La guerra entre la Liga Hanseática y la Unión de Kalmar, conocida también como la guerra danesa-hanseática (; distíngase de la guerra danesa-hanseática del siglo anterior), la segunda guerra danesa-hanseática o la guerra danesa-holsteiniana-hanseática, fue un conflicto militar entre la Unión de Kalmar liderada por el Reino de Dinamarca y la Liga Hanseática, que tuvo lugar entre 1426 y 1435 en el Báltico. El casus belli de la guerra fue la instauración de los peajes del Sund por Dinamarca (después de intervenir a favor del condado de Holanda, entonces parte de los Países Bajos Borgoñones, en detrimento de la Hansa), aunque en realidad fue la culminación de un largo período de tensiones cada vez más elevadas entre ambas potencias, prácticamente desde que Erico de Pomerania subiera al trono de la unión dinástica escandinava tres décadas antes.

En el marco de esta guerra, que abarcaba la mayor parte de las regiones costeras de Europa del Norte, se desarrolló por primera vez una intensa guerra de corsarios (también en el mar del Norte, pero especialmente en el mar Báltico), en la que participaron holandeses, ingleses y los Hermanos vitalianos. La guerra introdujo por primera vez de forma clara a los Países Bajos como un actor a tener en cuenta en la puja por el comercio en el Báltico, que seguiría durante el conflicto hanseático-holandés poco después, a partir del cual la presencia neerlandesa en el Báltico (y en general como potencia marítima en auge) quedaría patente, si bien la guerra con Dinamarca sería en principio ganada de nuevo por los hanseáticos (y Holstein). En todo caso, ambos conflictos se consideran estrechamente relacionados.

Antecedentes Desde que la Liga Hanseática ganara la guerra anterior contra Dinamarca (con la firma de la Paz de Stralsund en 1370), su poder en el comercio del Báltico era incontestable (ejerciendo en muchos aspectos un monopolio sobre las rutas comerciales). Tanto así, que a mediados de los años 1380 renunció a varios de sus fuertes menos estratégicos en Escania a favor de Dinamarca y procedió a disolver la Confederación de Colonia (la alianza militar que había ganado la guerra y que estaba asegurando que los términos del tratado se cumplieran). Los hanseáticos ya se habían asegurado una exención del pago de impuestos en el mercado de Escania y la restauración de sus privilegios en Gotlandia (y, prácticamente, en todas las islas bálticas).

Si bien la presencia de la Hansa, y en general lo que los daneses consideraban una exorbitante influencia alemana en la región —desde las rutas bálticas hasta las pujas con Holstein por el poder en Jutlandia o la ocupación de la corona sueca por la casa de Mecklemburgo— fue uniendo a los países nórdicos, habitualmente sumidos en conflictos internos, en su rivalidad con la Liga. Las tensiones irían a más según se acercaba el fin del siglo, pasando por eventos como la muerte de Alberto I de Suecia (III de Mecklemburgo), la subida al trono sueco de Margarita I de Dinamarca y, finalmente, la unión de las tres monarquías escandinavas en la misma persona de Margarita, fundando la Unión de Kalmar (principalmente con el propósito de contrastar la hegemonía hanseática).

Entre las acciones tomadas por Margarita destacan la expropiación de las plazas fortificadas en Escania que aun quedaban en manos de la Liga (muchas de ellas bajo control sueco de facto, que ya no tenía que ver con los Mecklemburgo) y la revocación del derecho de veto contra candidatos al trono danés que la Liga Hanseática tenía bajo los términos del tratado de Stralsund. Aunque con estas acciones la monarca dejó a las ciudades hanseáticas en la práctica fuera de los asuntos de Dinamarca, lo cierto es que las relaciones entre ambas entidades durante el reinado de Margarita eran más corteses que tensas. Los hanseáticos, al fin y al cabo una federación comercial de Estados más que una entidad política cohesiva, no tenían intenciones de administrar las ciudades de Escania, y sus disputas territoriales se limitaban a algunos de sus miembros y en todo caso al margen de la península escandinava. Durante casi dos décadas desde el armisticio, nunca ejercieron su derecho de veto y permitían a los daneses comerciar libremente (mientras que estos se comprometían al libre comercio en todo el Báltico, sin limitaciones ni aranceles, uno de los objetivos principales de la Hansa). Con Margarita, en esencia, aquello no cambió, por lo que, a pesar de que algunas de sus acciones pusieron a la Hansetag sobre aviso, no hubo ningún conflicto militar concreto entre los bandos durante su reinado.

