, lo cual contribuyó a respaldar y legitimar el movimiento anti-violación que comenzaba a cobrar fuerza. Tanto el Centro de Crisis por Violación de Washington D. C. como BAWAR se consolidaron como dos "centros de conexión nacionales" para el movimiento.
El movimiento nacional anti-violación fue en gran medida descentralizado y se extendió por todo Estados Unidos. Estaba compuesto por varias organizaciones principales que funcionaban como "nodos" del movimiento, como BAWAR y el Centro de Crisis por Violación de Washington D. C., que actuaban como puntos clave de conexión y coordinación, además de una amplia variedad de centros menos influyentes distribuidos por el país. Estas organizaciones de menor alcance se mantenían vinculadas al movimiento, a menudo, a través de la activa prensa feminista de la época. El movimiento nacional brindaba apoyo a las organizaciones locales. La primera coalición nacional entre estos centros no se formó sino hasta 1974, con la creación de la Feminist Alliance Against Rape (FAAR) en Washington D. C.
En las primeras etapas del movimiento anti-violación, sus principales enfoques incluían «...el comportamiento de las fuerzas del orden y los cambios legales, las prácticas hospitalarias y de consejería, la autodefensa y la educación comunitaria». La Organización Nacional de Mujeres (NOW) comenzó a trabajar en reformas legislativas a nivel nacional a mediados de la década de 1970. Esta organización fue la primera en impulsar dichas reformas, lo que contribuyó a que, en el transcurso de la década, los 50 Estados modificaran sus leyes de distintas maneras. Estas reformas legales buscaron alentar a las víctimas de violación a denunciar los delitos y mejorar los métodos para procesar judicialmente a los agresores.
En concreto, para 1980, la mayoría de los estados en Estados Unidos habían modificado sus leyes para:
Incluir que es ilegal que un cónyuge viole a su pareja. Incorporar las rape shield laws ("leyes de protección a las víctimas de violación"), que en parte limitan el uso del historial sexual de la víctima en los tribunales para que no sea utilizado en su contra. Eliminar la exigencia de que exista un testigo de la violación. Cambiar la edad que constituye violación legal (violacion de menores) de 10 a 12 años. Modificar la definición de consentimiento para demostrar “la diferencia entre consentimiento y sometimiento (cuando, por miedo, la víctima no se resiste físicamente)” y establecer que existe una diferencia entre dar consentimiento (aceptar participar en un acto sexual) y no darlo (por ejemplo, una persona no puede dar su consentimiento si está inconsciente).
En 1975, se creó el National Center for the Prevention and Control of Rape (en español: Centro Nacional para la Prevención y el Control de la Violación) en el National Institute of Mental Health (Instituto Nacional de Salud Mental). La creación de esta entidad impulsó una amplia expansión de la investigación sobre agresión sexual y violación, destinando millones de dólares para financiar estudios tanto sobre la violencia sexual como sobre mejores formas de tratar los problemas psicosociales y de salud mental de las personas sobrevivientes.