La guerra danesa-hanseática fue un conflicto militar y comercial que se extendió en la mayor parte de la década de 1360 entre el Reino de Dinamarca, liderado por el rey Valdemar IV, y la Liga Hanseática como aliada de Suecia y como potencia comercial en el Báltico.
Aunque habitualmente se ha referido a todo el conflicto como una guerra dividida en dos etapas, en alemán se suele considerar dos guerras consecutivas, que reciben los nombres de primera guerra de Valdemar (, 1361-1365) y segunda guerra de Valdemar (, 1367-1370). También en Escandinavia muchas veces se consideran dos guerras, mientras que en el norte de Alemania (y por tanto de uso en bajo alemán) se suele llamar a este conflicto en su totalidad sencillamente «la guerra hanseática» ().
Fundamento y sinopsis En plena recuperación de los efectos de la peste negra, que coincidía con la restauración en el trono danés de un monarca propio, Valdemar puso en marcha su plan de recuperación y expansión, que incluía el saneamiento de las arcas del reino, entre otros haciendo pagar a los mercaderes hanseáticos por sus privilegios. En términos comerciales, el objetivo de los beligerantes era el control de Escania (hoy en el sur de Suecia) y de Gotlandia. Durante siglos, el motor económico de la región báltica giraba en torno a sus mercados, siendo una zona de intercambio comercial entre mares y continentes, que a principios del se centraban en la pesca, y sobre todo la del arenque, muy codiciado en el norte de Europa (desde las islas británicas hasta Rusia), que se encontraba en cantidades industriales en aguas escanianas. Con el tiempo, se desarrolló un importante mercado —el mercado de Escania—, donde se mercantilizaba con todo tipo de productos, que se convertía en importante fuente de riqueza de la región. A su vez, la isla de Gotlandia, la más grande de Suecia, en pleno mar Báltico y frente a las costas hanseáticas, era de importancia estratégica y comercial.
En la primera fase de la contienda, Valdemar conquistó Escania de Suecia en 1360 (recuperando así una región antes danesa tras tres décadas de interludio sueco) y Gotlandia en 1361, una etapa que se saldó con Dinamarca como vencedora, logrando un armisticio en 1365 en Vordingborg (Selandia). Las fuerzas danesas, esencialmente mercenarios, muchos de ellos de la burguesía alemana con experiencia combativa, se enfrentaron en Visby a la milicia gotlandesa, en su mayoría campesinos organizados en somatenes, en una batalla que concluyó ese mismo día con una aplastante victoria danesa. Para salvar a la ciudad de ser saqueada, los habitantes pagaron al rey danés un tributo que constaba de la práctica totalidad de la riqueza de la ciudad, evento que se ha convertido en leyenda y parte de la tradición local. Aun así, varios sitios de la ciudad, sobre todo iglesias, fueron saqueados. Con la caída de Visby, uno de los centros de comercio más importantes del mar Báltico y de influencia hanseática, la isla de Gotlandia quedó bajo dominio danés. Tras dos años de frágil armisticio, la Liga, descontenta por las condiciones del tratado de paz, ahora organizada en la llamada Confederación de Colonia, reanudó las hostilidades contando con el apoyo militar de varios aliados. Con los ataques a Escania, el estrecho del Sund (Øresund), incluido el saqueo de Copenhague, y algunos puertos pertenecientes a Noruega, la contienda llegó a su fin a finales de la década con una clara victoria hanseática. A la firma del tratado de Stralsund (1370) en la ciudad homónima, la Liga Hanseática se convirtió en la mayor potencia de la región. miniaturadeimagen|El rey Valdemar Atterdag; fresco anónimo de ca. 1375.|266x266px
Antecedentes Durante la primera mitad del , los conflictos entre Dinamarca y los condados y ciudades del norte alemán ya eran cuestión de costumbre, y con el reinado de Erico VI irían a más, marcando la mayor parte del siglo y el provenir de la región. Erico, quien dejó al reino en ruinas librando guerras con la nobleza, el clero, sus vecinos nórdicos y los condados alemanes, fue sucedido por Cristóbal II, cuyo reinado, de consecuencias desastrosas, dejó a Dinamarca en la práctica desintegración política y económica, y sin monarca, siendo sus territorios gobernados por la nobleza propietaria (los llamados «magnates») enfrentados entre sí y con sus propios dominios muchas veces hipotecados. Encima, estaban enfrentados con el papa, quien vio a los arzobispos, antes aliados de los magnates (y exiliados junto a ellos) en desventaja en su puja por el poder en Escandinavia. La estrategia de Cristóbal II de combatir hasta la extenuación a las ciudades del litoral sur del Báltico para compensar su incapacidad para cobrar impuestos a nobles y eclesiásticos (debido a un acuerdo firmado durante su coronación), no solo que dejó a las arcas de su país en la ruina sino que fortaleció a toda una sucesión de ciudades alemanas, siendo el preámbulo de lo que años después daría lugar a la fundación de una poderosa confederación: la Liga Hanseática.
