miniatura|Afiche propagandístico de la revista Clarinada de carácter nacionalista argentino, anticomunista y antisemita publicado en mayo de 1937.

El antisemitismo es la práctica de mostrar hostilidad o discriminación hacia los judíos como grupo religioso, étnico o racial. Aunque la etimología del término antisemitismo podría dar a entender que se trata de un prejuicio contra los pueblos semitas en general, el término se utiliza en forma exclusiva para referirse a la hostilidad contra los judíos. Con el fin de evitar confusiones en referencia a otros pueblos que hablan lenguas semíticas, algunos autoresPor ejemplo, Pierre-André Taguieff, en La nueva judeofobia, obra citada en la bibliografía. prefieren el uso de términos equivalentes no ambiguos, como judeofobia o antijudío, reservando antisemitismo para su uso en referencias históricas a las ideologías antijudías de la segunda mitad del y la primera mitad del .(wzo.org.il, La naturaleza de la judeofobia).

En Argentina el antisemitismo ha existido desde la colonización española en el siglo XVI y ha continuado hasta nuestros días. En el , el antisemitismo en Argentina fue particularmente generalizado, especialmente en la Segunda Guerra Mundial y en la era posterior a ella.

Historia Principios del La inmigración masiva de finales del trajo un número considerable de alemanes y judíos a Argentina.Esta inmigración masiva, a su vez, generó un fervor nacionalista que, en combinación con el crecimiento del nazismo entre los argentinos alemanes, generó medidas contra los judíos. En 1902, Argentina aprobó una Ley de Residencia que limitaba el número de inmigrantes y algunos periódicos fueron incorporando retórica antisemita en sus artículos. De manera similar, en las comunidades argentinas alemanas circulaba propaganda contra los judíos no alemanes en sus periódicos, y hubo manifestaciones de rechazo ante visitas de judíos, incluso de aquellos famosos y prestigiosos como Albert Einstein.

El 15 de mayo de 1910 se produjo el primer y único pogromo en la Argentina. Fue cuando jóvenes de clase alta, salidos de la muy exclusiva "Sociedad Sportiva Argentina" bajo la conducción del barón Demarchi, asaltaron las sedes del Avangard, órgano del "Bund", agrupación obrera socialista judía, y la denominada "Biblioteca Rusa", para quemar luego sus libros en Plaza Congreso.

En la década de 1930, con posterioridad al golpe militar de 1930 que inició un período de medio siglo de dictaduras fascistas mayoritariamente militares en Argentina y llevó al poder al general José Félix Uriburu, se formó la Agrupación Nacional Argentina (ACG) del Partido Obrero Socialista Alemán (NSDAP). En 1931, el ACG presentó la esvástica en los periódicos, realizó el saludo hitleriano en manifestaciones anunciadas públicamente y finalmente, el día 10 de abril de 1938 organizaron un acto en el estadio Luna Park, en el que se calcula que participaron 10.000 personas o más, con motivo del festejo del Anschluss.

La retórica antisemita planteada por la Iglesia Católica también permeaba la sociedad argentina. Para los sacerdotes Gustavo Franceschi, director de la revista católica Criterio, y Leonardo Castellani, los pogromos ya no eran soluciones inimaginables. Al explicar por qué los pogromos podrían ser necesarios, el padre Julio Meinvielle, en su libro El Judío en el Misterio de la Historia de 1936, razonó que los judíos, a quienes equiparaba al anticristo, estaban promoviendo el pecado en la sociedad de Dios, que él equiparaba a la sociedad de los católicos argentinos; por lo tanto, se requería acción. Bajo la influencia de estos tres sacerdotes, la revista Criterio viró hacia el más decidido antisemitismo.

También el periódico Frente Argentino, sostenía abiertamente que asesinar judíos no era delito, y se fundó una Alianza Antijudía Argentina. La organización nacionalista más notable de la época, la Alianza de la Juventud Nacionalista, liderada por Juan Queraltó se inclinó también por una ideología antisemita cada vez más clara.Entre los intelectuales, Gustavo Martínez Zuviría tuvo gran éxito con sus novelas antisemitas, y el panfleto Los protocolos de los sabios de Sion tuvo una amplia difusión en la Argentina. Sin embargo, esa actitud no era exclusiva de la Argentina: más allá de la Alemania nazi, el antisemitismo lograba muy visibles avances en gran cantidad de países, como en los países «blancos» de la Commonwealth, en Francia o también en la Unión Soviética.

Bajo Juan Domingo Perón El propio Perón, como lo evidencian memorandos internos desde el comienzo de su carrera política, y especialmente durante su paso por el G.O.U., suscribió a una retórica antisemita que contextualizaba a los judíos de acuerdo con la teoría de dominación social propagada por los antisemitas seculares. También, en los primeros años de su gobierno respaldó a la Iglesia Católica al hacer que la enseñanza del catolicismo fuera obligatoria en todas las escuelas. Pero Perón nunca permitió que la retórica antisemita evolucionara más, negando los pedidos de medidas extremas dentro de su administración, como los campos de concentración. Este repudio externo, sin embargo, fue respondido con fuertes medidas internas antisemitas, lo que ha provocado un debate histórico sobre el legado antisemita de Perón y el peronismo.

