La incursión en La Goleta de 1609 fue un ataque llevado a cabo por el almirante español Luis Fajardo y Chacón sobre el área portuaria del Túnez otomano, dominado por La Goleta, como parte de una operación mayor española contra la piratería berberisca y sus aliados europeos. En el ataque, llevado a cabo con apoyo francés desautorizado, los españoles destruyeron una gran flota tunecina conformada por piratas de todas las naciones, incluyendo renegados ingleses como Jack Ward y Francis Verney, que fueron puestos en fuga.

La incursión fue celebrada en la cristiandad como el mayor golpe que los corsarios otomanos recibían desde la batalla de Lepanto. Tuvo además la particularidad de ser la primera gran operación en el Mediterráneo hecha exclusivamente por naves de vela sin apoyo de galeras, las cuales comenzaban a resultar poco prácticas de mantener en grandes números para la Monarquía Hispánica tras la victoria lepantina.Lomás Cortes, M. (2009). La Armada del Mar Océano y la Jornada de Túnez (1609). XLI Jornadas de Historia Marítima del Instituto de Historia y Cultura Naval Su éxito fue una de las primeras señas de que la supremacía de la galera comenzaba a dar paso a la del navío.

Trasfondo En enero de 1609, después de sus grandes victorias contra los holandeses en las Indias, el almirante murciano Fajardo fue ascendido al Consejo de Guerra real. Allí encontró la necesidad de encargarse de la predadora piratería berberisca, que los estados musulmanes del norte de África ejercían para alimentar el lucrativo comercio berberisco de esclavos. El problema resaltaba al hallarse España en plena expulsión de los moriscos, de entre los cuales había numerosos colaboradores y partidarios de los piratas, a los que animaban y ayudaban a atacar las costas ibéricas. Sin embargo, el mayor foco de atención era Zymen Danseker, corsario holandés aliado con los berberiscos de la Regencia de Argel, que rondaba el cabo de San Vicente con una flota de 18 navíos de vela y remo para sus correrías y había tomado ya varios mercantes españoles.

El Duque de Lerma, valido del rey Felipe III, había dado órdenes de acabar con Danseker, por lo que Fajardo se ofreció para neutralizarlo. Sabiendo que Danseker destacaba por su uso de naves de vela fuertemente artilladas, como los galeones y las naos, y buscando al mismo tiempo rehabilitar la imagen de la armada española de vela del Atlántico, muy dañada tras la derrota ante los holandeses en la batalla de Gibraltar de 1607, Fajardo propuso que parte de esta armada se introdujera en el Mediterráneo y, ayudada por galeras, se enfrentase en igualdad de condiciones a los corsarios. Ayudó a esta decisión que el comienzo de la tregua de los doce años por el tratado de Londres, que les permitiría destinar fuerzas atlánticas al interior.

En paralelo a estas preparaciones, el capitán francés Philippe de Beaulieu-Persac llevaba a cabo su propia búsqueda de Danseker, saliendo de Marsella en mayo con tres naves. Avistó a Danseker con siete velas en aguas portuguesas, donde esperaba cazarle con ayuda de siete galeras españolas gracias a la Paz de Vervins, que había traído una tregua entre España y Francia, pero un temporal les separó. Por ello, tras un breve retorno a Marsella y un encontronazo con corsarios tunecinos de Jack Ward, concibió el plan de atacar los propios puertos de Túnez. La alianza franco-otomana prohibía una acción tan poco justificable, por lo que Beaulieu solicitó a la Orden de Malta luchar bajo su bandera, y al serle negada esta posibilidad, salió de Malta navegando sin ningún pabellón.

