vínculo=https://en.wikipedia.org/wiki/File:YoungCoupleEmbracing-20070508.jpg|miniaturadeimagen|260x260px|Una pareja humana.
En psicología evolutiva y ecología del comportamiento, las estrategias de apareamiento humano son un conjunto de comportamientos utilizados por los individuos para seleccionar, atraer y retener parejas. Estas estrategias se complementan con las estrategias reproductivas, que abarcan un conjunto más amplio de comportamientos relacionados con el momento de la reproducción y el equilibrio entre la cantidad y la calidad de la descendencia.
En comparación con otras especies, las estrategias de apareamiento humano son únicas por su relación con variables culturales, como la institución del matrimonio. Los humanos pueden buscar individuos con la intención de formar una relación íntima a largo plazo, matrimonio, una relación casual o una amistad. El deseo humano de compañerismo es uno de los impulsos más fuertes de la naturaleza humana, siendo una característica innata que puede estar relacionada con el instinto sexual. El proceso de apareamiento humano abarca los procesos sociales y culturales mediante los cuales una persona conoce a otra para evaluar su compatibilidad, el proceso de cortejo y la formación de una relación interpersonal. Sin embargo, existen similitudes entre humanos y animales en el comportamiento de apareamiento, como en el caso del comportamiento sexual animal en general y el apareamiento selectivo en particular.
Contexto teórico Inversión parental izquierda|miniatura|Maternal Admiration (1869) por William-Adolphe Bouguereau. Las hembras tienen una mayor inversión mínima en la descendencia que los machos. La investigación sobre las estrategias de apareamiento humano está guiada por la teoría de la selección sexual y en particular, por el concepto de inversión parental de Robert Trivers. Trivers definió la inversión parental como "cualquier inversión del progenitor en una descendencia individual que aumente las posibilidades de supervivencia de la descendencia y por tanto el éxito reproductivo a costa de la capacidad del progenitor para invertir en otras descendencias". El apoyo brindado a cada descendiente suele diferir entre el padre y la madre. Trivers postuló que es la inversión parental diferencial entre machos y hembras la que impulsa el proceso de selección sexual, lo que lleva a la evolución del dimorfismo sexual en la elección de pareja, la capacidad competitiva y las exhibiciones de cortejo (véase caracteres sexuales secundarios).
La inversión parental mínima es el cuidado mínimo requerido para una reproducción exitosa. En los humanos, las hembras tienen una inversión parental mínima más alta, ya que deben invertir en la fertilización interna, la placentación y la gestación, seguidas del parto y la lactancia. Aunque los machos humanos también pueden invertir significativamente en su descendencia, su inversión parental mínima sigue siendo menor que la de las hembras.
Este concepto también puede analizarse desde una perspectiva económica en términos de los costos de participar en relaciones sexuales. Las hembras incurren en mayores costos, ya que enfrentan la posibilidad de quedar embarazadas, entre otros; por el contrario, los machos tienen costos mínimos comparativos al tener un encuentro sexual, por lo tanto, los psicólogos evolutivos han predicho varias diferencias sexuales en las psicologías de apareamiento humano.
Las mujeres tienden a apreciar a los hombres caballerosos, aunque sean patriarcales con ellas. Es probable que dependan más de ellos, que limiten sus propias ambiciones y que se sometan a ellos, como es más probable que esos hombres inviertan en ellas y en sus hijos, tiene sentido evolutivo que las mujeres se sientan atraídas por ese tipo de hombres.
Estrategias de historia de vida
La teoría de la historia de vida ayuda a explicar las diferencias en el momento de las relaciones sexuales, la cantidad de parejas sexuales y la inversión parental. Según esta teoría, los organismos tienen un suministro limitado de energía, que utilizan para desarrollar sus cuerpos, esta energía se distribuye en un espectro teórico de cómo los organismos priorizan su uso, en un extremo del espectro, el organismo prioriza acelerar el desarrollo físico y alcanzar la madurez sexual rápidamente, lo que se denomina estrategia "rápida"; los organismos que implementan esta estrategia buscan tener relaciones sexuales antes, múltiples parejas y dedicar menos energía a su descendencia; en el otro extremo del espectro está la estrategia "lenta", en la que los organismos priorizan el desarrollo físico, buscan relaciones sexuales más tarde, tienen menos parejas e invierten más en su descendencia.
Por lo general, las estrategias rápidas se desarrollan en poblaciones que son seleccionadas-r (donde r es el valor intrínseco máximo de aumento natural) y las estrategias lentas se desarrollan en poblaciones seleccionadas según el modelo K (donde K es la capacidad de carga de la población, es decir, cuántos individuos puede soportar su entorno). Las especies seleccionadas r tienden a reproducirse más rápido, ser especialistas y más pequeñas. Las especies seleccionadas K se reproducen menos a lo largo de su vida, pero los individuos viven más tiempo, son más grandes y tienden a ser generalistas. Las especies existen en un continuo r-K, en lugar de ser exclusivamente una u otra. Los humanos se consideran una especie seleccionada K, lo que significa que, en general, persiguen estrategias "lentas" en comparación con otras especies.
