Eustache Jean Juchereau de Saint-Denys (en español: Eustaquio Juan Juchereau de Saint-Denys; Bastia, 28 de marzo de 1809-Idem, 17 de junio de 1883), fue un abogado, diplomático, políglota, corresponsal y legislador francés de origen francocanadiense, egresado licenciado por la Facultad de derecho de la Universidad de París y, entre 1844 y 1847, actuó como consejero en la sombra del presidente dominicano Pedro Santana.
Proveniente de una familia de estirpe noble y de orientación legitimista, ingresó al servicio diplomático francés y desplegó su carrera por varios países europeos, asiáticos y americanos, entre ellos Grecia, Turquía, España, Haití y, especialmente, en la recién nacida República Dominicana.
En diciembre de 1843, participó junto a sus colegas Adolphe Barrot y André‑Nicolas Levasseur en las negociaciones que tuvieron lugar en Puerto Príncipe con varios diputados dominicanos presentes en la Asamblea Constituyente haitiana. De aquel encuentro nació el célebre Plan Levasseur. Apenas un mes después, en enero de 1844, fue trasladado a Santo Domingo, donde desempeñó un papel importante tanto en los hechos que condujeron a la guerra de independencia dominicana como en su desarrollo.
Durante los primeros meses de vida de la Primera República Dominicana, mantuvo buenas relaciones con todos los gobernantes, sin dejarse llevar por simpatías personales. Forjó lazos de respeto y cooperación con vocales de la Junta Central Gubernativa —entre ellos Francisco del Rosario Sánchez, Tomás Bobadilla y José María Caminero—, si bien su influencia más destacada se ejerció sobre Pedro Santana, general que había accedido al poder tras el golpe de julio de 1844 y que miraba con recelo a los duartistas, grupo rechazado por el cónsul francés.
Convencido de que la salvaguarda del naciente Estado dominicano pasaba por un protectorado francés, Santana encontró en Saint‑Denys un consejero de plena confianza. La impronta del diplomático corso se hizo patente en la Asamblea Constituyente convocada en San Cristóbal en 1844: gracias a su intervención se incorporó el artículo 210 a la primera Carta Fundamental dominicana. Aquella disposición otorgaba al jefe del Estado poderes extraordinarios durante la guerra, eximiéndolo de responsabilidad por sus decisiones. Saint‑Denys se consolidó como una de la figura más influyente del primer gobierno de Santana, a la par de ministros y altos mandos militares.
Concluida su misión en el Caribe en 1847, decidió retirarse de la vida diplomática y regresó a su ciudad natal en Córcega, donde vivió hasta su fallecimiento el 17 de junio de 1883.
Por su contribución, los dominicanos lo apodaron «el Padrino» de la independencia.
Biografía
Familia y primeros años miniaturadeimagen|Presbítero Eustache Chartier de Lotbinière, señor de Lotbinière. Tatarabuelo (padre de bisabuela) de Eustache Jean Juchereau de Saint-Denys. Eustache Jean Juchereau de Saint-Denys nació el 28 de marzo de 1809 en Bastia, isla de Córcega, bajo el Primer Imperio francés del emperador Napoleón Bonaparte, su célebre compatriota corso que entonces dominaba gran parte de Europa.
miniaturadeimagen|Capitán François-Marie Renaud d’Avène des Méloizes. Trastatarabuelo (abuelo materno de la bisabuela) de Eustache Jean Juchereau de Saint-Denys. Era hijo de Louis Juchereau de Saint-Denys (n. 1778) y Marie Antoinette de Rossi (n. 1790). Su abuelo paterno, Eustache Marie Juchereau de Saint-Denys (1741–1792), francocanadiense nacido en Beauport, Nueva Francia, fue teniente coronel de Artillería y caballero de la Orden de San Luis. Durante las masacres de septiembre de la revolución francesa, fue asesinado por su fidelidad a Luis XVI el 4 de septiembre de 1792 en Charleville-Mézières, donde ejercía el mando, a la edad de 50 años. La madre de Eustache Marie —y bisabuela de Eustache Jean— fue Marie Françoise Chartier de Lotbinière, hija de Eustache Chartier de Lotbinière (1688–1749), señor de Lotbinière, importante funcionario en Nueva Francia. Tras enviudar de Marie Françoise (1693–1723), hija del capitán François-Marie Renaud d’Avène des Méloizes (1655-1699) y Françoise-Thérèse (n. 1670), el obispo de Quebec lo ordenó sacerdote y lo nombró canónigo, archidiácono de la Catedral de Notre-Dame y vicario general de la diócesis de Quebec.
