Los Comentarios reales de los incas o Primera parte de los comentarios reales es un libro histórico-literario escrito por el literato peruano Inca Garcilaso de la Vega. Fue publicado en Lisboa en 1609. Trata sobre la historia, las costumbres y las tradiciones del Antiguo Perú, aunque centrándose en el periodo inca. Es la primera gran obra de la literatura peruana y una de las más importantes del período virreinal. Algunos la consideran como el cantar de gesta de la nacionalidad peruana. En el campo historiográfico tuvo mucha influencia entre los historiadores peruanos y americanos, hasta mediados del , cuando se empezó a cuestionar su valor histórico. Actualmente y por esta última razón, la obra y el autor son estudiados en Perú como parte del bachillerato en Literatura y no de Historia, aplicando lo mismo en los colegios.

Publicación Residente en España desde 1560, Garcilaso empezó en 1586 a compilar documentos, crónicas e informaciones orales sobre el Perú. Desde allí le enviaban noticias su tío Francisco Huallpa y el caballero Garcí Sánchez de Figueroa. También le sirvieron las cartas y las visitas de amigos y otros “indianos” que llegaban de América. Todo esto, sumado a las crónicas de autores como Cieza, el padre Acosta y Blas Valera, así como su propia memoria que atesoraba los relatos sobre los incas que escuchó de niño de boca de sus parientes maternos, amén de su propia experiencia (pues hasta los 20 años residió en el Perú), fueron las fuentes para la redacción de su obra cumbre. Empleó varios años en darla por acabada, escribiéndola mayormente en Córdoba. Su proyecto consistía en publicarla en dos partes, la primera dedicada a los incas y la segunda a la conquista española.

La primera parte vio la luz pública en Lisboa, en 1609, en una magnífica edición realizada por Pedro Crasbeeck y dedicada a la princesa Catalina de Portugal. Esta obra, conocida universalmente como los Comentarios Reales de los Incas, es la que ha cimentado la fama del Inca Garcilaso, debido a su calidad literaria y a su contenido, con nutrida información sobre la historia y las costumbres de los incas, tema entonces exótico y de interés para los lectores europeos. Tan así que llegó a ser traducido a diversos idiomas.

La segunda parte fue publicada póstumamente en 1617, con menor calidad de edición, y aunque su nombre oficial es de Segunda parte de los comentarios reales, ha venido a ser conocida como la Historia General del Perú, título evidentemente equívoco, que algún editor impuso posteriormente, para hacerla más atractiva a los potenciales lectores.

Aunque ambos libros, según el plan del autor, deben ser vistos como un solo bloque, sin embargo, el uso los ha mantenido diferenciados.

Explicación del título El autor tituló a su obra como comentarios reales, en el sentido de que consideraba su testimonio como el más veraz, diferenciándose así de los cronistas españoles, quienes, según su opinión, no tenían ese atributo. Para demostrar su autoridad, resaltaba el hecho de ser un descendiente de los antiguos gobernantes peruanos, que conocía a cabalidad su lengua (quechua o runasimi). No obstante, una lectura crítica es capaz de evidenciar una versión interesada en enaltecer a los antepasados incaicos en detrimento de otros pueblos y de civilizaciones anteriores. En ese sentido, el Inca Garcilaso afirma que antes del Tahuantinsuyo, estos territorios eran algo «desastroso» y que el mundo preinca estuvo sumido en el oscurantismo y la barbarie (la “era de la gentilidad”), contradiciéndose a sí mismo, pues en su obra menciona a grandes culturas regionales contemporáneas de los incas, como la Chincha y la Chimú, así como grandes centros religiosos como Tiahuanaco y Pachacámac, todas las cuales tenían un alto grado de desarrollo; pero aún más, las modernas investigaciones arqueológicas sobre otras culturas preincas más antiguas como la Chavín, Paracas, Moche y Nasca así como el descubrimiento de sitios como Caral, terminaron por demostrar definitivamente como errónea la apreciación del escritor.

