La gira internacional de Eva Perón fue un viaje diplomático no oficial que realizó la primera dama argentina Eva Perón en varios países europeos y suramericanos en verano de 1947. La prensa de la época y ella misma la llamaron la gira del Arcoíris, y en ocasiones también ha sido llamada la gira europea de Eva Perón, aunque la gira incluyó también Brasil y Uruguay. Varios días antes de iniciar la gira, la confederación anarquista CGT Argentina le entregó el título honorífico de embajadora de la paz, y a lo largo de la gira se le identificó a menudo con este sobrenombre.
El recorrido pasó por España, Italia, El Vaticano, Portugal, Francia, Mónaco, Suiza, Brasil y Uruguay, en este orden. Salió de Argentina el 6 de junio de 1947, en un avión que España puso a su disposición, y retornó al puerto de Buenos Aires desde Montevideo el 23 de agosto de ese mismo año, en un total de 79 días.
En general el calendario de Eva fue relativamente común para todos los países de la gira e incluyó visitas oficiales a monumentos, edificios históricos o celebraciones religiosas y folclóricas, cenas de gala, encuentros con sindicalistas y grupos empresarios, y la ratificación y/o firma de tratados comerciales por la provisión de grano argentino, acuerdos sobre inmigración, préstamo de pesos argentinos, etc. Argentina firmó varios acuerdos con España, un tratado que incluía un préstamo de 600 millones de pesos a Francia durante la gira, un préstamo de 350 millones de pesos a Italia el 13 de noviembre, y durante ese año y el siguiente se firmaron acuerdos con 11 países más.
Contexto histórico
Argentina en 1947 se encontraba en un momento de auge económico y político, el país había celebrado las elecciones presidenciales de 1946 tras el golpe de Estado del 43, iniciándose el primer gobierno de Perón. Fue una etapa de expansión de la capacidad industrial y agropecuaria, especialmente del trigo, basada en una planificación estatal del sistema económico a través del plan quinquenal. A nivel de política exterior se creó el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, un organismo estatal con el fin de nacionalizar y centralizar el comercio exterior, aunque las relaciones comerciales se hacían a través de la Secretaría de Comercio. Las presiones que los aliados ejercieron sobre Argentina por su posicionamiento frente a las potencias fascistas durante la Segunda Guerra Mundial se aliviaron al terminar la guerra, y especialmente tras la declaración guerra a las potencias del Eje como requisito previo para su entrada en las Naciones Unidas. Argentina mantuvo relaciones con las Potencias del Eje hasta el 26 de enero de 1944 y no declaró la guerra a Alemania y Japón hasta el 27 de marzo de 1945.Galasso, pp. 248–251Galasso, pp. 194–196 Al final de la guerra solo diez países mantenían relaciones diplomáticas plenas con Argentina, entre ellos España.
Argentina se benefició de sus alianzas económicas durante la guerra, acumulando ingentes reservas económicas gracias a la venta de alimentos a los países en guerra, pero los principales compradores europeos de productos agropecuarios argentinos quedaron devastados tras la guerra mundial (como Francia o Italia), y sus economías estaban en recesión. Este factor, junto con la necesidad de divisa extranjera para comprar el material necesario para el desarrollo industrial, hizo que el Gobierno de Perón impulsara las relaciones comerciales a través de pactos bilaterales con los países europeos necesitados de grano. A nivel latinoamericano intentó promover sin éxito los mercados comunes aboliendo tarifas aduaneras y incentivando el comercio regional. A partir de la primera mitad de los 50 el comercio con Europa disminuyó significativamente y Brasil pasó a ser el principal importador de trigo argentino a nivel internacional. Los diez clientes principales de Argentina en 1948 fueron Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia, España, Bélgica, Brasil, Francia, Países Bajos, India y Suiza. Eva Perón visitó cinco de ellos durante su gira. Los acuerdos comerciales de esa época se caracterizan por incluir una cláusula para no practicar una política trueque o triangulación comercial, buscando la transacción directa, para evitar “la importación, fabricación o ventas de productos que lleven marcas, nombres, etc. que comporten una falsa indicación sobre el origen o cualidad del producto” (Torres Gigena, 1943).
Relaciones entre Argentina y España
Perón visitó España por primera vez en 1940 cuando ejercía como agregado militar de la embajada argentina en la Italia fascista, pasando por Zaragoza, Madrid y Barcelona. Franco invitó a Perón a visitar España en diversas ocasiones tras las elecciones de 1946 en las que resultó presidente, pero todas las invitaciones fueron rechazadas hasta 1947, cuando se decidió que Eva Duarte realizara el viaje junto con una comitiva. Argentina había reconocido oficialmente al Gobierno franquista como el gobierno legítimo de España, pese a haber llegado al poder tras un golpe de Estado fallido y una posterior guerra civil, y las relaciones diplomáticas y comerciales se mantuvieron tanto a lo largo de la guerra civil española, de la Segunda Guerra Mundial y hasta principios de los años 50, cuando empezaron a deteriorarse.
Los acuerdos y tratados comerciales entre Argentina y España de los años 40 trataban principalmente del envío de trigo, maíz y otros alimentos por parte de Argentina para aliviar la situación de hambruna que se vivía en la España de la posguerra, a cambio del envío por parte de España de acero, maquinaria y otros minerales para promover el crecimiento industrial iniciado a principios del y promovido especialmente a través del Primer Plan Quinquenal de Perón.
