Ekthesis o Ectesi (griego: Ἔκθεσις, "exposición de la fe") es un edicto emitido en el año 638 por el emperador bizantino Heraclio I en un intento infructuoso de poner de acuerdo a las distintas facciones de la iglesia cristiana oriental y católica solucionando los conflictos originados en su mayoría por disputas cristológicas.

Las disputas religiosas, sin embargo, escondían un descontento de trasfondo político y económico de los territorios periféricos no griegos del imperio en Asia y África que eran de confesión monofisita, frente a las zonas griegas de confesión calcedonia.

Contexto histórico derecha|miniaturadeimagen| Sofronio de Jerusalén jugó un papel decisivo a la hora de revertir el primer intento del patriarca Sergio de resolver la cuestión monofisita. Desde que el emperador Constantino I declaró la libertad de culto para los cristianos, se celebraron varios concilios ecuménicos para establecer y asentar la doctrina de la iglesia y condenar las desviaciones heréticas. En vida del emperador Constantino tuvo lugar el Concilio de Nicea I (325), en el que se condenó el arrianismo y se definieron varios dogmas de fe (credo Niceno). Se intentó también dar una solución a los desacuerdos acerca de la Naturaleza del Hijo y su relación con el Padre. La principal cuestión era si el Hijo fue “engendrado” por el Padre desde su propio ser, y, por tanto, no tenía principio, o bien creado posteriormente y de la nada, y, por tanto, tenía un principio.

El presbítero alejandrino Arrio defendía la segunda opción y está fue la que adoptaron también gran cantidad de pueblos germánicos a los que había convertido el obispo Ulfilas y varios emperadores romanos sucesores de Constantino I, como Constancio II y Valente.

Aun así, el arrianismo no había perdido apoyo incluso entre los familiares del propio emperador -incluidas su madre y su medio hermana- y entre la gran mayoría de los obispos asiáticos frente a los europeos y africanos.

En el segundo concilio ecuménico o Concilio de Constantinopla I (381) se reafirmó el credo Niceno estableciendo definitivamente el carácter divino del Espíritu Santo y condenando definitivamente el arrianismo.

En los primeros años del , sin embargo, Nestorio, patriarca de Constantinopla, comenzó a difundir la llamada doctrina Nestorianismo. Esta teoría cristológica considera que Cristo está separado en dos naturalezas completas pero separadas, la humana y la divina, ambas son plenas e independientes y están unidas en Cristo. Por lo tanto, el hijo está formado por dos personas y es Dios y hombre al mismo tiempo.

Frente a dicha teoría Cirilo, patriarca de Alejandría, afirmó que en Jesucristo solo hay una única persona con dos naturalezas, la divina y la humana, sin separación y sin confusión entre ellas.

La disputa no era exclusivamente una confrontación cristológica, sino que escondía una pugna por la supremacía entre los patriarcados de Constantinopla y Alejandría que dio lugar al Concilio de Éfeso (431) en el que se impuso Cirilo y se condenó el nestorianismo. A raíz de esta condena, el nestorianismo fue perseguido en el imperio romano oriental, pero se difundió por el imperio sasánida, llegando hasta China, Mongolia y partes de la India, subsistiendo hasta la actualidad.

Sin embargo, una vez muerto Cirilo, se difundió la teoría del monje griego Eutiques, oriundo de Constantinopla. Según su teoría Cristo tiene dos naturalezas, la divina y la humana, pero estaban fundidas en una única naturaleza, predominando la divina sobre la humana. Esta doctrina fue denominada monofisismo. Eutiques era profundamente anti-diofisita, lo que le llevó a acusar a todo aquel sospechoso de nestorianismo.

El monofisismo fue validado en el segundo Concilio de Éfeso del 449. A su vez, este concilio fue declarado nulo por el papa León I que convocó el Concilio de Calcedonia del año 451 en el que también se declaró como herético el monofisismo y se fijó el Credo de Calcedonia, sentando la doctrina aceptada desde entonces por las iglesias católica y ortodoxa. Dicho credo establece que Cristo es una única persona con dos naturalezas, la divina y la humana, unidas sin confusión, sin división y sin separación. Se trataba de un punto medio entre el monofisismo y el nestorianismo asegurando tanto la divinidad, como la humanidad de Cristo. alt=Linaje Cristiano|miniaturadeimagen|668x668px|Desarrollo de las distintas doctrinas cristianas Las iglesias coptas, armenias y siríaca no aceptaron la definición del concilio y desde entonces fueron declaradas como miafisitas o no calcedonias. Se las denominó desde entonces como Iglesias ortodoxas orientales y eran mayoritarias en las regiones periféricas no griegas orientales del imperio: Egipto, Siria y Armenia.

En este contexto de división religiosa en el 482 el emperador Zenón promulgó el Henotikon, que fue un intento de volver a una situación anterior al concilio de Calcedonia, pero no prosperó.

