Las ratlines (; literalmente «líneas de ratas»), también conocidas en español como rutas de las ratas, fueron las redes de escape que utilizaron los nazis y sus colaboradores para huir de Europa a partir de 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Conducían sobre todo a Sudamérica —en particular a Argentina, a donde también migraron 44.000 judíos entre 1933 y 1943, formando así la quinta comunidad judía más grande del mundo fuera de Israel y la más grande de América Latina —, además de a Brasil, Chile y Paraguay. Algunos fugitivos se quedaron en los puntos de tránsito; otros los usaron como escala para llegar a otros destinos.

Surgieron dos rutas principales desde Alemania hacia Sudamérica que, aunque al principio funcionaban por separado, terminaron coordinándose: la primera pasaba por la España franquista y la segunda por Roma y Génova. Las ratlines contaron con el apoyo de algunos clérigos de la Iglesia católica —como el obispo austríaco Alois Hudal y el sacerdote croata Krunoslav Draganović— y de varias delegaciones del Comité Internacional de la Cruz Roja. Desde , los nazis pagaron a funcionarios argentinos para proteger a sus agentes, lo que contribuyó al ascenso de Juan Domingo Perón, cuyo régimen montaría más adelante rutas adicionales a través de Escandinavia y Suiza.

Entre los nazis y colaboradores destacados que escaparon figuran el líder de la Ustaše Ante Pavelić, el soldado Michael Kast y los oficiales de las SS Adolf Eichmann y Josef Mengele, ambos perpetradores del Holocausto. A partir de 1947, Estados Unidos echó mano de la red de Draganović y de un funcionario de la Organización Internacional para los Refugiados para sacar de Europa a algunos desertores e informantes soviéticos, y también al jefe de la Gestapo Klaus Barbie, que había estado intercambiando información con el Ejército de los Estados Unidos mientras se hallaba detenido en la Austria ocupada. Décadas después, las ratlines siguen siendo objeto de investigaciónEntre los expedientes inéditos potencialmente relevantes figuran unos 150 documentos en poder del banco suizo UBS y otros 6000 que parecen coincidir con material confiscado en oficinas nazis en Argentina en 1941. y de interés cultural.

Etimología

En la jerga marinera, los ratlines (en español flechaduras o flechastes) son las cuerdas finas que, dispuestas horizontalmente entre los obenques, hacen las veces de escala para subir al mástil. El término se documenta por primera vez aplicado a las rutas de escape nazis hacia -1950, en los inicios de la Guerra Fría. Por entonces, el Cuerpo de Contrainteligencia (CIC) del Ejército de los Estados Unidos en la Austria ocupada protegía a desertores e informantes frente a la Unión Soviética, y también al oficial de las Schutzstaffel (SS) Klaus Barbie —apodado «el Carnicero de Lyon» por haber dirigido la Gestapo en Lyon, Francia—, sacándolos de Europa rumbo a Sudamérica por las rutas de escape nazis ya existentes, bajo el nombre clave «Operation Ratline» u «Operación Ratline». Hoy ratline designa cualquier ruta concreta de escape, mientras que el plural suele aludir al conjunto del entramado, llamado a veces ratlines nazis para mayor claridad.

Panorama general Las dos rutas principales surgieron por separado, pero sus operadores acabaron coordinándose. La primera iba de Alemania a España y de allí a Argentina; la segunda partía de Alemania hacia Roma, luego Génova y, por último, Sudamérica. Se calcula que hasta 9000 criminales de guerra nazis y colaboradores escaparon hacia Sudamérica: hasta unos 5000 a Argentina, entre 1500 y 2000 a Brasil y entre 500 y 1000 a Chile. Algunos refugiados se integraron en América Latina haciéndose pasar por agricultores o por católicos.

