El realismo en Ecuador surgió como una reacción al romanticismo, enfocándose en la representación objetiva de la realidad social y la vida cotidiana, en contraste con la idealización romántica. Autores como Miguel Riofrío, con su novela pionera "La Emancipada", y Manuel J. Calle, con "Carlota", exploraron temáticas de opresión y desigualdad. Luis A. Martínez, con "A la costa", introdujo una visión crítica del conservadurismo y regionalismo. En la Amazonía, Enrique Vacas Galindo y Eudófilo Álvarez, con obras como "Nankijukima" y "Zapikia y Nanto", respectivamente, aportaron una perspectiva realista sobre la vida indígena, en una narrativa que se vio influenciada por la ciencia. Después vendría el Grupo de Guayaquil, con figuras como José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Alfredo Pareja Diezcanseco, Enrique Gil Gilbert y Joaquín Gallegos Lara, que profundizaron en el realismo social, abordando la vida montuvia y las injusticias urbanas. El indigenismo, liderado por Jorge Icaza, denunció la explotación indígena, mientras que Adalberto Ortiz y Nelson Estupiñán Bass destacaron en la literatura realista afroecuatoriana. Hacia finales del período, autores como Ángel Felicísimo Rojas y Pedro Jorge Vera continuaron la tradición realista de manera tardía, preparando el camino para nuevas tendencias literarias.

El nacimiento del realismo

El realismo y el liberalismo El realismo nace en contraposición al romanticismo y se manifiesta en un cambio de enfoque literario. El romanticismo, como corriente estética se caracteriza por el culto a lo individual, a lo subjetivo y a veces inacabado, cosa que se contrapone al ideal de la universalidad y sociabilidad de la ilustración. Los principales exponentes en Ecuador serían Veintimilla, Llona, Zaldumbide, Mera, Montalvo, Tobar, Crespo Toral. La mayoría de ellos se dedicaron a la poesía sin embargo destaca en la novela Mera y Tobar, mientras que en el ensayo Montalvo. El realismo, en cambio, aspira a arraigarse en lo tangible, en lo observable, en la vida cotidiana de la gente común. Su meta es retratar la sociedad tal cual es, con sus problemáticas, sus contradicciones y sus injusticias, sin adornos ni idealizaciones y con una actitud crítica, frecuentemente. Por otro lado, también se diferenciaron los escritores realistas del costumbrismo que se caracterizaba por pintar un cuadro de las costumbres y tradiciones de una región, resaltando anecdótico y pintoresco, muchas veces con ironía y humor, caracterizados en Ecuador por autores como Baquerizo Moreno y Víctor M. Rendón. El realismo, por su parte, va más allá de la mera descripción y busca analizar las estructuras sociales, las relaciones de poder y las fuerzas que moldean la vida de las personas, muchas veces denunciando injusticias.miniaturadeimagen|Miguel RiofríoLa primera novela realista de Ecuador la escribió Miguel Riofrío con "La Emancipada", publicada en 1863. Su obra se caracteriza por representar la tensión entre la opresión patriarcal del y la rebeldía de su protagonista, Rosaura. Riofrío además critica la sociedad de su época y transforma a Rosaura en una heroína que desafía los roles de género y raza. El autor usa a este personaje como símbolo como en la novela. La denuncia y el enfrentamiento en su novela también se representaba en su vida, puesto que al estar alineado al partido liberal, sufrió la oposición de los conservadores, lo que lo obligó a exiliarse en Perú, donde desarrollaría además su faceta como lingüista. Su obra se caracteriza por el anticlericalismo, la rebelión contra los abusos del sistema patriarcal, la defensa de los derechos de la población indígena y la necesidad de educación para las mujeres.

A esto se suma los escritores Manuel J. Calle, Luis A. Martínez y Roberto Andrade que publicarían importantes novelas durante la Revolución Liberal. Calle publicaría "Carlota" en el año de 1897, en distintas entregas o fragmentos como parte de "La Semana literaria". Se caracteriza por tener tintes autobiográficos, y narrar la historia de una joven serrana que migra a la costa y se ve obligada a prostituirse en Guayaquil debido a su pobreza. En esta estructura de la obra se puede ver cómo Calle continúa con la temática de Riofrío en la Emancipada: la situación de la mujer en medio de una sociedad difícil. Además incluye un tema importante en la lucha entre conservadores y liberales, el regionalismo. Esto a su vez se relaciona con la novela "A la costa" de Luis A. Martínez que sería publicado siete años después en 1904 y que tiene entre los temas que trata a la relación entre sierra y costa. Ambas novelas se caracterizan por mostrar de una forma descarnada la realidad social ecuatoriana, Carlota enfocándose en la difícil situación de las mujeres de bajos recursos, mientras que "A la costa" en el enfrentamiento entre conservadores y liberales. A estas dos novelas se suma "Pacho Villamar" de Roberto Andrade publicada en 1900, narra la vida de Francisco Villamar, un joven provinciano que se traslada a Quito y se involucra en el liberalismo, llegando a ser cercano a Juan Montalvo, quien incluso lo rescata y lo involucra en la gesta del 8 de septiembre. A pesar de su filiación liberal, la novela presenta una visión tradicional de la mujer a través del personaje de Magdalena Gutiérrez, una mujer de origen moreno marcada por la voluptuosidad y capaz de pasiones negativas tras tener un hijo fuera del matrimonio. No obstante, Andrade aboga por la educación femenina como medio para superar estas pasiones, revelando una coexistencia de discursos culturales y sugiriendo que el proyecto liberal en la literatura podría ser una continuación del proyecto conservador de construir la identidad nacional. En general, la novelística durante esta época tiene varias características en común como son relación Sierra y Costa, temas históricos y políticos, con personajes que están muy bien definidos y que además responden a las ideologías dominantes de la época.