En su juventud, adquirió la posesión del griego moderno, el italiano y el español. Obtuvo la licenciatura en derecho por la Facultad de derecho de París.
En la Restauración (1815-1830), bajo el reinado del hermano de Luis XVI, Carlos X (1824-1830), Francia reconoció la independencia de Grecia con la firma del tratado de Londres (1827), tras la emancipación de dicho país del Imperio otomano en 1825. Con el advenimiento del conde Ioannis Kapodistrias como primer soberano del Estado Helénico, el ministro francés de Asuntos Exteriores, el conde Auguste de La Ferronnays, anunció al gobierno griego el 7 de mayo de 1828 el nombramiento del barón Antoine Juchereau de Saint-Denys, tío de Eustache, como agente consular francés ante Grecia, llevándose consigo al joven Saint-Denys como agregado consular. Los Saint-Denys permanecieron en la Primera República helénica hasta la sustitución del barón en 1829.
Eustache Juchereau de Saint-Denys ingresó al servicio consular francés el 1 de abril de 1834. Fue nombrado cónsul en Tarso el 20 de marzo de 1834 y promovido a cónsul de segunda clase en julio de 1839. El 17 de enero de 1843 asumió el cargo de cónsul en Bilbao, España.
Cónsul en Santo Domingo
Padrinazgo de la independencia El 25 de julio de 1843 fue designado cónsul con destino en Haití, excolonia francesa que pocos meses antes había vivido la Reforma haitiana, una rebelión que depuso al dictador Jean-Pierre Boyer (1818-1843). Dicho levantamiento repercutió en el Santo Domingo español, la parte oriental de la isla Española —la actual República Dominicana—, entonces ocupada por Haití desde 1822. El nuevo gobierno haitiano llevó a la formación de una Asamblea Constituyente en la que participaron representantes tanto haitianos como dominicanos.
El nombramiento repentino en este nuevo destino no fue fruto de la casualidad. André-Nicolas Levasseur, excónsul general del Reino de Francia en Haití —cargo que volvería a ocupar en agosto de 1843—, informó en junio de ese año al ministro de Asuntos Exteriores francés, François Guizot, lo imprescindible que era designar un cónsul del reino en la ciudad de Santo Domingo, sacando provecho de las notorias diferencias culturales y religiosas de los dominicanos con los haitianos, influyendo de forma que estos se separasen de Haití y, a la vez, buscaran el protectorado de Francia, quien recibiría a cambio el control o posesión de la península de Samaná.
Llegó Eustache de Saint-Denys a la ciudad de Puerto Príncipe, capital de Haití, el 28 de noviembre de 1843. Viajó en la fragata La Aurora, acompañado por Adolphe Barrot, plenipotenciario de Francia en aquel país. Oficialmente, su misión consistía en asumir el consulado en Cabo Haitiano, ciudad que había quedado casi destruida tras un terremoto el 7 de mayo de 1842. Tal circunstancia ofrecía un argumento para alegar dificultades de alojamiento. Por ello, se optó por trasladarlo a Santo Domingo, en la parte oriental de la isla.
Antes de partir, Saint-Denys se involucró por primera vez en la política dominicana al relacionarse con varios diputados de la Asamblea haitiana y por instancias de André Levasseur puso en marcha un ambicioso proyecto de protectorado francés sobre Santo Domingo, bautizado en honor del cónsul general como Plan Levasseur. La iniciativa proponía transformar el territorio dominicano en una república independiente bajo la protección de Francia y administrada por un gobernador general designado por la corona francesa, siempre y cuando los propios dominicanos aceptasen las condiciones establecidas.
