Información errónea (misinformation en inglés) es información falsa, inexacta o engañosa que se difunde sin intención deliberada de causar daño. Puede originarse por errores humanos, malentendidos, sesgos cognitivos o falta de verificación, y a menudo es compartida por personas convencidas de su veracidad.
Se diferencia de la desinformación, donde sí existe una intención deliberada de manipular o engañar. La información errónea puede, sin embargo, ser utilizada por campañas de desinformación para amplificar su impacto en procesos sociales, políticos o científicos. Diferencias En inglés se distingue entre misinformation (información errónea no intencional) y disinformation (desinformación con intención de manipular). En español, el término «desinformación» suele englobar ambos conceptos, lo cual puede causar confusión.
Diversos estudios indican que la información errónea es a menudo el insumo pasivo de campañas de desinformación más amplias, especialmente en redes sociales.Wardle, C., & Derakhshan, H. (2017). Information Disorder: Toward an Interdisciplinary Framework for Research and Policy Making. Council of Europe. Factores que contribuyen La información errónea y la desinformación son fenómenos complejos que pueden surgir de múltiples causas. Estas incluyen factores psicológicos, cognitivos, emocionales y contextuales que afectan cómo las personas reciben, procesan y difunden la información. Sesgos cognitivos y estilo de pensamiento Las personas tienden a buscar información que confirme sus creencias preexistentes (motivos direccionales), en lugar de información precisa o verificada (motivos de exactitud). Este comportamiento favorece la formación de creencias erróneas, al ignorar o rechazar evidencia contraria.Jerit, J., & Zhao, Y. (2020). Political Misinformation. *Annual Review of Political Science*, 23, 77-94.Kuklinski et al. (2000), p. 138.
Los sesgos cognitivos, como el sesgo de confirmación, y la Perseverancia de las creencias desempeñan un papel central en la aceptación de información falsa.Lodge & Taber (2013), p. 151. Además, las diferencias individuales en el estilo cognitivo —como la necesidad de cognición (disposición a analizar en profundidad) y la necesidad de afecto (búsqueda de experiencias emocionales)— influyen en la forma en que se evalúa la información.Arceneaux & Vander Wielen (2017), p. 54. Influencia de las emociones La información errónea, al igual que la desinformación, suele estar acompañada de contenido emocionalmente intenso, que puede provocar miedo, indignación o compasión. Este tipo de contenido aumenta la probabilidad de que las personas crean o compartan mensajes sin verificar su veracidad. Estudios han demostrado que una mayor dependencia del juicio emocional reduce la capacidad de distinguir entre noticias verdaderas y falsas.
Asimismo, se ha observado que la polarización afectiva y la saturación de contenido emocional en las redes sociales amplifican la aceptación acrítica de narrativas engañosas. Estos factores pueden debilitar el razonamiento lógico y obstaculizar el debate racional, convirtiendo al entorno emocional en un catalizador de la desinformación. Persistencia de creencias y efecto de influencia continua Incluso cuando se proporciona información correcta, las creencias erróneas pueden persistir. Este fenómeno se conoce como efecto de influencia continua, y ha sido documentado en numerosos estudios psicológicos.Johnson & Seifert (1994); Wilkes & Leatherbarrow (1988). Contexto político, social y mediático El entorno político y social puede amplificar o mitigar los sesgos perceptuales. La exposición sostenida a ciertos medios de comunicación refuerza creencias erróneas, mientras que el acceso a información diversa y contrastada puede fomentar mayor apertura a ideas nuevas.Jerit & Barabas (2006, 2012).
La interacción social, los algoritmos de recomendación y la segmentación del contenido también contribuyen a la formación de "burbujas informativas", donde los usuarios reciben información alineada con sus creencias, lo que refuerza la desinformación.
Interacción entre motivaciones
Las motivaciones de búsqueda de exactitud y de consistencia ideológica interactúan de forma compleja y moldean la aceptación de información errónea. Según Zhou y Shen (2024), la persistencia de creencias falsas se explica mejor al considerar cómo las motivaciones deliberadas y automáticas, junto con sesgos cognitivos, refuerzan la adhesión a afirmaciones incorrectas, incluso tras su corrección. De este modo, la resistencia al cambio no es solo un fallo de razonamiento, sino el resultado de procesos motivacionales que preservan creencias previas. El estudio también sugiere que intervenciones como la "inoculación psicológica" pueden ser más eficaces para contrarrestar la difusión de información errónea. Desafíos en la medición y comprensión Existe una falta de consenso sobre cómo medir las inclinaciones hacia el razonamiento direccional o de exactitud, lo cual dificulta el diseño de estrategias efectivas para combatir la desinformación.Flynn et al. (2017), p. 137. Conclusión Comprender los factores que contribuyen a la información errónea y la desinformación es crucial para diseñar respuestas efectivas. El impacto de las emociones, los sesgos cognitivos y el entorno mediático interactúan de forma compleja, y requieren un enfoque multidisciplinario para abordar sus causas y consecuencias. Consecuencias La información errónea puede tener consecuencias significativas en diversos ámbitos: Salud pública: La difusión de mitos sobre vacunas, curas milagrosas o tratamientos no comprobados ha generado confusión, rechazo a la vacunación y prácticas peligrosas durante la pandemia de COVID-19 y otras crisis sanitarias. Procesos electorales y políticos: La circulación de noticias falsas sobre candidatos, manipulación de resultados o teorías conspirativas ha influido en la confianza pública y ha sido usada como herramienta de desinformación política. Cambio climático y ciencia: Afirmaciones falsas que niegan el consenso científico sobre el cambio climático, o que presentan datos distorsionados, dificultan el consenso social necesario para implementar políticas ambientales efectivas. Gestión de desastres y emergencias: Durante catástrofes naturales o crisis humanitarias, los bulos y rumores no verificados pueden aumentar el pánico, entorpecer la respuesta oficial e inducir comportamientos perjudiciales. Redes sociales La información errónea difundida a través de redes sociales puede tener efectos significativos en la percepción pública, especialmente entre audiencias jóvenes o altamente conectadas. Plataformas digitales como TikTok, Facebook, Telegram, Twitter y YouTube han sido señaladas por su papel en la propagación de contenido falso o engañoso, con consecuencias que afectan desde la salud pública hasta la estabilidad política.
