María de Velasco y Mendoza (ca.1458 – Roa (Burgos), 1509) fue una dama noble castellana, marquesa viuda de Villena, duquesa viuda de Escalona, duquesa de Alburquerque y señora y duquesa de Roa.
Orígenes familiares miniaturadeimagen|228x228px|Escudo heráldico de la Casa de Velasco. María de Velasco nació en el seno de una de las familias nobles más poderosas del de la Corona de Castilla, la Casa de Velasco. Fue hija de Mencía de Mendoza y Figueroa (1421-1500) y de Pedro Fernández de Velasco (1425-1492), condes de Haro, los “condestables” de Castilla que recibieron sepultura en la Capilla de los Condestables de la catedral de Burgos. Tuvo por hermanas a Beatriz de Velasco, Catalina de Velasco, Leonor de la Vega y Velasco, Isabel de Velasco y Mencía de Velasco, y por hermanos a Bernardino Fernández de Velasco I Duque de Frías, y a Íñigo Fernández de Velasco, que le sucedió en el título.Paulino Montero, Elena, 2015, p.29. Por parte de madre era nieta del I marqués de Santillana, Iñigo López de Mendoza, famoso poeta castellano, conocido en la época por “el de los Proverbios". María debió ser la tercera de las seis hijas.Ladrero García, 2009.
Biografía Las estrategias matrimoniales de los condes de Haro llevaron a convertir a dos de sus hijas en duquesas. María de Velasco fue una de ellas, que a lo largo de su vida fue duquesa de dos ducados distintos. Su trayectoria vital estuvo, pues, marcada por sus enlaces matrimoniales con dos de los grandes nobles más influyentes de su época, el marqués de Villena, Juan Pacheco, que fue nombrado I duque de Escalona, y el conde de Ledesma, Beltrán de la Cueva, nombrado primer duque de Alburquerque. Los dos habían mantenido una dura rivalidad.
De los dos matrimonios María tuvo descendencia. Parte de sus energías las empleó en la protección y defensa de los intereses de sus hijos, demostrando así la capacidad de acción que podían tener las mujeres de la nobleza en esta época. Su posición social, el linaje que ella misma representaba y sus decisiones fueron esenciales para definir el territorio que heredarían sus descendientes, así como para dotarles de un buen futuro. En ambas uniones se preocupó mucho por asegurar las posesiones que pudieran recibir sus hijos, ya que ella no era la primera esposa en ninguno de los dos casos (en el caso de Beltrán de la Cueva era la tercera esposa), asegurándose así de que la Casa de Velasco perduraría y seguiría ostentando el poder en ciertos territorios.
A su primer enlace llegó con apenas catorce años, mientras que Juan Pacheco pasaba de la cincuentena, y su matrimonio duró escasamente dos años. Con Beltrán de la Cueva la relación habría sido diferente. El matrimonio duró dieciocho años, hasta la muerte de Beltrán en 1492. Por los escritos conservados, parece que Beltrán de la Cueva profesó un gran amor por María. En su testamento se dirige a ella como “mi amada señora muger Doña Maria de Velasco, la Duquesa que agora es”. Fue voluntad testamentaria de Beltrán de la Cueva que en su sepulcro se representase el busto de María en un lugar privilegiado, a su derecha, aunque ella no quisiera enterrarse en la misma capilla en un futuro, así como que disfrutase de la tenencia y posesiones de la villa de Cuéllar, lugar en el que habían establecido su hogar. Otro bonito gesto con María son las palabras que Beltrán le dedica a su heredero, Francisco Fernández de la Cueva, en el testamento: “que sirváis e seáis obediente a la Duquesa, como si os pariera, e no salgáis de su mandamiento so pena de mi bendición”,Fernández de Béthencourt, Tomo X, p. 238. al que insta a cuidar de la duquesa como si fuera su propia madre. Cabe destacar, además, que Beltrán accedió a algunas propuestas que tuvieron que ver con Mencía de Pacheco, la hija que tuvo María con el marqués de Villena, Juan