La guerra vándala de los años 429 a 435 fue un conflicto bélico ocurrido en el Imperio romano occidental que enfrentó a los vándalos y alanos de la diócesis de Hispania contra el Imperio por el control de la diócesis de África.

Comenzó en la primavera del año 429 cuando, tras bastantes meses de preparativos, una masa humana de liderada por Genserico cruzó el estrecho de Gibraltar y sin oposición militar relevante, inició una marcha de casi a lo largo de las provincias africanas durante la cual saquearon ciudades, asesinaron a buena cantidad de provincianos y violaron a religiosas de credo niceno. Para primavera del 430 habían llegado cerca de la ciudad de Hipona donde tuvieron la primera batalla importante contra el ejército romano comandado por Bonifacio y que se saldó con victoria de los invasores. Los supervivientes derrotados se refugiaron en la ciudad que fue sometida a un asedio de catorce meses sin que las tropas de Genserico pudieran tomarla.

Para entonces, los gobiernos oriental y occidental del Imperio romano habían organizado una expedición conjunta de socorro que arribó a Cartago en verano de 431 y se enfrentó, al poco, contra las tropas de Genserico quienes, de nuevo, obtuvieron una contundente victoria tras lo que el ejército romano se refugió en Cartago mientras que los vándalos y alanos se asentaron en Hipona donde establecieron su capital. Siguió un impasse de varios años durante los que los romanos carecieron de fuerza militar para volver a atacar a los invasores mientras que estos eran incapaces de asaltar Cartago hasta que, en 435, el peligro de una invasión de los hunos en el área del río Danubio hizo necesario el retorno del ejército oriental. Para ello, su líder Aspar acordó un tratado de paz con Genserico que le reconoció la posesión del territorio que ya controlaba su ejército y les dio el estatus de federados del Imperio occidental; a cambio, estos renunciaron a atacar el territorio romano remanente.

Antecedentes

Vándalos y alanos en Hispania

La campaña militar llevada a cabo por los visigodos entre 416 y 418 consiguió recuperar para el Imperio el control de casi toda la diócesis de Hispania a excepción de la provincia de Gallaecia donde quedaron arrinconados los pueblos invasores Esto tuvo, sin embargo, el resultado colateral de que tanto los vándalos silingos como los alanos se unieron a los vándalos asdingos y entre los tres pueblos formaron un grupo con una capacidad militar considerable que les permitió ocupar, otra vez en 420, la Bética. Este nuevo poder quedó de manifiesto cuando, en 422, infringieron una sonada derrota al ejército imperial enviado a Hispania para eliminarlos.

A raíz de la muerte de Honorio en 423, se desató una lucha por el poder dentro del Imperio romano que hizo posible a los vándalos actuar libremente en la Bética. Sin oposición militar significativa, entre 422 y 426 pudieron tomar importantes puertos en la costa mediterránea, en especial Cartagena, desde donde lanzaron incursiones de saqueo contra las islas Baleares y la provincia de Mauritania Tingitana que no fueron efectuadas con barcos de guerra sino con los de transporte existentes en las localidades costeras que controlaban. Estas acciones les permitieron dos cosas: por un lado, adquirieron una experiencia en la navegación marítima que posteriormente pudieron aprovechar para cruzar, con éxito, el estrecho de Gibraltar, por otro, les facilitó conocer el estado y capacidad de las defensas romanas en África. Parece, incluso, que llegaron a establecer una cabeza de puente en la citada Mauritania Tingitana.