El proyecto fue negociado por Saint-Denys, Barrot y el mismo cónsul general Levasseur. Fue presentado a los diputados dominicanos en Puerto Príncipe el 15 de diciembre de 1843. Entre quienes lo apoyaron estaban figuras destacadas como Buenaventura Báez, Manuel María Valencia, Francisco Javier Abreu, Remigio del Castillo, Juan Nepomuceno Tejera, Manuel Ángel Rojas y el sacerdote José Santiago Díaz de Peña.
Este plan no surgió de la nada. Desde 1840, el padre Tomás de Portes e Infante, quien era vicario general de la arquidiócesis de Santo Domingo —desde 1830 sede vacante por el destierro del arzobispo Pedro Valera y Jiménez (1757-1833)—, ya había estado en contacto con el cónsul Levasseur. Esto se debía a que el rey francés Luis Felipe I (1830-1848) había ordenado devolver a la Iglesia católica los bienes que le habían sido quitados durante la revolución francesa. El asunto revestía especial importancia en Santo Domingo, donde la Iglesia había perdido sus propiedades durante la ocupación haitiana. Por ello, la Francia de la monarquía de Julio se presentó como interlocutor más próximo que la España isabelina que, aun manteniendo derechos en la isla según el tratado de París (1814), había abrazado una política anticlerical bajo la regencia de Espartero.
Los diputados dominicanos dieron su visto bueno al Plan Levasseur, sin embargo el proyecto se filtró antes de tiempo, siendo descubierto no por las autoridades haitianas, sino por los dominicanos conspiradores conocidos como filorios —seguidores de Juan Pablo Duarte, conocidos también como duartistas— e independentistas vinculados a ellos. Uno de ellos, José María Serra de Castro, descubrió el proyecto y supo que los sostenedores del Plan Levasseur declararían la independencia de la parte oriental de la isla bajo el auspicio de Francia para el 25 de abril de 1844; lo que impulsó a los filorios —quienes no permitirían que alguien se les adelantase en este propósito— a adelantar el pronunciamiento independentista, fijándose la fecha del 25 de febrero de 1844, aunque finalmente ocurrió el día 27 de febrero.
Entretanto, el 1 de enero de 1844, los simpatizantes del Plan Levasseur en la ciudad de Azua difundieron un manifiesto que justificaba la separación de Haití bajo la protección de Francia. Más tarde, el 16 de enero, el jurista Tomás Bobadilla y Briones, con el respaldo de su grupo y de los filorios, publicó la Manifestación de los pueblos del Este de la Isla antes Española o de Santo Domingo, donde se expuso razones que hacían necesaria la emancipación y aludió en términos velados al Plan Levasseur, señalando que, además de los recursos propios, se recurriría a «los que pudieran proporcionarnos en tal caso los extranjeros».
Mientras todo esto ocurría, Saint-Denys zarpó desde Puerto Príncipe el 31 de diciembre de 1843 en la corbeta La Naiade. Llegó a Santo Domingo el 13 de enero de 1844. Al día siguiente desembarcó y fue recibido por dos generales haitianos: Pablo Alí, gobernador del departamento de Ozama, y Henri Étienne Desgrottes, comandante de la ciudad. Su presencia suscitó expectativas entre los independentistas dominicanos, que esperaban que Francia pudiera respaldar su causa.
En su calidad de cónsul en Santo Domingo, desempeñó un papel determinante durante el pronunciamiento de Santo Domingo de 1844. En la noche del 27 de febrero de 1844, cuando se percibieron los primeros disparos del levantamiento, numerosas mujeres y niños buscaron refugio en su residencia, portando objetos de valor para salvaguardarlos de las temida tropas haitianas, conocidas por sus excesos. A pesar de los esfuerzos del cónsul por tranquilizar a las aterradas vecinas, el pánico era tal que muchas prefirieron quedarse en las casas colindantes, preparadas para retornar en caso de que sus vidas corrieran peligro.