La anexión de Estonia, Letonia y Lituania por la Unión Soviética fue el proceso por el cual la Unión Soviética incorporó a los estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), después de que la URSS y Alemania firmaran el Tratado de no Agresión y el Tratado de Cooperación y Demarcación en agosto de 1939, según cuyos protocolos secretos caían en la "esfera de intereses" de la URSS en parte de Europa del Este.

Antecedentes Los estados bálticos se convirtieron en el blanco de la lucha de tres grandes potencias europeas; Gran Bretaña, Francia y Alemania, por la influencia en la región durante el período de entreguerras. En la primera década tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, existía una fuerte influencia anglo-francesa en los Estados Bálticos, que posteriormente, a principios de la década de 1930, se vio frenada por la creciente influencia de la vecina Alemania. La Unión Soviética, a su vez, intentó contrarrestarla. A finales de la década de 1930, Alemania y la URSS se habían convertido en los principales rivales en la lucha por la influencia en el Báltico. En diciembre de 1933, los gobiernos de Francia y la URSS presentaron una propuesta conjunta para concluir un tratado de seguridad colectiva y asistencia mutua. Finlandia, Checoslovaquia, Polonia, Rumania, Estonia, Letonia y Lituania fueron invitados a adherirse a este tratado. El proyecto, denominado «Pacto del Este», se consideraba una garantía colectiva en caso de agresión por parte de la Alemania nazi. Sin embargo, Polonia y Rumania se negaron a unirse a la alianza, Estados Unidos no aprobó la idea del tratado y el gobierno oficial de Londres presentó una serie de contracondiciones, incluido el rearme de Alemania.

El 29 de septiembre de 1938 se redactaron los Acuerdos de Múnich, que se firmaron el 30 de septiembre, en virtud de los cuales Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia decidieron dividir Checoslovaquia, separando los Sudetes y transfiriéndolos a Alemania. «Este fue un verdadero punto de inflexión en el sistema europeo de política internacional», señala el politólogo Igor Yurgens en su libro «Borradores del Futuro». «Tras Múnich, los intelectuales europeos comprendieron que una pequeña nación carecía de herramientas para resistir las decisiones de los grandes países». En la primavera y el verano de 1939, la Unión Soviética mantuvo negociaciones con Gran Bretaña y Francia sobre la prevención conjunta de la agresión italo-alemana contra países europeos y el 17 de abril de 1939, propuso a Gran Bretaña y Francia asumir obligaciones para proporcionar toda la asistencia posible, incluida la militar, a los países de Europa del Este ubicados entre los mares Báltico y Negro y fronterizos con la Unión Soviética, y también concluir un acuerdo por un período de 5 a 10 años sobre asistencia mutua, incluida la asistencia militar, en caso de agresión en Europa contra cualquiera de los estados contratantes (la propia Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia).

El fracaso de las negociaciones se debió a las diferencias de intereses entre las partes negociadoras. Así, los emisarios franco-británicos recibieron instrucciones secretas detalladas de los estados mayores de sus respectivos países, que definían los objetivos y la naturaleza de las negociaciones. La nota del estado mayor francés establecía, en particular, que, junto con una serie de beneficios políticos que Gran Bretaña y Francia recibirían con la adhesión de la Unión Soviética, esto permitiría involucrar a la URSS en el conflicto: «no nos conviene que permanezca al margen del conflicto, manteniendo sus fuerzas intactas». La Unión Soviética, que consideraba al menos a dos de las repúblicas bálticas —Estonia y Letonia— como parte de sus intereses geopolíticos, defendió esta postura en las negociaciones, pero no obtuvo la comprensión de sus socios. En cuanto a los propios gobiernos de los países bálticos, preferían las garantías de Alemania, con la que estaban vinculados por un sistema de acuerdos económicos. Según Winston Churchill: «El obstáculo para concluir dicho acuerdo (con la URSS) era el horror que sentían estos mismos estados fronterizos ante la perspectiva de recibir ayuda soviética, en forma de ejércitos soviéticos que atravesarían sus territorios para protegerlos de los alemanes y, al mismo tiempo, integrarlos en el sistema comunista soviético. Al fin y al cabo, eran los más fervientes opositores a este sistema. Polonia, Rumanía, Finlandia y los tres Estados bálticos no sabían qué temían más: la agresión alemana o la salvación rusa».

