Las ciudades helenísticas son aquellas urbes fundadas durante el período homónimo, pero también a cómo se desarrollaron las polis griegas del período clásico en aquel tiempo.
Urbanismo Las monarquías helenísticas promovieron enérgicamente la urbanización, pues las ciudades que fundaban eran claves en su esfuerzo de helenizar a los pueblos dominados, sin embargo, el interior rural permaneció dominado por «nativos» (ethnē) no helenizados. Por ello, la helenización se limitó al espacio urbano, siendo uno de sus principales frenos la supervivencia de las estructuras sociales originales de esos territorios, que Max Weber consideraba muy similares al feudalismo. Estas nuevas polis tenían jurisdicción legal propia y solían poblarse inicialmente con inmigrantes y veteranos griegos unidos con clanes nativos helenizados, usualmente familias que regentaban algún templo antiguo u parte de la aristocracia militar.
El período helenístico marcó un fuerte desarrollo de la vida urbana, que ganó mucha importancia gracias a la fundación de numerosas ciudades, algunas de ellas grandes metrópolis densamente pobladas. A diferencia del período clásico, donde las urbes eran desordenadas y mal urbanizadas porque los edificios se levantaban según el capricho de sus constructores, las ciudades empezaron a seguir planos bien organizados y a ser muy opulentas.Oya Martínez, Milagros (2000). Las ciudades en el período helenístico. Y éramos felices. Editorial Librototal.
Durante el período se desarrolló la planificación urbana que daba mucha importancia a edificios monumentales cuidadosamente emplazados y agrupados para impresionar a los visitantes. Entre los ejemplos más destacados del período está el Altar de Pérgamo, construido hacia , por orden de Atalo I para celebrar su victoria sobre los celtas. Era parte de una acrópolis que también incluyó un templo dedicado a Atenea, una biblioteca, un gran teatro, un palacio real y una estoa; en cambio, el ágora ateniense era un espacio abierto irregular rodeada por edificios independientes y sin relación entre sí. Irónicamente, aquel punto culminante de la arquitectura helenística coincidió con el inicio de la hegemonía romana en la región.
Se sabe que las ideas del arquitecto Hipodamo fueron muy influyentes durante el helenismo, pues abogó por la planificación sistemática de las calles formando ciudades de diseño reticular y con cuadras regulares de edificios rectangulares. El primer caso fue El Pireo, una ciudad planificada según un plan cuadricular bien organizado que definía cuáles áreas eran residenciales y cuáles comerciales. También lo presenta su natal Mileto.
Según este modelo, se dejaban zonas que puedan ocupar los edificios gubernamentales, de servicios públicos, templos y con otras zonas dedicadas a vivienda. Además, aumentó el tamaño y decoración de las casas particulares con paredes pintadas y elaborados pavimentos de mosaico de guijarros. De las grandes capitales del período quedaron pocos rastros, Alejandría y Antioquía del Orontes fueron reconstruidas completamente durante el Imperio romano y a Seleucia del Tigris se la dejó fenecer durante el Imperio arsácida.
Las ciudades costeras solían construirse en lugares específicos para protegerse del mar clima: al interior de bahías profundas (Esmirna), rodeadas de pequeñas islas (Alejandría y Cnido) y en «semiislas» o penínsulas delimitadas por bahías (Pireo y Mileto).
Los edificios públicos Como en épocas anteriores, los edificios públicos fueron un capítulo importante en estas ciudades helenísticas, adaptándolos a la necesidad de los tiempos, pero siguiendo siempre el modelo griego que tanto admiraban.
El ágora Se prestó gran atención a este espacio público que en tiempos anteriores se había limitado a ser una simple plaza de mercado. Los pórticos vinieron a configurar este espacio, favoreciendo su aspecto, dándole nueva y mejor prestancia. El ágora se empezó a construir de acuerdo con un plan hipodámico (calles trazadas en ángulo recto), es decir, se acotó un espacio rectangular y porticado en varios de sus lados. Fueron ágoras diseñadas con amplitud, donde se reunía la actividad comercial que podía disfrutar de un espacio suficiente y cómodo. Cada ciudad tenía al menos una, según sus necesidades. En Delos se construyeron varias ágoras en las cercanías del puerto. En Atenas también se modificó este espacio y se embelleció con tres nuevos pórticos, uno de ellos ofrecido a Átalo II.
