La Ecología Política Feminista (EPF) es un campo de estudio que une la ecología política al feminismo, la cual estudia los conflictos ambientales, destacando el papel de las mujeres en la defensa del medio ambiente bajo la corriente del ecofeminismo. Esta corriente crítica es una praxis que deriva de la interseccionalidad de luchas feministas, movimientos socioambientales y resistencias de resistencias de pueblos originarios, mayormente de América Latina.
Cuestiona las estructuras de poder que perpetúan las desigualdades de género, clase, etnia y raza en relación con el acceso, uso, poder y control de los recursos naturales. Es una corriente que irrumpe con una perspectiva feminista que demanda una epistemología y metodología propia. Está dirigida a las nociones modernas que han normalizado las desigualdades como las dicotomías naturaleza-cultura y público-privado. Busca la deconstrucción radical de estas categorías para visibilizar las relaciones de poder que atraviesan la producción de conocimientos y prácticas sociales vinculadas al medio ambiente y la ecología. miniaturadeimagen|295x295px|Lucha Ecofeminista. Está influenciada por los ecofeminismos, especialmente Sudamericanos, los cuales han hecho una crítica al modelo del desarrollo extractivista y al colonialismo epistémico. Los ecofeminismos construyen la apertura a un diálogo crítico y proyectan el camino para que sea global. Por otro lado, también está asociada a las luchas de los pueblos originarios reconociendo la interseccionalidad entre género, etnia y territorio debido a que las mujeres indígenas se enfrentan a una carga de discriminación por ser mujeres y por pertenecer a pueblos originarios. Se busca construir alternativas al modelo de desarrollo hegemónico, promoviendo la justicia y la equidad tanto de género como ambiental.
Historia y fundamentos Con las profundas transformaciones que afectan a las economías, los entornos y las culturas a escala mundial y local como consecuencia de la industrialización y la globalización, es necesario estudiar los vínculos entre medio ambiente, género y desarrollo. El EPF rechaza la idea de que las diferencias entre los sexos en su relación con el medio ambiente sean naturales o biológicas, y las atribuye en cambio a construcciones sociales del género, que varían según la cultura, la clase social, la identidad racial y el contexto geográfico, y que evolucionan con el tiempo, dependiendo del individuo y de la sociedad.
El concepto surgió en el ámbito académico con la publicación del libro seminal Feminist Political Ecology: Global Issues and Local Experiences, editado por Dianne Rocheleau, Barbara Thomas-Slayter y Esther Wangari. Este libro reúne las aportaciones de la geografía feminista, la ecología política y el conocimiento situado del Sur global, en particular de África, América Latina y el Caribe. Surgió en diálogo con el ecofeminismo, en particular rechazando sus tendencias esencialistas y promoviendo un enfoque materialista, interseccional y político de la relación entre género y medio ambiente. Sitúa el cuerpo en el centro del análisis de las injusticias medioambientales, desafiando así el enfoque dominante de la ecología tradicional, que privilegia las escalas macroestructurales y desatiende lo vivido y lo situado.
Desde una perspectiva constructivista, se subraya que el vínculo entre mujeres y medio ambiente es resultado de una división sexual del trabajo impuesta socialmente, donde las tareas de cuidado recaen mayoritariamente en las mujeres. Esta realidad explica por qué las mujeres, en muchos contextos, lideran luchas socioambientales, aunque estas suelen ser invisibilizadas, criminalizadas o violentamente reprimidas. Las desigualdades de género se reproducen incluso dentro de los espacios ecologistas, donde las voces masculinas siguen teniendo mayor visibilidad y legitimidad. Frente a estas lógicas, las propuestas feministas defienden el reconocimiento de las emociones y los afectos como formas válidas de conocimiento, necesarias para una comprensión más compleja de las relaciones entre personas, territorios y naturaleza .
Desarrollo latinoamericano propio de la ecología política feminista La Ecología Política Feminista Latinoamericana (EPFLA) no puede reducirse a una simple variante regional de la EPF. Tiene una trayectoria autónoma, estrechamente enraizada en los contextos sociohistóricos, las resistencias territoriales y las luchas populares específicas del continente latinoamericano. No se trata de un proceso de difusión de conocimientos desde el Norte (también conocido como Occidente) hacia el Sur, sino de un desarrollo teórico y político nacido de las dinámicas críticas internas de la región.
Se basa en una rica tradición de activismo feminista, ecológico y comunitario, llevado a cabo en particular por movimientos de mujeres indígenas, negras, campesinas y populares. Lo que lo distingue es su arraigada conexión entre experiencia vivida, conocimiento situado y prácticas en defensa de la vida frente al extractivismo, la militarización y la violencia estructural estatal. Uno de los conceptos centrales de este movimiento es el de cuerpo-territorio, desarrollado en particular por Lorena Cabnal dentro de los feminismos comunitarios. Este concepto establece un vínculo directo entre los ataques a los cuerpos, en particular los de las mujeres y las personas racializadas, y las formas de desposesión o destrucción medioambiental de los territorios.
Adopta una postura epistemológica y política decididamente anticolonial. Se inscribe en una crítica radical de la colonialidad del poder, concepto ampliamente inspirado por Silvia Rivera Cusicanqui y debatido por los límites del marco decolonial tal y como suele teorizarse en los círculos académicos globalizados que denuncia. Como tal, rechaza cualquier intento de subsumir sus contribuciones bajo paradigmas importados, afirmando la especificidad de sus prácticas, lenguajes y horizontes políticos.
