La soberanía energética es un concepto que se comenzó a desarrollar a inicios del principalmente en América del Sur, de forma inicial, como una contraposición a la idea de la seguridad energética, aunque actualmente suele verse como términos complementarios.Fuser, Igor (2011). «A geopolítica da energia na América Latina». Desafios do Desenvolvimento (66). Consultado el 22 de noviembre de 2024.
De acuerdo con el investigador argentino, Gustavo Lahoud, la soberanía energética se define como: Lahoud, G (2005). «Una aproximación teórica a la Soberanía Energética e Integración Regional Sudamericana». Consultado el 22 de noviembre de 2024.
En América, los EEUU recapturaron la soberanía energética en 2019 y la Argentina en la siguiente década, ambos merced a la fracturación hidráulica, que produce tres cuartas partes del petróleo y gas natural estadounidense y la mitad del argentino.
Historia En octubre de 1973, el embargo petrolero de la Organización de Países Exportadores de Petróleo dio fuerza al concepto de seguridad energética, enfocado en garantizar la oferta económica de combustibles. Esto fue institucionalizado por medio de la creación de la Agencia Internacional de Energíay una serie de medidas permanentes para que los países afectados pudieran enfrentar su dependencia exterior.Alan S. Blinder, Economic Policy and the Great Stagflation (New York: Academic Press, 1979); Otto Eckstein, The Great Recession (Amsterdam: North-Holland, 1979); Mark E. Rupert & David P. Rapkin, The Erosion of U.S. Leadership Capabilities; Paul M. Johnson & William R. Thompson (eds.), Rhythms in Politics and Economics (New York: Praeger, 1985).
En 2001, la Política Energética Nacional de Estados Unidos, presentada por el presidente George W. Bush, vinculó la seguridad energética a la política exterior estadounidense, pues estableció como un objetivo estratégico el aumento del suministro global de combustibles por medio de medidas destinadas a hacer que los países productores intensificaran la exploración de sus reservas. De esta forma, el control de los recursos energéticos se convirtió en objeto de disputa política.
En este contexto, el concepto de soberanía energética comenzó a ganar relevancia, principalmente en los países de América Latina, quienes buscaban reafirmar su control sobre los recursos energéticos estratégicos frente al dominio de empresas extranjeras.
Posteriormente, el término se amplió para incluir no solo la independencia estatal, sino también el derecho de las comunidades y los pueblos a decidir sobre la generación, distribución y uso de la energía.Esta visión se vio fuertemente inspirada en movimientos como el de soberanía alimentaria y los debates sobre justicia ambiental.
De la mano del crecimiento de la conciencia sobre el impacto ambiental de las políticas energéticas, la conceptualización de la soberanía energética avanzó hacia un enfoque más holístico que considera no sólo la producción y consumo de energía, sino también la sostenibilidad y el bienestar social, con lo que se incluyen aspectos como el empoderamiento y participación de las comunidades para decidir sobre su propio abastecimiento energético.Sociedad Cooperativa de Trabajadores en Energías Alternativas y Estudios Sociales Onergia y Fundación Tosepan (2020). «Soberanía Energética ¿Energía para qué? ¿Energía para quién?». Consultado el 22 de noviembre de 2024.
Actualmente, la soberanía energética es vista como un derecho que, además, permite abordar los desafíos globales como el cambio climático y la pobreza energética, por medio de un enfoque que integra las energías renovables y tecnologías sostenibles.Francisco dos Santos Venes (2014). «La energía y la construcción de soberanías». Consultado el 22 de noviembre de 2014.
En 2023, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, citó la soberanía energética como parte integral de un plan de cinco puntos para llevar a cabo una transición energética y evitar una catástrofe climática, junto con el aumento de las fuentes de energías renovables, el financiamiento de la transición energética, entre otros.
Valores éticos de la soberanía energética Por medio de un artículo publicado en 2022, los investigadores Cristian Timmermann y Eduardo Noboa enumeraron una serie de valores éticos que estarían en el centro del concepto de Soberanía Energética:
Accesibilidad: la energía es esencial para satisfacer necesidades básicas y la falta de acceso a energía suficiente, asequible y eficiente genera pobreza energética, afectando la capacidad de las personas de llevar una vida digna y participar plenamente en la sociedad.
Cabe destacar que el acceso a la energía se encuentra entre los indicadores clave de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Empoderamiento y reconocimiento: ambos son elementos clave en los movimientos de soberanía energética, lo que implica un empoderamiento por medio de iniciativas sólidas para el desarrollo de capacidades,Rakshit R, Shahi C, Smith M, Cornwell A. (2018). «Community capacity building for energy sovereignty: A first nation case study. Sustainability in Environment» Consultado el 22 de noviembre de 2024.así como políticas energéticas que brinden a las personas la oportunidad de utilizar sus recursos y habilidades para contribuir a su sistema energético local.
Gestión y Sostenibilidad: la sostenibilidad y el cuidado de los recursos naturales son pilares fundamentales de la soberanía energética, lo que implica evitar el daño al medio ambiente y proteger activamente los recursos naturales con una visión de largo plazo, considerando dimensiones sociales, económicas y ambientales.
Autosuficiencia: con el fin de reducir el impacto negativo de la explotación comercial, la soberanía energética requiere proteger los mercados locales, fomentar las prácticas sostenibles y aprovechar los avances tecnológicos para reducir la dependencia de sistemas externos que sean insostenibles, tal como los combustibles fósiles y la energía nuclear.