Los pórticos La construcción de pórticos fue una moda que se extendió de manera asombrosa por todas las ciudades. La sensación de magnitud y suntuosidad que ofrecían estas grandes obras hicieron que las ciudades que poseían un pórtico fueran las más bellas y armoniosas. Pero además se consideraban de gran utilidad dando cobijo en las horas de mucho sol o en los días de lluvia. Los pórticos monumentales de las ciudades importantes llamaron enseguida la atención de los romanos cuando tuvieron contacto con ellas en sus conquistas de Oriente. Muchos historiadores y críticos de arte, como José Pijoán, opinan que fue a la vista de estos pórticos cuando los romanos desarrollaron el gusto por el arte griego. Muchas veces se construía un pórtico por el capricho de embellecer un santuario, el rincón de una ciudad o por delimitar un ágora.
Teatros Los teatros también se multiplicaron. Se construyeron a la antigua usanza, generalmente adosados a la ladera de una colina o elevación del terreno. En esta época tuvieron una modificación que dio lugar al escenario permanente donde actuaban los actores. Anteriormente éstos se situaban sobre una plataforma que se colocaba en el momento de la actuación delante del proscenio. Uno de los teatros que más información puede dar al respecto es el de Priene del año .
Plinio mencionaba que el teatro de Pérgamo tenía capacidad para espectadores,Plinio XXXVI.24.115 . aunque historiadores modernos reducen ese número a la mitad. Otros teatros de grandes dimensiones eran los de Esmirna, Mileto y Éfeso, cada uno con capacidad para personas. Aunque varios eruditos coinciden en asignar esa capacidad al teatro de la primera ciudad, otros elevan al de la última a .
Gimnasios Este fue el complejo arquitectónico más difundido en el mundo helenístico. No hubo ciudad o poblamiento por muy humilde que fuera que no tuviese construido su gimnasio. El gusto por los ejercicios físicos (heredado de los griegos) fue general en este periodo y fue parte de la educación de los jóvenes. Además, en el complejo gimnástico no solo se realizaban ejercicios físicos, sino que se daban enseñanzas diversas, conferencias, y se organizaban lo que hoy se llamaría "actos culturales". Los edificios solían estar rodeados de grandes jardines con bonitos y agradables paseos donde los discípulos escuchaban las charlas de sus maestros filósofos. Tampoco olvidaron el tema religioso, de manera que los gimnasios fueron protegidos y dedicados a un dios o en algunos casos a un héroe como Hermes o Heracles.
Estos centros fueron de una gran ayuda para la educación de los nativos, sobre todo en Asia. Acudían a ellos con gran entusiasmo y deseos de aprender. Llegaron a formar asociaciones que de manera general eran llamadas apo tou gymanasiou (από του γυμνασίου, «los que salen del gimnasio»).
Los negocios El mundo de los comerciantes y de los negocios también tuvo necesidad de enclaves especiales. Se construyeron edificios comparables con las cámaras de comercio y otros menos importantes, pero igualmente necesarios como almacenes y despachos. Las excavaciones de Delos han dado abundante información sobre estos edificios, en especial sobre el conjunto de los Posidoneístas de Bertos, actual Beirut, que poseían un importante complejo formado por una lujosa residencia llena de obras de arte, y sobre el otro conjunto de los Negotiatiores itálicos con un ágora particular, tiendas, despachos y demás dependencias. Los romanos lo imitarían en época imperial en Ostia con la Plaza de las corporaciones.