Hubo emperadores monofisitas, como Anastasio que practicó una política religiosa tolerante, pero a principios del la corte y jerarquía religiosa de Constantinopla eran firmemente calcedonios. En la propia capital el público asistente al hipódromo estaba dividido por colores que reflejaban su adhesión al credo monofisita o calcedonio y se produjeron frecuentes revueltas, como la que aplacó el propio Anastasio o la gran revuelta Niká, reprimida por el general Belisario por orden de Justiniano I en 532. Sin embargo, esto los puso en desacuerdo con la mayoría de los no calcedonios en Egipto, Siria, Mesopotamia y Armenia . Una división de ese tipo era peligrosa en un imperio que estaba amenazado por los sasánidas persas, especialmente porque los no calcedonios consideraban que sus hermanos cismáticos eran una amenaza mayor que cualquier invasor extranjero. Por consiguiente, los emperadores de Constantinopla buscaban siempre algún método de acercamiento para sanar la brecha en la iglesia y así evitar que los enemigos del imperio se aprovecharan de las divisiones internas.

Situación del imperio en tiempos del emperador Heraclio alt=Heraclio I sometiendo a Cosroes II|miniaturadeimagen|Heraclio I sometiendo a Cosroes II El usurpador Focas (602-610) llevó al imperio casi hasta su destrucción. Heraclio depuso a Focas, dejó la capital asediada en manos del fiel patriarca Sergio y en varias campañas espectaculares recuperó los territorios perdidos frente a los persas sasánidas. En la batalla de Nínive (627) aplastó a los sasánidas. La paz se firmaría en 628. En posteriores campañas estabilizó el frente danubiano tras vencer a ávaros, gépidos, eslavos y búlgaros. Pero un nuevo enemigo surgió de la península arábiga , los musulmanes, que destruyeron el debilitado imperio sasánida y conquistaron, tras la batalla de Yarmuk (636), Siria y Palestina y comenzaron a realizar incursiones en Egipto.

En vista de la delicada situación militar, Heraclio junto con el patriarca Sergio intentó encontrar un terreno común entre los calcedonios y los no calcedonios al emitir la doctrina de la energía única de Cristo (monoenergismo), según la cual Cristo tenía dos naturalezas, la divina y la humana, pero una única energía divina que guía sus acciones y ninguna humana (“ἓν θέλημα καὶ μία ἐνέργεια/ hèn thélema kaì mía enérgeia” o “una voluntad y una acción”). Desde el principio Heraclio la apoyo con entusiasmo, proponiéndola en fecha tan temprana como 622 a un obispo armenio

En un comienzo tuvo cierta aceptación. Ciro, obispo de Fasis, aceptó la doctrina monoenergética después de que Sergio le asegurará que el papa Honorio I la apoyaría y fue nombrado patriarca y prefecto de Alejandría para ayudar a imponerla en Egipto. Se expulsó al patriarca copto anti-calcedonio, Benjamín I, y en dos años consiguió muchas adhesiones.

El papa Honorio I dio su aprobación por escrito, aunque está claro que consideraba que se trataba de un problema de terminología, no de teología. Sin embargo, esta posición de compromiso fue firmemente opuesta por el patriarca de Jerusalén, Sofronio, y la doctrina fue repudiada en el sínodo de Chipre (634).

Después del rechazo a la doctrina monoenergética , Heraclio y Sergio idearon la doctrina monotelista que admitía dos naturalezas en Cristo, la divina y la humana, pero una única voluntad o Thelos, que las guía. Se adhirieron la mayoría de los obispos orientales: Arcadio II, el arzobispo de Chipre, la iglesia armenia, la antioquena, la alejandrina con la única excepción, de nuevo, de Sofronio.

Proclamación de la Ecthesis El emperador bizantino Heraclio I emitió la Ekthesis (del griego ἔκθεσις, que significa "exposición" o "declaración") que fue una proclamación imperial en el año 638.d. C. Esto aconteció en un momento de creciente tensión dentro del Imperio Bizantino, ya que existía una fuerte división entre los grupos cristianos respecto a la naturaleza de Cristo. Esta controversia gira en torno a una cuestión central en la cristología de la época, aquella parte de la teología cristiana que dedica su estudio al papel central que desempeña Jesús de Nazaret, en tanto designado con el título de «Cristo» o «Mesías», que significa "ungido". Cristo era divino, humano o una combinación de ambos.

A raíz del Concilio de Calcedonia (451), la Iglesia bizantina había adoptado la doctrina que afirmaba que Cristo era "verdadero Dios y verdadero hombre", pero sin embargo numerosas muchas comunidades mantenían puntos de vista distintos. Dentro de ellas, requiere una especial mención el monofisismo, que sostenía que Cristo tenía una sola naturaleza divina.

Dichas medidas tuvieron importantes consecuencias en el contexto religioso y político del Imperio Bizantino. Para resolver este conflicto, Heraclio I promulgó la Ekthesis mediante la que se establecía que Cristo tenía una sola voluntad divina con el fin de reconciliar las diferentes facciones. Buscaba un punto medio entre los monofisitas y los calcedonios, pero su formulación no logró resolver completamente las tensiones teológicas.

Texto de la Ecthesis