Estos intercambios llevaron alimentos a una población que se encontraba en una crisis alimentaria severa producida por los destrozos de la guerra civil por la sequía de principios de los 40 y la disminución de la mano de obra debido a la represión franquista o la falta de fondos del Banco de España debido a la operación del Oro de Moscú entre otras razones.
España también mantuvo relaciones con los Estados fascistas durante toda la Segunda Guerra Mundial, y pese a su postura oficial no beligerante, entre otras cosas participó en el frente oriental con la División Azul. Tras la guerra recibió un aumento de las sanciones y del aislamiento en las relaciones internacionales durante los primeros años de la posguerra.En 1946 la ONU aprobó la resolución 39 que instaba a los países miembros a cesar las relaciones internacionales y diplomáticas con España, aplicando entre otras medidas la retirada de embajadores, en lo que se llamó cuestión española. Sólo Argentina, además de Portugal, Suiza, Irlanda y el Vaticano que no pertenecían a la ONU, mantuvieron sus representaciones en Madrid.
No fue hasta mediados de los años 50 que con el recrudecimiento de la Guerra Fría, y el progresivo acercamiento del régimen franquista a los países capitalistas debido a su postura anticomunista, España empezaría a mejorar su situación económica y diplomática con cambios como el levantamiento del embargo en el 50 y la entrada en la ONU en el 55 o el inicio de la ayuda estadounidense en el 53. Tanto el régimen franquista como el primer gobierno de Perón eran considerados por muchos países, como Yugoslavia o Bielorrusia, como los dos principales remanentes del fascismo a nivel internacional tras la derrota del resto de las potencias del Eje. Pese a esto Argentina asumió el papel de representante de España ante los países soviéticos, muy reacios a relacionarse directamente con España.
Según el historiador Raanan Rein los factores que motivaron esta colaboración entre España y Argentina no fueron solo económicos sino también ideológicos y de afinidad política, reforzados también por la recuperación del concepto de la hispanidad (solidaridad hispánica) que ganó popularidad en España e Hispanoamérica durante el periodo de entreguerras, sobre todo en círculos políticos de derecha o nacionalistas, así como un factor propagandístico importante.
Relaciones entre Argentina e Italia
Italia, en plena reconstrucción económica tras su participación en el bando del Eje durante la guerra y la posterior guerra civil, se encontraba en un momento de agitación obrera, presión anticomunista gubernamental y una crisis económica provocada entre otras cosas por la alta inflación y la mala cosecha del 47. Por otro lado Argentina era para Italia un símbolo de la acogida ya que durante décadas había permitido que una gran cantidad de familias italianas pobres emigraran hacia allí, a lo que ayudó el apoyo de Argentina a Italia durante el tratado de París de febrero. En 1947 había 800.000 inmigrantes de esa nacionalidad, cantidad que aumentó en 300.000 más durante la siguiente década.
El 31 de mayo de ese año tras excluir a los ministros comunistas del gobierno, Alcide De Gasperi formó un gabinete demócrata cristiano en minoría, pero con el voto de confianza por 274 votos contra 231. Por otro lado la agitación social era notable, como se vio en mayo con la masacre de Portella della Ginestra o con las huelgas generales de otoño, y durante la estancia de Eva en el país los conflictos sociales se hicieron palpables.
A finales de febrero se firmó el primer tratado de emigración italoargentino, en verano Eva llegó como representante de un país que abastecería a Italia de trigo y en octubre se firmó un acuerdo comercial-financiero. El tratado de migración estaba dirigido a aumentar la cantidad de mano de obra técnica cualificada que Argentina necesitaba para llevar a cabo el Plan Quinquenal, lo que a su vez le convenía a Italia debido a su elevada tasa de desempleo.
El 27 junio Il Messaggero publicó una entrevista a Perón en la que definía la política hacia Italia en tres puntos: la promoción de una inmigración calificada para la naciente industria argentina, la incentivación de las inversiones italianas en áreas como las infraestructuras, la industria y la petroquímica, y la intención de ocupar un lugar destacado en la situación geopolítica de la posguerra.
Relaciones entre Argentina y Portugal La dictadura del Estado Novo de Salazar, que llegó al poder a través de un golpe de Estado en 1926 contra la Primera República Portuguesa, mantuvo una postura oficial de neutralidad durante la guerra y permitió que Estados Unidos estableciera bases militares en las Azores en 1944, por lo que sobrevivió sin recibir daños en la península. Durante la guerra exportaba principalmente productos textiles, metales y tungsteno a los países europeos en guerra (tanto si apoyaban al Eje como a los Aliados), acumulando así una gran cantidad de divisas y desarrollando en cierta medida la economía portuguesa. En cuanto a las colonias, que aunque estaban muy poco desarrolladas, proporcionaban cierta riqueza principalmente a través de la extracción de recursos, y se mantuvieron bajo dominio portugués hasta los años 70.
A pesar del carácter autoritario del régimen, Portugal no experimentó los mismos niveles de aislamiento internacional que la España franquista después de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de España, Portugal bajo Salazar fue aceptado en el Plan Marshall (1947–1948) a cambio de la ayuda que brindó a los Aliados durante las etapas finales de la guerra. Además, también a diferencia de España, fue uno de los 12 miembros fundadores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en 1949, un reflejo del papel de Portugal como aliado contra el comunismo durante la Guerra Fría a pesar de su condición de único fundador no democrático.
Relaciones entre Argentina y Francia