Pacheco, como el consentimiento firmado de no enajenarle los derechos a Mencía sobre la villa de Riaza aun habiendo hijos en la unión de la Cueva-Velasco o la participación económica del duque en la dote matrimonial.Quintanilla Raso, 2017, p.302. izquierda|miniaturadeimagen|221x221px|Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Roa (Burgos) María, en su última viudedad se había retirado a vivir a la villa de Roa de la que mantuvo el señorío. Después de haber sido dos veces duquesa viuda, los reyes Isabel y Fernando la premiaron con un título propio, nombrándola duquesa de Roa en el año 1492, dignidad que ostentó hasta su muerte en 1509. En esta localidad, será la encargada de dotar y patrocinar la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, más concretamente la capilla mayor, donde dispuso su enterramiento. Los acuerdos matrimoniales con Juan Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona Su primer matrimonio tuvo lugar en 1472 con Juan Pacheco, maestre de la Orden de Santiago y marqués de Villena. María apenas alcanzaba los catorce años en este momento por lo que será su padre, Pedro Fernández de Velasco, el responsable de concretar las capitulaciones matrimoniales previas con el futuro esposo. Para la celebración legítima de este matrimonio hubo que esperar a recibir la dispensa apostólica, ya que los cónyuges eran parientes en tercer y cuarto grado según se lee en el documento de las capitulaciones matrimoniales. En este acuerdo se estableció que Juan Pacheco no podría casarse con ninguna otra mujer en el tiempo que se tardase en recibir la dicha dispensa y, entre otras cuestiones de la dote, se aseguró también el futuro de los posibles hijos que pudiera tener el matrimonio mediante la herencia de algunas propiedades como las villas de Coruña, Magaña y San Felices de los Gallegos con sus vasallos, hecho destacable ya que María de Velasco no fue su primera esposa.
El enlace se celebró por poderes otorgados del Maestre al Comendador de Santiago García Osorio, estando presente María en la villa de Briviesca mientras que Juan Pacheco habitaba en su villa de Peñafiel. A Juan Pacheco se le había otorgado el título de duque de Escalona días antes del matrimonio, por lo que de esta forma María se convirtió desde muy joven en duquesa. Este matrimonio solamente duró dos años ya que Juan Pacheco falleció en 1474. De esta unión nacerá una única hija póstuma, Mencía de Pacheco y Velasco, futura duquesa de Maqueda.
Conflictos de María y su hija Mencía Pacheco por la herencia con Diego López Pacheco, II marqués de Villena María y su hija mantuvieron una estrecha relación y enfrentaron diversos conflictos contra Diego López Pacheco y Portocarrero, II marqués de Villena, el hijo de Juan Pacheco y de su anterior esposa, María Portocarrero, que se había convertido en hijastro y hermano consanguíneo respectivamente. Los conflictos tuvieron que ver con la herencia del maestre.
Las dos mujeres Velasco reclamarán la tenencia de la villa y el castillo de Garcimuñoz como compensación por la dote, arras y mejoras de Mencía. Por mediación de Pedro Díaz de Soto, secretario de Pedro Fernández de Velasco, se realizará una permuta mediante la cual se entrega a Diego López Pacheco la villa de Garcimuñoz a cambio de la villa de Riaza, la cual quedará en manos de su hermanastra. Mencía Pacheco y Velasco se convierte así en señora de Riaza y aportará este territorio como dote en su futuro matrimonio con Diego de Cárdenas.Franco Silva, 2011 y Sánchez Villareal, 2013. A los bienes de Mencía se unirán también mil vasallos y quinientos mil maravedís de las villas de Almansa y Utiel, concedidos por la reina Isabel en 1477 como merced para María de Velasco en compensación por la disputa con Diego López Pacheco por la herencia del marqués de Villena.