Un informe de NewsGuard reveló que aproximadamente el 20 % de los videos relacionados con temas noticiosos en TikTok contenían información falsa o engañosa, afectando principalmente a usuarios jóvenes y adolescentes.
En el caso de Facebook, estudios han mostrado que las noticias falsas tienen una mayor probabilidad de ser compartidas que las noticias verificadas, lo que contribuye a su rápida diseminación. Se ha estimado además que existen decenas de millones de cuentas automatizadas (bots) en la plataforma dedicadas a amplificar contenidos de desinformación.
Telegram ha sido acusado en repetidas ocasiones de facilitar la creación y transmisión de información falsa en Internet.
En Twitter (hoy X), un estudio del MIT demostró que las noticias falsas se difunden más rápido y llegan a más personas que las noticias verdaderas. Sorprendentemente, el 80 % de las fuentes de información falsa fueron compartidas por apenas el 0.1 % de los usuarios, lo que indica un patrón concentrado de diseminación.
YouTube también ha sido criticada por alojar contenido que contradice el consenso científico, como el negacionismo del cambio climático o la promoción de teorías conspirativas. A pesar de implementar políticas de desmonetización, muchos videos con información errónea continúan disponibles y generando visitas. Ejemplos Durante la pandemia de COVID-19, circularon afirmaciones falsas peligrosas, como que beber lejía o alcohol puro podía curar la infección por coronavirus. Estas afirmaciones fueron categorizadas por la Comisión Europea como ejemplos de desinformación sanitaria que pone en riesgo la salud. Según el propio organismo, “beber lejía o alcohol puro puede ser muy dañino”, y Bélgica registró un incremento del 15 % en los casos relacionados con ingestión de lejía, atribuible a esta desinformación.
Además, algunos creadores de contenido monetizaron la desinformación durante la pandemia. Según una investigación de The Bureau of Investigative Journalism, el médico estadounidense Joseph Mercola difundió afirmaciones sin respaldo científico sobre las vacunas contra la COVID-19 a través de su canal de YouTube, al tiempo que promovía suplementos y tratamientos alternativos.
Un informe del Center for Countering Digital Hate (CCDH) identificó a un grupo de doce personas, conocido como el "Disinformation Dozen", como responsables de hasta el 65 % del contenido antivacunas compartido en redes sociales durante el pico de la pandemia.
Un precedente histórico ocurrió en 2005, cuando el programa Dateline NBC presentó un reportaje sobre depredadores en línea en el que se citaba una estadística no verificada. Dicha cifra fue posteriormente repetida por funcionarios y agencias oficiales, contribuyendo a una percepción errónea del riesgo, pese a su falta de fundamento empírico.
Según la BBC, la crisis migratoria de Ceuta de julio de 2026 también fue consecuencia de la información errónea sobre los efectos de la sentencia del Tribunal Supremo español de 2026 relativa a las devoluciones en caliente:Sarah Rainsford, How Spain's migrant crisis created a political storm - whipped up by social media, BBC News, 2 agosto 2026. el 10 de julio en redes sociales, apenas dos días después del primer mensaje sobre la sentencia, «se añadieron explicaciones e interpretaciones que no figuraban en la sentencia original, como la afirmación de que una persona “no será repatriada si alcanza aguas internacionales”, además de otros datos que no aparecen en el texto legal». «Vamos a Ceuta»: ecco come i social hanno creato l'onda migratoria, Giornale di Sicilia, 5 agosto 2026.
Posibles remedios La reducción de la difusión y el impacto de la información errónea requiere un enfoque integral que combine estrategias individuales, educativas, tecnológicas e institucionales. La alfabetización crítica, la colaboración intersectorial y el uso de herramientas especializadas son fundamentales para fortalecer la resiliencia social. Enfoques individuales y psicológicos Diversas investigaciones han propuesto dos grandes categorías de intervención: por un lado, los enfoques sistémicos (como legislación o regulación de plataformas); por otro, las estrategias individuales, que buscan cambiar comportamientos sin limitar la libertad de expresión y pueden aplicarse en contextos educativos o digitales.American Psychological Association. “Interventions to counter misinformation”. 2024.
Entre las intervenciones individuales más estudiadas se encuentran: Desmentido (debunking): Corrección de información falsa mediante evidencia clara y precisa. Es más eficaz cuando se ofrece de forma inmediata y reiterada. Inoculación (prebunking): Prevención mediante advertencias sobre técnicas de manipulación (como falacias o seudociencia). Alfabetización mediática: Enseñanza de competencias para evaluar fuentes, detectar sesgos y analizar contenidos. Empujones cognitivos (nudging): Intervenciones sutiles que dirigen la atención del usuario hacia la veracidad (por ejemplo, alertas del tipo "¿Estás seguro de que esto es cierto?").