El realismo y las misiones en la Amazonía Por otro lado, se debe resaltar la novelística con temática indígena que se llevó a cabo en fruto de las Misiones en la Amazonía de Ecuador En este sentido se debe destacar a Enrique Vacas Galindo quien fuera un cartógrafo, historiador y religioso ecuatoriano, reconocido por sus expediciones científicas y religiosas en la Amazonía ecuatoriana durante el . Su faceta científica marcaría su horizonte literario y sus viajes y misiones en la amazonía de Ecuador quedaron plasmados en su obra "Nankijukima", donde narró sus experiencias mientras exploraba el río Amazonas. En 1895, publicó su libro que trata acerca de un relato novelado de sus viajes por la selva oriental que incluía un mapa geográfico de la región y datos sobre las costumbres de los pueblos indígenas, como la práctica de reducir cabezas (tzanzas), cuyo comercio denunció.

En Nankijukima, el realismo toma protagonismo desde el hecho de que Vacas Galindo era principalmente un científico, no un escritor, y la manera en la que relata los hechos es enciclopédica y autobiográfica, concentrándose en la recopilación de datos principalmente antes que en la técnica literaria. Por esta razón su obra fue llamada incluso una "cuasi novela", lo que da testimonio de la primacía del realismo por sobre el resto de elementos literarios. Ahí destaca naturaleza, la cultura de los pueblos no contactados y el idioma shuar, con un importante componente histórico. Nankijukima es el nombre de un héroe legendario de los shuar que lleva una lanza para el combate que forma parte principal de este relato histórico geográfico novelado.A esto se suma la novela "Zapikia y Nanto", de Eudófilo Álvarez, publicado en 1894, sin embargo fue difundida mucho tiempo después, y recuperada por Alfredo Costales a 76 años de su creación. Sería copiada por Alejandro Ojeda quien publicaría una novela bajo el título de "Etza o Alma de la raza jívara" de Alejandro Ojeda y publicada en 1935. Estas novelas, a juicio de Alfredo Costales logran "desnudar a la cultura del selvícola, mostrando al mundo blanco mestizo aquel esplendor entográfico que había estado oculto por siglos que igual que las entrañas de la tierra tenía hasta ahora escondidas las minas de oro." Por selvícola Costales se refiere al habitante de la amazonía para diferenciarle del indígena de los Andes que vivía en ciudades desde siglos atrás. Este realismo, aunque se basa en el conocimiento científico, se diferencia de la ciencia ficción en Ecuador, desarrollada durante estos años, especialmente por Francisco Campos Coello en el hecho de que muestra la realidad como es, de manera científica y no pretende imaginar como podría ser en el futuro a través del progreso de la ciencia.

El Grupo de Guayaquil

El realismo social derecha|miniaturadeimagen|250x250px|Los integrantes del Grupo de Guayaquil: izq-der arriba: Alfredo Pareja, Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert. Izq-der abajo: Demetrio Aguilera Malta, José de la Cuadra El realismo continuaría en Ecuador a través del Grupo de Guayaquil, que iniciaría con la publicación del libro de cuentos "Los que se van" en 1930 por los autores ecuatorianos Demetrio Aguilera Malta, Joaquín Gallegos Lara y Enrique Gil Gilbert. El libro se caracterizó por su realismo y crudeza y se convertiría en un clásico de la literatura realista de Ecuador. A estos tres escritores iniciales se sumarían José de la Cuadra y Alfredo Pareja Diezcanseco para conformar el Grupo de Guayaquil.

Empezando por la narrativa de Enrique Gil Gilbert, se debe destacar el libro escritor ecuatoriano el libro "Yunga" que es una colección de cinco cuentos publicada en 1933, y que se caracteriza por su denuncia social hacia grupos excluidos como indígenas y afrodescendientes, ampliando el enfoque de sus primeros cuentos sobre el montuvio y el cholo. Posteriormente, en 1942, Gil Gilbert publicó "Nuestro pan", su novela más representativa, que narra el proceso de producción del arroz, alimento fundamental en la dieta ecuatoriana. La obra presenta los vaivenes y la explotación que sufren los trabajadores a manos del dueño de la plantación, consolidando el compromiso del autor con el realismo social y la denuncia de las injusticias laborales.

El realismo social y la novela histórica En cuanto al realismo social y la novela histórica se debe mencionar a Gallegos Lara y Pareja Diezcanseco. Ambos empezarían sus escritos en la década del treinta inmersos en el realismo social para después en la década del cuarenta en adelante dedicarse a la novela histórica. Por la parte de Pareja Diezcanseco incluso publicando libros de historia propiamente dichos.