No sin dificultades logísticas debido al estado de la economía, Fajardo recibió el cargo de las flotas de Andalucía y Portugal, y reunió en ellas 12 naves con tripulaciones reclutadas mayormente en el norte de la península. Al final se decidió no incluir ninguna galera, confiando en la potencia de fuego de los buques y en el hecho seguro de que los berberiscos no tenían flotas capaces de plantarles cara. Era una decisión muy inusual, porque aunque los españoles tenían experiencia usando galeones en el Mediterráneo, como en la anterior Jornada de Túnez de 1535, nunca se había hecho sin el apoyo de naves de remo. Partió de Cádiz el 14 de junio con su hijo Luis, recientemente nombrado almirante, como lugarteniente. Atrás quedó Antonio de Oquendo con las restantes flotas para guardar las costas peninsulares.

Movimientos previos Al salir de Cádiz, Fajardo ordenó que la flota dividiera en tres bloques: uno dirigido por Juan para patrullar la costa de africana, otro para cubrir la costa española y cargar tropas y navegantes en Málaga y Almería, y otro al mando del propio Luis entre ambas para asistir donde fuera necesario. Una vez reunida y con los refuerzos conseguidos, la flota llegó hasta Orán, fondeando en el puerto de Mazalquivir el día 28.

Avisado por el gobernador de Orán, Felipe Ramírez de Arellano, Conde de Aguilar, de que un navío sospechoso había sido avistado en la desembocadura del río Tafna de Tremecén, Fajardo envió a su hijo con siete pataches locales y un refuerzo de 200 hombres de Orán.Relación del viaje y suceso que tuvo el señor Don Luis Fajardo con la Armada Real, dende que salió de la ciudad de la Coruña, que fue a 12 del mes de mayo de 1609 Juan encontró y capturó el barco enemigo fondeado cerca de la isla de Alimaques, resultando ser un corsario de Danseker, lleno de armas y mercancías y tripulado por ingleses y judíos.Matías de Novoa, Historia de Felipe III, 1875, p. 404 Juan mantuvo consigo prisionero al capitán inglés para servirles de guía.

Tras proseguir el viaje, la flota avistó Argel, por lo que Fajardo esperó a la caída de la noche para enviar exploradores de la renombrada infantería de marina hispánica en cuatro pataches y varias chalupas. Avistaron ocho buques a vela y cuatro galeras refugiados en Argel, entre ellos la nao capitana de Danseker, pero comprobaron que el puerto estaba demasiado bien defendido. Así mismo, las previsiones climáticas eran que las naves españolas lo tendrían fácil para entrar en el puerto, pero se encontrarían sin viento para salir, y sin galeras no podrían escapar a remolque. Como remate, averiguaron que Danseker en realidad no estaba presente, lo que volvía inútil la misión. Por ello, Fajardo desistió de la idea, continuando con la flota en dirección a Túnez, el segundo objetivo que se había marcado.

El día 21 capturaron dos barcos mercantes, uno de los cuales pertenecía también a la flota de Danseker, y al día siguiente, cerca de la vertical de Cerdeña, encontraron los tres buques de Beaulieu, muy maltrechos por una derrota reciente ante los corsarios africanos. Bealieu les advirtió de la presencia de no menos de 23 buques corsarios preparándose para salir del puerto tunecino de La Goleta. También les reveló que Danseker, enterado de las preparaciones que se hacían en España contra él, había desertado de Argel y se había pasado al servicio del rey Enrique IV de Francia, que igualmente buscaba reforzar su marina ante la española, con lo que ya no era diplomáticamente posible prenderle.

Sin embargo, Beaulieu solicitó unirse al plan de atacar Túnez para acabar con las naves de Ward y sus colegas, de los que contó que se habían reunido por orden del dey de Túnez, Uzmán, para atacar la flota de Indias española. De nuevo merced a la Paz de Vervins, que obligaba a Fajardo a mostrarse diplomático, se permitió al francés incorporarse a la flota con su único galeón en condiciones de combatir. Fajardo se había planteado desviarse hacia Sicilia para recoger refuerzos mandados por Anthony Shirley, inglés al servicio de España que contaba con otras 23 velas en Palermo, pero en última instancia decidió atacar Túnez con los franceses. El día 30, tras avistar La Goleta y recalcular una vez más sus planes al ver que fortaleza había sido reforzada, Fajardo ordenó un ataque anfibio.

