El comercio global de residuos consiste en intercambio internacional de desechos entre países para su posterior tratamiento, eliminación o reciclaje. Los residuos tóxicos o peligrosos suelen ser importados por países en desarrollo desde países desarrollados.
El informe del Banco Mundial titulado What a Waste: A Global Review of Solid Waste Management describe la cantidad de residuos sólidos generados en un país determinado. Específicamente, los países que producen más residuos sólidos tienden a ser los más desarrollados económicamente y más industrializados. El informe señala que, en general, cuanto mayor es el desarrollo económico y la tasa de urbanización, mayor es la cantidad de residuos sólidos producidos. Por lo tanto, los países del Norte Global, que son más desarrollados económicamente y están más urbanizados, generan más residuos sólidos que los países del Sur Global.
Los flujos actuales del comercio internacional de residuos siguen un patrón en el que los residuos se producen en el Norte Global y se exportan para ser eliminados en el Sur Global. Diversos factores determinan qué países generan residuos y en qué cantidad, incluyendo su ubicación geográfica, grado de industrialización y nivel de integración en la economía global.
Numerosos académicos e investigadores han vinculado el aumento drástico del comercio de residuos y sus impactos negativos con las políticas económicas neoliberales. Con la transición económica en la década de 1980 hacia políticas neoliberales, el mercado libre ha facilitado el incremento del comercio global de residuos. Henry Giroux, catedrático de Estudios Culturales en la Universidad McMaster, define la política económica neoliberal de la siguiente manera:: "El neoliberalismo, elimina la economía y los mercados del discurso sobre obligaciones sociales y costos sociales. Como política y proyecto político, el neoliberalismo está comprometido con la privatización de los servicios públicos, la venta de funciones estatales, la desregulación de las finanzas y el trabajo, la eliminación del estado de bienestar y los sindicatos, la liberalización del comercio de bienes e inversiones de capital y la mercantilización y comodificación de la sociedad." Bajo esta plataforma económica de privatización, el neoliberalismo se basa en expandir acuerdos de libre comercio y establecer fronteras abiertas a los mercados internacionales. La liberalización del comercio, una política económica neoliberal en la que el comercio se desregula completamente, eliminando aranceles, cuotas y otras restricciones, busca fomentar las economías de los países en desarrollo e integrarlos a la economía global. Sin embargo, críticos argumentan que, aunque el libre mercado fue hecho para ayudar a que los países sean exitosos económicamente, las consecuencias de estas políticas han sido devastadoras para los países del Sur Global, debilitando sus economías y sometiéndolas al servicio del Norte Global. Incluso organismos como el Fondo Monetario Internacional reconocen que “el progreso de la integración ha sido desigual en las últimas décadas”.
En particular, los países en desarrollo han sido objetivo de políticas de liberalización comercial para importar residuos como medio de expansión económica. La política económica neoliberal sostiene que la forma de integrarse a la economía global es participar en la liberalización del comercio e intercambiar en los mercados internacionales. Quienes promueven esta idea afirman que los países más pequeños con menos infraestructura, riqueza y capacidad de manufactura, deberían aceptar residuos peligrosos como una vía para aumentar sus ganancias y estimular sus economías.
Debate actual sobre el comercio global de residuos
Argumentos a favor Los defensores actuales del comercio global de residuos argumentan que importar residuos es una transacción económica que puede beneficiar a países con poco que ofrecer a la economía global. Países que no tienen la capacidad de producción para fabricar productos de alta calidad pueden importar residuos para estimular su economía.
Lawrence Summers, expresidente de la Universidad de Harvard y economista jefe del Banco Mundial, emitió un memorando confidencial en 1991 defendiendo el comercio global de residuos. El memorando afirmaba:
"Creo que la lógica económica de descargar una carga de residuos tóxicos en el país con los salarios más bajos es impecable y deberíamos aceptarlo. Siempre he pensado que los países de África están enormemente subcontaminados; la calidad de su aire probablemente es ineficientemente baja en comparación con Los Ángeles. Solo entre tú y yo, ¿no debería el Banco Mundial fomentar más la migración de las industrias sucias a los países menos desarrollados?"
Esta postura, motivada principalmente por consideraciones económicas y ganancias financieras, representa el argumento principal a favor del comercio global de residuos. El Cato Institute publicó un artículo apoyando esta práctica, sugiriendo que hay poca evidencia de que los residuos peligrosos que a menudo son cancerígenos crónicos,aumenten las tasas de mortalidad en los países en desarrollo. Ampliando este punto, el artículo sostiene que las personas en los países en desarrollo aceptarían racionalmente una mayor exposición a contaminantes peligrosos a cambio de oportunidades para aumentar su productividad y por ende, sus ingresos.
En general, el argumento a favor del comercio global de residuos se basa en la percepción de que los países en desarrollo necesitan avanzar en su desarrollo económico. Sus defensores sugieren que, al participar en este comercio, los países del Sur Global expandirán sus economías y aumentarán sus beneficios.
Críticas Los críticos del comercio global de residuos alegan que la falta de regulación y las políticas erróneas han provocado que los países en desarrollo se conviertan en vertederos tóxicos de residuos peligrosos. La cantidad creciente de residuos peligrosos enviados a estos países incrementa el riesgo desproporcionado que enfrentan sus habitantes. Estos críticos destacan la enorme cantidad de residuos peligrosos con los que deben lidiar las personas en países más pobres, señalando que la mayoría de estos residuos son producidos por países occidentales (Estados Unidos y Europa), mientras que quienes sufren las consecuencias negativas para la salud son habitantes de países pobres que no generaron dichos residuos.