A mediados de la década, con Cristóbal en el exilio, este intentó reunir a un ejército de caballeros, muchos de ellos alemanes enfrentados con la ciudadanía hanseática, para recuperar el poder (lo cual logró hacer por poco tiempo y sin competencias reales). Al fracasar la campaña militar, hubo un levantamiento campesino en la Jutlandia danesa, que fue aplastado sin piedad por el fürst Gerhard III, quien gobernaría en la práctica totalidad de la península jutlandesa en el período de interregno que seguiría (es decir, que la Jutlandia danesa fue gobernada de facto por un conde de Holstein). Tras aquel episodio, los campesinos de Escania rogaron al rey Magnus IV de Suecia que les gobernara, y este aceptó, rematando con ello la desintegración del reino danés. Dinamarca solo volvería a tener un rey propio —Valdemar IV— ocho años después, tras el asesinato de Gerhard por Niels Ebbesen. El largo y ambicioso reinado de Valdemar IV se caracterizó por su avidez por convertir Dinamarca en la mayor potencia del norte europeo y restituir la dinastía como la institución más influyente del reino. Entró en conflictos con su propia nobleza, al quitarle el poder ganado a fuerza sobre sus predecesores y recuperar las tierras antaño propiedad de la monarquía, y anexionó pequeños territorios para expandir el alcance de su influencia
Interesantemente, en los primeros años de su reinado, Valdemar libró una guerra como aliado de las ciudades del norte alemán (anteriormente a la existencia de la Liga) contra la influencia noruego-sueca de Magnus Eriksson. En estos años, logró estabilizar en cierto modo la devastada economía del país (que seguía hipotecado, pero funcionando), con lo que a partir de mediados del siglo fue inmerso en planes de expansión en el Báltico a costa de las ciudades del litoral sur, cada vez más influyentes..izquierda|miniaturadeimagen|192x192px|Las rutas de comercio de la Liga Hanseática.
Cuando Magnus de Suecia se convirtió en regente de Escania, había concluido una campaña ruinosa en Rusia que le obligó a pedir un préstamo a la Santa Sede, que no logró devolver, por lo que fue amenazado por el papa con la excomunión. Aquello acarreó frecuentes enfrentamientos con la nobleza por los altos impuestos que les exigía. Para fortalecer su reino, se abrió hacia la emergente Liga Hanseática, que para principios de la década de 1360 ya había ejercido clara hegemonía sobre el Báltico (en un territorio «germanizado» desde que colonos alemanes se asentaran en décadas anteriores en partes de Prusia y Livonia, recorriendo el litoral báltico sur hasta la ciudad de Riga (ciudad teutónica en la práctica desde los principios del Sacro Imperio). Las ciudades a lo largo de este territorio controlaban el comercio del norte europeo, con grandes beneficios a través de las rutas comerciales bálticas. La unión de fuerza significaba también un poderío militar, que resultó muy exitoso en la erradicación de la piratería en el Báltico, que en décadas anteriores había dificultado en gran medida el comercio en la región. Magnus reconocía este gran potencial, y ofreció a los hanseáticos facilidades que incluían el control de facto del comercio en la isla de Gotlandia, además de importantes asentamientos en ciudades de Escania e influencia considerable en su mercado.
