GuillermoII de Alemania (en alemán: WilhelmII; Berlín, -Doorn, ) fue el último emperador alemán (Deutscher Kaiser) y rey de Prusia, reinando desde 1888 hasta su abdicación forzosa en 1918. Como nieto mayor de la reina Victoria, sus primos hermanos incluían al rey Jorge V del Reino Unido, la zarina Alejandra Fiódorovna de Rusia y a las reinas María de Rumania y Victoria Eugenia de España. Fue segundo en la línea sucesoria, por detrás de su padre Federico de Prusia de su abuelo el emperador GuillermoI, por lo que al morir ambos con pocos meses de diferencia en 1888, el año de los tres emperadores, Guillermo ascendió al trono como emperador alemán y rey de Prusia. Entre sus primeras decisiones, estuvo el despido del canciller Otto von Bismarck el , a raíz de su oposición a leyes antisocialistas que quería aprobar el canciller.

El nuevo emperador dio una impronta personal a su reinado, caracterizado por una gran puesta en escena (el guillerminismo), constantes viajes al extranjero (destacando el de Oriente Próximo en 1898), una importante promoción de la técnica y ciencia y discursos grandilocuentes con frecuencia controvertidos debido a su lenguaje exagerado y retórica propia de otra época. A pesar de sus grandes dotes para la oratoria, el contenido de sus discursos fue ampliamente discutido por la prensa y objeto de constantes controversias debido a su falta de tacto y por escapar a la supervisión del gobierno. El escándalo del Daily Telegraph en 1908, en la que el gobierno falló en corregir o matizar varias declaraciones incendiarias sobre política internacional, obligó al emperador a controlar sus discursos y conllevó la dimisión del canciller Bernhard von Bülow. Aunque no afectó a las relaciones internacionales, fue lo que dijo y no lo que hizo, lo que deterioró la reputación de Guillermo II.

Tras la partida de Bismarck, la Alemania guillermina emprendió una política exterior más asertiva destinada a reclamar su «lugar bajo el Sol como nueva potencia mundial, cuestionando así la hegemonía de potencias tradicionales como el Reino Unido, Francia o Rusia. Entre las políticas internacionales cabe destacar la creación de una Flota de Alta Mar para competir con la Royal Navy, o la oposición a que Marruecos se convirtiera en colonia francesa, hecho que originaría la primera y la segunda crisis marroquí. El progresivo enfriamiento de las relaciones con el Reino Unido y Francia obligaron a Alemania a buscar alianzas con potencias en declive como Austria-Hungría, hecho que la enemistaría con Rusia debido a los conflictos balcánicos; y con el Imperio otomano, donde se proyectó la construcción del ferrocarril Berlín-Bagdad que crearía más fricciones con el Reino Unido. La influencia real de Guillermo II en el desarrollo de dichas políticas sigue siendo motivo de debate, aunque recientemente se ha cuestionado su intervención directa, dada su personalidad a veces volátil y su falta de focalización en una política coherente. La política exterior alemana, en ocasiones contraria a los propios deseos del emperador, fue en gran medida obra de Leo von Caprivi (canciller entre 1890-94) y Bernhard von Bülow (secretario de exteriores desde 1897 y canciller entre 1900-1909). Los generales Hindenburg y Ludendorff tenían tal control que se les conocía como el gobierno en la sombra, mientras que al káiser le permitían celebrar cenas y animar a las tropas. Después del asesinato del heredero del Imperio austrohúngaro Francisco Fernando en la ciudad de Sarajevo (junio de 1914), Theobald von Bethmann Hollweg empujó a Austria a declarar la guerra a Serbia, garantizándole su apoyo incondicional, algo que irritó al káiser, que le dijo, cuando lo que parecía iba a ser un pequeño conflicto local que amenazaba con convertirse en una guerra a gran escala: «Usted ha cocinado este plato, ahora le toca comérselo».