Las características de la historia de vida incluyen la edad de madurez sexual, el período de gestación, el peso al nacer, tamaño de la camada, las tasas de crecimiento postnatal, duración de la lactancia materna, el espaciamiento entre nacimientos, duración de la dependencia juvenil, el nivel de inversión parental, el tamaño corporal adulto y la longevidad; la variación en estos rasgos entre individuos, según la teoría de la historia de vida, se debe a la homeostasis, la reproducción y el crecimiento. Por ejemplo, si una especie dedica más recursos a la reproducción que al crecimiento físico, la edad en la que alcanza la madurez sexual será menor que en una especie que dedica más energía al crecimiento físico.
Estas estrategias son inconscientes y ayudan a aumentar el éxito reproductivo del organismo en un entorno dado. Los entornos de la infancia temprana pueden influir en qué estrategia persigue una persona inconscientemente. En un entorno hostil, el riesgo y la imprevisibilidad aumentan, por lo que la supervivencia es una prioridad más alta. Es más probable que las poblaciones que viven en entornos hostiles persigan una estrategia "rápida" para alcanzar la madurez y reproducirse rápidamente. En entornos menos arriesgados, las poblaciones son más propensas a perseguir una estrategia "lenta" para desarrollarse físicamente primero y luego reproducirse. Este concepto también se ha aplicado a los humanos, aunque hay diferencias en la aplicación de las estrategias de historia de vida tanto entre especies como dentro de ellas.
Desafíos al aplicar estrategias de historia de vida a humanos La dicotomía entre estrategias de apareamiento "rápidas" y "lentas" aplicada a humanos puede ser engañosa. Quienes persiguen estrategias "rápidas" pueden enfrentar críticas en forma de desprecio intercultural o críticas éticas y/o religiosas. Por ejemplo, en sociedades que retratan a las mujeres como más propensas a perseguir estrategias lentas, el comportamiento sexual femenino puede ser tabú.
La "teoría de la aceleración psicosocial", se refiere a las predicciones sobre el desarrollo humano de estrategias "rápidas" o "lentas" según las experiencias de los individuos en su entorno durante la infancia. Predice que las personas nacidas en entornos más hostiles, donde tienen menos control sobre las amenazas a su alrededor, son más propensas a alcanzar la madurez sexual más rápido y a reproducirse antes, debido a la plasticidad fenotípica (señales externas que provocan cambios en la fisiología y el comportamiento). Los psicólogos evolutivos utilizan tres parámetros para describir los entornos que predicen qué estrategia vital elegirán las personas, estas son la disponibilidad de recursos, la dureza y la imprevisibilidad. La hostilidad y la imprevisibilidad entran en juego cuando la disponibilidad de recursos está satisfecha, porque sin recursos, los individuos tienen pocas oportunidades para madurar y reproducirse, por ejemplo, en humanos, la baja disponibilidad de recursos podría referirse a la inseguridad alimentaria y la imprevisibilidad podría referirse a mudanzas frecuentes o cambios de escuela. Fumar, un estado de salud deficiente y un bajo cuidado personal son rasgos que se han demostrado correlacionados con experiencias sexuales más tempranas, nacimientos más tempranos y más parejas sexuales a corto plazo; aunque los psicólogos describen estos rasgos como una "cascada", en la que un conjunto de experiencias y rasgos de la infancia afectan el comportamiento sexual posterior de manera específica y agrupada, los estudios muestran que las consecuencias sexuales pueden variar entre culturas y clases y podrían no estar tan linealmente relacionadas con las experiencias de la infancia como se ha asumido.
Las teorías de la historia de vida humana en psicología se centran en elecciones conductuales como la elección de pareja y el esfuerzo parental (véase Antropología evolutiva), mientras que en la ecología evolutiva, se centran en la asignación de energía para maximizar el éxito y la reproducción.
Varios estudios cuestionan la aplicación psicológica de las teorías de la historia de vida en humanos. Por ejemplo, se ha encontrado que la mortalidad extrínseca (la hostilidad del entorno de un individuo) no afecta directamente si las personas adoptan una estrategia rápida o lenta. La razón por la que la mortalidad extrínseca parece hacerlo es que aumenta la competencia dentro de las poblaciones, es más preciso decir que los entornos hostiles crean situaciones de alta competencia, en las que las personas son más propensas a adoptar estrategias rápidas para maximizar sus posibilidades de reproducción, que decir que los individuos en entornos hostiles adoptan estrategias rápidas porque de lo contrario morirían antes de reproducirse.
Otro estudio que cuestionaba la teoría del ciclo vital en humanos era un metaanálisis de estudios sobre el ritmo vital. La hipótesis del síndrome del ritmo de vida relaciona los factores ambientales (entornos imprevisibles, alta depredación, entre otros) con el comportamiento (apareamiento más temprano, más parejas sexuales, entre otros), creando así un vínculo entre el comportamiento, el fenotipo y el medio ambiente. Sin embargo, el análisis sugirió que los estudios sobre el ritmo de vida tenían pocos hallazgos significativos respecto a las diferencias entre individuos debido al entorno, esto significa que el vínculo entre los individuos que experimentan entornos difíciles durante su crecimiento y su comportamiento sexual posterior puede ser tenue o estar demasiado contaminado por variables confusas para ser rastreado.