Otro punto que se cuestiona al autor es negar el hecho de que bajo los incas se hacían sacrificios humanos, en un intento de crear una imagen idealizada del Incario. Garcilaso admite que aquella era una práctica ancestral anterior al imperio inca, y que precisamente la misión de los incas fue la de civilizar a los pueblos bárbaros. Sin embargo, los testimonios de los demás cronistas y la propia evidencia arqueológica comprueban que sí hubo sacrificios humanos bajo el Imperio, pero cabe preguntar, a favor de Garcilaso, si en realidad hubo una tendencia a abandonar dichas prácticas, que por lo demás no parecen haberse realizado en la escala que lo hicieran otras civilizaciones americanas, como las de Mesoamérica. Recordemos que el Imperio incaico apenas tenía un siglo de existencia al momento de la llegada de los españoles y se hallaba en pleno proceso de consolidación, que se truncó por la conquista.

Primera y segunda parte

La obra fue publicada en dos partes, ambas separadas en tiempo, título, y contenido: en la primera 1609, en 9 libros de 262 capítulos, se refiere a los hechos de los incas y su civilización; en la segunda, en 8 libros de 268 capítulos, póstumamente publicada en 1617 como Historia General del Perú, se aboca a la guerra de conquista del Perú y a las guerras civiles fratricidas por los restos del imperio y sus riquezas que surgen entre los conquistadores.

En la primera parte, no solo se pone de manifiesto la calidad literaria del autor, sino también su interpretación del Imperio Incaico como modelo de sociedad y gobierno casi bucólico y paradisíaco. Muestra para la posteridad la cultura incaica desde el punto de vista de sus gobernantes Incas, de los cuales era parte Garcilaso. La obra empieza con los inicios de los Incas, y termina con lo sucedido hasta que los españoles conquistaron el Tahuantinsuyo; la obra describe las costumbres incaicas, sus religiones, su sistema de gobierno, sus vidas, sus guerras, etc.

En la segunda parte, el autor desarrolla con estilo vibrante la conquista del Perú, las guerras civiles entre los conquistadores y la instauración del Virreinato del Perú, así como la resistencia de los incas de Vilcabamba, que culmina con la ejecución del último de estos, Túpac Amaru I, en la plaza del Cuzco en 1572. Incluye en sus páginas una rehabilitación de su padre, el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, desprestigiado ante la Corona por haber militado en el bando del rebelde Gonzalo Pizarro.

Estructura

Dedicatoria. Proemio al lector. Advertencias. Libro Primero (26 capítulos). Libro Segundo (28 capítulos). Libro Tercero (25 capítulos). Libro Cuarto (24 capítulos). Libro Quinto (29 capítulos). Libro Sexto (36 capítulos). Libro Séptimo (29 capítulos). Libro Octavo (25 capítulos). Libro Noveno (40 capítulos).

En total, 9 libros con 262 capítulos.

Resumen de la obra

Primer Libro Siguiendo las pautas de los historiadores de entonces, Garcilaso empieza su relato con la descripción física del mundo, aunque sin extenderse en el asunto. Explica que la división en “Viejo” y “Nuevo Mundo” no era geográfica sino solo dos modalidades de un mismo mundo. Señala que el clima variado del Perú no solo está condicionado por su cercanía a la línea ecuatorial, sino por sus altitudes con respecto al mar. Relata también una historia que había escuchado de boca de viejos conquistadores, sobre un pre-descubrimiento de América realizado por el piloto español Alonso Sánchez de Huelva, unos años antes del viaje de Colón. Luego remite a la Historia del cronista Gómara para quienes deseasen enterarse más sobre los viajes del navegante genovés. Otro asunto que le toma interés es la deducción del nombre Perú: refuta la suposición de aquellos que lo consideraban derivado de la voz quechua "pirua" (pirhua o granero), o del nombre Ofir bíblico; para él, deriva del vocablo "pelu" o "beru", con que los indios de las actuales costas del Pacífico colombiano y ecuatoriano designaban a ríos. El nombre del Perú ya era usado por los españoles desde antes que arribaran al territorio peruano. Luego el autor señala los límites del Perú, al norte hasta el río Ancasmayo, en los confines de Pasto y Popayán, y al sur hasta el río Maule, en Chile; al oriente llegaba hasta la región de los Antis o selva, territorio cuya columna vertebral lo constituye «aquella nunca jamás pisada de hombres ni de animales ni de aves, inaccesible cordillera de nieves», los Andes.