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, GuillermoII fue progresivamente apartado por la cúpula militar, que consideraba sus intervenciones disruptivas. Con el nombramiento de Hindenburg y Ludendorff como líderes del Estado Mayor del Ejército Imperial Alemán, Alemania se fue convirtiendo progresivamente en una dictadura militar de facto. No obstante, el emperador aún conservó parte de su poder e influencia y hasta enero de 1917 se opuso firmemente a la guerra submarina a ultranza. Tras el estallido de la Revolución alemana, GuillermoII, abandonado por sus generales y sus súbditos, partió al exilio en los Países Bajos durante la madrugada del 10 de noviembre de 1918. El 28 del mismo mes abdicó formalmente, poniendo fin a más de quinientos años de gobierno de la casa de Hohenzollern.

Vivió exiliado en Huis Doorn hasta su muerte en 1941.

Primeros años izquierda|miniaturadeimagen|Retrato de Guillermo (izq) con sus padres, Federico y Victoria, y su hermana Carlota, por Franz Xaver Winterhalter (1862)|269x269px Guillermo (apodado Willy por su familia) nació el 27 de enero de 1859 en Berlín. Era el hijo mayor del entonces príncipe Federico de Prusia y de su esposa, la princesa Victoria. Su abuelo paterno, Guillermo de Prusia era el hermano y heredero del rey Federico Guillermo IV de Prusia, que no tenía hijos. A su muerte en 1861 Guillermo heredó la corona prusiana y Federico, padre del futuro Guillermo II, se convirtió en príncipe heredero. La madre de Guillermo II era la hija mayor de la reina Victoria y del príncipe Alberto, así como la tía de la futura zarina de Rusia Alejandra Fiódorovna, esposa del último zar Nicolás II, y hermana de Eduardo VII del Reino Unido.

El parto fue difícil, y como consecuencia de ello el bebé nació con una deformidad en el brazo izquierdo, que los médicos de la corte berlinesa intentaron corregir en vano. Esta deformación consistía en una hipertrofia relativamente leve aunque visible. Guillermo la ocultaría celosamente durante toda su vida bajo uniformes militares y poses estudiadas de antemano, como se puede observar en varias fotografías de la época.

En su juventud, Guillermo estuvo muy enamorado de una de sus primas de Darmstadt, Isabel de Hesse, que sería la futura gran duquesa de Rusia y trató de conquistarla por todos los medios intentando incluso componer poesía, pero todo sin éxito. El rechazo de Isabel se debió principalmente a los modales bruscos y poco atinados del entonces príncipe de Prusia. Nunca la olvidó. En su lugar, se casó, en 1881, con la princesa Augusta Victoria de Schleswig-Holstein, apodada Dona, con la que tuvo seis hijos y una hija. Augusta era sumisa ante Guillermo y siempre estaba de acuerdo con él en todo y eso, entre otras cosas, hizo que el matrimonio fuera feliz.

Ascenso al trono y reinado entre 1888 y 1900 A la muerte de su padre, que solo reinó durante 99 días, el 15 de junio de 1888, Guillermo II accedió al trono alemán.

Aunque en su juventud Guillermo había sido un gran admirador de Otto von Bismarck, la impaciencia característica de su personalidad y sobre todo la determinación por su parte de reinar y administrar al mismo tiempo –a diferencia de su abuelo, que solía encargar la administración diaria al brillante Bismarck– lo llevó rápidamente a un conflicto con el «Canciller de Hierro», la figura dominante en la fundación de su imperio. El viejo canciller creía que Guillermo II era un hombre ligero, que podía ser dominado, y mostraba respeto por las ambiciones de este en la década de 1880. Después de un intento de su parte de introducir una ley antisocialista de largo alcance a principios de la década de 1890, la separación final entre el monarca y el estadista ocurrió pronto. Guillermo II no estaba dispuesto a iniciar su reinado con una masacre al por mayor de trabajadores industriales, y despidió a Bismarck en 1890.