En junio de 1939, Estonia y Letonia firmaron pactos de no agresión con Alemania (ambos países ya habían firmado pactos de no agresión con la URSS en 1932). Churchill declaró al respecto: «Hitler logró así penetrar sin dificultad las débiles defensas de la tardía e indecisa coalición dirigida contra él». En esta situación, mientras negociaba simultáneamente con Gran Bretaña y Francia, la Unión Soviética adoptó medidas para un acercamiento activo a Alemania en el verano de 1939. El resultado de esta política fue la firma del Pacto de No Agresión entre Alemania y la URSS el 23 de agosto de 1939. Según el protocolo adicional secreto del tratado, Estonia, Letonia, Finlandia y el este de Polonia quedarían bajo la jurisdicción soviética, mientras que Lituania y el oeste de Polonia quedarían bajo la jurisdicción alemana; para cuando se firmó el tratado, la región lituana de Klaipėda ya había sido ocupada por Alemania (en marzo de 1939).

Inicio de la guerra en Europa La situación empeoró el 1 de septiembre de 1939 cuando Alemania inició la invasión de Polonia, ocasionando el estallido de la Segunda Guerra Mundial. El 17 de septiembre, la Unión Soivética envió tropas a Polonia, declarando inválido el pacto de no agresión soviético-polaco del 25 de julio de 1932. Ese mismo día, los estados que mantenían relaciones diplomáticas con la URSS (incluidos los países bálticos) recibieron una nota soviética que declaraba que «en sus relaciones con ellos, la URSS seguirá una política de neutralidad».

El estallido de la guerra entre los estados vecinos generó temores en los países bálticos de verse involucrados en estos acontecimientos y los impulsó a declarar su neutralidad. Sin embargo, durante las acciones militares, se produjeron varios incidentes en los que también estuvieron involucrados los países bálticos. Uno de ellos fue la llegada del submarino polaco " Ożel" al puerto de Tallin el 15 de septiembre, donde fue internado a petición de Alemania por las autoridades estonias, que comenzaron a desmantelar su armamento. Sin embargo, en la noche del 18 de septiembre, la tripulación del submarino desarmó a los guardias y lo sacó al mar, con seis torpedos aún a bordo. La Unión Soviética declaró que Estonia había violado su neutralidad al proporcionar refugio y asistencia al submarino polaco.

El 19 de septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores soviético, Viacheslav Mólotov, en nombre del gobierno de la URSS, atribuyó la responsabilidad del incidente a Estonia, afirmando que se había encomendado a la Flota del Báltico la tarea de encontrar el submarino, ya que podía suponer una amenaza para la navegación soviética. Esto condujo al establecimiento de un bloqueo naval de facto de la costa estonia.

El 24 de septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Karl Selter, llegó a Moscú para firmar un acuerdo comercial. Tras tratar cuestiones económicas, Mólotov pasó a la seguridad mutua y propuso «concluir una alianza militar o un pacto de asistencia mutua, que también garantizaría a la Unión Soviética el derecho a tener bastiones o bases para la armada y la fuerza aérea en territorio estonio ». Selter intentó evitar el debate, alegando neutralidad, pero Mólotov declaró que «la Unión Soviética necesita ampliar su sistema de seguridad, para lo cual necesita acceso al mar Báltico. Si no desean concluir un pacto de asistencia mutua con nosotros, tendremos que buscar otras formas de garantizar nuestra seguridad, quizás más drásticas, quizás más complejas. Les pido que no nos obliguen a usar la fuerza contra Estonia».

Tratados de asistencia mutua Como resultado de la división de facto del territorio polaco entre Alemania y la Unión Soviética, las fronteras soviéticas se desplazaron hacia el oeste, y la URSS comenzó a colindar con el tercer estado báltico: Lituania. Inicialmente, Alemania pretendía convertir a Lituania en un protectorado suyo, pero el 25 de septiembre de 1939, durante los contactos soviético-alemanes "sobre la solución del problema polaco", la URSS propuso iniciar negociaciones para la renuncia de Alemania a sus reivindicaciones sobre Lituania a cambio de los territorios de los voivodatos polacos de Varsovia y Lublin. Ese mismo día, el embajador alemán en la URSS, el conde Friedrich-Werner von der Schulenburg, envió un telegrama al Ministerio de Relaciones Exteriores alemán en el que informaba de su citación al Kremlin, donde Stalin sugirió esta propuesta como tema de futuras negociaciones y añadió que, en caso de consentimiento de Alemania, "la Unión Soviética asumirá de inmediato la solución del problema de los estados bálticos de conformidad con el protocolo del 23 de agosto y esperará el pleno apoyo del gobierno alemán en este asunto". miniaturadeimagen|Informe de Kliment Voroshílov a Stalin del 15 de octubre de 1939 sobre el despliegue de unidades del Ejército Rojo en Letonia.