Sin embargo, el sucesor de Margarita, Erico de Pomerania, a pesar de que en parte procedía de una estirpe alemana (de Pomerania y de Mecklemburgo), como descendiente de Haakon Magnusson y Magnus Ladulás albergaba sentimientos patrióticos escandinavos y era ávido de poder. En 1410 emprendió con el apoyo de rebeldes de Lübeck (la capital hanseática de facto) una guerra contra los señores de Holstein (condes de Schauenburg) en el ducado de Schleswig, que se convertiría en un largo conflicto que duraría 25 años. La guerra de la Unión de Kalmar contra Dinamarca se considera una parte de este conflicto, y su resultado se considera al mismo tiempo el resultado del conflicto danés con Holstein, muy favorable para este último pese a una temprana intervención del emperador del Sacro Imperio Romano a favor del monarca escandinavo. Este resultado fue afectado además por la rebelión sueca de Engelbrekt.

Desarrollo del conflicto miniaturadeimagen|193x193px|Erico de Pomerania, rey de Dinamarca y de la Unión de Kalmar. En 1426, Erico abrió el comercio del Báltico a la flota holandesa e introdujo un nuevo peaje en el estrecho del Sund (para todas las embarcaciones no danesas, una clara violación de la Paz de Stralsund). Aquellos barcos hanseáticos que pasaban por el estrecho y se negaban a pagar el peaje fueron capturados por los daneses. Con este fin, Erico mandó construir una «fortaleza aduanera» en Elsinor (frente a Helsingborg, en el lado danés de la boca norte del Sund y su punto más estrecho; véase Historia del castillo de Kronborg). Estas no eran las únicas acciones realizadas por la Unión de Kalmar, que además pactó una alianza con el Reino de Polonia —rival de las ciudades pomeranas de la Hansa— y dio su visto bueno a la competencia por parte de comerciantes ingleses en los puertos escandinavos (que sería el preludio de un conflicto mercantil que culminaría en la guerra anglo-hanseática un par de décadas después).

El negocio del comercio de sal era en esa época la mayor fuente de ingresos de la Liga Hanseática, habiéndose desarrollado una industria entera (llamada Baienfahrt) en torno a la flota mercante dedicada al transporte de sal entre el Báltico y las costas del mar del Norte de la Europa Occidental (particularmente Francia), a través de Skagerrak, Kattegat y el Sund. Para proteger a sus barcos en su regreso del mar del Norte, las seis principales ciudades wendas —Lübeck (de nuevo liderando el bando hanseático), Hamburgo, Rostock, Wismar, Greifswald y Stralsund— enviaron sus flotas de guerra al estrecho del Sund como escolta, y, al comprobar las condiciones impuestas por los daneses, impusieron una prohibición comercial en los mercados del litoral escandinavo, sobre todo en Escania, e instauraron un bloqueo naval sobre los puertos nórdicos. Con esta acción la Hansa declaró de facto la guerra a Dinamarca, alineándose con el conde Enrique IV de Holstein (ya con el fallo imperial a favor de los daneses).