Fuerzas enfrentadas La flota española se componía de los galeones San Francisco, Santa María Magdalena, San Agustín, Nuestra Señora de los Remedios, San Fulgencio, San Luis y Rosario, junto con las naos Santa Margarita y Nuestra Señora de Regla, la fragata Santa Ana, la carabela Nuestra Señora del Buen Viaje y una canoa. La contribución de Beaulieu a la flota era el galeón Lune, de fabricación holandesa y antiguamente llamado Maan, junto con dos embarcaciones menores que quedaron fuera.

Batalla Fajardo volvió a dividir la flota en tres secciones. Primero avanzarían en embarcaciones ligeras, siete pataches y dos chalupas con Fajardo padre e hijo al frente de los mejores infantes de marina, mientras que la segunda se compondría de tres galeones medianos para cubrirles, y en la tercera quedarían los galeones más grandes, que no podían acercarse a tierra sin peligro de embarrancar, y por tanto se quedarían atrás bombardeando la artillería terrestre enemiga.

Poniendo práctica el plan, los infantes españoles procedieron a penetrar bajo intenso fuego enemigo, y por medio de artefactos incendiarios prendieron fuego a la flota atracada en La Goleta. Ésta estaba compuesta en efecto por 23 buques, que resultaron pertenecientes a Danseker y a piratas y corsarios de todas las nacionalidades, incluyendo Uzmán Dey y los renegados ingleses Jack Ward, Francis Verney y Richard Bishop. Según las fuentes anglosajonas, Ward, Verney y Bishop estaban presentes y huyeron durante la batalla.Calendar of State Papers and Manuscripts Relating to English Affairs - Existing in the Archives and Collections of Venice, and in Other Libraries of Northern Italy · Tomo 12, 1905 Los hombres de Fajardo sólo fallaron en incendiar un patache local, lo que se tuvo después por un milagro al saberse que en realidad era un barco catalán perteneciente a frailes mercedarios, llegados a Túnez para pagar rescates de cristianos. Los españoles también abatieron a centenares de piratas y lugareños armados a los que se pilló completamente desprevenidos en la incursión.

La artillería tunecina disparó incesantemente durante toda la operación, pero no lograban causar daños a los incursores debido al pequeño tamaño de sus embarcaciones ni a los galeones debido a su gran tonelaje, y en cambio las baterías musulmanas quedaron cada vez más maltrechas por los cañones españoles. En vista de esta situación, Uzmán movilizó en Túnez a 20.000 soldados de infantería y caballería y acudió desde la ciudad al puerto, pero los buques españoles se limitaron a descargar su artillería sobre los recién llegados, obteniendo un efecto fulminante y poniéndolos en fuga con 500 muertos. Con esto los españoles se hicieron dueños del campo.

A la mañana siguiente, Uzmán pidió paces, pretextando que sólo permitía fondear a piratas para que le sirvieran de defensa contra otros piratas de nacionalidad francesa, y les ofreció aprovisionarles. Fajardo declinó la oferta, pero permaneció allí tres días a la espera de vientos adecuados para salir. Mientras tanto se dirigió a la entrada del lago otro barco berberisco de Bizerta, al cual dieron aviso desde La Goleta de la presencia de cristianos, haciendo que sus tripulantes lo embarrancasen en el brazo de tierra y tratasen de huir. Fajardo capturó a varios de los tránsfugas y tomó el barco, y en él encontró gran cantidad de rica mercancía robada y 40 franceses apresados. Otro barco desprevenido fue abandonado y barrenado en el canal, en el que de nuevo se halló mercaduría.

No queriendo tentar más la suerte, Fajardo envió una delegación a negociar con el bey de Túnez el rescate de los cautivos que había hecho, por los que obtuvo 2000 cequíes de oro. El 4 de agosto, cediendo a Philippe el buque bizertí, los españoles salieron finalmente de La Goleta y pusieron rumbo de regreso.

Consecuencias