300px|thumb|Estado de la aprobación del NPVIC por estados a fecha de febrero de 2025.En el mapa inferior, cada cuadradito representa un voto electoral.

El pacto interestatal por el voto popular nacional (en inglés, National Popular Vote Interstate Compact, NPVIC) es un pacto entre una serie de estados de los EEUU (y Washington DC) para otorgar todos sus votos electorales a la papeleta presidencial que gane el voto popular en los 50 estados y DC. El pacto está diseñado para asegurar que el candidato que reciba más votos en la nación en conjunto sea elegido presidente, y sólo entraría en vigor cuando el número de estados adheridos garantice que ocurra.

Fue introducido por primera vez en 2006 y a fecha de enero de 2025, se han unido 17 estados y el Distrito de Columbia. Entre todos, tienen 209 votos electorales, lo que supone 39 % del Colegio Electoral y un 77 % de los 270 votos que se necesitan para que el pacto entre en vigor. La idea empezó a crecer en esferas academicas tras la "falsa victoria" de George W. Bush (hijo) en las elecciones del 2000, en las que ganó el Colegio y se volvió presidente aun habiendo perdido el voto electoral. Esto no había ocurrido desde 1888.

Existen dudas jurídicas sobre la implementación del pacto. Algunos expertos jurídicos creen que los estados tienen pleno poder para designar a sus electores, por tanto son libres de hacerlo como dice el pacto. Otros creen que el pacto necesita consentimiento del Congreso basándose en la cláusula de pactos de la Constitución, en tanto en cuanto es un pacto interestatal, o que el proceso de elección presidencial sólo puede ser alterado vía enmienda constitucional (aunque sobre este último argumento, existen precedentes de cambios sin enmienda).

Mecanismo Esta ley es un pacto interestatal, y entrará en vigor en los estados firmantes una vez la suma de los votos de estos represente una mayoría absoluta de los votos del Colegio (actualmente 270). Una vez esté en vigor, en cada elección presidencial, cada estado firmante le daría sus votos electorales al candidato ganador del voto popular sumando los 50 estados y DC. Por lo tanto, este candidato se aseguraría al menos 270 votos electorales y obtendría así la presidencia. Hasta que no entre en vigor, los estados seguirán asignando sus votos electorales como lo hacían anteriormente

El pacto modificaría el método en que los estados implementan el artículo II, sección 1, cláusula 2 de la Constitución, que dicta que cada legislatura estatal define su propio método para elegir a sus electores para el Colegio Electoral. La Constitución ni dicta ni prefiere ningún tipo de método para elegirles, dejándolo así exclusiva y plenamente en manos de las cámaras estatales el elegir cómo designar los electores (siempre y cuando el método se ajuste a la decimocuarta enmienda, que garantiza la igual protección ante la ley y prohible la discriminación racial). A lo largo de la historia, los estados han elegido diferentes métodos para designar a sus electores, con cambios frequentes sobre todo en los primeros años de la nación. Hoy en día, todos los estados menos dos (Maine y Nebraska) asignan todos sus votos electorales al ganador del voto popular del estado (no de la nación), formando así un sistema mayoritario nominal no proporcional, conocido en inglés como winner-take-all.

Actualmente, Maine y Nebraska otorgan un voto electoral al ganador de cada distrito del Congreso y los dos votos electorales restantes al ganador estatal. En Maine, que ha firmado el pacto, su entrada en vigor significaría que el estado otorgará todos sus votos electorales al ganador del voto popular nacional. Además, debido a que el estado usa el voto por orden de preferencia para determinar el resultado de las elecciones presidenciales, el resultado final que certifiquen y envíen se basará en el resultado final de los últimos dos candidatos supervivientes.

El pacto dejaría de estar en vigor si el número total de votos electorales en poder de los estados participantes cayera por debajo del umbral. Esto podría ocurrir por la retirada de uno o más estados, cambios debidos a la redistribución de escaños tras en censo decenial, o un aumento en el tamaño del Congreso, entre otras cosas por la admisión de un quintuagésimo primer estado. Para estos casos, el pacto establece que en años electorales, seis meses antes del día de la toma de posesión, el 20 de julio, se determinará si el acuerdo está en vigor para dicha elección. Cualquier retirada de un estado después de esa fecha límite se considerará no efectiva por los otros estados hasta pasada la toma de posesión.

Premisa Entre las razones aducidas para el pacto se incluyen las siguientes:

Los sistemas estatales, según los cuales el ganador se lleva todos los votos, alientan a los candidatos a centrarse desproporcionadamente en un conjunto limitado de estados clave. A efectos del Colegio, ganar un estado con el 51% de votos y con el 100% de votos es lo mismo, así que los candidatos se centran en aquellos estados en los que van empatados, ya que un pequeño cambio en los votos produce un gran cambio en el colegio. Por ejemplo, en las elecciones de 2016, un cambio de 2.736 votos (menos del 0,4% del total votos emitidos) hacia Donald Trump en New Hampshire habría producido una ganancia de cuatro votos electorales para su campaña. Un cambio similar en cualquier otro estado no habría producido ningún cambio en el voto electoral, lo que alentó a su campaña a centrarse en New Hampshire por encima de otros estados. Un estudio de FairVote calculó que los candidatos de 2004 dedicaron tres cuartas partes de sus recursos de campaña (en los meses previos) a sólo 5 estados, mientras que los otros 45 estados recibieron poca o ninguna atención. De esos, 18 estados no recibieron visitas de candidatos ni publicidad televisiva, según el informe. Esto significa que los problemas de los estados bisagra reciben mucha más atención, mientras que los problemas o temas importante para otros estados son en gran parte ignorados.

