El retablo de la Soledad es una obra realizada por Miguel de Romay y Antonio Afonsín en 1708. Está ubicado en la Capilla de Sancti Spiritus de la Catedral de Santiago de Compostela, en La Coruña (Galicia, España).

Historia Capilla Fundación La Capilla de Sancti Spiritus o del Espíritu Santo fue fundada en el último tercio del siglo por disposición del burgués compostelano Pedro Vidal en el transepto septentrional de la catedral con el fin de que este espacio fungiese como lugar de enterramiento para él mismo y su esposa, además de solicitar misas pro anima. Originalmente emplazada entre las capillas románicas de Santa Cruz (al sur) y San Nicolás (al norte), la fundación no implicaba un lugar diferenciado sino que consistía en un sencillo altar ubicado en el muro que separaba ambas capillas, en cuyas proximidades se encontraba la lauda sepulcral de Vidal. Un siglo después, uno de sus bisnietos, Gonzalo Pérez de Moscoso, arcediano de Reina y desde 1392 cardenal de la catedral, sufragó el levantamiento de una capilla ex novo con el objetivo de ampliar el espacio funerario, promover sus propias devociones y afianzar el mantenimiento del culto. Según el documento fundacional de 1383, la capilla fue erigida bajo la advocación del Espíritu Santo y entregada a un total de doce clérigos, denominados capellanes de Sancti Spiritus. En consecuencia, y representando a los religiosos, Joan Afonso recibió la llave de las puertas de la capilla y se comprometió a la celebración de misas por su alma y la de sus parientes, siendo la iniciativa llevada a cabo con el consentimiento del cabildo y el arzobispo Rodrigo de Moscoso, hermano de Gonzalo. Los capellanes fueron nombrados por el cabildo para asistir a maitines cuando se cantaban a medianoche, oficio que se prolongó hasta el siglo según se desprende de las constituciones antiguas:

El arzobispo Álvaro de Isorna, quien fungió como tal de 1445 a 1448, fundó y dotó un colegio bajo idéntica advocación con el nombre de Racioneros, tomándolo de estos doce capellanes, los cuales pasaron a ocupar la Iglesia de la Compañía de Jesús el 15 de octubre de 1769 en virtud de la orden procedente de la Real cédula del 19 de agosto anterior, con la obligación de cumplir las fundaciones de las que estaban a cargo los jesuitas. Los racioneros aceptaron mediante escritura pública el 22 de septiembre de 1526 la obligación de cantar la «Salve» todos los días por la tarde delante del altar de Nuestra Señora de la Preñada en la nave de la Soledad de la catedral conforme a las constituciones y ordenanzas de la Cofradía de la Salve Regina, recién restituida; para este fin el cabildo les otorgó el 24 del mismo mes y año la suma de 100 000 maravedís pares de blancas ante el notario Alonso Rodríguez de Saavedra. Los racioneros tenían a su vez la obligación de asistir a las horas canónicas en el coro de la seo así como a las procesiones, si bien fue necesario recordarles estos deberes el 12 de enero de 1543 con motivo de su ausencia, la cual justificaron con el pretexto de tener que atender las fundaciones de la Capilla de Sancti Spiritus. Trasladados a la Iglesia de la Compañía de Jesús, y aumentada su renta con el importe de las fundaciones que cumplían y que antaño se hallaban a cargo de los jesuitas, con el tiempo fueron evadiéndose de sus responsabilidades en el coro de la catedral, asistiendo únicamente a la consagración de los óleos y a la procesión del Corpus Christi.

