Louis Aleman o Allemand (Arbent, c. 1390 - Salon-de-Provence, 16 de septiembre de 1450) fue un eclesiástico francés.

Doctorado en Derecho, participó en el Concilio de Pisa y en el de Costanza, fue obispo de Maguelonne en 1418 y arzobispo de Arlés desde 1423, creado cardenal de Santa Cecilia por Martín V en 1426.

Presidente del Concilio de Basilea, fue el principal artífice de la elección del antipapa Félix V, por lo que Eugenio IV le destituyó y excomulgó en 1439. Restituido por Nicolás V diez años después, fue beatificado por Clemente VII en 1527.

Biografía Familia Louis AlemanMencionado también como Alleman, Allemand, Allamand, Alamancii, Alamanus, Alemanus, Almannus o Alamandus. nació en el seno de una familia de la nobleza oriunda del Delfinado establecida en Bugey. Fue hijo de Jean Aleman, señor de Arbent, Coiselet y Montgefond, y de Marie de Châtillon. Tuvo al menos tres hermanos: Pierre, que sucedió a su padre en los estados de su casa, Jean y Gallois, que fue canónigo de Lyon.Guichenon, pp. 3-4.

Los Aleman de Bugey fueron feudatarios de Humbert VII de Thoire-Villars hasta que en 1402 este vendió sus derechos señoriales al conde de Saboya Amadeo VIII.

Ascenso eclesiástico Gracias al patrocinio de su tío François de Conzié, que era arzobispo de Narbona y camarlengo de Juan XXIII, Louis ascendió rápidamente en el escalafón eclesiástico: asistió junto con su tío al Concilio de Pisa de 1409 y fue nombrado canónigo de Narbona, Valence, Carpentras, Lyon y Bayeux y abad comendatario de Saint-Pierre-de-la-Tour en Puy, con dispensa de residencia en todos ellos para poder proseguir sus estudios en la Universidad de Avignon, en la que salió bachiller en Derecho en 1405, licenciado en 1409 y doctor en 1414.Pérouse, pp. 10-12. miniaturadeimagen|derecha|100px|Martín V. Participó como vicecamarlengo y custodio en el Concilio de Constanza que puso fin al Cisma de Occidente con la elección de Martín V, y en 1418 el nuevo papa le nombró obispo de Maguelone, y como tal, canciller de la Universidad de Montpellier. Recibió la consagración episcopal en Mantua de manos del papa el 20 de noviembre de 1418, y durante los años siguientes siguió el séquito papal en sus funciones de vicecamarlengo.Sainte-Marthe, VI, pp. 798-799.Eubel, I, p. 320.Pérouse, pp. 14-21, 129-131.La diócesis de Maguelonne fue trasladada en 1536 a la de Montpellier.

En marzo de 1423 murió el obispo de Ginebra Jean Courtecuisse; la mayoría del cabildo de esta sede eligió como su sucesor a Guy d'Albi, mientras unos pocos canónigos eligieron a Aleman; el pleito se elevó a la Santa Sede, donde Martín V decidió entregar la sede de Ginebra a Jean de Brogny, que hasta entonces había sido administrador de la de Arlés, y nombró para esta última a Aleman en diciembre. La mayor parte de su vida se halló ausente de su diócesis, gobernándola por medio de vicarios.Pérouse, pp. 131-147.La bula de su nombramiento, en Albanès, nº. 1850.Sainte-Marthe, I, pp. 582-584.Eubel, I, p. 104. miniaturadeimagen|derecha|Bolonia en el s. XV.Xilografía del Liber chronicarum (1493). Legado en Bolonia y cardenal En 1424 el papa relevó de su cargo al legado apostólico en Bolonia Gabriele Condulmer por las desavenencias de éste con el duque de Milán Filippo Maria Visconti, y Aleman fue nombrado en su lugar.Los breves del papa recomendando a Aleman, en Albanès, pp. 1329-1332. La ciudad, perteneciente a los Estados Pontificios, era una fuente constante de disturbios en los que las principales familias boloñesas habían protagonizado revoluciones independentistas, y además se encontraba geográficamente entre Milán, Florencia y Venecia, enfrentados entre sí en guerra.