España franquista Los orígenes de las primeras ratlines están vinculados a varios episodios de las relaciones entre el Vaticano y Argentina antes de la Segunda Guerra Mundial y durante la misma. Ya en 1942, el Cardenal Secretario de Estado Luigi Maglione —al parecer por encargo del papa Pío XII— se puso en contacto con un embajador de Argentina en relación con la disposición de ese país a acoger sin demora a inmigrantes católicos europeos y permitirles vivir y trabajar. Anton Weber, sacerdote alemán al frente de la rama romana de la Sociedad de San Rafael, viajó a Portugal con la intención de proseguir hasta Argentina, aparentemente con el propósito de preparar el terreno para la inmigración católica.

Algunos líderes católicos optaron por colaborar con los nazis en un intento de combatir a su enemigo común, el bolchevismo. Hacia 1944, la actividad de las ratlines, centrada en la España franquista, se encaminó a facilitar la huida de los nazis. Entre sus principales organizadores se encontraban Charles Lescat, francés miembro de Acción Francesa —organización suprimida por el papa Pío XI y rehabilitada por el papa Pío XII—, y Pierre Daye, belga con contactos en el gobierno español. Lescat y Daye fueron los primeros en huir de Europa con la ayuda del cardenal argentino Antonio Caggiano.

En 1946, cientos de criminales de guerra residían en España, junto con miles de antiguos nazis y fascistas. Según el secretario de Estado de los Estados Unidos James F. Byrnes, la cooperación del Vaticano para entregar a esos «solicitantes de asilo» fue «insignificante». A diferencia de la operación de emigración del Vaticano en Italia, centrada en la Ciudad del Vaticano, las ratlines españolas —aunque promovidas por el Vaticano— operaron con relativa autonomía respecto de la jerarquía de la Oficina de Emigración vaticana.

Ratlines italianas

La red del obispo Hudal

El obispo católico austríaco Alois Hudal, simpatizante nazi, era rector del Pontificio Istituto Teutonico Santa Maria dell'Anima en Roma, seminario para sacerdotes austríacos y alemanes, y «Director Espiritual del Pueblo Alemán residente en Italia». Tras el fin de la guerra en Italia, Hudal pasó a atender a los prisioneros de guerra e internados germanoparlantes recluidos en campos de toda Italia. En diciembre de 1944, los Aliados autorizaron al Vaticano a designar un representante para visitar a los internados civiles germanoparlantes en Italia, función que recayó en Hudal.

Hudal aprovechó esta posición para facilitar la huida de criminales de guerra nazis buscados, entre ellos Franz Stangl (comandante del Campo de exterminio de Treblinka), Gustav Wagner (comandante del Campo de exterminio de Sobibor), Alois Brunner (responsable del Campo de internamiento de Drancy cerca de París y a cargo de las deportaciones desde Eslovaquia hacia los campos de concentración nazis), Erich Priebke (responsable de la masacre de las Fosas Ardeatinas) y el oficial de las SS Adolf Eichmann (artífice del Holocausto); más tarde Hudal habló sin pudor de su papel. Algunos de los buscados estaban recluidos en campos de internamiento; al carecer por lo general de documentos de identidad, eran inscritos en los registros bajo nombres falsos. Otros nazis se ocultaban en Italia y se acercaban a Hudal al enterarse de su papel en las fugas. En sus memorias, Hudal afirmó sobre sus actos: «Doy gracias a Dios por haber [permitido] que visitara y consolara a muchas víctimas en sus prisiones y campos de concentración, y por ayudarlas a escapar con documentos de identidad falsa».Hudal, Römische Tagebücher Explicó que, a su juicio:

La guerra de los Aliados contra Alemania no fue una cruzada, sino la rivalidad de complejos económicos por cuya victoria habían combatido. Ese llamado negocio... empleaba consignas como democracia, raza, libertad religiosa y cristianismo a modo de cebo para las masas. Todas estas experiencias fueron la razón por la que, después de 1945, me sentí en el deber de dedicar toda mi labor caritativa principalmente a antiguos nacionalsocialistas y fascistas, especialmente a los llamados «criminales de guerra».