María estipuló que los bienes de su hija estarían protegidos y seguiría siendo heredera única de la villa de Riaza, sin que los posibles hijos que hubiere de otro matrimonio pudieran enajenarla. Al quedar viuda María y unirse a otro linaje debería de haber nombrado un tutor legal para los bienes de su hija, pero decidió ser ella misma la poseedora y tutora de los mismos. Esta situación bien podría haberle costado un litigio con los futuros esposos ya que esto se consideraba una administración indebida de las propiedades. La buena relación existente entre madre e hija hace que, una vez celebrados los desposorios de su hija en 1489, tanto Mencía como Diego de Cárdenas declarasen que eran conscientes de la situación pero que no iban a tomar represalia alguna contra la duquesa. Quintanilla Raso, 2017, pp.301-305.
Los acuerdos matrimoniales con Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque miniaturadeimagen|245x245px|Vista del castillo de Torregalindo (Burgos) Tras enviudar, una todavía joven María de Velasco contrajo segundas nupcias con Beltrán de la Cueva, I duque de Alburquerque, quien había sido uno de los principales adversarios de su anterior marido. En mayo de 1479 comenzaron a acordarse las capitulaciones matrimoniales entre su madre, Mencía de Mendoza, y el futuro esposo, Beltrán de la Cueva, celebrándose el enlace años después, en 1483. No fue una tarea sencilla la de llegar a un acuerdo, pues en esta ocasión los Velasco también buscaron asegurar el futuro del linaje y de los hijos habidos en el matrimonio solicitando, entre otras cuestiones, la fundación de un nuevo mayorazgo a favor del heredero o heredera de este matrimonio. La villa de Mombeltrán y la de Torregalindo fueron las escogidas para este nuevo mayorazgo que, en caso de no poder formarse por ausencia de descendientes, pasaría a manos de la propia María de Velasco.Carceller Cerviño, 2006 y Velasco Herrero, 2020.
A pesar de no estar de acuerdo con ciertas condiciones, Beltrán de la Cueva firmó las capitulaciones para que el enlace se pudiera llevar a cabo. Se estipuló también la cantidad de 600.000 maravedís como dote por parte del duque y una entrega mutua de joyas. María aportaría por su parte como dote al matrimonio joyas de oro, perlas, piedras y plata dorada que debieron de tasarse para que Beltrán brindase la misma cantidad. Además de lo aportado, su madre Mencía, la condesa de Haro, le había dado a María para que llevase el día de su matrimonio dos briales de brocado, una sobrerropa de pelo, unas faldillas de brocado de raso, dos sobrerropas de seda y otros objetos suntuarios a cambio de las arras que entregaría el duque.Carceller Cerviño, 2006, pp. 653-656.
Aquí se abre un capítulo que marcará los primeros años del matrimonio puesto que el conde no entregó la parte homóloga de las joyas que le correspondía. María de Velasco permanecerá retenida por el conde de Miranda Pedro de Zúñiga, el esposo de su hermana Catalina; y por su tío, Luis de Velasco, que “secuestrarán” a María como medida de presión sobre Beltrán hasta asegurarse de que cumplía con las prerrogativas firmadas en las capitulaciones matrimoniales. Entre 1482 y 1483 Beltrán promete entregar la cantidad que debe y reclama que las joyas de María nunca llegaron a sus manos, además de quejarse sobre la manera en la que se hizo la tasación, de la que dijo que se había realizado por encima del valor real de las joyas.Carceller Cerviño, 2006. Beltrán también declaró haber firmado dichas capitulaciones “por miedo” de su suegro, el conde de Haro y afirmó haberse sentido presionado por los Velasco para la creación del nuevo mayorazgo. Aun así, a Beltrán no le quedó otro remedio que aceptar lo pactado para que María estuviera de vuelta con él. La liberación de María supuso que Beltrán informase a las fortalezas de Torregalindo y Mombeltrán que debían rendir pleito homenaje a la duquesa, además de hacerles prometer que serían fieles a doña María.Carceller Cervello, 2006, p.657. Beltrán recuperó a su esposa, no sin antes haber fallado a su palabra, pues retiró el pleito homenaje a la duquesa de la villa de Mombeltrán, cosa que no ocurrió con Torregalindo, lugar de mayor importancia para los Velasco por su ubicación geográfica en la provincia de Burgos.