Metodología La metodología adopta una postura crítica frente al conocimiento dominante, en particular el transmitido por las llamadas políticas medioambientales neutrales, al revelar su carácter androcéntrico y colonial. Así, los métodos de investigación cualitativa privilegiados incluyen relatos de vida, entrevistas semiestructuradas y el análisis de historias orales, como herramientas para reconstruir las experiencias corporales, afectivas y políticas de las mujeres involucradas en la gestión comunitaria de recursos, la resistencia al extractivismo y las prácticas de cuidado ecológico.
Esta investigación también se basa en un análisis multisituado, atento a las territorialidades específicas, y en el análisis de las alianzas transnacionales y epistémicas entre colectivos de mujeres, investigadores y profesionales. En un contexto latinoamericano marcado por la creciente feminización de las luchas medioambientales, a menudo a costa de una violencia extrema contra activistas como Berta Cáceres o Marielle Franco, esto pone de relieve el papel central desempeñado por las mujeres en la resistencia a la crisis socioecológica. Frente a un enfoque más teórico y dominante, las epistemologías del Sur hacen hincapié en las raíces prácticas de las luchas, destacando las experiencias concretas, locales y colectivas protagonizadas por mujeres. Este enfoque metodológico se basa en el diálogo entre el conocimiento activista y el académico, utilizando herramientas como las metodologías participativas y la investigación-acción, heredadas de pensadores latinoamericanos como Paulo Freire y Orlando Fals-Borda. Ayuda a reinterpretar conceptos clave como interseccionalidad, agencialidad y multiescalaridad, anclándolos en dinámicas locales concretas. Abre así el camino a una ecología política feminista concebida desde y para América Latina, que busca reducir la brecha entre teoría y práctica, pero también entre conocimiento científico y experiencia vivida
Concede un lugar central a la visualización crítica (cartografías feministas, cartografías contrahegemónicas) y a las prácticas o narrativa transmedia (cuadernos de campo ilustrados, producciones narrativas colectivas), consideradas no sólo como herramientas analíticas, sino también como actos políticos en sí mismos, capaces de desafiar las hegemonías cognitivas y de valorar formas del llamado otro conocimiento. Esta orientación metodológica coincide plenamente con los planteamientos adoptados en el estudio realizado en Fredonia, donde las autoras valoran los saberes situados de las mujeres rurales, al tiempo que critican la invisibilización institucional de sus prácticas de cuidado del agua y de la tierra.
Por ejemplo, para conocer y visibilizar las prácticas de cuidado ecológico que realizan las comunidades rurales en torno al maguey pulquero, planta simbólica y nutritiva del estado de Hidalgo, Soto Alarcón, Diana Xóchitl González Gómez, Araceli Castañeda y Guillermo González Luis adoptaron una metodología de investigación-acción participativa enraizada en la EPF y la economía comunitaria. Ante la degradación de los ecosistemas, la erosión de los conocimientos locales y la marginación de las mujeres en las políticas de desarrollo, los investigadores trabajaron en colaboración con grupos de productores de varias localidades (San Gabriel Azteca Zempoala, San Andrés Daboxtha Cardonal, Singuilucan). Recolectaron datos de campo a través de observaciones, discusiones y la construcción conjunta de conocimiento. El análisis se basa en el concepto de comunidades cuidadoras, colectivos híbridos comprometidos con el cuidado y la regeneración socioecológica. El objetivo de esta metodología es documentar, fortalecer y politizar estas prácticas, produciendo un conocimiento crítico y situado que sea sensible a las relaciones de género, las dinámicas de poder y las realidades territoriales, en respuesta a los límites del desarrollo dominante.
Ejes conceptuales
Poder y género En lo que respecta al género, ciertas perspectivas provenientes del ecofeminismo y la ecología política feminista sostienen que el vínculo de las mujeres con el medio ambiente se basa en una conexión esencial o sagrada entre las mujeres, la naturaleza y las tareas de cuidado. Según la filósofa Alicia Puleo, ésta es la llamada corriente espiritualista dentro del ecofeminismo, que podría ilustrarse con el discurso de Vandana Shiva. Esta última parece querer revalorizar lo femenino frente a una clasificación dualista resultante del heteropatriarcado, que tiende a asociar lo femenino con la naturaleza, la emoción y lo privado, y a subordinarlo a lo masculino, la cultura, la razón y lo público, en una lógica de oposición.
Por otra parte, cabe destacar que a pesar del contraste, uno de los pilares fundamentales es el análisis de las relaciones de poder a través del género como un eje central en la articulación de relaciones de poder en los ámbitos económicos, políticos y medioambientales. El género opera como un superbonificador que estructura y articula las dinámicas de poder. Tomando esta perspectiva, se rechaza todas estas narrativas las cuales esencializan y asocian a las mujeres como guardianas naturales del medio ambiente, analizando los discursos que las han llegado a vincular de una manera ahistórica. Enfatizando en la comprensión de cómo las desigualdades de género influyen en el control de los recursos naturales, de igual manera se propone analizar la participación en la toma de decisiones frente a las diversas injusticias socioambientales.
EPF laica y espiritual Desde esta perspectiva, se cuestionan fuertemente las narrativas que presentan a las mujeres como guardianas naturales del medio ambiente, al evidenciar cómo estos discursos esencialistas y ahistóricos reproducen estereotipos patriarcales.