Peter Newell, profesor de Estudios del Desarrollo, argumenta que la desigualdad ambiental refuerza y al mismo tiempo refleja otras formas de jerarquía y explotación basadas en la clase, la raza y el género. Además, sostiene que los efectos perjudiciales del comercio de residuos afectan más a las personas desfavorecidas y que las consecuencias de verter residuos peligrosos tienen un impacto significativo especialmente en personas de color, mujeres y personas de bajos ingresos.
Criticando el comercio global de residuos por reproducir la desigualdad a escala mundial, muchos activistas, organizadores y ambientalistas de regiones afectadas en el Sur Global han expresado su descontento con las políticas de este comercio. Evo Morales, expresidente de Bolivia, argumenta en contra del sistema económico actual que fuerza la explotación de su país y su pueblo. Él afirma: "Si queremos salvar el planeta Tierra, salvar la vida y la humanidad, tenemos el deber de poner fin al sistema capitalista. A menos que acabemos con el sistema capitalista, es imposible imaginar que habrá igualdad y justicia en este planeta, por eso creo que es importante poner fin a la explotación de los seres humanos y al saqueo de los recursos naturales, las guerras destructivas por mercados y materias primas, al expolio de la energía, especialmente los combustibles fósiles, al consumo excesivo de bienes y a la acumulación de residuos. El sistema capitalista solo nos permite acumular desperdicios". Jean Francois Kouadio, un nativo africano que vive cerca de un vertedero tóxico en Costa de Marfil, relata su experiencia con los efectos de las sustancias tóxicas que persisten en su comunidad. Con grandes corporaciones occidentales descargando sus residuos tóxicos en Costa de Marfil, Kouadio perdió a dos hijos por los efectos de estos residuos, describe la pérdida de su segunda hija, Ama Grace, y como los médicos afirmaron que la causa había sido la glicemia aguda provocada por los residuos tóxicos. Además de las críticas desde el Sur Global, investigadores y académicos de Occidente han comenzado a cuestionar la distribución desigual de los efectos negativos causados por estos vertidos de residuos peligrosos. Dorceta Taylor, profesora de la Universidad de Michigan, argumenta la manera en que las mujeres de color en Estados Unidos se ven desproporcionadamente afectadas por estas políticas: "Las mujeres de color han estado a la vanguardia de la lucha por visibilizar los problemas que devastan a las comunidades minoritarias: problemas como la eliminación de residuos peligrosos; la exposición a toxinas, entre otros. Sus comunidades, algunos de los entornos más degradados, son depósitos de los productos de desecho de la producción capitalista y el consumo excesivo. Como resultado, han estado en la vanguardia de la lucha por la justicia ambiental; son las fundadoras de grupos ambientales, activistas de base, investigadoras, organizadoras de conferencias, líderes de talleres, lobistas y organizadoras de campañas y comunidades".
T.V. Reed, profesor de Inglés y Estudios Americanos en la Universidad Estatal de Washington, sostiene que la correlación entre el colonialismo histórico y el colonialismo tóxico se basa en la percepción de las tierras indígenas como "desperdicio". Argumenta que las culturas occidentales han considerado las tierras indígenas como "subdesarrolladas" y "vacías", por lo tanto, las personas que las habitan son menos "civilizadas". Utilizando las premisas históricas del colonialismo, el colonialismo tóxico reproduce estos mismos argumentos al definir las tierras del Sur Global como prescindibles para los residuos occidentales.
Colonialismo tóxico El colonialismo tóxico, definido como el proceso por el cual los estados subdesarrollados se utilizan como alternativas baratas para la exportación o eliminación de la contaminación por residuos peligrosos por parte de estados desarrollados, es la crítica central contra el comercio global de residuos. Este colonialismo representa la política neocolonial que continúa manteniendo la desigualdad global hoy en día a través de sistemas comerciales injustos. El término "colonialismo" se utiliza porque las características del colonialismo que involucran dependencia económica, explotación laboral y cultural están íntimamente asociadas con el nuevo ámbito del colonialismo tóxico de residuos.
Residuos electrónicos
Los residuos electrónicos, también conocidos como e-waste, se refieren a dispositivos eléctricos o electrónicos desechados. El rápido aumento de residuos electrónicos en todo el mundo ha resultado de avances tecnológicos acelerados, cambios en los medios (cintas, software, MP3), la caída de precios y la obsolescencia planificada. Se estima que se producen 50 millones de toneladas de e-waste cada año, la mayoría proveniente de Estados Unidos y Europa. Gran parte de estos residuos electrónicos se envía a países en desarrollo en Asia y África para ser procesados y reciclados.
Diversos estudios han investigado los efectos ambientales y de salud de estos e-waste en las personas que viven y trabajan cerca de los vertederos de residuos electrónicos. Los metales pesados, toxinas y productos químicos presentes en estos residuos se filtran hacia los cuerpos de agua y las aguas subterráneas circundantes, intoxicando a la población local. Las personas que trabajan en estos vertederos, los niños locales que buscan artículos para vender y las comunidades cercanas están expuestos a estas toxinas mortales.