Según Mark Aarons y John Loftus, Hudal fue el primer sacerdote católico que se dedicó a establecer rutas de escape. La oficina romana del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) expedía a los refugiados salvoconductos que les permitían salir de Italia. Estos eran aceptados como pasaportes de facto en Sudamérica. Aunque por lo general debían firmarse en persona, había formularios en blanco al alcance de Hudal y, en varios casos, se constató que la firma del funcionario del CICR había sido falsificada.

Franciscanos croatas

Una pequeña pero influyente red de croatas franciscanos, encabezada por el padre Krunoslav Draganović, organizó una ratline altamente sofisticada con sede en el Colegio Pontificio de San Jerónimo de los Ilirios en Roma, con conexiones desde Austria y un punto de embarque en Génova. La ratline se centró inicialmente en ayudar a miembros de la Ustaše croata, incluido su líder, Ante Pavelić.

Participaron varios sacerdotes, entre ellos el padre Vilim Cecelja (antiguo vicario militar adjunto de la Ustaše), que fundó una rama de la Cruz Roja Croata en Austria (a la que el CICR solo apoyó de modo extraoficial). Cecelja utilizó sus credenciales de la Cruz Roja y estadounidenses para desplazarse libremente por Salzburgo, donde permanecían numerosos refugiados ustachas y nazis, y proporcionó identidades de la Cruz Roja a personas que carecían de documentación. En octubre de 1945, fue detenido por el CIC por sus vínculos con la Ustaše. El padre Dominik Mandić (representante oficial del Vaticano en San Girolamo y tesorero de los franciscanos) recurrió a sus contactos en la policía secreta italiana para que las cédulas de identidad de los franciscanos se considerasen lo bastante oficiales como para obtener documentos de identidad italianos. Por último, Draganović telefoneaba al monseñor Karlo Petranović en Génova para indicarle el número de literas necesarias en los buques con destino a Sudamérica.

La ratline de Draganović era un secreto a voces entre las comunidades diplomática y de inteligencia en Roma. Ya en agosto de 1945, mandos aliados en Roma planteaban interrogantes sobre el uso de San Girolamo como «refugio» de la Ustaše. Un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos del 12 de julio de 1946 enumeraba a nueve criminales de guerra, entre ellos albaneses y montenegrinos, además de croatas, así como a otras personas «no realmente acogidas» en el Seminario de San Girolamo que «gozan del apoyo y la protección de la Iglesia».

En febrero de 1947, el agente especial del CIC Robert Clayton Mudd informó que diez miembros del gabinete de Pavelić en la Ustaše vivían en San Girolamo o en el propio Vaticano. Mudd había infiltrado a un agente en el seminario y confirmó que estaba «plagado de células de operativos ustachas» protegidos por «jóvenes armados». Mudd informó de un automóvil amparado por la inmunidad diplomática que trasladaba a personas no identificadas entre el Vaticano y el seminario. Además, a mediados de 1947 la inteligencia británica era consciente de que Petranović ayudaba principalmente a criminales de guerra.

center|715px|Documento de viaje expedido a un nacional croata por el Comité Internacional de la Cruz Roja.

Refugio nórdico miniaturadeimagen|upright=.8|El industrial pronazi Petter Forsström.

En 1944, el Sturmbannführer (mayor) Alarich Bross fundó una red de finlandeses colaboracionistas y nazis en Finlandia. Organizada para emprender una lucha armada contra una ocupación soviética que nunca se produjo, sacó clandestinamente del país a quienes querían abandonar Finlandia rumbo a Alemania o Suecia. Se creó un sistema de pisos francos finlandeses bajo la fachada de una empresa denominada «Gran Cooperativa Pesquera», con rutas a cargo de una organización de transporte marítimo de entre 50 y 70 personas. Sus puntos de destino en Suecia eran muelles de carga secretos en la pequeña localidad de Härnösand, en el oeste de Norrland. Otros eran sacados clandestinamente hacia Suecia desde el norte cruzando el río Tornio. El acceso a Europa se abría a través de la red sueca de pisos francos.