Se intercala la historia de Pedro Serrano, un náufrago español que sobrevive en una isla inhóspita, relato que constituye toda una joya literaria y que parece haber sido la fuente de inspiración de Daniel Defoe para su novela Robinson Crusoe. Finalizada las descripciones geográficas, el autor pasa a relatar la historia del Perú. Sostiene que antes de los incas los pobladores del antiguo Perú eran muy primitivos y salvajes, que practicaban la idolatría, el canibalismo y los sacrificios humanos, así como costumbres sexuales nefastas como el incesto y la sodomía, así como usaban venenos y hechizos, época toda que se conoce como la gentilidad. Y que precisamente para rescatar de la barbarie a estos habitantes, el Sol envió a sus hijos, Manco Cápac y Mama Ocllo, que salieron de las aguas del Lago Titicaca con la misión de fundar una población donde se hundiera una barreta de oro que llevaban consigo, lo que ocurrió en la falda del cerro Huanacauri, cerca de donde se elevó la ciudad Cuzco, futura cabecera del Imperio inca. Esta leyenda archiconocida es solo relatada por Garcilaso; ningún otro cronista la consigna, por lo que hay una seria sospecha de que él fuera el inventor de la fábula. El autor menciona también otra variante de esta leyenda sobre el origen de los incas, así como la forma en que la pareja real civilizó a sus vasallos, enseñándoles la agricultura, la textilería y otros oficios, así como a rendir culto al Sol como dios principal, obedecer las leyes y a abandonar sus prácticas aberrantes. Se describen también las insignias de la realeza inca. Manco Cápac fue pues el primer inca y antes de morir dejó un testamento, encargando a sus hijos que recordaran siempre que eran hijos del Sol y que cumplieran siempre las leyes dadas por su padre, y que fueran mansos y piadosos con sus vasallos. Otro de los mandatos que diera el padre Sol era la de someter a las poblaciones primitivas por la fuerza del convencimiento, a quienes debían ofrecer, a cambio de su vasallaje, una nueva religión, nuevas leyes y costumbres para que vivieran como hombres y no como brutos. Solo en caso de que se mostraran esas poblaciones belicosas y reacias, los incas podían aplicar la fuerza de las armas. Finaliza el capítulo con una explicación del significado de los nombres reales de los incas.

Segundo libro En este libro el autor trata sobre la idolatría de los Incas de la segunda edad, y su origen. Afirma que los incas rastrearon al Dios verdadero, que tuvieron una cruz en un lugar sagrado del Cuzco, que creyeron en la inmortalidad del alma y la resurrección universal. Explica el significado de la palabra huaca y explica la adoración que daban al Sol y sus sacrificios de llamas, mas no de seres humanos. Describe sus sacrificios y ceremonias, y que sus leyes religiosas fueron impuestas por el primer Inca; sobre sus leyes y la división del imperio en cuatro distritos o suyus (Chinchaysuyu, Contisuyu, Collasuyu, Antisuyu), y cómo registraban a sus vasallos por decurias, a la cabeza de los cuales se hallaba un decurión o chunca camayoc.

Luego pasa a narrar la vida y hechos de Sinchi Roca, el segundo rey de los Incas, quien luego de dedicar las debidas exequias a su padre, salió del Cuzco en campaña hacia el sur, al Collasuyu, logrando someter por la fuerza del convencimiento a los indios puquinas y canchis. Llegó hasta el pueblo de Chuncara, a 20 leguas hasta donde su padre había dejado los límites de su reino.