El vestido de Hello, Dolly! (en inglés: Hello, Dolly! dress) es un traje que la actriz Barbra Streisand lució en la película Hello, Dolly! (1969).

Historia Contexto Inicialmente, tanto el director Gene Kelly como el productor Ernest Lehman deseaban que Carol Channing, quien dio vida originalmente al personaje de Dolly en el musical de Broadway Hello, Dolly! (en el que se basa la película), protagonizase el filme; no obstante, cambiarían de opinión al ver la actuación de Channing en Thoroughly Modern Millie (1967), pues consideraron que su interpretación era exagerada a la par que denotaba una gran falta de talento y de cualidades vocales. Kelly pensó entonces en Judy Garland, con quien debutó en el cine en For Me and My Gal (1942), además de haber trabajado con ella en varias otras películas. Sin embargo, los graves problemas de adicción de Garland, ampliamente divulgados en la prensa de la época, crearon un clima de desconfianza en los productores, quienes no querían arriesgarse a que el proyecto se retrasase como en su momento sucedió con El valle de las muñecas (1967), producción de la que la actriz terminaría siendo despedida para ser reemplazada por Susan Hayward. Tras ser Garland descartada, se pensó en Ethel Merman, quien sin embargo rechazó el papel, entablándose conversaciones posteriormente con Mary Martin, la cual no se presentó en los estudios para cuando se la había citado (entre otras actrices que rechazaron interpretar a Dolly se encontraban Bette Davis, Julie Andrews, Ginger Rogers, Betty Grable y Martha Raye). Finalmente se eligió a Barbra Streisand, quien acababa de protagonizar Funny Girl (1968), película por la que en 1969 ganaría el Óscar a la mejor actriz, todo un logro considerando que este filme fue su debut cinematográfico. La elección de Streisand, quien por contrato estaba obligada a participar en dos musicales más de la 20th Century Fox, fue duramente criticada debido a que se consideró que la actriz era demasiado joven para interpretar a una viuda casamentera, aparte de existir una notable diferencia de edad con Walter Matthau, su pareja en el filme, quien además maltrató a Streisand durante el rodaje del mismo modo que otros miembros del elenco y del equipo técnico, entre ellos el director.

Creación Para el número más importante de la película, titulado «Hello, Dolly!», en un principio se pensó en elaborar un traje idéntico al del musical de Broadway; sin embargo, Streisand quería que su personaje se diferenciase lo máximo posible de la versión interpretada por Channing, por lo que pidió a la diseñadora de vestuario del filme, Irene Sharaff, que cambiase el color del atuendo, el cual, originalmente rojo, encajaba con los gustos personales de la diseñadora: «Veo todo en bloques de color como si fuera una pintura. Si tengo un leitmotiv, un logo, sospecho que está asociado con los colores que prefiero: rojos, rosas, naranjas». No obstante, con el fin de satisfacer el deseo de la actriz, Sharaff elaboró un vestido en color dorado enteramente cubierto de cristales y pedrería cuya labor de confección supuso la exorbitante cifra de $10 000 de la época, aunque también se afirma que el valor total del traje era de $53 472 y que el hilo de oro del que está hecho había costado $8000, lo que lo convierte, supuestamente, en la prenda más cara de la historia del cine.Según otras fuentes, el traje más caro fue el que Rogers lució en Lady in the Dark (1944).Sharaff ya tenía experiencia en la elaboración de trajes suntuosos, pues pocos años antes estuvo a cargo del vestuario de Cleopatra (1963), película por la que ganó su cuarto Óscar. Teniendo en cuenta que el filme está ambientado en la década de 1890, Sharaff creó un vestido inspirado en la moda de entonces, definiendo aquella era como «un periodo muy opulento, mucho más que lo que estamos viviendo ahora. Fue una época peculiar, demasiado elaborada y poco clara». En lo que atañe al diseño, Sharaff relató en 1968 cómo fue el proceso:

Sharaff dispuso que el vestido fuese elaborado en terciopelo y que el mismo contase con una larga cola, siendo la pedrería cosida a la tela probablemente por Paule Drissi, de la empresa Getson Eastern Embroidery, con sede en Los Ángeles. Para los ensayos previos al rodaje, Streisand llevó una réplica realizada en muselina, tela cuya ligereza facilitaba la compleja coreografía del número, detalle que sin embargo causaría un inconveniente de cara a la filmación, mientras que el propio diseño provocaría un incidente del cual se harían eco los medios de comunicación.

Incidente thumb|Barbra Streisand en Hello, Dolly! (1969). En la imagen se puede apreciar la cola del vestido. Durante uno de los ensayos, tanto Lehman como Michael Kidd, coreógrafo del número, quisieron comprobar la funcionalidad del atuendo, aún sin terminar y del que sospechaban que sería demasiado pesado para que Streisand pudiese ejecutar las patadas incluidas en la coreografía. Kidd, ubicado en el nivel inferior de la pista de baile, dio una palmada para indicar el inicio del ensayo; los bailarines que acompañaban a la actriz, vestida con la réplica de muselina, se pusieron en posición, colocando Lehman un taburete junto a Kidd para observar el número, cuya pista ya había sido grabada. Cuando Kidd dijo «vamos a empezar desde el principio», Streisand comenzó a descender lentamente por la escalera de la escenografía mientras pronunciaba las palabras «hola Rudy. Bueno, hola, Harry». Una vez llegó al final de la escalera, el ritmo de la canción empezó a acelerarse; los bailarines comenzaron a arremolinarse en torno a la actriz al tiempo que circundaban la rampa que conducía al área inferior de la pista. En ese instante Streisand tropezó hasta en dos ocasiones con la cola del vestido mientras que los bailarines la pisaron dos veces. Pese a este incidente, el ensayo continuó hasta el final, con la actriz subiendo la escalera, momento en que Kidd silbó para indicar que la música cesase. Tal y como registró la revista Life en febrero de 1969:

Tras este breve diálogo Sharaff se presentó en el set. De acuerdo con la crónica de Life, llevaba puesta una minifalda de gamuza, una blusa de fular y un sombrero de rancho. Kidd procedió a explicarle el incidente provocado por la cola del vestido mientras la diseñadora fumaba un cigarro, pidiéndole Sharaff que realizase otro ensayo para poder comprobar por sí misma el problema del traje, a lo que Kidd accedió. Al poco de iniciarse el número, en el momento en que los bailarines rodeaban la pista de baile, la diseñadora se giró levemente en el taburete en el que estaba sentada para poder seguir con detalle todos los movimientos de la coreografía. Debido a que durante este nuevo ensayo tanto Streisand como sus acompañantes pisaron otra vez la cola del atuendo, Kidd reanudó la conversación acerca de su retirada:

Finalmente, la cola del vestido sería retirada, aunque la misma es todavía visible en la secuencia en la que Streisand baja la escalera, tras lo cual desaparece. A mayores, la coreografía sería modificada con el fin de ajustarse a las características del atuendo, cuyo elevado peso provocó que la actriz tuviese que descansar entre tomas.

Paradero thumb|El vestido de Hello, Dolly! en el Paley Center for Media de Beverly Hills durante la subasta de Debbie Reynolds en 2011. A diferencia de otras prendas icónicas del cine, como el vestido de Glinda, el vestido Letty Lynton y el vestido Cheek to Cheek (presumiblemente perdidos), el vestido de Hello, Dolly! se ha conservado gracias a la actriz Debbie Reynolds, quien pudo comprarlo poco antes de la subasta que los estudios celebraron en 1975 debido a que conocía a Dennis Stanfill, presidente de la 20th Century Fox de 1971 a 1981. Reynolds incorporó la prenda a su colección de objetos del cine, reunida en el Hollywood Motion Picture Museum, organización fundada en 1972 y localizada en el Debbie Reynolds Hotel & Casino, en Las Vegas, hasta su bancarrota en 1997, tras lo cual sería reubicada en Pigeon Forge (Tennessee), cerca de Dollywood, donde permaneció desde 2008 hasta 2011, año en que cerró definitivamente por problemas financieros, siendo la colección sacada a subasta ese mismo año. El atuendo fue vendido como el lote 538 por Profiles in History en la primera parte de la subasta, celebrada el 18 de junio de 2011; con un valor estimado en entre $60 000 y $80 000 (aunque se afirmó que su precio superaría ampliamente los $100 000), el traje, junto con los zapatos y el tocado de plumas que lo acompañaban, fue vendido finalmente por $123 000, permaneciendo desde entonces en paradero desconocido. Además de este atuendo, en la misma subasta se vendió otro de los trajes de Streisand en la película: el vestido color lavanda que la actriz luce en la escena de la tienda de ropa, vendido por más de $67 000, mientras que el 17 de mayo de 2014 Profiles in History vendió por $14 760 una réplica del atuendo elaborada en 1996 con un coste de $10 000 para el That's Entertainment tour de Reynolds, subastando Julien's Auctions un boceto del vestido por $2240 en 2020.

La adquisición de la prenda por parte de Reynolds pudo evitar que corriese con la misma suerte que otros trajes icónicos del cine, pues el vestido, en caso de no haberse vendido en la subasta de la 20th Century Fox, podría haber sido reutilizado para otros filmes y haberse desgastado con el uso, lo que podría haber llevado a que el atuendo fuese tirado a la basura sin saberse siquiera en qué películas había aparecido, aunque un deficiente almacenaje podría haber deteriorado igualmente la prenda (las perchas de madera, conocidas por su alto contenido en ácido, solían provocar que los vestidos se desgarrasen en la zona de los hombros). A su vez, el atuendo pudo haber corrido el riesgo de ser robado; durante muchos años los estudios no tuvieron ningún tipo de cuidado con los trajes, accesorios, guiones y demás elementos vinculados a las películas que producían, sin ser conscientes del alto valor que acabarían teniendo en el futuro (a menudo los empleados se llevaban estos objetos como recuerdo sin permiso, sabedores de que a los directivos no les importaba esta sustracción de material). Otra posibilidad que la compra de Reynolds pudo haber evitado fue que el vestido se modificase para su uso en otros filmes, lo que habría provocado la pérdida parcial del traje a la par que una considerable reducción de valor a nivel artístico e histórico. La modificación de prendas en la industria del cine para su reciclaje ya era habitual entonces e incluso antes, destacando el caso de tres vestidos facturados por Gilbert Adrian: el vestido de estrellas de Greta Garbo en Camille (1936), completamente modificado para Joan Fontaine en Rebecca (1940); el vestido de Glinda, originalmente lucido por Jeanette MacDonald en San Francisco (1936) y severamente modificado para Billie Burke en El mago de Oz (1939); y otro traje de MacDonald de la misma película, levemente alterado para Gracie Allen en Honolulu (1939).Un caso destacado es el vestido Fabergé de Marlene Dietrich, severamente dañado a causa de las numerosas modificaciones a las que fue sometido para su reciclaje.

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