Resiliencia: la dependencia de un suministro energético continuo es crítica, especialmente para los más vulnerables.Los sistemas resilientes deben incluir tecnologías diversificadas (con energías renovables locales y complementarias),adaptadas a climas y estaciones. De esta forma, se ayudará a mitigar los déficits causados por eventos climáticos, geopolíticos o técnicos.
Paz: la soberanía energética debe priorizar sistemas que no contribuyan a conflictos y que respeten los derechos de las comunidades locales. Esto con el objetivo de minimizar los riesgos sociales y ambientales asociados a estos conflictos.
Transparencia y autodeterminación: ante la falta de transparencia y consulta pública en el desarrollo de sitios de producción de energía, existen mayores niveles de descontento y resistencia entre las comunidades vecinas, quienes suelen verse afectadas por el desplazamiento y las diferentes formas de contaminación.
Para disfrutar de la soberanía energética, las personas necesitan participar en los procesos de toma de decisiones, lo que requiere de políticas que aumenten la comprensión pública de la ciencia, plataformas que faciliten el diálogo, mejoras en los mecanismos de toma de decisiones y acciones para facilitar el acceso a la información.
Justicia de género: históricamente las mujeres han sido las encargadas de gestionar la energía, por ejemplo, a través de la recolección de leña, ocupando su tiempo y poniendo en riesgo su salud.Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) (2020). «Mujeres y energía» Consultado el 22 de noviembre de 2024.
Por ello, es necesario tomar medidas para el empoderamiento de las mujeres y así evitar consecuencias negativas. Por ejemplo, garantizando que niñas y mujeres tengan oportunidades adecuadas para acceder a programas educativos desde temprana edad puede permitir que participen en el sector energético en igualdad de condiciones en áreas en las que aún están subrepresentadas.
Soberanía Energética Popular Dentro de las perspectivas que abordan a la Soberanía Energética se encuentra la de Soberanía Energética Popular. Esta mirada surge desde las organizaciones sociales que determinan a la energía como "un hilo que teje el entramado de la existencia, un eje que atraviesa todas las esferas de la vida y alienta todas las relaciones en el sistema mundo". En ese ámbito, el concepto de soberanía energética popular plantea que toda acción que mercantilice a la energía va en contra de su esencia, bajo el argumento de que esta es un derecho interdependiente con otros derechos humanos.
Por lo anterior, las autoras María de los Ángeles Pérez y Deysy Avendaño señalan al concepto:
Asimismo, el concepto señala que la soberanía requiere de diálogo y participación comunitaria, entendiendo que esto implica no solo la presencia de las personas en el debate, sino también el poder de ser y decidir qué fuentes de generación de la energía emplear, sus formas, quiénes la producen y para quiénes, así como maximizar su aprovechamiento y minimizar los impactos ambientales; implica autogestión, decisión colectiva y ejercicio democrático. Esta perspectiva asume que pensar las formas de organización para su producción, desde la diversidad e inclusión social podrían beneficiar a las mayorías de las personas, promoviendo aspectos como la solidaridad.
La propuesta de la soberanía energética popular refiere a un modelo energético con soberanía que tenga en cuenta los siguientes aspectos:
Priorizar el valor de uso, devolviendo a la energía su esencia primigenia -como capacidad de realizar trabajo- y, por consiguiente, dinamizar el desarrollo económico social. Su construcción “desde lo que existe” en el territorio, y con un desarrollo socio-tecnológico adecuado, dará respuesta al autoabastecimiento energético local”. Potenciar la gestión de las energías comunitarias alternativas desde la justicia de género, respetando los saberes y cultura de los pueblos, con apropiación de las tecnologías, diversificándolas y teniendo como opción preferencial las fuentes de energías renovables. Integrar la participación de las poblaciones en la toma de decisiones y el control de la energía para garantizar su autonomía, autogestión y establecer cuidados en la “Sostenibilidad energética”, entendiendo a las fuentes renovables como el recurso energético que más abunda en la naturaleza. En ese sentido, se plantea que este este potencial puede hacer “sustentable” el modelo de desarrollo humano, pues no requiere acabar con los bosques, ríos y otros bienes naturales, dado que su uso "racional” y “diversificado” permitiría satisfacer la demanda.
Bajo esta mirada, se plantea que la transición justa no puede quedarse sólo en un cambio de matriz energética, sustituyendo la explotación de combustibles fósiles por la de las fuentes renovables. En ese sentido, se entiende que la mirada y el hacer deben estar centradas en un enfoque eco y sistémico, que replantee una verdadera transformación, que pasa por un paradigma de ecología integral, desde el ser, pensar y actuar que aborde aspectos como la propiedad de la energía, y la democratización del sistema para garantizar los derechos fundamentales frente a los mercados de carbono.
La perspectiva señala que los movimientos sociales han impulsado acciones contra las causas estructurales como verdadera transformación energética, lo cual implicaría una reconfiguración de las relaciones de las sociedades modernas con la energía, la desvinculación de la energía con el crecimiento económico y la desmercantilización, estimular buenas prácticas agroecológicas, una economía solidaria, manejos forestales comunitarios y una gestión ambiental participativa desde la biodiversidad. En ese ámbito, el movimiento propone la articulación de diversos movimientos incluso a nivel internacional, como elementos clave para los procesos de transformación energética.
Véase también
Seguridad energética Soberanía alimentaria