Durante su estancia en la ciudad asistió a la predicación de Bernardino de Siena, colaboró con el obispo Niccolò Albergati y fue testigo de la muerte de Braccio da Montone en la batalla que éste sostuvo contra Francesco Sforza y Jacopo Caldora. Allí se encontraba cuando en el consistorio del 24 de mayo de 1426 el papa le creó cardenal del título de Santa Cecilia, reteniendo la administración apostólica de Arlés.Pérouse, pp. 73-75.Eubel, I, pp. 34, 40, 104.Pastor, I, pp. 399-402.

Su legación terminó cuando el 1 de agosto de 1428 una revuelta popular encabezada por Battista Canetoli asaltó el palacio episcopal, apresó a Aleman y al podestà e impuso en el gobierno de Bolonia a sus partidarios. Veintitrés días después, Aleman fue liberado de su cautiverio, y expulsado de la ciudad por los rebeldes regresó a Roma, mientras las tropas pontificias entraban en Bolonia para recuperar el control por la fuerza.Ghirardacci, II, pp. 645-648, y III, pp. 3-8.Muzzi, pp. 173-193.Pérouse, pp. 51-86.

El Concilio de Basilea miniaturadeimagen|derecha|100px|Eugenio IV. Inicios Durante los cinco años siguientes Aleman residió en Roma; su actividad durante este periodo es desconocida, aunque es claro que no tuvo un papel relevante en la Curia al margen de su participación en el cónclave de marzo de 1431 en el que fue elegido papa Eugenio IV, quien le nombró abad de Montmajour.La bula del abadiato en Albanès, nº 1873.

En julio comenzó el Concilio de Basilea convocado por Nicolás V antes de su muerte y presidido por Giuliano Cesarini; la validez canónica del concilio estaba asegurada por las disposiciones del concilio de Constanza, por las del de Siena, por la convocatoria de Nicolás V y por el compromiso que el mismo Eugenio IV había adquirido en la capitulación del cónclave,La capitulación cónclave, en Rinaldi, a, 1431, nº 5-7.Pastor, I, pp. 423-425. pero considerando una amenaza para su autoridad que los padres conciliares se arrogaran una superior a la suya, en noviembre Eugenio IV promulgó una bula ordenando la disolución del concilio. Esta arbitrariedad del pontífice mereció la censura de numerosos eclesiásticos y gobernantes: en los meses siguientes Aleman, al igual que los cardenales Correr, Lusignan, Casanova, Rochetaillée, Monfort, Cervantes, Ram, Colonna, Beaufort y De Foix, que no podían salir de Roma sin el permiso del papa, eligieron sus procuradores para que les representaran en el concilio. Solo Orsini, Casini, Conti, Della Porta y Condulmer permanecieron fieles al papa.Pastor, I, pp. 424-432.

En mayo de 1433 Aleman alojó en su palacio de Roma al rey de romanos Segismundo de Luxemburgo que venía a recibir la coronación de manos del papa. En julio abandonó Roma sin permiso y en una galera del duque de Milán, pasando por Génova, en agosto llegó a su diócesis de Arlés.Pérouse, pp. 86-127, 147-157.

Entretanto, en julio de 1433 los conciliares de Basilea habían decretado que si el papa no se presentaba ante el concilio sería suspendido, en agosto el papa había revocado la disolución del concilio y prometido su adhesión; en abril de 1434 el papa envió a sus legados a Basilea y escribió a los cardenales de la Curia exhortándoles a colaborar en la reforma eclesiástica. Con este cambio de actitud, la presencia de Aleman en Basilea dejaba de ser una desobediencia contra el papa, y el 4 de junio prestaba juramento en el concilio.Hefele, VII, p.Pérouse, pp. 159-167.Pastor, I, pp. 424-435. Para entonces, ya se había desatado la revolución en Roma y el papa había emigrado a Florencia. miniaturadeimagen|Enea Piccolomini parte hacia el concilio de Basilea.Pinturicchio, c. 1505. Aleman en el concilio Inicialmente Aleman fue agregado a la diputación de la reforma, para pocos meses después serlo a la de la fé.El concilio estuvo organizado en cuatro diputaciones, dedicadas a la reforma de la Iglesia, a la paz, a la fé y a los asuntos generales. Cfr Rosenblieh, pp. 309-331. Elocuente, enérgico, con buena reputación y asiduo asistente de todas sus sesiones, se destacó como uno de los más acérrimos defensores de la superioridad del concilio sobre el papa, mientras el presidente Giuliano Cesarini era el líder del partido pontificio.