miniaturadeimagen|192x192px|Coca hanseática, el tipo de embarcaciones que formaban el grueso de la flota wenda en el . El grupo de ciudades wendas era casi el mismo que las que habían luchado contra Suecia en la guerra del Norte de 1341, casi un siglo antes del final de este conflicto, lo cual demuestra que a grandes rasgos, a pesar de todas las incorporaciones y disgregaciones de ciudades y regiones de la Liga Hanseática, el núcleo de la federación germana seguía siendo el mismo. La precipitada decisión de lanzar un bloqueo marítimo sin pasar por la dieta hanseática ni tener en cuenta los intereses de otras regiones de la Hansa que comerciaban con estos puertos generó una oposición a la guerra por parte de una serie de ciudades hanseáticas y aliadas, desde las livonias y «prusianas» (nombre metonímico que reciben las ciudades regidas por el Estado teutónico) hasta las neerlandesas. Por lo que el conflicto con la Unión de Kalmar atañía más bien a la Hansa germánica, a saber, las ciudades wendas, pomeranas y sajonas. Las ciudades neerlandesas de hecho libraban su propia guerra mercantil contra la Hansa (que varios años después se convertiría en una guerra en toda regla). Antes aliados e incluso miembros de la Liga (en el caso de algunas), se irían convirtiendo en el mayor aliado de la Unión de Kalmar, proporcionándola con provisiones y en ocasiones lanzando contrabloqueos a embarcaciones hanseáticas en el mar del Norte. Aquello propició una importante mejora económica de las ciudades portuarias de Holanda y Zelanda, que pronto se enriquecerían de su nueva posición, estableciéndose como región clave en el comercio europeo.

Los siguientes años verían cambios en la tendencia de la guerra, con cada uno de los bandos sumándose victorias y derrotas, convirtiéndose la contienda en una guerra de atrición en ambas direcciones. De hecho, en 1940, unas agotadas Rostock y Stralsund optarían por firmar la paz con Dinamarca por su cuenta, mientras que Lübeck, Hamburgo, Wismar y Luneburgo (esta última, considerada la capital de sal del norte de Europa, recién incorporada al conflicto) seguían en una guerra cada vez más táctica, que pasaba por la importante alianza con Holstein. Esta alianza se forjó en torno a los puertos bálticos de la península de Jutlandia, siendo el más importante de ellos en esa época el de Flensburgo, conquistado (hay quien dice reconquistado) por los daneses ese mismo año de 1426.

Como era de costumbre, las tropas hanseáticas constaban de fuerzas de reserva organizadas en torno a sus ciudades y comandadas por sus burgomaestres (alcaldes, en una traducción laxa), que servían como almirantes de sus respectivas flotas en tiempos de guerra (parte del modelo hanseático que, al carecer de militares profesionales y fuerzas armadas regulares, basaban sus tropas en la población y sus líderes). Los alcaldes hanseáticos disfrutaban de prestigio y, como líderes de una coalición de comerciantes, de riquezas. Pero el puesto entrañaba también gran responsabilidad; los errores en el campo de batalla, que siempre suponían un perjuicio para el poder hanseático, acababan muchas veces en ejecuciones públicas.

Primeras operaciones navales En los primeros meses de 1427, los barcos hanseáticos en una campaña de represalias saquearon las islas danesas de Læsø, Årø, Lolland, Møn y Bornholm, si bien en mayo de ese año fracasaron en su ataque a Flensburgo en un intento de recuperarla, la cual sería la última en esta serie de acciones preliminares. A partir de ese momento se centrarían en su objetivo principal, a saber, la concentración de sus fuerzas en el Sund para desafiar las imposiciones danesas contra sus buques mercantes.

Los daneses, sin embargo, lograron tender una trampa y capturar la flota de transporte de sal de la Liga en su camino a costas prusianas, dando comienzo a la batalla del Sund.

Batalla del Sund (o de la bahía de Køge) miniaturadeimagen|250x250px|La bandera de la Unión de Kalmar capturada por Lübeck en la batalla de 1427. La bandera fue conservada en la iglesia de Santa María de Lübeck (Marienkirche) hasta 1942, y se perdió durante la II Guerra Mundial (probablemente fue quemada en el incendio provocado por los bombardeos aéreos de ese año). miniaturadeimagen|226x226px|Barnim VIII, duque de Pomerania-Barth, vencedor en la batalla del Sund.