El vestido Letty Lynton (en inglés: Letty Lynton dress) es un traje que la actriz Joan Crawford lució en la película Letty Lynton (1932).
Historia Contexto Entre finales de la década de 1920 y comienzos de los años 1930, tanto en Estados Unidos como en Europa, los vestidos de noche solían ceñirse al cuerpo dejando la espalda al descubierto; ejemplo de ello son los atuendos de Louise Brooks en La caja de Pandora (1929), obra de Gottlieb Hesch, y el vestuario de Clara Bow en Her Wedding Night (1930), creación de Travis Banton. Para 1932, los trajes femeninos se ajustaban perfectamente a la figura, sobre todo en la cintura y a la altura del busto, algo que no se había visto desde antes de la Primera Guerra Mundial. Concretamente, el corte recto y la línea horizontal que estos vestidos dibujaban a lo largo de las caderas ya desde los años 1920 creaban la sensación de que las mismas eran más anchas, mientras que en la década siguiente, el corte al bies se centró en acentuar la curvatura natural del cuerpo, en ocasiones remarcada con delicadas fajas y sostenes de látex y con preferencia por tejidos como el satén y el lamé, algo inalcanzable para la mujer promedio. Por otro lado, los atuendos de manga ancha ya eran populares desde principios del siglo , cuando aparecieron las mangas «pierna de cordero», caracterizadas por poseer una forma similar a la de un jamón al contar con un gran volumen desde la axila hasta el codo, ciñéndose desde ahí hasta la muñeca. Su popularidad llegó al punto de convertir este elemento en una de las características más distintivas de la moda de los años 1830, alcanzando sus máximas proporciones a mediados de la década de 1890, época en la que esta clase de mangas experimentó su segundo apogeo. Poco antes del estreno del filme, en la Exposición colonial internacional de París, celebrada en 1931, los hombros anchos volvieron a ponerse de moda al exhibirse «trajes japoneses y balineses y bailarinas del templo de Bangkok con hombros alados y cinturas pequeñas». La acentuación de los hombros empezó a verse en la alta costura parisina ese mismo año gracias a Elsa Schiaparelli, logrando su auge poco después de la mano de Gilbert Adrian.
Creación
Adrian, famoso diseñador que llevaba trabajando para la Metro-Goldwyn-Mayer desde 1928, y conocido por la originalidad de sus creaciones, fue el encargado de vestir a Crawford en Letty Lynton. Debido a que la actriz tenía unos hombros en aquel entonces considerados demasiado anchos, el estudio pidió a Adrian, supuestamente, la confección de un vestido que disimulase esta parte de su cuerpo mediante la inclusión de mangas abullonadas, petición con la que el diseñador debió de estar de acuerdo puesto que llegó al extremo de decirle a Crawford: «¡Dios mío, eres una Johnny Weissmüller!». Adrian, posiblemente influenciado por Schiaparelli, optó no obstante por emplear unas mangas entonces innovadoras que no solo no ocultaban el tamaño de los hombros sino que los exageraban al mismo tiempo que los realzaban, adaptándose a su vez al nuevo estilo entonces en boga a la par que disimulaban el gran tamaño de las caderas de la actriz (a mayores, Adrian, como era costumbre, cortó el traje hasta la cintura para crear la ilusión de unas piernas más largas). Sin embargo, esta petición por parte del estudio carece de sentido ya que uno de los trajes del filme dejaba los hombros de Crawford completamente al descubierto tal y como se puede apreciar en varias fotografías publicitarias, si bien el mismo se hallaba acompañado en la película de una estola que los cubría casi todo el tiempo; este atuendo, realizado en crepé blanco y negro y fuertemente influenciado por la estética art déco, pasaría a ser conocido como «el otro vestido Letty Lynton».Una reproducción en miniatura de este vestido fue vendida en 2003 como parte de la colección Vestidos Inolvidables de la editorial Salvat.