Además de los racioneros, en la Capilla de Sancti Spiritus tenían asentada los azabacheros la Cofradía de San Sebastián desde al menos 1410 con motivo de la peste. En 1422 la hermandad estableció una concordia con los racioneros en virtud de la cual se instaló una imagen de San Sebastián en un altar dentro de la capilla, en el lado de la Corticela, «a maao siestra quando entran en a dita Capela». Dicha imagen, encargada por la propia cofradía y realizada en piedra caliza, sería probablemente reemplazada por otra que fue bendecida el 15 de enero de 1448 por fray Vasco de Vitre, obispo de Sebaste y administrador apostólico del Convento de San Juan de Coba. Se sabe gracias a Antonio López Ferreiro que la talla, hoy conservada en el Museo Catedralicio, aún se encontraba en la Capilla de Sancti Spiritus en 1904, mientras que de acuerdo con Ana Belén Requejo Alonso, la imagen fue trasladada en esa época al muro frontal de la epístola, a un altar dedicado a las ánimas del Purgatorio, habiendo ocupado para 1784 la zona central del lado del evangelio. La devoción a este santo iría decreciendo paulatinamente conforme aumentaba la popularidad de San Roque a la par que se producían mejoras en la medicina y la higiene. El traslado de los racioneros a la Iglesia de la Compañía de Jesús provocaría a su vez la llegada de nuevas devociones a la capilla, todas ellas vinculadas al Espíritu Santo tal y como se desprende de un pleito entre los racioneros y el cabildo en el siglo , donde se constata la asimilación de las advocaciones de la Virgen de la O, Nuestra Señora de la Preñada y la Inmaculada Concepción, esta última patrona de la Prima, la cofradía en la que se integraban los clérigos de Sancti Spiritus.

Mobiliario thumb|Sueño de San José (anónimo, siglo ). Museo Catedralicio de Santiago de Compostela. Antiguamente la capilla contaba con tres altares, dos de estilo churrigueresco (el retablo de las ánimas y el de Nuestra Señora de la Preñada) y el restante de corte neoclásico (el retablo del Salvador), de los cuales ninguno ha llegado a nuestros días. El retablo de las ánimas fue trasladado allí en 1776 desde su capilla, ubicada en la entrada al claustro, en un espacio que para finales del siglo recibía el nombre de «cuarto de descanso», mientras que otro de los retablos, el dedicado a Nuestra Señora de la Preñada, procedía de la primera columna inmediata a la reja del lado del evangelio en la nave de la Soledad, a la que se hallaba fijado. El tercer y último retablo, presidido por una antigua imagen del Salvador, fue realizado en 1862 para dotar a la capilla de un altar adicional en el que los beneficiados pudiesen celebrar misa. Respecto al segundo de ellos, este fue realizado en 1703 por Domingo Rodríguez de Pazos, corriendo la policromía a cargo de Francisco Sánchez tal y como consta en las cuentas de la fábrica de la catedral, en las que figura un pago de 1000 reales por este concepto en 1705. Cabe destacar que este retablo, el cual cobijaba una imagen de Nuestra Señora de la Preñada facturada a comienzos del siglo por el Maestro Pero, guardaba una estrecha relación con San Gabriel ya que en la sección inferior se hallaba un relieve alusivo al sueño de San José, hoy conservado en el Museo Catedralicio.Se cree que la imagen de Nuestra Señora de la Preñada y la talla de San Gabriel que originalmente la acompañaba fueron dadas como ofrenda por la reina Isabel de Portugal con motivo de su peregrinación a Compostela en 1325. Sumado a esto, la historiadora portuguesa Virginia da Silva considera que la figura mariana podría ser un retrato de la monarca. Por otro lado, en la Quintana había, entre otras, una capilla dedicada a la Virgen de la O la cual fue fundada por Pedro Balanguiño con renta suficiente para un capellán y el cumplimiento de cierto número de misas. El arzobispo Juan de Sanclemente terminaría ordenando su derribo por hallarse en estado ruinoso, señalando al capellán el altar que vulgarmente se denominaba «de la Preñada», muy próximo al de la Soledad; una vez derribada la capilla, la Cofradía de la Virgen de la O, integrada por sastres, se trasladaría a la cercana iglesia del Monasterio de San Pelayo de Antealtares.