Antes del gobierno de Perón, el canciller argentino, José Cantilo, había emitido una directiva a todos los embajadores argentinos en todo el mundo prohibiendo cualquier inmigración judía a Argentina. Esta directiva, conocida como Directiva Once, no sólo continuó bajo el gobierno de Perón, sino que se intensificó durante el tiempo en que se llevaba a cabo la solución final de Hitler. Por ejemplo, el canciller nazi Joachim Von Ribbentrop, que formó parte del equipo responsable de expulsar a todos los judíos del territorio alemán, identificó a cien judíos argentinos en territorio alemán y contactó a embajadores y ministros argentinos para su repatriación a la Argentina, buscando protegerlos de la solución final de Hitler. El gobierno de Perón ignoró al principio la oferta de Ribbentrop y, después de responder, retrasó la acción hasta después de terminada la guerra. Además, nombrado jefe de Inmigraciones bajo Perón, y posteriormente encargado de hacer cumplir la Directiva Once, fue Santiago Peralta, un nazi argentino. Mientras estuvo en el cargo, Peralta publicó dos libros que detallaban sus puntos de vista: el primer libro, titulado La acción del pueblo judío en Argentina (1943), promovió la narrativa de la "dominación social"; y en su segundo libro, La influencia del pueblo árabe en Argentina, Peralta comparó la relación judía con la sociedad con la de los quistes en el cuerpo humano.

Cuando Perón fue elegido presidente en 1946, reinstaló a Peralta como jefe de Inmigración, a pesar del clamor público por la renuncia de Peralta, y poco después se produjo un conflicto de inmigración judía. En uno de esos episodios, conocido como el Asunto Jamaica de 1946, el SS Jamaica atracó en Argentina con setenta pasajeros judíos. Al enterarse de los pasajeros del SS Jamaica, Peralta se negó a dejarlos desembarcar. La comunidad judía, indignada, recurrió directamente a Perón, quien pretendió investigar la situación pero en realidad no hizo nada, lo que provocó la salida del Jamaica con los pasajeros a bordo. Un año después ocurrió una situación similar con el SS Campana. Sin embargo, esta vez Perón dejó que los judíos desembarcaran a pesar de las objeciones de Peralta. Cabe destacar, sin embargo, que se argumenta que las acciones de Perón fueron probablemente motivadas políticamente más que altruistas, ya que cuando los judíos a bordo del Campana fueron a agradecerle personalmente a Perón, él estaba ausente de su oficina, y una semana después formó la Organización Argentino-Israelita, que dividió a la comunidad judía al otorgar privilegios especiales a aquellos que eran parte de la organización, es decir, aquellos dispuestos a prometer su lealtad a Perón. miniaturadeimagen| Un ejemplo de la representación antisemita propuesta por hombres como el padre Virgilio Filipo. También forma parte del historial de Perón su aceptación de la Alemania nazi y de los nazis durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Según el jefe del SD Walter Schellenberg en un interrogatorio realizado por estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial, una vez que Perón asumió el poder se negoció rápidamente un acuerdo que garantizaba a los nazis el paso a la Argentina sin arresto ni castigo, y la inclusión en el Servicio Secreto Argentino, a cambio de recursos nazis. Mientras estaba exiliado en España, Perón aparentemente verificó la historia de Schellenberg, explicando en grabaciones de casete que finalmente fueron transcritas cómo y por qué ayudó a los nazis a escapar a Argentina. Según Perón, los juicios de Núremberg violaron el honor militar y, por lo tanto, fueron vergonzosos, porque los aliados actuaron como si hubieran perdido a pesar de ser victoriosos. Así, junto con su asistente personal Rodolfo Freude —cuyo padre era considerado uno de los diez hombres más ricos de América Latina, era nazi y un importante, posiblemente el mayor, donante de Perón— y Santiago Peralta, su jefe nazi de Inmigración, trató de rescatar a tantos criminales de guerra convictos y colaboradores nazis como fuera posible. Entre 1946 y 1947, trece de esas personas fueron trasladadas en avión desde Madrid a Argentina, a muchas de las cuales se les concedieron puestos en su gobierno o en el ejército.

Después de Perón miniaturadeimagen| Bandera del Movimiento Nacionalista Tacuara Después de que Perón fue depuesto en 1955, un par de grupos paramilitares antisemitas florecieron en los regímenes que vinieron después. Uno de estos grupos, los Tacuara, se consideraban herederos del fascismo de la Alemania de entreguerras. Como tal, los miembros de Tacuara buscaron emular a sus herederos al continuar su exterminio de los judíos: bombardeando y disparando edificios con judíos dentro, ejecutando a estudiantes universitarios judíos y participando en acoso físico a los judíos, como tallar una esvástica en el pecho de un estudiante universitario judío. Los Tacuara también intentaron imitar a la Alemania fascista al continuar con su propaganda: colocaron carteles con las palabras "¡Judíos al Crematorio! Honor a Eichmann" por Buenos Aires. Muchos Tacuara también tenían vínculos con el Ku Klux Klan estadounidense, y luego se convertirían en miembros de la junta militar de 1976. El otro grupo, la Alianza Anticomunista Argentina (La Triple A), era una versión de extrema derecha de Tacuara que buscaba asesinatos organizados de judíos. Muchos miembros de la Triple A eran ex Tacuara, y el grupo luego inició una revista para su propaganda llamada El Caudillo, que fue subsidiada por los gobiernos de Perón y su esposa en la década de 1970. Esta revista, además de expresar su apoyo al gobierno de Perón, también abundaba en invectivas antisemitas, al igual que Alianza, perteneciente a la renacida Alianza Libertadora Nacionalista bajo la conducción de su líder histórico Juan Queraltó.

El antiguo antisemitismo de estos grupos volvió a salir a la luz durante la reunión pública que organizó la Alianza Libertadora Nacionalista con motivo de la promulgación de la ley para la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas. Allí se exhortó abiertamente a la asistencia, entre cánticos y vítores en honor de Rosas, a atacar a los judíos, y se oyó pronunciar contra ellos, a gran voz: ¡¡¡Mazorca, Mazorca, judíos a la horca!!! (siendo la Mazorca la milicia de choque del régimen rosista).

La Junta Militar de 1976-1983