Guillermo II designó entonces en su lugar a Leo von Caprivi, que posteriormente fue sustituido por Chlodwig zu Hohenlohe-Schillingsfürst en 1894. Al designar a Caprivi y luego a Hohenlohe, Guillermo II se embarcaba en lo que se conoce como «el nuevo curso», por medio del cual esperaba ejercer una decisiva influencia en el gobierno del imperio. Los historiadores debaten acerca del grado de éxito que tuvo Guillermo II al implantar el «gobierno personal» en su época. Pero queda clara la diferencia que existía entre la corona y el canciller en el período de Guillermo II. Estos cancilleres eran servidores civiles veteranos, no eran hombres de estado, políticos, como Bismarck lo fue. Guillermo II quiso evitar el resurgimiento de Bismarck, el «Canciller de Hierro», a quien había llegado a detestar, llamándolo «viejo grosero y aguafiestas». Bismarck jamás había permitido a ningún ministro ver en persona al emperador sin estar él presente, manteniendo así su influencia y su poder político. Después de su retiro forzado, hasta el día de su muerte, Bismarck se convirtió en un duro crítico de las políticas de Guillermo II, pero sin el apoyo del árbitro supremo de todas las designaciones políticas (el emperador), había poca oportunidad para que el viejo canciller pudiera ejercer alguna influencia.

Lo que sí logró Bismarck fue la creación del «Mito Bismarck». Esta visión (que algunos dirían que fue confirmada por sucesos posteriores) sostenía que con el despido de Bismarck, Guillermo II había deshecho cualquier posibilidad de que Alemania tuviera un gobierno estable y efectivo. Desde este punto de vista, el «nuevo curso» de Guillermo II se caracterizó por el descontrol del gobierno alemán, finalmente conduciendo a la nación por una serie de crisis hasta los horrores de las dos guerras mundiales. Pero en realidad, Guillermo II estuvo probablemente en lo correcto al despedir a Bismarck, un hombre cuyas habilidades políticas estaban disminuyendo y que se había vuelto peligrosamente hostil con los elementos socialistas dentro del Reich.

Otro de los aspectos que jugaron en forma gravitante en la política exterior durante aquellos años fue la gran influencia que ejerció sobre el zar Nicolás II de Rusia, manipulando astutamente en beneficio de los intereses alemanes, con consecuencias nefastas que acabarían por desencadenar la guerra entre Rusia y Japón en 1905, y posteriormente cuando brindó apoyo al Imperio austrohúngaro, desencadenó la Primera Guerra Mundial al obligar a movilizar a Rusia en defensa de los eslavos de Serbia.

Vida social y política entre 1900 y 1914

thumb|Guillermo II junto al rey Haakon VII de Noruega|243x243px

Tras el despido de Hohenlohe en 1900, Guillermo II designó canciller al hombre a quien llamaba «su propio Bismarck», el príncipe Bernhard von Bülow. Guillermo II esperaba encontrar en Bülow un hombre que combinara la habilidad del Canciller de Hierro con el respeto a los deseos del káiser, lo que permitiría al Imperio ser gobernado como creyera conveniente. Guillermo II ya había notado el enorme potencial de Bülow, y muchos historiadores piensan que su designación como canciller no fue más que la conclusión de un largo período de «arreglos». Sin embargo, durante la década siguiente, Guillermo se desilusionó de su decisión, y en vista de la oposición de Bülow sobre el «Asunto del Daily Telegraph» de 1908 y otros más, el káiser despidió a Bülow y designó en su lugar a Theobald von Bethmann-Hollweg en 1909.

Bethmann era un burócrata de profesión con cuya familia había vivido Guillermo II cuando era joven. El káiser llegó a sentir un gran respeto por Bethmann-Hollweg, pero a pesar de eso, no estuvo de acuerdo con ciertas políticas de Bethmann, tales como sus intentos de reformar las leyes electorales prusianas.

La participación de Guillermo II en la esfera doméstica estuvo más limitada a principios del siglo que lo que había estado a comienzos de su reinado. Esto se debió, en parte, a la designación de Bülow y Bethmann (hombres de mucho más carácter que los primeros cancilleres de Guillermo II), pero también se debió a su creciente interés por los asuntos exteriores.

Política exterior entre 1888 y 1914 izquierda|miniaturadeimagen|Retrato de Guillermo II por Vilma Lwoff-Parlaghy, 1895