Durante los primeros años ofició para resolver las disputas de precedencia surgidas entre las delegaciones de distintos países; intervino en el pleito que el patriarca de Aquilea Louis de Tek tenía con la República de Venecia por el poder temporal del patriarcado; intentó resolver la rivalidad de René de Anjou y Alfonso V de Aragón por el trono de Nápoles; intervino en la colación de iglesias y beneficios en Francia, que el rey Carlos VII pretendía para sí, y en el nombramiento de los obispos de Lausana, Gurk, Utrecht y Treves, que estaban disputados con las autoridades civiles; medió en la reconciliación del arzobispo de Besançon con sus feligreses; confirmó las constituciones de Auch; intervino en la unión del reino de Bosnia a la fe católica; fue encargado de informar y juzgar sobre los atentados cometidos contra el clero desde el final del concilio de Constanza; se le dieron poderes para amonestar a los ausentes en Basilea y para organizar la policía de los caminos de acceso al concilio.

Fue nombrado juez de la fe, encargado de hacer cumplir la ortodoxia católica entre las decisiones conciliares, y como tal dirigió la comisión encargada de dirimir el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen y la instauración de la fiesta de la Visitación, de preparar la canonización de Pierre de Luxembourg, de estudiar las herejías del libro de Agustín de Roma, y en las discusiones surgidas en la proposición de condenar la adoración del nombre de Jesús. Vicecanciller desde 1435, estuvo encargado de resolver las dispensas de ordenaciones, residencias u observancia de regla monástica, y de dirimir en primera instancia las disputas episcopales.Pérouse, pp. 175-206. miniaturadeimagen|Basilea en el s. XV. Traslado del concilio Uno de los asuntos pendientes de la cristiandad desde hacía siglos era lograr la unión entre las Iglesia católica latinai y la Iglesia oriental griega: separadas por el Cisma de Oriente de 1054, la unidad de ambas era un objetivo perseguido desde el Concilio de Lyon de 1274, y tanto el papa como el concilio habían enviado sus legados a Constantinopla y habían recibido a los de los griegos, intentando cada uno ganar el prestigio de materializar la unidad.Congourdeau, p. 3.

Sin embargo Basilea no era el lugar idóneo para recibir a varios cientos de prelados griegos, y se hacía necesario trasladar el concilio a otra ciudad mejor comunicada y accesible. En una larga y enconada discusión entre el papa, el concilio, los príncipes europeos y los eclesiásticos griegos sobre cuál debería ser la nueva sede, Aleman maniobró de consuno con el rey francés para conseguir el traslado a Avignon, mientras otros conciliares y gobernantes proponían Udine, Florencia, Génova, Buda, Viena, Lyon, Saboya o quedarse en Basilea, y el papa intentaba que se celebrara en los Estados Pontificios, o al menos en Italia.

La noche del 13 de junio de 1437, probablemente por orden del nuncio Giovanni Berardi, el secretario del presidente Cesarini junto con uno de sus familiares y un espía florentino desfondaron el cofre que contenía la bula conciliar, sellaron con ella el documento que autorizaba el traslado del concilio a Italia, y lo enviaron con un emisario para ser presentado en Grecia como auténtico.Piccolomini, pp. 84-88.Hefele, pp. 935-941.Pérouse, pp. 206-239. Con este acto, los de Basilea vieron frustrada su posible intervención en la unión greco-latina, y además hubieron de afrontar una deuda de 70.000 florines que las autoridades civiles de Avignon les habían adelantado para que la asamblea se celebrara en esta ciudad.Labande, pp. 10-24, 39-51.

La ruptura con el papa El 31 de julio el concilio publicó un monitorio contra el papa en el que se denunciaban sus infracciones contra los decretos de reforma, sus maniobras contra la autoridad del concilio y la seguridad de sus integrantes, y la mala administración de los estados de la Iglesia, y se le conminaba a comparecer en el plazo de sesenta días.Mansi, XXXI, pp. 234-237.