El Imperio occidental a finales de la década de 420

Situación general

En 418, Flavio Constancio había conseguido estabilizar el Imperio occidental y alcanzar un equilibrio con el que finalizó la gran crisis que lo había azotado desde el año 406. Esta situación se vino abajo al poco de su muerte en septiembre de 421 cuando, el siguiente 422, su principal cuerpo del ejército cayó a manos de los vándalos en la provincia de Bética y posteriormente, en 423, se desató una guerra civil tras la muerte de Honorio que enfrentó a Teodosio II, quien había quedado como emperador único e intentó gobernar todo el imperio desde Constantinopla, contra Juan a quién los altos funcionarios occidentales habían elevado como emperador propio. Tras finalizar esta contienda en 425, con la victoria de Teodosio, y durante los siguientes años, el Imperio occidental tuvo que hacer frente a ataques en la Galia por parte de visigodos (en 425) y francos ripuarios (en 426) mientras que el comandante supremo del ejército impuesto por Teodosio II, Félix, intentó centralizar el poder militar mediante la eliminación de Bonifacio, quien controlaba la diócesis de África, lo que dio lugar a otra guerra civil entre los años 427 y 428.

Situación en la diócesis de África

Como consecuencia de la crisis entre 406 y 418 el Imperio occidental había perdido la mitad de su ejército de campo y buena parte de los ingresos que provenían de Italia, Galia e Hispania. Aunque la diócesis de África no se había visto afectada por las invasiones, sí que lo fue militarmente por una de las tres guerras civiles que se libraron durante ese periodo: la que enfrentó a Heracliano y Flavio Constancio en el año 413 durante la que, el primero, invadió Italia con el ejército africano y fue masacrado en la batalla de Otricoli. Como la reconstrucción militar del Imperio tras 418 dio preferencia a la defensa de Italia y la Galia, los contingentes de África no tuvieron que ser repuestos a sus números originales y cuando Bonifacio se trasladó a esta diócesis en 422 tuvo que llevar consigo un ejército de bucelarios visigodos. El periodo entre 422 y 428 debilitó, aún más, a las fuerzas militares destinadas en África porque sufrieron tres veces los ataques del ejército italiano: en 424, enviado por Juan; en 427, enviado por Félix y nuevamente, junto a los visigodos, en 428, por iniciativa de Gala Placidia. De hecho, en esta última ocasión, Bonifacio tuvo que abandonar Cartago y recurrir a tácticas de guerrilla para defenderse.

Desarrollo

Preparación de la invasión y cruce del estrecho de Gibraltar miniaturadeimagen|Representación de Genserico cruzando el estrecho de Gibraltar.|alt= Las razones por las que los vándalos decidieron abandonar una región fértil como la Bética y acometer la invasión y conquista de la diócesis africana han sido objeto de debate historiográfico. Algunos historiadores siguen lo indicado por autores romano orientales que escribieron siglos después de los hechos y la basan en un acuerdo con Bonifacio para ayudarle en la guerra que mantenía contra el gobierno imperial mientras que otros señalan que ningún autor romano occidental contemporáneo recogió esta historia y defienden que los vándalos simplemente decidieron aprovechar la debilidad militar romana en África y la guerra civil en curso para hacerse con las ricas provincias africanas donde, además, pensaban que estaría más seguros frente a futuros ataques romanos.

El cruce del estrecho de Gibraltar era una operación compleja por lo que comenzó a prepararse entre los años 427 y 428. Se debió reunir una gran flota de pequeños barcos pesqueros y comerciales que pudiesen transportar a las personas, bagajes y los suministros necesarios además de organizar el abastecimiento de los que esperaban cruzar durante las semanas o incluso meses que necesitase la operación. Estas preparaciones no tuvieron que pasar desapercibidas para los romanos y se puede entender en este contexto la campaña que emprendieron los suevos contra los vándalos a inicios de 429 en la que atacaron Emerita Augusta y que parece realizada por encargo del gobierno de Rávena como contrapartida a la ayuda imperial prestada durante la guerra suevo-vándala en 420. Los ejércitos de ambos pueblos se enfrentaron cerca del río Guadiana con clara victoria vándala y el comandante suevo, Heremigario, murió ahogado en la huida.

