miniaturadeimagen|Martine Aubry, ministra de Empleo y Solidaridad de 1997 a 2000, introdujo la ley de las 35 horas, a veces llamada "Ley Aubry".
La semana de 35 horas laborables fue una medida de política económica francesa llevada a cabo por el Gobierno de Lionel Jospin a partir del año 2000 consistente en reducir progresivamente (y con excepciones, exenciones y cortapisas) la jornada laboral nominal de 39 a 35 horas semanales. Esta medida se inscribe en el marco de las leyes que reducen la jornada laboral, en particular la introducción de la semana de 40 horas por los Acuerdos de Matignon en junio de 1936, que contribuyeron a la historia de la reducción de la jornada laboral en Francia. Desde el esta reducción se viene llevando a cabo en todas las economías desarrolladas.
Defendida inicialmente desde una perspectiva de progreso social, pero también inspirada en una lógica de reparto del trabajo (por considerarlo escaso, lo que es objeto de debate), la “transición a las 35 horas" era parte del objetivo prioritario de creación de empleo en el programa del Partido Socialista (PS) para las elecciones legislativas de 1997. Los efectos de la reforma sobre las horas de trabajo reales resultaron en una reducción de alrededor de 2,6 horas., graphique page 38 La reforma también tuvo un impacto en el horario laboral de los directivos, aunque muchos de ellos no estaban sujetos a una duración legal del tiempo de trabajo semanal sino a una llamada "tarifa plana" (au forfait, sobre una base anualizada o contabilizada en días y no en horas).
Pero en otros lugares los análisis econométricos de la creación de empleo divergen. En 2004, un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE en Francia) estimó que entre 1998 y el 31 de diciembre de 2001 se crearon 350000 empleos sin ningún desequilibrio financiero aparente para las empresas.. La implementación de la reforma se ha vuelto obligatoria en todas las empresas desde el 1 de enero de 2002.
Medir los efectos reales de la reducción de la jornada laboral sobre la economía es complejo, en particular porque, en términos de creación de empleo, el efecto negativo del aumento del coste del trabajo por hora solo aparece de forma gradual, y además se compensa con las reducciones de las cotizaciones sociales (que han pesado sobre las finanzas públicas), la moderación salarial y las ganancias de productividad derivadas de la reforma, cuyo alcance es difícil de evaluar.
La asociación Creadores de Empleos y de Riqueza de Francia (CERF), que propició la medida de desfiscalización (exención de cotizaciones sociales) de las horas extraordinarias, destacó por ejemplo la coincidencia de la entrada en vigor de la semana de 35 horas con la subida del desempleo y de las quiebras empresariales a partir de 2000, y luego su aceleración desde que en 2002 todas las empresas estaban obligadas a cumplir con esta semana. Todo esto contribuye a alimentar un amplio debate, tanto entre los economistas como en el mundo político.
Durante la década de 1990, ningún otro país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) implementó una reforma similar de reducción generalizada del tiempo de trabajo.« L’expérience française de réduction collective du temps de travail (RTT) est originale parmi les pays de l’OCDE. », communiqué de presse Insee, juin 2005 . Sin embargo, en Alemania, donde la jornada laboral se rige por convenios colectivos en cada sector profesional (dentro del límite de 48 horas semanales de media impuesto por ley), también se han negociado acuerdos de reducción del tiempo de trabajo por parte de los interlocutores sociales, llegando a tener 5 sectores una semana laboral de 35 horas.
Origen La reducción de la jornada laboral es un fenómeno progresivo que caracteriza a todas las sociedades. Primero es propiciado por las demandas sindicales y después, cuando llegan al poder partidos de izquierda, por el cumplimiento de promesas electorales en ese sentido. El progreso técnico, al permitir un aumento de la productividad laboral por hora (es decir, lo que un trabajador produce por hora de trabajo), permite un aumento del salario real por hora de los trabajadores (de 1945 a comienzos de la década de 1980, el salario medio por hora aumentó al mismo ritmo que la productividad laboral por hora; después se produjo el desacople de los salarios y la productividad) y, por lo tanto, les permite reducir sus horas de trabajo. De una cierta forma, los empleados eligen repartir su tiempo entre trabajo y ocio, y un aumento en los salarios reales por hora los animará a trabajar un poco menos. A lo largo de los años, el aumento de la productividad laboral por hora ha permitido tanto un crecimiento de los salarios por hora como una disminución de las horas promedio de trabajo.
El número medio de horas trabajadas semanalmente varía de un país a otro en función de su nivel de progreso técnico, del porcentaje de trabajadores a tiempo parcial (parcialidad), de la fuerza de los sindicatos y de las preferencias individuales y colectivas en cuanto a la elección entre ingresos y ocio.
La reducción de la jornada laboral puede lograrse mediante la libre negociación entre trabajadores y empleadores (como ocurre en los países anglosajones), pero en algunos países, como Francia, el Estado opta por regular la jornada laboral. Así, el Gobierno de Lionel Jospin, de acuerdo con las promesas del Partido Socialista durante las elecciones legislativas de Francia de 1997, estableció por ley una reducción de la jornada laboral para todos los empleados.
La reducción de la jornada laboral forma parte de los ideales tradicionales de la izquierda. El socialista Paul Lafargue ya había abogado por ella en 1880, en su libro El derecho a la pereza, al igual que el humanista Tomás Moro, en su libro Utopía, en 1516.. Los sindicatos franceses lucharon por la reducción de la jornada laboral, y los gobiernos, generalmente de izquierdas, trasladaron esa presión de los sindicatos a la legislación.