Gobierno Respecto del gobierno de las ciudades helenísticas, el caso mejor documentado es el de Pérgamo. La urbe había contado con una autonomía limitada durante los aqueménidas, pero al convertirse en capital de los atálidas gozó de una fachada de democracia. En apariencia, su boulé y su demos funcionaban igual que en cualquier polis independiente, pero todos sus decretos debían ser propuestos por un colegio de 5 estrategos nombrados por el rey (eran magistrados civiles y financieros, no militares). Es decir, gozaban de autonomía municipal, pero sus ciudadanos no eran realmente libres en su política. Esto quedó patente cuando el último atálida, Átalo III, legó su reino a Roma, excluyó a Pérgamo y su territorio cívico al declarar a la ciudad eleuthera (ελευθέρα, «libre»).
El grado de autonomía iba variando de ciudad en ciudad, durante los atálidas hubo ciudades con mayores libertades políticas y fiscales que otras. A veces los soberanos instalaban epístatas en las ciudades que deseaban vigilar sin modificar sus instituciones. Sin embargo, la exaltación de la monarquía y el control sobre las ciudades fue mucho más suave entre los atálidas que entre los ptolemaicos y mejor planificada que entre los seléucidas. La historiadora Margaret L. King señalaba que durante el posterior período romano, las ciudades helenísticas de Alejandría, Antioquía, Cartago, Éfeso, Esmirna y Pérgamo siguieron manteniendo sus propios magistrados y sistema judicial. Por otra parte los reyes de los territorios helenísticos participaban personalmente con su fortuna en el embellecimiento y engrandecimiento de muchas de estas ciudades, siendo los principales mecenas de la construcción de edificios públicos o de la reconstrucción o restauración. Todas estas ciudades con su régimen de vida y su política reformada en gran medida favorecieron el auge económico y como consecuencia, el tesoro real.
Regiones Polis clásicas Atenas había perdido su imperio con la guerra del Peloponeso y luego su independencia ante los macedonios. Lentamente, fue desplazada como centro cultural por Alejandría y como núcleo comercial en el mar Egeo por Rodas. Nunca se recuperó y pronto cayó bajo el control de la República romana. En este período su población decayó a cerca de la mitad. Por su parte, El Pireo también entró en decadencia al competir con Rodas. Corinto siempre se había disputado con Atenas la posición como la más rica y populosa polis. En este período logró mantener su población, pero cuando se libró de los macedonios e intento restablecer su independencia de los romanos, fue destruida.
Respecto de Rodas, sus gobernantes la mantuvieron al margen de las guerras de los reyes helenísticos, gracias a lo cual consiguió estabilidad política. Aprovechando su posición privilegiada en el medio de las rutas comerciales se enriqueció enormemente en esa época. Hábilmente fueron aliados de poderes lejanos, como los ptolemaicos y los romanos contra sus enemigos más cercanos, antigónidas y seléucidas. Siracusa fue gobernada por una serie de tiranos, pero pudo mantenerse independiente de romanos y cartagineses. Siguió siendo próspera y populosa hasta la época imperial.
Ciudades seléucidas El primero de los reyes, Seleuco I Nicátor fundó muchas ciudades a las que dio el nombre de Antioquía en recuerdo de su padre llamado Antíoco y varias decenas con otros nombres. Su hijo, Antíoco I Sóter, siguió multiplicando la fundación de ciudades y más tarde, en época de Antíoco IV Epífanes, hubo otro gran impulso de construcción. <center> {| class="wikitable" |colspan=2|Área de las urbes seléucidas (cálculos de la época helenística e imperial romana)
!Ciudad!!Hectáreas
||Alejandría de Margiana||340 |- |Orchoe||300 |- |Seleucia del Tigris||250-550 |- |Seleucia Pieria||250-300 |- |Antioquía del Orontes||225-399 |- |Marakanda||220 |- |Laodicea||220 |- |Apamea||205-255 |- |Trales||140 |- |Damasco||115 |- |Magnesia del Meandro||100 |- |Tabai||100 |- |Cirro||65-100 |- |Calcis||65-100 |-