Aunque los vándalos y alanos eran el elemento dominante, se estima que también se unieron a ellos contingentes godos, suevos y de desertores romanos. Juntos, formaban una masa humana de de los que aproximadamente de ellos eran guerreros; una fuerza militar similar a los ejércitos de campaña romanos y ante la que las mermadas fuerzas africanas poco podrían hacer. El cruce se efectuó en la primavera de 429 sin que ninguna flota romana interviniese para impedirlo de tal manera que en mayo quedó completado y los vándalos establecidos al otro lado del estrecho.

La travesía por África

Desde el norte del actual Marruecos, probablemente alrededor de Ceuta, los invasores emprendieron su marcha de hacia el este. Para ello, siguieron la ruta junto a la costa y primero tuvieron que atravesar de la semidesértica Mauritania Tingitana sin que las posibles tropas remanentes del comes Tingitaniae les hiciesen frente. Entraron, entonces, en la relativamente más próspera provincia de Mauritania Cesariense. Aquí encontraron las primeras ciudades importantes que, en caso de no estar amuralladas, fueron saqueadas sin piedad para abastecerse y se estima que atacaron Altava, Portus Magnus, Cartennae, Caesarea, Icosium y Auzia. Lo mismo ocurrió en la siguiente provincia de Mauritania Cesariense donde arremetieron contra su capital, Sitifis, sin que nada hiciesen los efectivos al mando del dux Mauretaniae encargados de proteger ambas provincias lo que hace ver que, o ya no existían, o quedaban muy pocos.

Los invasores extendieron el terror entre los habitantes de las provincias por donde pasaron, en especial, los religiosos de confesión católica nicena y quedó registro de como estos se dirigieron a San Agustín preguntándole si podían huir para salvar su vida o debían permanecer con los fieles y morir, además de las violaciones que sufrieron las religiosas. Los habitantes más acomodados fueron, igualmente, objetivo preferente lo que llevó a gran parte de ellos a abandonar su propiedades y huir a Italia.

Bonifacio intenta detener a los invasores miniaturadeimagen|derecha|400px|Mapa de la guerra contra los vándalos de los años 429 a 435 con las zonas de control, movimientos y enfrentamientos armados. En 430 los invasores atravesaron la provincia de Numidia y entraron en la rica África Proconsularis tras un largo año de marcha desde su desembarco en África debido a la lentitud de movimientos de esa masa humana y la necesidad de encontrar suministros. Allí se dividieron en varios grupos y saquearon las ciudades de Calama, Thagaste, Sicca y Thuburbo Maius. Incluso, intentaron tomar la ciudad de Cartago mediante un golpe de mano sorpresa que resultó un fracaso.

El comes Africae Bonifacio, para entonces, había reunido a las fuerzas que pudo: los remanentes del ejército africano, parte de las tropas italianas que se quedaron allí tras la reciente guerra civil y sus bucelarios visigodos. Con ellos se dirigió a buscar a los invasores quienes para presentar batalla se concentraron junto a Hipona. Aunque la diferencia de efectivos de ambos ejércitos no era excesiva, las fuerzas de Genserico superaban en número a las de Bonifacio y lo que fue más determinante, eran guerreros más curtidos y experimentados que las tropas imperiales que tenían enfrente. La batalla se saldó con una clara victoria de los invasores y las fuerzas imperiales supervivientes se retiraron a Hipona.

Comenzó, entonces, el asedio de la ciudad por parte de los vándalos quienes tenían una capacidad limitada para asaltar las murallas y únicamente pudieron bloquearla. Sin embargo, Hipona disponía de buenos elementos defensivos y podía ser abastecida por mar lo que llevó a un largo cerco de catorce meses que agotó tanto a los sitiados como a los sitiadores y durante el cual murió San Agustín. En julio de 431 los invasores cesaron el asedio y tanto el ejército como los habitantes aprovecharon la ocasión para abandonar la ciudad y refugiarse en Cartago donde se esperaba la llegada de refuerzos.