La transición a una semana laboral de 35 horas se incluyó en las 110 propuestas para Francia de François Mitterrand en 1981. Pero una vez elegido, solo redujo la semana laboral legal a 39 horas. Fue muchos años más tarde (en 1998) Martine Aubry, ministra de Empleo y Solidaridad de 1997 a 2000 de Lionel Jospin, quien empezó a poner en práctica la medida estrella del programa económico socialista actualizado por Dominique Strauss-Kahn.</span>« Strauss-Kahn ou la tentation de Washington » , Sophie Fay et Philippe Goulliaud, Le Figaro, 14 de octubre de 2007
Más recientemente, en los años 1990, el reparto del trabajo mediante una reducción de la jornada laboral fue un tema de interés para el centroderecha, como lo demuestra la ley Robien del 11 de junio de 1996 sobre la organización del tiempo de trabajo, que ofrece reducciones en las cotizaciones sociales como contrapartida a una contratación vinculada a una reducción significativa del tiempo de trabajo. Esa ley se promulgó en un momento en que el paro rebasaba el 12%, muy alto para Francia. «La reducción colectiva del tiempo de trabajo (ya sea diaria, semanal, anual o en el conjunto de la vida) se aplica a todos. Es una manera de repartir las ganancias de productividad entre todos los asalariados, ya su empresa consiga o no esas ganancias. Es una manera de reconocer que los progresos de la productividad son el fruto de la organización de la sociedad en su conjunto (formación, infraestructuras, etc.)»
Puesta en práctica
Objetivos Los objetivos que planteó el Partido Socialista Francés para la transición a la semana de 35 horas fueron:
El efecto previsto de la reforma era repartir un volumen determinado de trabajo entre la población activa. La reducción de la jornada laboral iría acompañada de la creación de empleo. La ley podía ser una oportunidad para relanzar las negociaciones y el diálogo social con el fin de optimizar la organización del trabajo y, en última instancia, aumentar la productividad de la economía. A escala individual, la medida proporcionaría más tiempo libre a los trabajadores, lo que podría mejorar su vida familiar y comunitaria. Se consideraba por tanto probable que mejorara las condiciones de vida y la salud del empleado, así como las de su familia. Entre los diversos efectos esperados se encontraban la reducción del gasto sanitario, la mejora de la productividad a través de la salud, un reparto de tareas más justo entre hombres y mujeres dentro del hogar (corresponsabilidad), mayor atención a la familia (por ejemplo, la educación de los hijos, escuchar y ayudar a los ancianos, etc.), y mayor facilidad para tomar vacaciones.
Concepto En Francia, cuando se habla de la reforma de las 35 horas se está haciendo referencia a una reforma que comprende la reducción de la duración legal del tiempo de trabajo, su anualización, la reducción de las cotizaciones sociales para las empresas, la remuneración según los días trabajados (forfait jour) y la reorganización de la producción..
Proyecto general La reducción del tiempo de trabajo (RTT) es una política implementada por Martine Aubry, bajo el Gobierno de Lionel Jospin, con la idea de crear empleos y reactivar la economía en Francia, para combatir el desempleo mediante el reparto del trabajo (aunque no haya reparto de los puestos de trabajo en sí).
Con un máximo anual de 180 horas extraordinarias, la jornada laboral media anual máxima, salvo exención, es en Francia de aproximadamente 39 horas. Este cupo no prohíbe, como en el resto de la Unión Europea, una jornada laboral real máxima de 48 horas semanales en una semana aislada.
En 1848, la semana laboral legal era de 48 horas en Francia, luego de 40 horas en 1936, 39 horas en 1982 y 35 horas en 2002. Pero ya en 1982, un acuerdo conjunto en la industria metalúrgica preveía pasar a 33h36 para las fábricas de fuego continuo , y en 1996, una ley facultativa puesta en marcha por Gilles de Robien, la Ley tendente a promover el empleo mediante la organización convencional y la reducción del tiempo de trabajo, conocida como Ley Robien, ofreció ayudas a las empresas para animarlas a utilizar esta fórmula (alrededor de 10% menos de cotizaciones a la seguridad social a cambio de un mínimo del 10% de contrataciones adicionales). Según Pierre Larrouturou, aproximadamente 300 empresas podrían haberse beneficiado de esta ley entre 1996 y 1998.
Bajo el Gobierno de Jospin, estas ideas políticas dieron lugar a una Ley de orientación e incentivos en materia de reducción del tiempo de trabajo (Ley n. 98-461 del 13 de junio de 1998). destinada a preparar el terreno e informar a los empresarios. Posteriormente se promulgó la Ley relativa a la reducción negociada del tiempo de trabajo (ley n. 2000-37 del 19 de enero de 2000). para establecer las normas para la transición a la semana laboral de 35 horas. Por ejemplo, los plazos para la transición a la semana laboral de 35 horas dependían del tamaño de la empresa.
El proyecto consistía en reducir la semana laboral de 39 a 35 horas. Concretamente, la persona empleada puede continuar trabajando 39 horas semanales, pero ciertas horas extras que realiza se le acumulan para que las utilice como medias jornadas o jornadas completas de descanso. Sea como sea, las horas que se pueden trabajar en un año se limitan a 1600 (un año normal, no bisiesto, tiene 365 días, esto es, 52 semanas más un día; contando 5 semanas de vacaciones y dividiendo las 1600 horas entre las 47 semanas resultantes salen 34,04 horas semanales; la diferencia se debe a los días festivos). Este máximo sube en 2005 a 1607 horas tras la entrada en vigor de la "jornada de solidaridad".
Ejemplos de posibles fórmulas:
35 horas sin días RTT, 7 horas por día, 5 días a la semana 37,5 horas semanales y 12 días de RTT al año 39 horas semanales y 24 días RTT al año 39 horas semanales y medio día de RTT por semana 39 horas por semana y 2 días de RTT cada 4 semanas