Cuando los nobles se levantaron contra Magnus, liderados por su hijo Erico Magnusson, este solicitó la ayuda del rey danés, Valdemar, en un pacto entre monarcas contra la nobleza firmado en 1359 (mediante el ofrecimiento de la mano de su hija Margarita al hijo menor de Magnus y hermano de Erico, Haakon Magnusson, ambos futuros reyes de Suecia y Noruega). El sueco, sin embargo, rompería el pacto al poco tiempo tras reconciliarse con su hijo (compartiendo con él la regencia), quien moriría a los pocos meses, dejando a su padre de nuevo soberano único en toda Suecia. Valdemar, por su parte, lo consideró un engaño (además, no tenía intenciones de dejar que su plan para reunificar Dinamarca quedase en papel mojado), y una oportunidad para hacerse con el poder en el Báltico. En 1360 declaró la guerra a Suecia, lanzando la campaña contra Escania con la toma del castillo de Helsingborg en el Sund (que le fue prometido por Magnus, y con la ayuda de Alberto de Mecklemburgo, quien quería ver a su propio hijo en el trono) y luego del castillo de Borgholm (en la isla de Olandia, a la que conquistó), seguido por la toma de Visby y la conquista de Gotlandia. Magnus, al verse desbordado, solicitó la intervención de su aliado comercial, la Liga Hanseática, logrando esta última un acuerdo muy beneficioso a costa de los suecos. De hecho, Magnus se negó finalmente a ratificar el acuerdo, pero fue demasiado tarde pues ya había provocado tensiones en la región, con una nobleza resentida, que impulsó a su hijo Haakon VI a traicionarle. Este encarceló a su padre, convirtiéndose en correy de Suecia (aunque luego tampoco sería muy apoyado por la nobleza, que seguía viendo sus intereses en peligro). En todo caso, con la toma de Visby, la causa sueca en la guerra con Dinamarca se convirtió en asunto de la Liga Hanseática, que quería recuperar el control de facto del comercio marítimo entre el Báltico y el mar del Norte, que pasaba por Kattegat y, por tanto, por el estrecho del Sund, entre Escania y Selandia.
Primera etapa/guerra (1361-1365) miniaturadeimagen| Modelo de coca medieval hanseática.|213x213px
Invasión de Gotlandia Entre junio y julio de 1361, tropas de Valdemar IV arribaron a la isla de Gotlandia desde el oeste, después de tomar la torre de Borgholm, en Olandia. Las fuentes dan constancia de una flota de 30 embarcaciones danesas, al menos algunas de ellas cocas, avistada el 22 de julio desde Stora Karlsö, un islote a unos al oeste de Gotlandia. No se conoce con certeza el lugar de aterrizaje de la flota, siendo barajados como destinos probables las localidades de Klintehamn (probablemente la pequeña península de Vivesholm), o Ekstakusten, directamente frente al islote.
Los isleños habían preparado una suerte de somatén o milicia campesina para defender la isla en varios puntos estratégicos, donde en los días siguientes se librarían arduas batallas contra las tropas invasoras, que constaban de 1800 mercenarios en torno a un núcleo de soldados alemanes profesionales de clase burguesa (rivales de las ciudades de libre comercio del norte germano y pomerano), con modernas armas y defensas. A su vez, la milicia local constaba de seis divisiones de gotlandeses que se reunirían el 24 de julio para la sangrienta batalla de Mästerby.
Batalla de Mästerby miniaturadeimagen|216x216px|Grenskorset: la cruz celta erigida en 1361 para conmemorar a los caídos en la batalla de Mästerby.