El sistema mayoritario tiende a disminuir la participación electoral en los estados donde no hay contiendas reñidas. Los votantes que viven fuera de los estados clave saben con cierta certeza qué candidato va a ganar su estado. Tal sentimiento de que el resultado está ya prácticamente decidido disminuye las ganas de ir a votar, ya que se percibe que el voto no influye en esos estados. Un informe del Centro de Información e Investigación sobre Aprendizaje y Participación Cívica (CIRCLE) descubrió que la participación entre los votantes menores de 30 años con derecho a voto fue del 64,4% en los diez estados más reñidos, y sólo del 47,6% en el resto del país, dando una diferencia de 17 puntos porcentuales. El actual sistema del Colegio Electoral permite que un candidato gane la presidencia habiendo perdido el voto popular, un resultado que contradice el principio democrático de una persona, un voto.

+Elecciones de 'falso ganador', en las que el candidato investido no fue el ganador del voto popularElecciónGanador de las elecciones Presidente investidoGanador del voto popularDiferencia en votosParticipación1824 J. Q. Adams30,9%113 122 Jackson41,4%157 27110,5%44 14926,9%1876 Hayes47,9%4 034 311 Tilden50,9%4 288 5463,0%254 23582,6%1888 B. Harrison47,8%5 443 892 Cleveland48,6%5 534 4880,8%90 59680,5%2000 G. W. Bush47,9%50 456 002 Gore48,4%50 999 8970,5%543 89554,2%2016 Trump46,1%62 984 828 H. Clinton48,2%65 853 5142,1%2 868 68660,1%

Esto pasó en las elecciones de 1824, 1876, 1888, 2000 y 2016. (las de 1960 también son un ejemplo controversial). En las elecciones del 2000, por ejemplo, Al Gore ganó 543 895 votos más que George W. Bush a nivel nacional, pero Bush consiguió cinco electores más que Gore, en parte debido a una victoria ajustada y dudosa de Bush en Florida. En la elección de 2016, Hillary Clinton ganó 2 868 691 votos más a nivel nacional que Donald Trump, pero Trump consiguió 77 electores más que Clinton, en parte debido a las victorias ajustadas de Trump en Michigan, Pensilvania y Wisconsin (un total de 77 744 votos de diferencia).

Más abajo, se analiza si estos precedentes implican cierta ventaja partidista hacia un partido en concreto en el Colegio Electoral.

Posibilidades de entrada en vigor El analista político Nate Silver señaló en 2014 que todos los estados que se habían adherido al pacto hasta ese momento eran estados azules, pero los estados azules restantes no sumaban suficientes votos electorales para lograr la mayoría requerida (y a fecha de 2025 todavía no lo hacen). Concluyó que, como es poco probable que los estados bisagra apoyen un pacto que redujera su influencia (véase § Enfoque de la campaña en los estados indecisos ), el pacto no podría tener éxito sin su adopción también por parte de algunos estados republicanos. Dicho eso, no todas las aprobaciones han venido de demócratas. Hubo cámaras republicanas que adoptaron la medida en Nueva York (2011), Oklahoma (2014) y Arizona (2016), y la también ha sido aprobado por unanimidad en subcomités liderados por republicanos en Georgia y Missouri, previo a las elecciones de 2016. El 15 de marzo de 2019, Colorado se convirtió en el estado más púrpura, es decir, el más bisagra, en unirse al pacto. En su caso, ningún legislador republicano apoyó el proyecto de ley, pero Colorado estaba bajo un triplete de gobierno demócrata. Posteriormente fue sometido a referéndum, donde fue aprobado por el 52% de los votantes.

Además del umbral de adopción, la adopción del NPVIC plantea posibles dudas jurídicas, analizadas más abajo, que podrían suscitar impugnaciones. Discusión sobre los efectos El proyecto ha sido apoyado por editoriales tales como el The New York Times, el Chicago Sun-Times, Los Angeles Times, The Boston Globe, y el Minneapolis Star Tribune, que argumentan que el sistema actual desincentiva la participación electoral y se enfoca sólo en unos pocos estados y unos pocos temas, mientras que una elección popular nacional igualaría el poder de voto. Otros se han mostrado en contra, como el Honolulu Star-Bulletin. Pete du Pont, ex gobernador de Delaware, en un artículo de opinión en The Wall Street Journal, calificó el proyecto como una "toma de poder urbano" que trasladaría toda la política a cuestiones urbanas de estados de alta población, y permitiría que candidatos menos populares se presenten. La Liga de Mujeres Votantes ha reunido textos a favor y en contra. A continuación se detallan algunos de los argumentos más comunes:

Función protectiva del Colegio Electoral Algunos padres fundadores, como Alexander Hamilton y James Madison, crearon el Colegio Electoral para que fuese un órgano deliberativo que sopesaría las opiniones de los estados, pero no las consideraría vinculantes a la hora de seleccionar al presidente; por tanto, serviría para proteger al país de la elección de una persona no apta para el puesto de presidente. En los tiempos de la independencia, cuando parecía surrealista que algún candidato fuese conocido en todo el país debido a los pocos medios de comunicación, se esperaba que cada estado eligiese a personas de fiar que más tarde debatirían en el colegio y tomarían una decisión sensata y deliberada. En caso contrario, la Cámara de Representantes, también formada por gente de alta esfera, elegiría a un candidato sensato aun si no era conocido.

Sin embargo, en la práctica el Colegio Electoral nunca ha cumplido tal función. Desde 1796, los electores presidenciales han sido "marionetas" o peones de los candidatos de sus partidos. El periodista y comentarista Peter Beinart menciona la elección de Donald Trump, a quien algunos, señala, consideran no apto, como prueba de que el Colegio Electoral no cumple ninguna función protectora.