Por su parte, el retablo de ánimas respondía a un proyecto de Miguel de Romay realizado aproximadamente entre 1714 y 1716, siendo Francisco Sánchez quien lo pintaría en este último año por 5890 reales. La imagen principal de dicho retablo sería un Cristo crucificado obra de Juan Bautista Celma y Bernardino de Xorapán en 1570, hoy conservado en el Museo Catedralicio, mientras que Juan Antonio García de Bouzas se ocuparía en 1725 de retocar otra talla de la capilla, concretamente una imagen del Santísimo Cristo. Cabe destacar que la presencia de estos tres retablos en la Capilla de Sancti Spiritus supuso por otro lado la pérdida de un retablo anterior, facturado en 1695 por Meyranes Valladares y policromado por Juan Carballo, quien el 2 de febrero de ese mismo año «otorgó carta de pago de 3700 reales, a favor del arzobispo Monroy, por dorar el retablo mayor del Colegio de Sancti Spiritus, pintar el colateral de San Sebastián, las rexas de la capilla y los dos santos de dho. retablo».

Retablo Origen thumb|Cristo crucificado (1570), por Juan Bautista Celma y Bernardino de Xorapán. Museo Catedralicio de Santiago de Compostela. Los orígenes del retablo de la Soledad se remontan al siglo . En 1666 el arzobispo Pedro Carrillo y Acuña trató de perturbar al cabildo en la posesión de la que este gozaba para castigar a quienes dependían de él, además de pretender alterar la forma en que se nombraba al administrador del Hospital de San Roque. Ante la negativa del cabildo, se desató un pleito de tal magnitud que Antonio de Aguiar, juez eclesiástico de la Quintana, encarceló a cuatro canónigos, entre ellos el vicario del deán, quien debió ser sustituido en su papel de presidente del cabildo por el provisor, el cardenal Munibe, por ser el que ostentaba mayor antigüedad, lo que provocó las protestas del prior Pedro de Navia y Mariño, quien alegó que las bulas apostólicas prohibían que un deán, y en este caso el presidente, fuese provisor o visitador. El 3 de marzo de 1667 el cabildo acordó que, «en atención á los riesgos de la moneda por su subido valor para asegurar la perpetuidad de las fundaciones hechas en la Capilla del Santo Cristo de Burgos, la plata ú oro que se depositase, fuese á razón de doce reales el real de á ocho; que, esto no obstante, por este año interin Su Excelencia no aseguraba fincas bastantes para la fundación, se asistiese capitularmente después de Completas todos los viernes de Cuaresma á los Misereres graciosamente y sin interés alguno con toda la Capilla de Música».

El 24 de marzo, el doctoral Yáñez Parladoiro manifestó que el fiscal eclesiástico delataba a numerosas personas, y que la mayoría de las veces, cuando el fiscal perdía el pleito y era por tanto condenado al pago de las costas, los damnificados no tenían cómo cobrarlas, por lo que solicitaba que se le exigiesen fianzas y que tanto el provisor como el juez eclesiástico fuesen residenciados por personas competentes para así no tener ocasión de actuar libremente. Sumado a lo anterior, Yáñez pedía que se celebrase un sínodo para que el clero expusiese todos los problemas que sufría y que a su vez se nombrasen jueces sinodales puesto que solo había uno. Entretanto, el cabildo había llegado a algunos acuerdos para socorrer a los cuatro canónigos encarcelados; debido a que otros seis canónigos habían recurrido al nuncio para que este dejase sin efecto los acuerdos de la corporación, el 26 de marzo todos ellos fueron condenados a un año de privación de voto activo y pasivo además de a una multa de 200 ducados cada uno, de los cuales 200 fueron aplicados al Convento de Santa Bárbara de La Coruña y los 1000 restantes al retablo de la Soledad que entonces se estaba proyectando realizar para dar cobijo a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, la cual fue emplazada provisionalmente en el retablo de San Jorge o en el de Nuestra Señora de la Preñada mediante acuerdo del 29 de marzo de 1666, mismo año en que la talla fue adquirida.

Elaboración