De acuerdo con Rashna Wadia Richards, la revivificación por parte de Adrian de las mangas de comienzos del siglo junto con el añadido de otros elementos, como las gorgueras (cuello isabelino), el tipo de cintura y el acampanado de la falda, fruncida y con volantes, creó una suerte de collage en el que se pueden apreciar detalles de diferentes épocas, lo cual concuerda con una declaración efectuada por el propio diseñador en 1933 al Ladies' Home Journal acerca de que el vestido «parece tener varias ideas». A este respecto, Howard Gutner, biógrafo de Adrian, declaró lo siguiente:
Por otro lado, David Wallace afirma que el atuendo, lucido por el personaje de Crawford durante una fiesta de Navidad, fue elaborado por un total de 250 sastres, cortadores, bordadores, joyeros, artistas plumarios y costureras, mientras que el tono blanco del traje pudo haber sido escogido por ser un color tendencia en aquel momento al haber sido impuesto por los estudios cinematográficos para dar una imagen de esperanza y optimismo tras el crac del 29. Independientemente de si Adrian obedeció o no órdenes de los ejecutivos de la MGM, el vestido, descrito por el propio diseñador como «divertido pero un poco exagerado», tenía como misión resaltar la supuesta inocencia del personaje interpretado por Crawford a la vez que resultar lo suficientemente sensual como para constituir un arma de seducción, pues en la película la actriz asume el papel de una dama de la alta sociedad que durante un crucero se enamora de un millonario para poco después ser víctima de un chantaje por parte de un antiguo amante; al no encontrar otra salida, la mujer decide suicidarse mediante la ingesta de veneno, el cual acaba tomando su amante de manera fortuita sin que ella se lo impida, fungiendo el atuendo de Adrian como una falsa declaración de inocencia y vulnerabilidad.El atrevido argumento del filme, en el cual la protagonista logra salir indemne de un crimen, apenas se vio afectado por la censura debido a que el código Hays aún no había sido implantado en todo su rigor pese a llevar vigente desde 1930. En palabras del diseñador:
En lo que respecta al proceso de fabricación, el mismo comenzó con el estudio de los bocetos de Adrian por parte de las costureras (lideradas por la asistente del diseñador Hannah Lindfors y por la jefa de costureras Inez Schrodt), quienes para evitar que Crawford tuviese que perder tiempo en la toma de medidas, emplearon un maniquí acolchado el cual reproducía su figura, algo común en la industria cinematográfica de entonces. Es posible que, al igual que con la creación de un traje de lamé que la actriz lució en la misma película, las costureras elaborasen una primera versión en muselina para utilizarla como guía y evitar errores al momento de cortar la tela de organdí, tras lo cual la prenda se habría desmontado con el objetivo de disponer los patrones sobre la tela final para una mayor precisión al momento de llevar a cabo los cortes; una vez confeccionado el traje, las costureras procedieron a efectuar los remates pertinentes sobre el maniquí antes de que Crawford lo vistiese, todo ello con el fin de evitar sucesivas pruebas de vestuario que pudiesen comprometer el trabajo de la actriz. Los arreglos de los trajes diseñados por Adrian tenían lugar siempre en su estudio, ubicado en el departamento de vestuario de la MGM. La actriz a la que la prenda estaba destinada debía presentarse a tiempo para la prueba puesto que, en caso contrario, el diseñador podía cancelar la cita; una vez la actriz se había puesto el vestido con la ayuda de las modistas, permanecía erguida sobre una plataforma de grandes dimensiones iluminada con focos de alta y baja potencia idénticos a los utilizados en los sets de rodaje, tiempo en el que Adrian examinaba el vestido desde todos los ángulos gracias a unos espejos colocados alrededor de la plataforma del mismo modo en que se situaban las cámaras en los decorados. Inicialmente se disponía sobre esta plataforma el maniquí sobre el que se había confeccionado el atuendo para efectuar los arreglos finales antes de que la actriz en cuestión se probase la prenda, cuyos bocetos eran aprobados tanto por la estrella como por el director, este último con poder para variar o desechar un diseño.
Repercusión